miércoles, 4 de agosto de 2021

España arde tras ser negada a Kiko Matamoros la autoría de la Sinfonía Renana de Schumann


Pocos sospechaban la tormenta que se avecinaba cuando un popular confidencial digital confirmaba este lunes a bombo y platillo una sospecha barruntada desde hace años por algunos expertos: la de que Kiko Matamoros no compuso la sinfonía número 3 Renana de Schumann. Solo minutos más tarde, Jorge Javier Vázquez despedía la entrega diaria de su programa Sálvame en Tele 5 con unas inquietantes palabras. "Ab imo pectore: manducare estercore a solis ortu usque ad occasum", decía con gesto grave, ante una audiencia ya confusa y sobrecogida, el popular conductor televisivo.

Matamoros se halla en paradero desconocido desde entonces (no pocos temen incluso por su integridad). Su compañera de trabajo Belén Esteban salía rauda en su defensa: "Jorge Javier tiene más razón que un santo en esto y no me duelen las prendas de decirlo. Sus palabras me han dejado con un nudo en la garganta. Esto es una falta de respeto a Kiko que no voy a pasar, y el que venga con la más mínima tontería la va a tener gorda conmigo, ya sea renano, renana o lagarterana. Es una puta vergüenza todo".  

Convocadas por Whatsapp y Twitter, miles de personas salían a las calles para protestar bajo el lema de #YoTambiénSoyKiko. El conocido catedrático constitucionalista Jaime de Sota Bamberg ha sostenido el principio de in dubio pro Kiko desde que este asunto empezara a ventilarse públicamente hace años. El argumento del constitucionalista es que no puede descartarse un "isomorfismo espurio", incluso la posibilidad de que el compositor alemán haya plagiado al tertuliano de Sálvame amparándose tanto en la Alianza de Civilizaciones de José Luis Rodríguez Zapatero como en un artículo secreto del Estatut catalán. De Sota ha anunciado que demandará al expresidente del Gobierno por, según afirma en una nota enviada a los medios, "haber propiciado durante su ejercicio del poder el clima moral en el que se inscribe esta infamia".

"Es muy fuerte no reconocerle la nana de Chuman al bueno de Kiko, qué fea es la envidia. Cuánta gente mala y retorcida sin entrañas hay en el mundo", declaraba a Tele 5 el torero Ortega Cano. Los descendientes del músico germano se mantienen en silencio, lo que ha encendido la ira del polígrafo Yoyas, que estallaba en su programa web en la nueva plataforma de contenidos juveniles de la susodicha cadena privada: "Callados como putas están. Y casi mejor, porque como venga algún cabeza cuadrada a decirme algo a la cara, le reviento los cojones".

Aunque el informe pericial que niega a Matamoros la composición de la conocida pieza sinfónica parece concluyente, la justicia será la que diga la última palabra.

martes, 20 de julio de 2021

Adiós a Fidel (escrito en el verano de 1993)



Ordenando cajones hace unos días me encontré con una grata sorpresa: un reportaje escrito a máquina (lo daba por perdido desde hace años) en 1993 tras coincidir en una guagua en Key West (Cayo Hueso) con balseros recién llegados de Cuba. A mi vuelta a España de aquel viaje con mi amigo José Miguel Santos por toda la costa este de EEUU y Montreal, mandé el texto al diario La Provincia, en el que había hecho prácticas el verano anterior: nadie me respondió y, obviamente, no se publicó (por entonces, criticar al régimen cubano era poco menos que propaganda fascista). Pues ha llegado la hora de hacerlo, coincidiendo casualmente con la insólita ola de protestas callejeras en la isla. Me limito a digitalizar esos cuatro folios (con algún error en las tildes) que ya empezaban a amarillear. ¡Ya han pasado 28 años! (y sigue habiendo gente en Occidente que aún cree en dictaduras del del proletariado o democracias populares).

ADIÓS A FIDEL

"Compatriotas, ojalá tengan mucha suerte en este país", desea a los pasajeros, a modo de despedida, un miembro de la Fundación Nacional Cubano-Americana, organización ultraconservadora que presta asistencia a los recién huidos del régimen castrista. Son las siete y media de la mañana en la estación de la compañía Grayhound de Cayo Hueso (Florida), punto más meridional de EEUU, a solo 144 kilómetros de Cuba. La guagua inicia un viaje de casi cinco horas hasta Miami, la meca del exilio cubano, una ciudad en la que se habla más español que inglés.

"En los libros se dice que los comunistas son gente humilde, pero en Cuba no es así. Allí son ellos los privilegiados", dice María, uno de los 28 cubanos llegados a las costas de Florida hace apenas 24 horas tras una precipitada huida de la isla. Todo comenzó para María, su esposo Eduardo y su hijo de siete años Wilber a las 10 de la mañana del sábado 21 de agosto de 1993 en su pequeña localidad pesquera de Santa Isabel, en el norte de la isla, a unos 200 kilómetros de La Habana. María y su marido dijeron en el pueblo que iban a pasar el día en el monte. Se trataba de no levantar sospechas entre los integrantes de los CDR (consejos de defensa de la revolución), los odiados comisarios políticos encargados de llevar a cabo un severo marcaje sobre todo aquel bajo su área de vigilancia. Ya en el monte, María y su familia se reunieron con otros fugitivos procedentes de La Habana para iniciar un largo recorrido por una zona pantanosa que les llevaría de nuevo a la costa, a una zona deshabitada donde Raúl, el padre de Eduardo, aguardaba con una pequeña embarcación con motor. El camino por los pantanos fue lo más duro. "El fango me llegaba hasta el cuello", relata María. "Los niños estaban sobre los hombros de sus padres y lloraban de miedo".

Ya de noche, una vez en la balsa, Raúl, con la orientación de la estrella Polar y del Camino de Santiago, puso rumbo hacia la ansiada tierra de la libertad, hacia aquel soñado lugar que en las noches más oscuras dejaba ver sus luces a los sufridos cubanos de la isla. Tras ocho horas de navegación por unas aguas infestadas de tiburones, la balsa era avistada por una unidad de la Armada norteamericana. Poco después, los 28 cubanos desembarcaban en la base naval de Cayo Hueso, una isla de deliciosas casas terreras y playas rebosantes de cocoteros que se ha convertido en punto de encuentro de neojipis, homosexuales, motoristas de Harley y artistas del más variado pelaje.

Al colegio sin desayunar

La escasez de alimentos en Cuba es dramática. El estado físico de los huidos es buena muestra de ello. "Allá ya no se puede vivir", cuenta María. "A los siete años ya no le dan leche a los niños. Mi hijo iba al colegio sin desayunar y pasaba muchas fatigas". Aún así, en el pueblo se está mejor que en La Habana, puesto que se puede criar algún cerdo o pescar, siempre en la orilla y con la absoluta prohibición de capturar langostas, reservadas para los mimados turistas. Estos se han convertido prácticamente en la única fuente de ingresos del país caribeño. La corrupción también permite ir escapando. María tenía un familiar trabajando en uno de los almacenes estatales que de vez en cuando le suministraba por encima de lo estipulado oficialmente. "En Cuba solo hay jabón para los funcionarios del Partido. Mi marido, que es mecánico y tiene que trabajar con mucha grasa, se tenía que bañar solo con agua".

A las privaciones de todo tipo se une el infernal calor húmedo de estas latitudes, superior a los 30 grados en agosto. Los habitantes de Florida combaten el calor con todo tipo de ventiladores y equipos de aire acondicionado. Sin embargo, para los cubanos de la isla, dados los cortes de energía eléctrica, el único alivio son las playas. Los apagones, que llegan a ser de veinte horas diarias, hacen que se pudra en las neveras la poca carne mezclada con soja que corresponde a cada cubano.

Segun los recién llegados, el descontento social es creciente. Aprovechando la oscuridad, empiezan a proliferar las pintadas y las caceroladas contra la dictadura. Además, la delincuencia crece peligrosamente. "En Cuba te matan para robarte un pantalón vaquero", señala uno de los huidos. Estos cubanos no creen en una transición pacífica. Piensan que la ceguera de Castro conducirá a un derramamiento de sangre. La dolarización de la economía isleña puede contribuir al encendido de la chispa, al convertir en ciudadanos de segunda a aquellos que no cuentan en Miami con alguien de quien recibir dinero. María asegura que, una vez empiece a trabajar y a ganar dólares, ayudará económicamente a los miembros de la familia que aún permanecen en la isla.

Los fugitivos miran absortos a través de los cristales de la guagua. Un mundo totalmente diferente al que dejaron en la isla se abre ante sus ojos: autopistas, lujosos centros comerciales, coches fabulosos... Estamos a punto de llegar a Miami, donde les esperan otros voluntarios de la Fundación Nacional Cubano-Americana para facilitarles todo tipo de ayuda. La Iglesia católica también les ha prometido apoyo para salir adelante en un país cuya nacionalidad podrán obtener tras un año de residencia. Lo más difícil de la aventura puede que comience ahora, en una nación que ofrece multitud de oportunidades pero que no tiene compasión con los perdedores. Ganas de trabajar y de lograr honradamente una vida mejor sobran en todos estos hombres y mujeres escapados de la pesadilla castrista. 

Cubanos en Florida

Lo último que haría Fidel Castro en su vida sería darse un paseo sin escolta por la calle Ocho de Miami. Una turba de enfurecidos disidentes daría en poco tiempo buena cuenta de sus barbas. La importancia de la comunidad cubana de Miami se ha venido acrecentando desde el inicio de la revolución, cuando los primeros exiliados se establecieron al principio de esa famosa calle -en la que se dio en llamar la pequeña Habana-, hoy día deteriorada por la marginación y la delincuencia. Los cubanos de Florida cuentan en la actualidad con sendos miembros en la Cámara de Representantes y en el Senado norteamericano, así como con el periódico en español -El Nuevo Herald- de mayor tirada de EEUU. La comunidad cubana se ha convertido en un influyente grupo de presión, estrechamente vinculado a un Partido Republicano que tiene aquí uno de sus más firmes feudos. Gran parte de una cierta mala fama de los cubanos del exilio se debe a los marielitos, llegados a Cayo Hueso en 1980 desde el puerto de Mariel. El astuto dictador cubano no desaprovechó entonces la ocasión de mandar a EEUU, junto a presos políticos, a un puñado de delincuentes comunes. Muchos marielitos se instalaron en Miami Beach, espantando a la comunidad judía del lugar y convirtiendo la zona en una de las mas peligrosas de la ciudad. El precio del poder, interpretada por Al Pacino, es una muestra de la degradación moral a la que llegaron algunos de aquellos disidentes.



jueves, 8 de julio de 2021

Cuando se dice estalinismo para exculpar al comunismo



El estalinismo es la coartada de muchos comunistas actuales en Occidente (siguen quedando algunos) para salvar de la quema al sistema que defienden. Para ellos, todas las atrocidades de los autoproclamados regímenes socialistas (del también conocido como "socialismo real" o "democracia popular", denominación a cuál mas grotesca) serían producto de una desviación aberrante atribuida a figuras como la de Stalin. Lo llamativo es que en todos los países donde se aplicó ese nuevo orden social ocurrió lo mismo: desastre económico, aumento de la pobreza, emigración, represión masiva y brutal, absoluta arbitrariedad del poder, delirantes proyectos de ingeniería social (con la China de Mao, la Camboya de los jemeres rojos y la monarquía hereditaria de Corea del Norte como ejemplos más siniestros) para alumbrar el hombre nuevo... Para la consecución de esto último se asumía cualquier coste y sufrimiento: si tenían que morir 10 millones de personas, pues adelante. La consigna "socialismo o muerte" es muy ilustrativa al respecto. No se trató pues de algo exclusivo de la URSS de Stalin o la China de Mao, atribuible a la paranoia psicopática de un dictador, ya que pasó en todos lados con mayor o menor crudeza. Realmente, el tirano georgiano y sus homólogos en el resto del mundo (incluso la deriva totalitaria de movimientos armados de inspiración leninista como ETA) fueron frutos inevitables de un vicio ideológico de partida: la dictadura del proletariado.

Solo desde una visión utópica o "no limitada" (unconstrained es el término utilizado por el afroestadounidense Thomas Sowell) de la naturaleza humana podía uno creer que eso tenía alguna posibilidad de salir bien. Dicha visión incluye la ingenua confianza en supuestos gigantes morales que como líderes lo darán todo, de manera desinteresada, por el pueblo trabajador y el socialismo. Dar a una persona o grupo poderes ilimitados corrompe siempre, al favorecer sus peores inclinaciones. Porque todos tenemos, unos más y otros menos, un sesgo natural al egoísmo y el ensoberbimiento (también a la generosidad, desde luego). Si no hay límites claros al poder, si no hay un Estado de derecho, división de poderes y contrapesos varios, no es de extrañar que surjan los monstruos. Ya Trotsky decía al comienzo de la revolución rusa: "La intimidación constituye un poderoso instrumento político, y el que diga no comprenderlo es que se las da de santurrón". El líder bolchevique ignoraba que él mismo -y muchos de sus correligionarios- probaría en sus propias carnes esa medicina (en su caso, administrada con un piolet por la mano de un militante del PSUC catalán mandado por Stalin).

El gran error del marxismo, además de su determinismo histórico, es creer que somos una hoja en blanco al nacer, algo que la ciencia de verdad (el marxismo no es más que una presuntuosa pseudociencia) ha desvelado como falso: ya venimos con un software de serie recogido en nuestro código genético, que luego se modula con el ambiente. El egoísmo (también el altruismo, insisto) forma parte de ese paquete. Y siempre habrá psicópatas y malvados entre nosotros, así como gente normal que acabará maleándose si se les permite actuar sin límites en un marco que encima propugna el odio entre clases.

Los experimentos de ingeniería social es mejor hacerlos con gaseosa, dada la susodicha naturaleza humana (todo intento de reprogramar a las personas -salvo que se admita una más que inquietante manipulación neuronal- está condenado al fracaso) y la complejidad del mundo social. Por eso, para minimizar riesgos y estropicios, Karl Popper abogaba por el cambio gradual frente al revolucionario basado en el borrón y cuenta nueva. La evolución biológica no funciona así a las bravas: una mutación en los genes que regulan las estructuras anatómicas, de modo que se desarrollen unas alas en vez de unas patas, casi nunca suele tener un final feliz. 

Definirse en positivo es siempre más elegante y convincente que hacerlo en negativo, pero no debemos renunciar a esto último para marcar la frontera con lo inmoral y lo indeseable. Y lo cierto es que todo progresista no debe ser solo antifascista sino también anticomunista. Porque no se puede dejar de estar en contra de una ideología (obviemos innegables buenas intenciones de muchos de sus partidarios) responsable de tanta muerte y sufrimiento.

Por último me pregunto si un socialdemócrata en 2021 puede tener como aliados a autodeclarados comunistas (caso del eurodiputado de Unidas Podemos Manu Pineda) que rinden homenaje a regímenes como el chino. Un régimen que desde hace años exhibe lo peor tanto del comunismo como del capitalismo.




martes, 30 de marzo de 2021

Monismo russelliano, fisicalismo, pampsiquismo, panenteísmo, Todo y Nada en el mismo paquete


Keith Frankish y Philip Goff son dos de los filósofos actuales más interesados en el estudio de la naturaleza de la consciencia. Y de vez en cuando interactúan en Twitter (también suelen hacerlo David Papineau, Bernardo Kastrup y Richard Brown), para regocijo de quienes estamos interesados en estos asuntos. Para Frankish, la consciencia (que para él, en línea con Daniel Dennet, no deja de ser una mera ilusión) es "algo que hace la materia". Para Goff, es justo al revés: la materia es "lo que hace la consciencia". En mi humilde opinión, ambos yerran si adoptamos una concepción monista del mundo (conforme a Bertrand Russell) en la que materia y mente serían dos caras de la misma cosa única: la primera de ellas, tal como esa cosa se percibe desde fuera; la segunda, la subjetiva, tal como es sentida desde dentro (la consciencia sería pues "lo que se siente siendo materia"). 

Esta es una concepción en el fondo fisicalista, ya que la cosa única es consciencia materializada (o materia con propiedades mentales, que lo mismo da). Y coincido con Galen Strawson en que ello nos aboca necesariamente al pampsiquismo, que Frankish rechaza y Goff ahora abraza en su variante cosmopsiquista (que considera que el universo es un ser consciente, en el cual están integradas todas las mentes), tras haber coqueteado anteriormente con la micropsiquista (que considera que partículas elementales como electrones y quarks son conscientes) y la protopampsiquista (que sostiene que las partículas elementales no son conscientes, pero constituyen la base para la emergencia de la consciencia). David Chalmers, Giulio Tononi y Donald Hoffman tambien apuestan por algún tipo de pampsiquismo. Este último apunta incluso a la causalidad descendente (un anatema para muchos físicos), desafiando el enfoque ortodoxo reduccionista de la ciencia. 

¿Pero cuál es la naturaleza y origen de ese ente materia/mente?... Ahora viene mi desaforada especulación: no sería más que información obtenida de una computación cuántica a partir de un objeto que podríamos llamar el Todo y podría identificarse con el mito hindú del sueño de Vishnu. Ese sueño de la consciencia pura no materializada (llámala Vihsnu, Brahman, Dios o como te plazca) abarca todo el espacio de posibilidades (¡de hecho, es el espacio de posibilidades!) y, por tanto, todas las posibles historias del universo en cada una de sus escalas. La gigantesca computación permite a toda consciencia materializada navegar, con más o menos márgenes de libertad (determinados por el estado inicial de un multiverso, sus leyes físicas y la interacción con otros agentes conscientes materializados), por esa especie de videojuego multiversal del que se vale la consciencia pura (moradora de la Nada) para percibir el mundo (la no-Nada) desde todas las perspectivas posibles, ya sean elementales o emergentes. La materia sería pues el traje que se embute la consciencia pura para poder hacer un recorrido por un multiverso. Un traje que, conforme a lo antedicho, impone restricciones a quien se lo enfunda: ese constreñimiento, que hace posibles el orden, el raciocinio y el propósito, es el precio a pagar por salirse de la etérea nada.

Esta visión que propongo es panenteísta, ya que supone que la consciencia mora también (en modo puro o inmaterial) más allá del mundo físico que informa (o sea, más allá de todas las posibles manifestaciones del Todo) en una entidad que llamaremos la Nada. Y no es incompatible con el fisicalismo, ya que este sostiene que todo tiene un fundamento físico... ¡pero todo lo que existe (a su vez, un precipitado del Todo), lo cual excluye la Nada! ¿Entonces la consciencia pura NO existe? Parafraseando al infumable Heidegger, digamos que "nadea"...

lunes, 1 de marzo de 2021

Orden versus desorden aleatorio: la vida bajo una óptica pampsiquista



¿Cómo es posible que un fenómeno tan ordenado como la vida se sostenga y desarrolle sobre cimientos aleatorios?... Esto se planteaba Erwin Schrödinger en su libro Qué es la vida. El ilustre físico apuntaba a un mecanismo dinámico, a modo de un reloj analógico de precisión, integrado por un grupo relativamente pequeño de átomos ordenados y a salvaguarda del desorden térmico circundante. Se inclinaba en concreto por un cristal aperiódico o irregular, una molécula protegida (gracias a la estabilidad de su nivel cuántico de energía) del irrefrenable zangoloteo de partículas que impera en las escalas más pequeñas de la realidad. Las leyes físicas son la fuerza rectora que, domando ese maremágnum (que se minimiza, aunque jamás se anula, a temperaturas próximas al cero absoluto), ordena un universo de otro modo informe. A ellas se suma otra potente fuerza ordenadora de carácter emergente: la vida, que para Schrödinger no deja de tener un fundamento físico.

Pongamos que Donald Hoffman está en lo cierto y existe una red interactiva de agentes conscientes cuyo fundamento serían las mismísimas partículas elementales. Fotones, electrones o quarks toman decisiones binarias ad libitum, o sea como les plazca o se les antoje (es como si invitaran a miles de personas en una encuesta a elegir entre 0 y 1, suponiendo que no estuvieran sesgadas por alguna de las dos opciones: el resultado final, en virtud de la ley de los grandes números, sería lo que entendemos por aleatoriedad). La elección del espín (algo así como el sentido de su giro) por un electrón es su única libertad, el único espacio no sometido al yugo de las leyes de la física: a este yugo quedarían uncidas sus otras dimensiones o grados de libertad (el electrón no elige su carga eléctrica ni su masa ni sus movimientos de un orbital atómico a otro).

Por encima de estas partículas que procesan un bit de información están los átomos, las moléculas, las células... hasta llegar a la consciencia individual emergente que conocemos con la denominación de Yo. Un bit, dos, cuatro, ocho, 16, 32, 64... Los agentes conscientes por encima de electrones y quarks están fuertemente determinados por las decisiones aleatorias (mejor dicho, ad libitum) de estos, pero a su vez influyen sobre ellos: Hoffman desafía así un principio básico de la física, al admitir la causalidad descendente.

Tengamos en cuenta que en cada peldaño emergente se alumbra terra incognita del espacio de posibilidades, o sea este se ensancha (¿podría esto explicar la causalidad hacia abajo?). Cuando alguien te llama para darte una grave noticia, tu subsiguiente malestar físico es consecuencia de un impacto emocional: tu mente emergente, tras procesar dicha información (en el espacio de posibilidades de electrones y quarks no se incluye recibir una llamada telefónica), está influyendo en tu cuerpo. Y cuando alguien se suicida está afectando radicalmente a los órganos, tejidos, células y moléculas de su cuerpo... Aunque la ortodoxia científica (reduccionista, ya que solo admite causalidad hacia arriba) sostiene que dicho suicidio es producto en última instancia de una complejísima dinámica de electrones y quarks del suicida. Y que si tus átomos se hallan en la isla de Bali el día de tu boda es también fruto necesario de tu dinámica atómica, por mucho que te parezca una decisión tuya (o de tu novia) autónoma. 

Lo cierto es que tan pronto como en la evolución se alumbra (por muy improbable que sea) una molécula con un código autorreplicante, la aleatoriedad cede definitivamente el protagonismo al orden: la dinámica vital refuerza sobremanera la acción ordenadora de las leyes físicas, responsables de la formación tanto de esa molécula como de un átomo, una estrella o un planeta. El código perpetúa su información merced al mecanismo dinámico de ese cristal aperiódico, limitado por esas mismas leyes de la física de las que se vale. Aunque la copia del ADN es muy precisa, siempre hay unos pocos errores debidos a una aleatoriedad subyacente que no se puede erradicar en ningún mecanismo de relojería por mucho que nos acerquemos al cero absoluto de temperatura. Tales errores son de hecho necesarios para que entre en juego la selección natural, segando las copias menos aptas para la supervivencia y esculpiendo la complejidad de manera acumulativa.

Un cristal periódico o regular (como un diamante) es una manifestación de orden, pero no puede replicarse ni, por tanto, evolucionar por selección natural: un diamante es exactamente igual ahora que hace 300 millones de años, y no dejará de ser lo mismo (igualmente podría decirse de un huracán o un trozo de hielo, que portan escasa información). Solo un cristal aperiódico, tal como apuntó el gran físico austríaco que escribió Qué es la vida (redactado cuando aún se desconocía la existencia de los nucleótidos y del ADN con su doble hélice), puede contener información autorreproducible compleja y potencialmente inmortal. Pero para que la información genética se replique, así como para que sus portadores (los seres vivos) se mantengan luego con vida, es necesario robar orden del entorno en forma de energía libre (útil para hacer un trabajo): el orden o entropía negativa (neguentropía) de la vida se logra a costa de aumentar el desorden o entropía de su entorno, y su fuente principal de energía libre es el Sol.

Nuestras decisiones como humanos, pero también como ballenas, pangolines, abejas o bacterias, no se toman aleatoriamente: nadie se comporta (desde buscar pareja, hacer un flan o conducir un coche) en función de la cara o cruz de una moneda. Una vez que el orden vital toma las riendas, nada es ya arbitrario: hay ahora un propósito. Ahora bien, en los cimientos sigue habiendo ruido (agitación térmica y fluctuaciones cuánticas) y entes cuya conducta es imprevisible: la incertidumbre está asegurada en todos los niveles. Por eso, además de errores en la copia del código genético (causantes de mutaciones insospechadas), siempre hay algo que se rompe o estropea (¡todos acabamos muriendo!) o no sale conforme a lo planeado. Es lo que tiene vivir en un universo que tiende naturalmente al desorden (pese a permitir islotes de orden, gracias a las leyes físicas), y en el que además todos sus agentes conscientes no dejan de ejercer su reducido, amén de insondable, margen de libertad. Porque en una red interactiva de agentes conscientes tu libertad está constreñida tanto por las leyes fisicas como por la relativa libertad de aquellos.

lunes, 14 de diciembre de 2020

Nominalismo versus realismo platónico, ¿y por qué no ambos?


"No hay nada general salvo los nombres", dijo el filósofo John Stuart Mill. Es obvio que el concepto universal 'gato' no existe en el espacio-tiempo, solo los gatos individuales (cada uno de ellos, con sus peculiares características). Pero para los nominalistas como Mill, 'gato' ni siquiera tendría una existencia ideal -tal como proponía Platón- en algún hipotético ámbito más allá del espacio y el tiempo. Las generalizaciones como gato, mesa o humanidad serían meras abstracciones como la amabilidad, la felicidad o el número 8, no así los particulares que engloban (este gato, aquella mesa o este humano, todos ellos muy tangibles). 

El sentido común nos sugiere que el planteamiento nominalista es el correcto, pero... Una persona como el biólogo Richard Dawkins, tan poco sospechoso de simpatizar con un modelo del mundo no materialista, propugna en su libro El relojero ciego que todas las posibles formas biológicas están 'ahí fuera' en una especie de hiperespacio platónico continuo. Si todas las formas biológicas tienen una existencia ideal, ¿por qué no también todas las mesas, melodías, novelas, colores o montañas posibles?...

¿Podrían nominalismo y realismo platónico ser compatibles? Asumamos que todo lo que existe debería estar en ese ámbito platónico. Los universales serían recortes convencionales (por ejemplo, gato, mesa o rojez) realizados por nosotros en el mapa de ese espacio platónico continuo, o sea en el espacio total de posibilidades. Desde luego, son cortes arbitrarios (en ese sentido son simples nombres). No encontrarás cosas genéricas como gato, mesa o rojo en el espacio de posibilidades, sino un continuo recortado que podrías acuñar (arbitrariamente, insisto) como 'gato', 'mesa' o 'rojo'. Podrías hacer otros cortes como felino, mobiliario o púrpura. Por supuesto, la evolución ha influido en nosotros para categorizar de una manera u otra, con objeto de sobrevivir y prosperar.

El filósofo Simon Blackburn reconoce a Robert L. Kuhn que las cosas abstractas inalterables como los números (a diferencia de las formas biológicas) sí podrían tener, dada su naturaleza inmutable, una existencia platónica. ¡Pero el número 8 es tan inmutable como tu yo en este mismísimo tic de Plank! Tu yo en este tic de Planck y tu yo en el siguiente son tan continuos en el espacio de posibilidades como el 8 lo es con respecto al 9, o como algún tipo de azul lo es con respecto a otro azul más próximo al violeta.

jueves, 3 de diciembre de 2020

La red de agentes conscientes de Hoffman: un convincente modelo pampsiquista

Creo que Donald Hoffman acierta con su modelo pampsiquista de agentes conscientes integrados en una red dinámica participativa, una propuesta teórica que él llama "realismo consciente". Con ello da respuesta al gran misterio de la aleatoriedad, de por qué suceden cosas sin una razón aparente: yendo a lo más básico, por qué un electrón exhibe un tipo de espín (solo hay dos opciones) al medirlo y no otro, por qué un núcleo atómico se desintegra ahora y no en otro momento cualquiera... 

La mecánica cuántica nos da una respuesta extraordinariamente precisa, pero solo en términos de probabilidades: no es capaz de predecir, porque es intrínsecamente imposible, qué espín (up o down) exhibirá un determinado electrón. Por eso está vedado conocer el futuro, por mucha tecnología o información que tengamos al alcance. Einstein se negaba a aceptar esa imposibilidad, culpando a la mecánica cuántica de ser una teoría incompleta que no tenía en cuenta variables ocultas: o sea, alguna especie de programación que determina secretamente el comportamiento de las partículas elementales. Lo cierto es que el teorema de Bell descartó posteriormente toda programación oculta, al menos local: dejaba abierta la puerta a variables ocultas no locales, a una visión holística del universo en la que podría haber conexiones instantáneas como las del entrelazamiento cuántico. 

Para Hoffman, un electrón "decide" su espín, ejerciendo así un libre albedrío de lo más básico (al igual que otras partículas elementales): una decisión binaria entre dos experiencias conscientes, de un bit de información, que condiciona las decisiones de entes superiores (de dos bits), que a su vez condicionan las decisiones de entes superiores (de cuatro bits)... Y así hasta llegar a nosotros, a nuestra consciencia personal emergente que tiene muchas más opciones a su alcance que un electrón, un fotón o un quark. Pero que está constreñida por las decisiones tomadas por debajo de esa pirámide jerárquica. 

En el modelo de Hoffman, los agentes de un nivel influyen en los que están por encima pero también ejercen un poder causal descendente no reducible (por ejemplo, estamos muy condicionados por nuestras moléculas y células, pero asimismo somos capaces de alterarlos con decisiones/acciones como la de drogarnos o suicidarnos). Esto significa que a medida que se alumbran nuevas emergencias se obtienen nuevos grados de libertad, descartándose así una visión determinista y reduccionista conforme a la cual nuestro libre albedrío sería nulo por ser el mero resultado necesario de la evolución de las partículas elementales de acuerdo a las leyes físicas (del mismo modo que en el juego de Conway las figuras emergentes son el fruto necesario de la evolución de sus autómatas celulares). 

La aleatoriedad no existiría: sería solo el nombre que le damos a nuestra ignorancia de qué va a hacer cada agente consciente cada vez que interacciona con el universo (algo inescrutable para cualquier otro agente, incluso para un hipotético Dios). Por supuesto, esa red consciente no se agota en los humanos u otros animales superiores: la generación de emergencias podría ser ilimitada, conduciéndonos a una singularidad tecnológica o, por qué no, a un ser cuasidivino. 

En suma, Hoffman resuelve el misterio de la aleatoriedad y el también relacionado del libre albedrío (somos libres, pero nuestra libertad está condicionada por el resto de agentes conscientes), apuntando a la consciencia como un fenómeno fundamental del que se derivan tanto la materia como el espacio-tiempo.

Ver vídeo de Hoffman.

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