Agentes del SEPRONA han desarticulado en un antiguo búnker de la Guerra Civil ubicado en el municipio madrileño de Villanueva del Pardillo, en un claro dentro de un bosque de pinos, un taller ilegal de risas enlatadas en el que trabajaban hacinados desde hacía un par de meses 14 inmigrantes sin papeles chinos a las órdenes de un empresario de Ciempozuelos de 64 años llamado Aquilino Saelices. Los chinos se veían obligados a reírse a destajo 16 horas al día a cambio de alojamiento en el mismo búnker, restos de potaje de las cocinas de empresa del grupo Arturo Fernández, una hora de música de Luis Aguilé y un bono de transporte B-3 de la EMT de marzo de 1997. La singular actividad productiva, que tan solo contaba con un equipo de grabación muy rudimentario (radiocasete antiguo de marca Casio) y tres linternas frontales usadas de minero, proveía a clientes tan diversos como Disney Channel, la Academia de Cine española, la FAES o la República Popular Democrática de Corea.
El empresario de Ciempozuelos, fundador en 2007 del Foro Emprendiendo que es Gerundio y presidente de su comunidad de vecinos desde hace más de 20 años, era la única persona que entraba y salía libremente del búnker para sacar las cintas grabadas e introducir las cintas vírgenes y las perolas de potaje que servían de alimento a los trabajadores. El radiocasete era utilizado tanto para grabar las risas como para hacer sonar las canciones de Aguilé previas al reparto diario del potaje, del que se encargaba él mismo.
Tras su liberación, los 14 chinos pidieron a carcajadas una ducha, una buena comida y la audición del segundo concierto de piano de Rachmaninov. Ya han sido expulsados del país, tras recibir un Donut de azúcar mordido y escuchar un tema del último disco de Melendi. Por su parte, Saelices ha ingresado en prisión preventiva por orden del juez, acusado de delitos contra los derechos de los trabajadores, trata de personas y favorecimiento de la inmigración ilegal.
El abogado del emprendedor sexagenario ha asegurado a la prensa que éste no ha cometido delito alguno y que tiene todos los papeles en regla, tanto en España como en Andorra (su residencia fiscal) y Gibraltar (donde está registrado su foro empresarial). Los vecinos de Aquilino aseguran que es una persona muy amable que siempre decía "buenos días" en el ascensor, llamaba "campeones" a los chavales y adjudicaba las obras de la comunidad a sus propias empresas para así ahorrarles gastos a ellos.
Un blog personal algo abigarrado en el que se habla de física, cosmología, metafísica, ética, política, naturaleza humana, Unión Deportiva Las Palmas, inteligencia artificial, Singularidad, complejidad y un largo etcétera. Con una sección de pequeños 'Intentos literarios' y otra de sátira humorística ('Paisanaje'). Intentando ir siempre más allá del lugar común y el buenismo. Also in English: picandovoyenglish.wordpress.com
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lunes, 19 de enero de 2015
viernes, 29 de agosto de 2014
Servidores de sí mismos, no de lo público
Ya he escrito más de una vez que los males de la sociedad española poco tienen que ver con la supuesta perversidad del capitalismo o el neoliberalismo (que, por otra parte, no niego). Nuestros problemas son sobre todo de índole cultural, por tanto bien arraigados y difíciles de erradicar. Puesto que se acerca el mes de septiembre, y con ello la vuelta al trabajo, he pensado que no vendría mal hablar de quienes lo tienen inmerecidamente (por enchufe) en las administraciones y empresas públicas. Muchos de los cuales además lo ejercen poco (hablando en plata, que no dan un palo al agua). Y en ocasiones, dada su pericia y profesionalidad, casi es mejor que así sea por el bien de todos.
Pocas bondades pueden atribuirse al sector privado de la economía española (ya en Canarias es el colmo), donde campan a sus anchas desaprensivos e incompetentes cuyas únicas credenciales son sus apellidos de buena familia o una nutrida agenda de contactos políticos (fuente de jugosos contratos públicos financiados por todos los contribuyentes en beneficio de unos pocos, que además sirven para alimentar las finanzas de los partidos políticos). No es de extrañar que no nos vaya muy bien en un país donde los jefes están más preocupados por que sus empleados hagan horas en la oficina -o en el restaurante haciendo negocios chupito en mano- que por su productividad. Donde se premia el servilismo y se desdeña el mérito. Donde el inmovilismo prima sobre la innovación.
Si esto es así en el sector privado, ¡qué podríamos decir del público! Es cierto que hay buenos funcionarios y empleados públicos, muchos de los cuales han ingresado por oposición (o sea, acreditando méritos objetivos, aunque en España es inevitable el compadreo: oposiciones sacadas ad hoc para enchufar al de dentro interino, cuestionarios pasados fraudulentamente con antelación a amiguetes de partido o sindicato, etc). Pero no es menos cierto que abundan los malos: los zánganos y los ineptos. Esto ocurre a todos los niveles, pero parece especialmente sangrante en los niveles medios y bajos de la Administración, lo que produce un cuello de botella en el funcionamiento de las instituciones.
Parte de culpa del lamentable estado de nuestra Justicia no solo es atribuible a una deficiente organización (más propia del siglo XIX que del XXI), a intereses corporativos de jueces (que no quieren que el juez de al lado se entere de sus casos o, sencillamente, no desean currar demasiado) o a la desidia de los políticos (a quienes no les interesa que el sistema sea ágil, rápido y eficaz), sino también al escaqueo y holgazanería de funcionarios de niveles inferiores que están desayunando por segunda vez o haciendo compras en El Corte Inglés cuando se les requiere para algo, que se levantan malos cada dos por tres o que consiguen prolongadas bajas por depresión para disfrutarlas debajo de una sombrilla. Y que cuentan con el cerrado apoyo de los sindicatos mayoritarios, que saltan como un resorte en defensa de sus intereses enarbolando la bandera de lo público (no parecen tan preocupados por los trabajadores eventuales o los parados). Lo mismo puede decirse de la Universidad, de las Comunidades Autónomas, de las entidades locales, de las empresas y sociedades públicas...
Directores que tienen que hacer por sí mismos tochos de fotocopias, abogados que han de suplicar a auxiliares de los juzgados que les pasen determinado papel relacionado con sus clientes, trabajadores públicos que tienen que hacer la tarea de otros no por solidaridad con un gandul o un incompetente sino solo para sacar adelante lo suyo, ciudadanos desesperados frente al soberbio de turno apostado no pocas veces tras una ventanilla... Todo por culpa de tanto servidor de sí mismo, no de lo público. En fin, Marca España.
Aclaraciones para disipar posibles equívocos:
1) Hay muchos buenos funcionarios y empleados públicos.
2) Los sindicatos son necesarios en una democracia como contrapeso al poder de los empresarios.
Aclaraciones para disipar posibles equívocos:
1) Hay muchos buenos funcionarios y empleados públicos.
2) Los sindicatos son necesarios en una democracia como contrapeso al poder de los empresarios.
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