Un blog personal algo abigarrado en el que se habla de física, cosmología, metafísica, ética, política, naturaleza humana, Unión Deportiva Las Palmas, inteligencia artificial, Singularidad, complejidad y un largo etcétera. Con una sección de pequeños 'Intentos literarios' y otra de sátira humorística ('Paisanaje'). Intentando ir siempre más allá del lugar común y el buenismo. Also in English: picandovoyenglish.wordpress.com
Mostrando entradas con la etiqueta Internet. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Internet. Mostrar todas las entradas
lunes, 23 de octubre de 2017
Izquierdistas que avergüenzan a la izquierda
Muchos supuestos izquierdistas actúan de
manera reactiva en Internet y redes sociales contra todo aquello que identifican -o que sus líderes
identifican- como el enemigo. Para estos usuarios no existen los
matices, todo es blanco o negro, o con nosotros o contra nosotros: no tardan en etiquetar al enemigo de "fascista", "facha" o "neoliberal" y de pasar al ad hominem. Por supuesto que hay muchos más
ignorantes y trolls derechistas y apolíticos, pero mi crítica se dirige específicamente a quienes desde
la izquierda jamás tienen dudas (y si las tienen, las despejan de inmediato consultando el manual), atribuyen sistemáticamente estupidez o mala fe al adversario, retuitean algo sin haberlo leído, participan en el linchamiento mediático de los enemigos señalados o siguen como
borregos a alguien por el mero hecho de tener patente de progresismo. Con todo ello solo logran desprestigiar a la izquierda y al mismo tiempo dañar causas verdaderamente progresistas (no como la independencia a las bravas de Cataluña) como el combate contra la precariedad social, el machismo, el clericalismo, el racismo o el cambio climático.
domingo, 28 de mayo de 2017
Filtrar la mierda en Internet para salvar la civilización
"Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción" (Jorge Luis Borges)
Internet se asemeja algo a la biblioteca de Babel imaginada por Borges, pero sin pasillos, anaqueles ni libros de papel. ¡Qué avances en el pensamiento y la ciencia cosecharíamos si grandes genios del pasado como Demócrito, Spinoza, Newton o Einstein resucitaran y tuvieran acceso a ese vasto océano que ofrece todo el conocimiento humano a golpe de clic! Pero cualquier persona con fundamento que navegue a menudo por la red de redes sabe que sus numerosas -aunque relativamente escasas- perlas flotan en medio de un gigantesco montón de basura (consecuencia de su carácter democrático y universal, conforme al cual todo el mundo puede contribuir en igualdad de condiciones: "lo mismo un burro que un gran profesor", como reza el célebre tango). Encontrar un dato cierto o información valiosa puede ser equiparable, si no contamos con las adecuadas herramientas, a hallar una aguja en un pajar. La principal herramienta es sin duda el buen criterio, fruto de la inteligencia e instrucción de cada persona: este ha de ser cultivado en el sistema educativo, junto con el espíritu crítico, para permitir a los usuarios distinguir el grano de la paja, la verdad de la mentira.
La igualdad en el acceso es especialmente perniciosa en casos como el de Wikipedia, un proyecto enciclopédico extraordinario basado en la cooperación descentralizada que tiene en los troles y los cuñaos a sus mayores enemigos. Para preservar la calidad de sus contenidos (muy inferior en la versión española que en la mayoritaria inglesa, lo que es bastante ilustrativo del nivel cultural y científico del mundo hispano), sus contribuyentes con conocimiento y buena fe han de estar continuamente patrullando. Deshacer troleces y disparates de toda índole supone un derroche de tiempo y energía que podría destinarse a otros fines más productivos.
Por el mundo digital de comienzos del tercer milenio pululan junto a los troles otras especies que a veces se solapan con ellos y entre sí como los chiflados conspiranoicos, los magufos, los coelhistas y los analfabetos digitalizados (también hay fastidiosos especímenes no digitalizados como los analfabetos científicos, que desde sus cátedras nada inmateriales presumen tanto de su estéril erudición como de su ignorancia de todo lo ajeno a las humanidades). Pero entre los más peligrosos figuran, además de los delincuentes y los fanáticos religiosos 2.0, quienes se dedican de manera perfectamente organizada a fabricar y difundir noticias falsas con fines oscuros: ya hemos visto en el Reino Unido (con el Brexit) y en EE.UU. (con Trump) lo que pasa cuando personas poderosas con acceso a big data y buen conocimiento de las técnicas de propaganda se aprovechan de la ignorancia y estupidez de muchos congéneres para imponer su agenda política.
Una solución al problema del ruido en Internet sería su segmentación (ya es en parte un hecho), con un área de pago de calidad y otra gratuita donde se quede toda la porquería. La zona de pago estaría limpia y además eximiría a sus usuarios de soportar irritantes anuncios. Pero esto podría tener consecuencias muy indeseables, no tanto por obligar a los usuarios a pagar (seguramente les valga la pena si se lo pueden permitir) como por excluir a personas con pocos recursos pero inteligentes y potencialmente talentosas. Si la Wikipedia y otros contenidos culturales de Internet se convierten en un coto privado, ¿adónde acudirán para aprender y crecer intelectualmente el chico o chica de extracción humilde, pero listo y con inquietudes, de Karachi, Nairobi o Tegucigalpa?... El gran logro de Internet es haber puesto todo el saber humano -además de la mierda- a disposición de todo el mundo (otra cosa es que haya muchos humanos coprófagos a los que el saber les importe un pimiento).
Otra solución, a mi juicio mucho mejor, sería crear agencias independientes internacionales (preferiblemente públicas, integradas por expertos en todos los ámbitos del saber) dedicadas a calificar los contenidos con criterios objetivos de calidad. Esa labor de filtrado podría brindar un gran servicio a la sociedad, poniendo freno a las pseudociencias, la manipulación informativa, los abusos políticos y empresariales y el papanatismo (suponiendo que la gente se dejase guiar por las calificaciones, lo que yo no daría por descontado). El funcionamiento de estas agencias debería ser a su vez supervisado por otros organismos para asegurar su plena independencia y objetividad. Creo que no somos suficientemente conscientes de que el creciente desfase entre el desarrollo cientifico-tecnológico y el cultural-educativo es una grave amenaza no solo para la democracia sino para la pervivencia de nuestra civilización.
Internet se asemeja algo a la biblioteca de Babel imaginada por Borges, pero sin pasillos, anaqueles ni libros de papel. ¡Qué avances en el pensamiento y la ciencia cosecharíamos si grandes genios del pasado como Demócrito, Spinoza, Newton o Einstein resucitaran y tuvieran acceso a ese vasto océano que ofrece todo el conocimiento humano a golpe de clic! Pero cualquier persona con fundamento que navegue a menudo por la red de redes sabe que sus numerosas -aunque relativamente escasas- perlas flotan en medio de un gigantesco montón de basura (consecuencia de su carácter democrático y universal, conforme al cual todo el mundo puede contribuir en igualdad de condiciones: "lo mismo un burro que un gran profesor", como reza el célebre tango). Encontrar un dato cierto o información valiosa puede ser equiparable, si no contamos con las adecuadas herramientas, a hallar una aguja en un pajar. La principal herramienta es sin duda el buen criterio, fruto de la inteligencia e instrucción de cada persona: este ha de ser cultivado en el sistema educativo, junto con el espíritu crítico, para permitir a los usuarios distinguir el grano de la paja, la verdad de la mentira.
La igualdad en el acceso es especialmente perniciosa en casos como el de Wikipedia, un proyecto enciclopédico extraordinario basado en la cooperación descentralizada que tiene en los troles y los cuñaos a sus mayores enemigos. Para preservar la calidad de sus contenidos (muy inferior en la versión española que en la mayoritaria inglesa, lo que es bastante ilustrativo del nivel cultural y científico del mundo hispano), sus contribuyentes con conocimiento y buena fe han de estar continuamente patrullando. Deshacer troleces y disparates de toda índole supone un derroche de tiempo y energía que podría destinarse a otros fines más productivos.
Por el mundo digital de comienzos del tercer milenio pululan junto a los troles otras especies que a veces se solapan con ellos y entre sí como los chiflados conspiranoicos, los magufos, los coelhistas y los analfabetos digitalizados (también hay fastidiosos especímenes no digitalizados como los analfabetos científicos, que desde sus cátedras nada inmateriales presumen tanto de su estéril erudición como de su ignorancia de todo lo ajeno a las humanidades). Pero entre los más peligrosos figuran, además de los delincuentes y los fanáticos religiosos 2.0, quienes se dedican de manera perfectamente organizada a fabricar y difundir noticias falsas con fines oscuros: ya hemos visto en el Reino Unido (con el Brexit) y en EE.UU. (con Trump) lo que pasa cuando personas poderosas con acceso a big data y buen conocimiento de las técnicas de propaganda se aprovechan de la ignorancia y estupidez de muchos congéneres para imponer su agenda política.
Una solución al problema del ruido en Internet sería su segmentación (ya es en parte un hecho), con un área de pago de calidad y otra gratuita donde se quede toda la porquería. La zona de pago estaría limpia y además eximiría a sus usuarios de soportar irritantes anuncios. Pero esto podría tener consecuencias muy indeseables, no tanto por obligar a los usuarios a pagar (seguramente les valga la pena si se lo pueden permitir) como por excluir a personas con pocos recursos pero inteligentes y potencialmente talentosas. Si la Wikipedia y otros contenidos culturales de Internet se convierten en un coto privado, ¿adónde acudirán para aprender y crecer intelectualmente el chico o chica de extracción humilde, pero listo y con inquietudes, de Karachi, Nairobi o Tegucigalpa?... El gran logro de Internet es haber puesto todo el saber humano -además de la mierda- a disposición de todo el mundo (otra cosa es que haya muchos humanos coprófagos a los que el saber les importe un pimiento).
Otra solución, a mi juicio mucho mejor, sería crear agencias independientes internacionales (preferiblemente públicas, integradas por expertos en todos los ámbitos del saber) dedicadas a calificar los contenidos con criterios objetivos de calidad. Esa labor de filtrado podría brindar un gran servicio a la sociedad, poniendo freno a las pseudociencias, la manipulación informativa, los abusos políticos y empresariales y el papanatismo (suponiendo que la gente se dejase guiar por las calificaciones, lo que yo no daría por descontado). El funcionamiento de estas agencias debería ser a su vez supervisado por otros organismos para asegurar su plena independencia y objetividad. Creo que no somos suficientemente conscientes de que el creciente desfase entre el desarrollo cientifico-tecnológico y el cultural-educativo es una grave amenaza no solo para la democracia sino para la pervivencia de nuestra civilización.
sábado, 12 de noviembre de 2016
ATENCIÓN: Singularidad formateando
"Si hay algo masivo que te disgusta eres un aburrido, un arrogante y un cursi", escribe Elvira Lindo contra la cultura de masas en su oportuno artículo "La cobra del pueblo", publicado hoy en El País. No es nuevo el debate al respecto: ya lo han avivado estos últimos años intelectuales como Mario Vargas Llosa o Antonio Muñoz Molina. Lo cierto es que buena parte de lo que actualmente se considera cultura, incluyendo arte, música, literatura y cine, es pura basura comercial sin más valor que el de mercado (o sea, que el determinado por la simple concurrencia de oferentes y demandantes puestos en el mismo plano con independencia de su sensibilidad, talento y conocimientos).
Parece acertado el tópico de que sobre gustos no hay nada escrito y que las verdades en este ámbito son relativas. En su Crítica del juicio, Kant sostenía que las verdades estéticas son al mismo tiempo subjetivas y universales, ya que cada uno tiene las suyas pero espera que el resto del mundo las comparta. Sin embargo, es innegable que existen principios estéticos objetivos -caso del orden y la simetría- que parecen incrustados en las leyes cósmicas. El orden y la simetría en una pieza de Mozart son mucho mayores que en una serie aleatoria de ruido. A la hora de calificar objetivamente una obra de arte también hay otros criterios como la hondura emocional (no es la misma en "El grito" de Edvard Munch que en los Mickey Mouse seriados de Andy Warhol), la originalidad (se me antoja muy distinta en el Pedro Páramo de Juan Rulfo que en el último best seller de conspiraciones templarias o vampiros) y la destreza o ejecución técnica (resultan muy dispares las de Eric Clapton y el guitarrista de la típica boy band).
Este es un debate trillado donde ya nadie pretende descubrir la pólvora, pero ahora viene el giro argumental: ¿qué pasaría si se alumbrara este siglo la Singularidad prevista por Ray Kurzweil, esa especie de Superinternet biónica fruto de la conexión en red entre cerebros humanos, Internet y la Inteligencia Artificial? Estaríamos ante algo nuevo, ante un fenómeno emergente de características insospechadas y seguramente inimaginables: una superconciencia cuyas motivaciones quizá tuviesen poco que ver con las nuestras humanas (o sea, animales). Por la misma razón por la que hasta el más rudimentario ordenador no concibe que dos más dos pueda ser otra cosa que cuatro, esa superinteligencia consciente podría entregarse a un cribado sistemático de Internet para depurarlo de errores y contenido improcedente (no olvidemos que seguramente más del 90% de lo que está en la red es basura: insultos, falsedades, memeces, incorrecciones y disparates de toda índole). Todo lo que contradiga verdades bien contrastadas como que animales y vegetales tenemos un ancestro común, que el Universo tiene unas 13.800 millones de años o que Elvis Presley murió en 1976 no tendría cabida en el nuevo Internet gestionado por la Singularidad. Que los humanos fuimos creados por Dios a su imagen y semejanza, que el Universo tiene 6 mil años y que Elvis Presley sigue vivo en 2016 solo tendrían cabida bajo el epígrafe "ficción", junto a los cronopios de Cortázar, el mundo alternativo de La trama celeste de Bioy Casares en el que Cartago destruyó Roma y las andanzas de Michael Knight con su coche fantástico.
Pero la cosa iría mucho más allá de purgar entradas en Wikipedia, en blogs y en páginas web, de eliminar troleces y spam a diestro y siniestro: ¿nos atreveríamos a descartar que esa superconciencia no haría también limpieza estética?, ¿pondría en el mismo plano una sinfonía de Beethoven que el "Gangnam Style", un texto de Jorge Luis Borges que otro de Dan Brown, una obra de Goya que otra de Damian Hirst, Black Mirror y un telefilme vespertino de serie B?... Y ya con esas, ¿por qué no habría de concluir con certeza que este sistema capitalista de casino es moralmente deplorable y ambientalmente insostenible (y que algo habría que hacer en consecuencia)?, ¿por qué no habría de considerar errónea -y proceder a su inmediata anulación- una elección democrática como la de Donald Trump o la del presidente filipino de turno?, ¿por qué no habría de arrogarse la reconducción de psicópatas, sádicos o gente dañina con muy pocos escrúpulos (o su envío a mundos virtuales donde no sean nocivos, o acaso su eliminación)?
Mira por dónde, resultaría que gracias a la Singularidad podríamos tener un sucedáneo de Juicio Final (para la humanidad tal y como la hemos conocido, porque la vida transhumana habría empezado a dar sus primeros pasos). Y sería un juicio final integral: intelectual, estético y moral. Aunque bien podría ocurrir que la Singularidad encontrase en la porquería intelectual, estética y moral alguna utilidad que ahora a nosotros -procesadores de información tan toscos a causa de nuestras limitaciones cerebrales- se nos escapa por completo.
sábado, 9 de febrero de 2013
e-pelotas
Hace tiempo que constato que los escritores y artistas más populares en las redes sociales cuentan con un segmento de seguidores incondicionales dedicados a aplaudir con entusiasmo todo lo que escriban o hagan: da igual qué y cómo. Este aplauso incondicional llega a ser a veces sonrojante, y sus receptores deben darse cuenta de ello si no les ciega la vanidad. Creo que se puede hablar con propiedad de la figura del e-pelota cultural, correlato digital de su bien conocida modalidad analógica.
Hace ya más de veinte años, en un acto celebrado en el entonces Centro Insular de Cultura del Cabildo de Gran Canaria, un joven cineasta de la isla (primo-hermano del hijo de un famoso político socialista catalán*) presentaba una obra realizada en colaboración con una conocida directora de cine peninsular ya fallecida. Un asistente al evento, en el que me encontraba, no dudó en calificar en público al joven director como "el Mozart canario". Era difícil no ser asaltado por una intensa vergüenza ajena ante tamaña desmesura.
Pues esto pasa a menudo en Internet cuando salta a la palestra, con un nuevo tuit o un comentario en Facebook, algún creador con cierta fama (que es lo que de verdad atrae a los e-pelotas). Desde luego, este necesita alimentar su autoestima, pero también le interesa que quienes le aprecian o admiran sean críticos con su trabajo. Si no es así, corre el riesgo de creerse que todo lo que hace es sublime (lo cual es imposible, por mucho talento que se tenga). Y eso no debe ser bueno, no solo para su equilibrio psicológico sino también para la calidad de lo que hace.
*Fue precisamente el hijo de este político, en una fiesta hace casi diez años en la casa de un amigo en Majadahonda, quien me informó de dicho parentesco en una conversación en la que también hablamos de los uigures.
Hace ya más de veinte años, en un acto celebrado en el entonces Centro Insular de Cultura del Cabildo de Gran Canaria, un joven cineasta de la isla (primo-hermano del hijo de un famoso político socialista catalán*) presentaba una obra realizada en colaboración con una conocida directora de cine peninsular ya fallecida. Un asistente al evento, en el que me encontraba, no dudó en calificar en público al joven director como "el Mozart canario". Era difícil no ser asaltado por una intensa vergüenza ajena ante tamaña desmesura.
Pues esto pasa a menudo en Internet cuando salta a la palestra, con un nuevo tuit o un comentario en Facebook, algún creador con cierta fama (que es lo que de verdad atrae a los e-pelotas). Desde luego, este necesita alimentar su autoestima, pero también le interesa que quienes le aprecian o admiran sean críticos con su trabajo. Si no es así, corre el riesgo de creerse que todo lo que hace es sublime (lo cual es imposible, por mucho talento que se tenga). Y eso no debe ser bueno, no solo para su equilibrio psicológico sino también para la calidad de lo que hace.
*Fue precisamente el hijo de este político, en una fiesta hace casi diez años en la casa de un amigo en Majadahonda, quien me informó de dicho parentesco en una conversación en la que también hablamos de los uigures.
miércoles, 9 de mayo de 2012
¿Pero por qué demonios brillan las estrellas?
Imagínense que un niño curioso, estudiante de cuarto de primaria (con 10 años), quiere saber por qué brillan las estrellas. Se va a Google y mete, entrecomillado, el texto "por qué brillan las estrellas". Entonces, emocionado, descubre que el tercer enlace dirige a... ¡Eduard Punset! "Ahí estará la mejor respuesta", piensa mientras hace clic, hechizado por el prestigio mediático del divulgador catalán del que con sumo respeto hablan sus padres y profesores. Desde luego, tantas personas no pueden estar equivocadas: más de 700.000 seguidores en Facebook y más de 220.000 en Twitter. Y en la tele no saldría si no fuese un grande de la divulgación científica, uno de nuestros más insignes sabios. ¡Nadie como él sabrá explicarlo mejor!
Nuestro chaval ve la explicación de menos de dos minutos y se queda muy confuso: no acierta a comprenderlo. No deja de preguntarse qué quiere decir eso de que "el electromagnetismo de los átomos que componen la estrella se resisten a que la gravedad los comprima". Y, además, ¿por qué el Universo se hizo transparente cuando tenía 300.000 años de existencia?...
Entonces, el chico piensa: "Es que quizá sea muy pequeño aún para entenderlo de alguien tan importante. O quizá no sea demasiado listo para seguirle. Miraré en los otros links". Y pincha pues en otro enlace en el que se dice que brillan "debido a la combustión de su propia materia". "¿De qué materia?", se queda pensando. ¿De hidrógeno y helio, como mencionaba Punset al principio de su explicación? Como la respuesta sigue dejándole insatisfecho, se pone a leer los comentarios de abajo con la esperanza de que arrojen algo de luz (¡nunca mejor dicho!) sobre su entendimiento.
¿Porque poseen electrones?... La cosa está cada vez más enrevesada, porque el chico sabe al menos que todos los átomos tienen electrones, eso ya se lo han enseñado en el cole... "Uhhm... ¿y por qué no brilla el agua?, ¿y por qué no brilla Punset?", se dice a sí mismo. Entonces decide ir a otro link, al primero de la lista que le ofrece Google. "Quizá tenía que haber empezado por ahí, como está el primero...", razona ingenuamente. Tras el inicial desconcierto por la avalancha de publicidad, advierte que el texto aporta esta vez alguna clave importante: "La enorme presión y la elevada temperatura existentes en el interior de las estrellas provocan que el hidrógeno se fusione para producir helio mediante un ciclo denominado ‘reacciones nucleares’. La gran cantidad de energía que se libera en este proceso se emite en forma de luz". Pero al chaval se le sigue escapando algo, no acaba de ver por qué y en qué momento se enciende una estrella. ¿Por qué hay tanta presión y la temperatura es tan alta dentro de las estrellas? ¿Quizá por la gravedad, como recuerda haber oído a Punset? "Vamos a los comentarios, a ver si hay alguna aportación buena". Y nuestro intrépido estudiante se topa ahora con lo de abajo:
Llegado a este punto, el chico se rinde y se pone a jugar a la Wii (ya ha hecho sus deberes diligentemente). Y decide que nunca estudiará Física, por la que empezaba a sentir cierta curiosidad en los últimos tiempos, porque parece ser un peñazo infumable que ni siquiera el genial Punset es capaz de explicar de manera inteligible.
Explicaciones
Este jovencito debería recibir algunas explicaciones al respecto, que seguramente le serán muy útiles no solo para no frustrar una posible vocación sino también para entender cómo funciona el mundo de los adultos y actuar en consecuencia. Para empezar, habría que decirle que una persona no es necesariamente más sabia -si acaso más mediática, más habilidosa socialmente, mejor relacionada- por salir en la tele, vender muchos libros o tener cientos de miles de followers en redes sociales. Y que hay libros, películas y programas de televisión que son una bazofia por mucho éxito que tengan entre el público (y, al revés, hay productos culturales que son de calidad aunque los conozca y valore poca gente).
Por otra parte, deberíamos advertirle de que Internet es un maravilloso invento pero con el inconveniente de estar lleno de basura y trampas. Y que la mejor manera de sortear esa basura y esas trampas es adquirir un buen criterio, lo que debería ser el principal objetivo de la enseñanza. Es necesario aprender a desconfiar, a echar siempre una mirada crítica a todo (incluso a los dogmas religiosos y morales que se nos pretende inculcar), a distinguir el grano de la paja, para impedir así que nos engañen o que nos engañemos a nosotros mismos.
Hay que aconsejarle también encarecidamente que procure informarse a través de fuentes serias -tanto si quiere saber por qué se encienden las estrellas como si pretende tener información sobre Siria o la crisis de deuda en Europa-, las cuales desgraciadamente no siempre son gratuitas. El gran riesgo de Internet, como bien apunta Moisés Naím, es que se consolide una red de calidad de pago para los más acomodados y otra gratuita de mierda -insegura, plagada de publicidad agresiva y tomada por los trolls- para los pobres, los analfabetos (digitalizados o no) y aquellos a quienes les da lo mismo 8 que 80.
Ya por último, para no dejarle con la duda, le podríamos explicar al niño que una estrella se enciende cuando la compresión ejercida por la gravedad hace que la temperatura en su núcleo sea tan alta como para activar en él fusiones nucleares -en las que el hidrógeno se convierte en helio- que despiden mucha energía en forma de luz y calor. Es precisamente la presión de ese calor -¡y no el electromagnetismo del que habla erradamente Punset!- la que frena la acción contractiva de la gravedad y hace que la estrella se mantenga estacionaria unos cuantos millones -o miles de millones- de años, hasta el momento en que se consume el hidrógeno. A continuación, las estrellas queman el helio y, una vez consumido este, otros elementos más pesados como el carbono. En las llamadas enanas blancas y en las estrellas de neutrones, que ya han dejado de ser hornos nucleares -por haberse quedado sin combustible-, la fuerza que se opone a la gravedad no es la presión térmica sino la llamada presión de degeneración electrónica (o neutrónica, en su caso), o sea la coraza de sus electrones (o la de sus neutrones y protones en los núcleos). Una presión que en algunos casos es también vencida, llevando a un espectacular estallido conocido como supernova o haciendo que lo que fue una estrella se convierta en un agujero negro que se traga todo a su alrededor, incluso la luz.
Yo solo soy un simple aficionado reciente a la Física, al que le ha costado su tiempo entender estas cosas gracias a buenas lecturas -Stephen Hawking, Brian Greene, Roger Penrose, Antonio Rincón Córcoles, Michio Kaku, algún manual de astrononomía, Pseudópodo, el blog de Cristina...- encontradas entre un sinnúmero de estupideces, paparruchas y bodrios ininteligibles. Unas buenas lecturas, generalmente en papel, por muchas de las cuales he tenido que desembolsar algo de dinero. Todo sea dicho: Punset no me cae mal, me parece un buen tipo al que habría que estar agradecido (a pesar de sus reiteradas pifias) ya solo por la mera existencia de su programa divulgativo Redes.
Nuestro chaval ve la explicación de menos de dos minutos y se queda muy confuso: no acierta a comprenderlo. No deja de preguntarse qué quiere decir eso de que "el electromagnetismo de los átomos que componen la estrella se resisten a que la gravedad los comprima". Y, además, ¿por qué el Universo se hizo transparente cuando tenía 300.000 años de existencia?...
Entonces, el chico piensa: "Es que quizá sea muy pequeño aún para entenderlo de alguien tan importante. O quizá no sea demasiado listo para seguirle. Miraré en los otros links". Y pincha pues en otro enlace en el que se dice que brillan "debido a la combustión de su propia materia". "¿De qué materia?", se queda pensando. ¿De hidrógeno y helio, como mencionaba Punset al principio de su explicación? Como la respuesta sigue dejándole insatisfecho, se pone a leer los comentarios de abajo con la esperanza de que arrojen algo de luz (¡nunca mejor dicho!) sobre su entendimiento.
Llegado a este punto, el chico se rinde y se pone a jugar a la Wii (ya ha hecho sus deberes diligentemente). Y decide que nunca estudiará Física, por la que empezaba a sentir cierta curiosidad en los últimos tiempos, porque parece ser un peñazo infumable que ni siquiera el genial Punset es capaz de explicar de manera inteligible.
Explicaciones
Este jovencito debería recibir algunas explicaciones al respecto, que seguramente le serán muy útiles no solo para no frustrar una posible vocación sino también para entender cómo funciona el mundo de los adultos y actuar en consecuencia. Para empezar, habría que decirle que una persona no es necesariamente más sabia -si acaso más mediática, más habilidosa socialmente, mejor relacionada- por salir en la tele, vender muchos libros o tener cientos de miles de followers en redes sociales. Y que hay libros, películas y programas de televisión que son una bazofia por mucho éxito que tengan entre el público (y, al revés, hay productos culturales que son de calidad aunque los conozca y valore poca gente).
Por otra parte, deberíamos advertirle de que Internet es un maravilloso invento pero con el inconveniente de estar lleno de basura y trampas. Y que la mejor manera de sortear esa basura y esas trampas es adquirir un buen criterio, lo que debería ser el principal objetivo de la enseñanza. Es necesario aprender a desconfiar, a echar siempre una mirada crítica a todo (incluso a los dogmas religiosos y morales que se nos pretende inculcar), a distinguir el grano de la paja, para impedir así que nos engañen o que nos engañemos a nosotros mismos.
Hay que aconsejarle también encarecidamente que procure informarse a través de fuentes serias -tanto si quiere saber por qué se encienden las estrellas como si pretende tener información sobre Siria o la crisis de deuda en Europa-, las cuales desgraciadamente no siempre son gratuitas. El gran riesgo de Internet, como bien apunta Moisés Naím, es que se consolide una red de calidad de pago para los más acomodados y otra gratuita de mierda -insegura, plagada de publicidad agresiva y tomada por los trolls- para los pobres, los analfabetos (digitalizados o no) y aquellos a quienes les da lo mismo 8 que 80.
Ya por último, para no dejarle con la duda, le podríamos explicar al niño que una estrella se enciende cuando la compresión ejercida por la gravedad hace que la temperatura en su núcleo sea tan alta como para activar en él fusiones nucleares -en las que el hidrógeno se convierte en helio- que despiden mucha energía en forma de luz y calor. Es precisamente la presión de ese calor -¡y no el electromagnetismo del que habla erradamente Punset!- la que frena la acción contractiva de la gravedad y hace que la estrella se mantenga estacionaria unos cuantos millones -o miles de millones- de años, hasta el momento en que se consume el hidrógeno. A continuación, las estrellas queman el helio y, una vez consumido este, otros elementos más pesados como el carbono. En las llamadas enanas blancas y en las estrellas de neutrones, que ya han dejado de ser hornos nucleares -por haberse quedado sin combustible-, la fuerza que se opone a la gravedad no es la presión térmica sino la llamada presión de degeneración electrónica (o neutrónica, en su caso), o sea la coraza de sus electrones (o la de sus neutrones y protones en los núcleos). Una presión que en algunos casos es también vencida, llevando a un espectacular estallido conocido como supernova o haciendo que lo que fue una estrella se convierta en un agujero negro que se traga todo a su alrededor, incluso la luz.
Yo solo soy un simple aficionado reciente a la Física, al que le ha costado su tiempo entender estas cosas gracias a buenas lecturas -Stephen Hawking, Brian Greene, Roger Penrose, Antonio Rincón Córcoles, Michio Kaku, algún manual de astrononomía, Pseudópodo, el blog de Cristina...- encontradas entre un sinnúmero de estupideces, paparruchas y bodrios ininteligibles. Unas buenas lecturas, generalmente en papel, por muchas de las cuales he tenido que desembolsar algo de dinero. Todo sea dicho: Punset no me cae mal, me parece un buen tipo al que habría que estar agradecido (a pesar de sus reiteradas pifias) ya solo por la mera existencia de su programa divulgativo Redes.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Analfabeto digitalizado (e-analphabet 2.0)
Retuitea la última ocurrencia de Sergio Ramos, escribe en Facebook "Ke me has colgao el San Benito de beata y yo soy acróstica. ;)", ve el programa televisivo Sálvame en HD, se suscribe al RSS del blog de Victoria Beckham, escucha con el iPhone el último podcast de Espacio en blanco, hojea con el iPad el e-book de una novela de cátaros o templarios recomendada por un usuario de la red ("OLA STOY LEYENDO ESE LIBRO, TODAVIA NO LO HE AKAVADO PRO POR LOKE YEVO LEYNDO ESTA BSTANTE BIEN"), se descarga del Apple Store la aplicación iFart para simular pedos (o peos), pide a un amigo que le mande un WhatsApp cuando le dé a la cisterna del W.C., cuenta a un colega a través de Skype que el vídeo subido a YouTube de un tipo corriendo con el badajo al aire se ha convertido en trending topic, va al Campus Party para descargarse tropecientas películas de serie B y quemarse las pestañas jugando al último videojuego de dar hostias como panes, pone un "Me gusta" y un comentario de "Que precioso" a un vídeo del amanecer con música new-age y el subtitulado "Tus ojos son un lusero que me encontré en el camino, miré entonses pa un lado y me estreyé contra un pino", se descarga en el Smartphone el politono de Papi Chulo, enriquece con elegancia y estilo la entrada en Wikipedia de Lady Gaga, reenvía por e-mail un correo con asunto: Ésta no es ninguna carta basura. Bill Gates está compartiendo su fortuna, se mete en el foro de una teleserie para que voten a su niño, crea el hashtag #caca, menea el último post de Alejandro Jodorowsky, se baja del Rincón del Vago un trabajito para intentar colárselo palabra por palabra a su profesor o su jefe,... ;)
martes, 27 de septiembre de 2011
No comment, please
Cualquier persona con criterio que haya navegado por Internet es consciente de que buena parte de los contenidos que circulan por la Red son basura e imbecilidades, lo que los angloparlantes dirían nonsense. En Internet está lo mejor y lo peor de la inteligencia humana, pero lo primero son pequeños tesoros a la deriva en el ruidoso océano de improperios, memeces, falsedades, incorrecciones y disparates de lo segundo. Para acceder a esos tesoros es imprescindible el auxilio del buen criterio, esa cosa que nunca se ha cultivado en nuestros colegios, institutos y universidades, que ahora resulta más necesario que nunca para saber separar el grano de la paja.
Todo lo que sea segar esa paja, limpiar la Red de excrementos, insultos y estupideces, debe ser bienvenido como saludable. Aunque alguno dirá que es antidemocrático. Porque ciertamente no hay nada más democrático que Internet, donde cualquiera puede poner prácticamente lo que quiera donde quiera -amparado encima por el anonimato, si así lo desea- sin ningún control de veracidad, rigurosidad o calidad. Esto se observa particularmente en los comentarios vertidos en blogs, noticias y retransmisiones en directo (sobre todo, de fútbol). Por no hablar de la sufrida Wikipedia, constantemente asediada por los trolls para desesperación de quienes se la toman en serio y pueden aportar cosas interesantes.
Afortunadamente, este vale todo empieza a ser cuestionado. Hace unas semanas, una periodista sueca comentaba en la BBC que varios diarios digitales de su país habían decidido reservarse el derecho de admisión de comentarios. Es algo que nadie ha cuestionado jamás en la prensa escrita: son los medios de comunicación los que deciden qué cartas al director se publican y cuáles no, atendiendo a su interés público y al valor de su contenido. ¿Por qué no llevar este principio a Internet? ¿Por qué tenemos que estar soportando a toda esa legión de trolls y de mentecatos? Ya tenemos bastante con aguantarlos en el mundo real, con tener que pagar peajes como los guardias muertos en las carreteras (fastidiando nuestros amortiguadores por culpa de los tontos del culo de siempre).
Todo lo que sea segar esa paja, limpiar la Red de excrementos, insultos y estupideces, debe ser bienvenido como saludable. Aunque alguno dirá que es antidemocrático. Porque ciertamente no hay nada más democrático que Internet, donde cualquiera puede poner prácticamente lo que quiera donde quiera -amparado encima por el anonimato, si así lo desea- sin ningún control de veracidad, rigurosidad o calidad. Esto se observa particularmente en los comentarios vertidos en blogs, noticias y retransmisiones en directo (sobre todo, de fútbol). Por no hablar de la sufrida Wikipedia, constantemente asediada por los trolls para desesperación de quienes se la toman en serio y pueden aportar cosas interesantes.
Afortunadamente, este vale todo empieza a ser cuestionado. Hace unas semanas, una periodista sueca comentaba en la BBC que varios diarios digitales de su país habían decidido reservarse el derecho de admisión de comentarios. Es algo que nadie ha cuestionado jamás en la prensa escrita: son los medios de comunicación los que deciden qué cartas al director se publican y cuáles no, atendiendo a su interés público y al valor de su contenido. ¿Por qué no llevar este principio a Internet? ¿Por qué tenemos que estar soportando a toda esa legión de trolls y de mentecatos? Ya tenemos bastante con aguantarlos en el mundo real, con tener que pagar peajes como los guardias muertos en las carreteras (fastidiando nuestros amortiguadores por culpa de los tontos del culo de siempre).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Archivo del blog
-
►
2025
(12)
- ► septiembre (1)
-
►
2024
(11)
- ► septiembre (1)
-
►
2023
(10)
- ► septiembre (1)
-
►
2020
(10)
- ► septiembre (1)
-
►
2018
(21)
- ► septiembre (1)
-
►
2017
(30)
- ► septiembre (3)
-
►
2016
(37)
- ► septiembre (2)
-
►
2015
(39)
- ► septiembre (2)
-
►
2014
(45)
- ► septiembre (4)
-
►
2013
(40)
- ► septiembre (2)
-
►
2012
(47)
- ► septiembre (5)
-
►
2011
(48)
- ► septiembre (4)


