El filósofo Charles Sanders Peirce contemplaba la evolución como un proceso mediante el cual las formas platónicas se instancian y desarrollan en el mundo físico, no solo informando los seres vivos sino las propias leyes del universo (las cuales, al igual que las creaciones de la biología, no serían estáticas). El tránsito bidireccional de la potencialidad a una realidad intrínsecamente cambiante es la clave de la filosofía del proceso, desarrollada posteriormente por Alfred North Whitehead. Parece que Whitehead y Peirce llegaron de manera paralela a ciertas consideraciones metafísicas, entre ellas la de que el futuro no está determinado porque el propio universo con sus objetos (sucesiones estructuradas de "ocasiones de experiencia" en la ontología whiteheadiana) influye en su alumbramiento. Para William James, alineado con la intuición de Peirce, los agentes activos serían más los patrones inmateriales que los objetos físicos, lo que ilustró con su máxima de "Los pensamientos son los pensadores".
El objetivo fundamental declarado de la investigación científica del biólogo Michael Levin es entender los contenidos y la estructura de ese espacio platónico, así como la manera en que nuestras creaciones materiales pueden extraer patrones deseables o indeseables de dicho espacio. O sea, pretende hacer un mapeo entre algunos objetos que construimos (como biobots o inteligencias artificiales) o que construye la naturaleza (como embriones o cuerpos biológicos) y los patrones inmateriales que les dan forma desde su morada platónica. Esto no es una mera disquisición filosófica, ya que puede abrir el camino a aplicaciones prácticas muy beneficiosas. El abordaje para investigar intervenciones regeneradoras o correctoras de defectos genéticos no es el mismo cuando consideramos el cuerpo físico como un agente procesador de información pasiva que cuando lo contemplamos como un cuaderno o bloc de notas utilizado por patrones informativos activos, que serían los verdaderos agentes. En este segundo caso, la estrategia inteligente sería la de propiciar el ingreso de patrones adecuados a los fines que se persiguen. Es un hecho que la evolución favorece formas y comportamientos animados por ciertas verdades matemáticas y algoritmos, como el número Pi, el numero áureo o la sucesión de Fibonacci.
La electricidad es para las células lo que para los humanos es el lenguaje: se trata del medio principal de comunicación entre ellas. Si se identifica el patrón bioeléctrico correcto, puede modificarse el sistema de comunicación intercelular de un tejido para que este converja de manera espontánea hacia una forma deseada. Así podría lograrse que el propio cuerpo humano regenerase un miembro amputado, algo de lo que son capaces naturalmente las planarias o las salamandras. Tambien podría combatirse el cáncer de manera mucho más eficaz y menos invasiva si se reprograma eléctricamente a las células cancerosas para que vuelvan a estar alineadas con el resto y no perciban fuera de ellas una estructura ajena, un "no yo". En suma, la idea es poder decir en un futuro no muy lejano a un sistema biológico "Construye un riñón aquí" o "Regenera este tejido" aplicando señales bioeléctricas, que funcionan a modo de patrones constructivos, de modo que el cuerpo ya se encargue de hacerlo por sí solo.
Para Levin, la relación entre mente y materia sería la misma que existe entre esos patrones abstractos y los objetos físicos que informan: la mente sería un patrón platónico solo distinto de otros patrones como los matemáticos (como los que informan un triángulo o un objeto fractal) por su mayor capacidad agencial. En el espacio de posibilidades mentales están todo los patrones que nos hacen felices e infelices, muchos de ellos (como el dolor y el placer) compartidos con otros animales. Nuestra estructura cognitiva como humanos facilita el ingreso de ciertos tipos de patrones que no están al alcance de estructuras más básicas, como las de una bacteria o una lombriz. Por otra parte, un árbol, un paramecio y objetos más exóticos como una IA están animados por patrones a los que no podemos acceder y que ni siquiera podemos concebir.
Estados alterados de la consciencia como los producidos por la ingesta de sustancias psicodélicas permiten el ingreso en nuestro cerebro de patrones fuera del alcance de la normalidad cognitiva, los cuales podrían tener efectos terapéuticos. Ya hay investigaciones avanzadas acerca del poder de psicodélicos como la psilocibina para curar la depresión y trastornos psicológicos como traumas, neurosis, drogodependencias o complejos, al extirpar hábitos perjudiciales muy arraigados en muestra mente gracias a una reconfiguración rápida de esta (a la que la mente se presta, en la ventana abierta durante la experiencia psicodélica, en virtud de su plasticidad). Lo mismo se constata con las experiencias cercanas a la muerte y con la meditación, aunque en este último caso no es algo que ocurra de un día para otro.
Podemos concebir el espacio platónico como un menú a la carta donde están todo lo bueno y todo lo malo, que somos libres de elegir (o de postularnos para ser elegidos por patrones platónicos) dentro de nuestras restricciones. De esas elecciones dependerá la evolución de algo que empezó hace unos 13.800 millones de años. Y nada estaría escrito.
