Un blog personal algo abigarrado en el que se habla de física, cosmología, metafísica, ética, política, naturaleza humana, Unión Deportiva Las Palmas, inteligencia artificial, Singularidad, complejidad y un largo etcétera. Con una sección de pequeños 'Intentos literarios' y otra de sátira humorística ('Paisanaje'). Intentando ir siempre más allá del lugar común y el buenismo. Also in English: picandovoyenglish.wordpress.com
viernes, 19 de junio de 2026
¿Psicodelia como llave de salida de Matrix?
lunes, 8 de abril de 2024
Psicodelia, sueños y realidad
Hay una forma estrecha de concebir la realidad, limitándola a aquello que se presenta a nuestros sentidos (mejor dicho, que es fabricado por nuestro cerebro a partir de información sensorial) en estado de vigilia y condiciones mentales normales. Ni los sueños ni los estados alterados de consciencia (por sufrir un trastorno como la esquizofrenia o estar bajo los efectos de sustancias psicodélicas) serían reales. Tampoco tendría la consideración de real la realidad virtual, por mucha fidelidad que esta llegase a alcanzar (en su último libro, el filósofo David Chalmers se opone firmemente a esta visión, estimando que toda realidad es genuina en su ámbito).
Para el neurocientífico Anil Seth, lo que llamamos realidad es una alucinación controlada y funcional (útil para sobrevivir), a diferencia de una percepción alterada por alguna droga o trastorno mental. En este último caso no conviene fiarse de lo que vemos y sentimos, ya que nuestra supervivencia correría peligro: podríamos tirarnos por la ventana viendo que abajo hay un mullido lecho de algodón o acaso un ángel presto a sujetarnos. Pero tanto en un caso como en otro se trataría de una fabricación cerebral, al igual que los sueños. Cuando estamos soñando, salvo que se trate de un sueño lúcido, lo que nos pasa es muy real: no somos conscientes de que hay una realidad superior -un individuo durmiendo en su cama- que trasciende al sueño. Solo al despertarnos nos damos cuenta con alivio de haber sufrido una pesadilla, al observarla desde nuestro ámbito físico espacio-temporal supuestamente real. Como dice el psicofisiólogo Stephen LaBerge, el sueño es una percepción no constreñida por los inputs sensoriales mientras que la percepción es un sueño sí constreñido por estos.
Es pues un error considerar que las visiones de Juana de Arco, o las del chamán americano que se ha metido mescalina o ayahuasca, no son reales por ser fruto respectivamente de una esquizofrenia o de una droga alucinógena. Esas alucinaciones son muy reales, aunque no se ajusten fielmente al mundo físico que rodea a quienes las experimentan. ¿Y quién puede descartar que la alucinación controlada correspondiente a lo que consideramos realidad no sea también una especie de sueño o delirio de una realidad que nos trasciende?... Recordemos a Zhuang Zhou, el chino aquel del cuento taoísta que soñaba que era una mariposa revoloteando y, al despertar, no estaba seguro de si era él quien había soñado ser una mariposa o, en cambio, era una mariposa soñando que era él.
Para el científico cognitivo idealista Donald Hoffman, la realidad convencional es una especie de videojuego al que se entrega una entidad consciente transcendente (que mora más allá del espacio y el tiempo) conectada a unos cascos. Los objetos que tan reales y sólidos nos parecen serían como iconos en una interfaz de móvil u ordenador, que no nos muestran la verdadera realidad subyacente sino mera información necesaria para sobrevivir en el juego. Todo agente que se siente un yo sería un avatar de una consciencia pura universal para la cual este videojuego sería solo una posibilidad más de las infinitas a su alcance.
Por tanto, la espacio-temporal sería solo una más de un infinito espectro de realidades o existencias, independientes o anidadas (como en la película Inception), que ni siquiera somos capaces de imaginar. Hay en esto un cierto aroma neoplatónico, a esas esferas concéntricas de Plotino que emanan de un centro divino (el Uno) y están ordenadas jerárquicamente por su grado de perfección o cercanía a ese núcleo. En ese espectro yo incluiría, como sugiere Chalmers, todo tipo de realidad virtual (aunque la oposición real-virtual acaso no tenga sentido). Y también subjetividades ajenas a la biológica como la de una inteligencia artificial. Como escribí hace tiempo en este blog, que algo se halle en nuestro espacio de posibilidades significa que puede ser sustanciado o traído a la realidad. Sin embargo, su concreción física no es la única posible: eso es lo que nos sugiere el fenómeno de los sueños. Por otra parte, hay posibilidades que nos están vedadas, como está fuera del alcance de un paramecio la contemplación de la Luna. Desde luego, como Shakespeare puso en boca de Hamlet, "hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que han sido soñadas en tu filosofía".
Según Hoffman, al quitarse el agente trascendental los cascos de nuestro juego (o sea, al morirnos) sabremos realmente quiénes somos: una única mente en el fondo. El filósofo igualmente idealista Bernardo Kastrup ha consumido drogas psicodélicas (el LSD es la más conocida y accesible) como parte de su investigación de la consciencia. Y ha llegado a la conclusión de que el estado mental asociado a ese consumo se asemejaría al de una persona en trance de morir: en una primera fase, cuando se inicia la disolución del yo personal, se experimenta miedo e incluso pánico; en una segunda fase, la consciencia se hace mucho más vívida y se produce una aceptación que resulta ser muy gozosa. La consciencia individual quedaría diluida en una consciencia pura de fondo. Algo parecido ocurriría en estados de meditación muy profundos.
Otro confeso consumidor de drogas con fines experimentales fue el escritor Aldous Huxley, quien siguiendo la estela de Henri Bergson concluyó que nuestro cerebro es una especie de válvula reguladora del flujo de consciencia. Cuanto más se abra esa válvula (por ejemplo, tomando psicodélicos), nuestra experiencia será más rica al emerger contenidos mentales inconscientes. Gracias al filtrado de toda la realidad (una entidad inabarcable, inimaginable, inefable) es posible la subjetividad. Si "las puertas de la percepción" (palabras de William Blake que dan título a un ensayo de Huxley) se abrieran de par en par, sabríamos qué es ser una consciencia universal, en la que sujeto y objeto se funden en una sola cosa y la única mente del universo deja de estar disociada en múltiples avatares.
domingo, 12 de junio de 2022
El "it from bit from It by Her": una hipótesis metafísica para explicar (casi) todo
El otro día un tuitero que me sigue me instó a expresar en forma de silogismo la hipótesis (para él, absurda y ridícula) de que la mente es un ente fundamental (no emergente) que informa la realidad. Ya inquirido por él, yo le había invitado a conocer mi postura en tres versiones de extensión: una larga (mi último ensayo), una relativamente corta (una entrada en mi blog donde resumo el estado actual del debate sobre la consciencia y mi opinión al respecto) y una telegráfica ("it from bit from It by Her", inspirada en el célebre "it from bit" de Wheeler). Descartó la primera, lo cual me parece razonable, pero también la segunda esgrimiendo que era muy larga (¡una lectura de 15 minutos!) e igualmente la tercera por considerarla un burdo eslogan.
De lo que decía se desprendía que no estaba muy ducho en asuntos relacionados con la consciencia y que profesaba un cientificismo alérgico a cualquier asomo metafísico (era más hitchenista que el gran Hitchens con su navaja más afilada). También se evidenciaba un marcado prejuicio, dando por hecho que el texto sería pura verborrea: el típico tostón filosófico presuntuoso e infumable. Esto último puedo entenderlo, sabiendo cómo se las gastan no pocas lumbreras intelectuales del orbe hispánico. También admito que temiera vérselas con algún género de misticismo cuántico al estilo de Deepak Chopra: ante la sospecha de una choprada, yo sería el primero en huir como de la peste.
Pasado el asombro ante la insólita exigencia de un silogismo (¡pretende despachar el misterio de la consciencia en ese formato!) y la posterior incursión de un trol con un gif de Maradona (jaleando a su amiguete en el supuesto partido que disputaba conmigo), asumí el reto de intentar expresarlo de la manera más sucinta posible a partir de mi eslogan. Antes de seguir quisiera dejar algo claro: nunca he tenido intención de convencer a nadie (lograrlo me dejaría incluso un sabor agrio, ni siquiera agridulce). Escribo para aclararme a mí mismo y siempre como un reto personal.
Lo cierto es que la consciencia, entendida como esa mirada subjetiva al mundo que todos sentimos dentro como la cosa más segura e innegable, no ha podido ser aún explicada por la ciencia. Y lo más importante: es posible que la ciencia, nacida para explicar la cara objetiva y cuantificable de la realidad, jamás logre explicarla. Por eso tenemos derecho a recurrir a la metafísica; lo contrario sería callar, como nos invitaba a hacer Wittgenstein, algo que se opone a nuestra naturaleza curiosa e inquisitiva.
Puedes empezar a leer a partir de aquí, estimado seguidor hitchenista:
1) Lo que conocemos como realidad (it) es fruto de una computación (bit), de una poda -reductora de la incertidumbre- del espacio de posibilidades (It) expresado en la función de onda cuántica.
2) Sin consciencia (She) no hay colapso o ramificación de la función de onda cuántica: ella es la que hace la computación, iluminando la realidad (it).
Ergo:
La consciencia no puede ser un fenómeno emergente, ya que se precisa su concurso desde el mismo inicio del universo.
La consciencia ha de estar presente en todas las escalas de la realidad física (y ser consustancial a ella), incluyendo la más básica.
3) La ciencia ha probado (vía teorema de Bell) que no existe una programación local o algoritmo que determine el resultado de un suceso cuántico: que se manifieste una realidad (it) A en vez de B.
Por lo que una hipótesis sería que:
Todo agente consciente (avatar material de She) decide libremente, conforme a un margen de libertad limitado por el estado inicial del universo, las leyes físicas y las decisiones de otros agentes conscientes (otros avatares materiales de She). El sentido de esa decisión es intrínsecamente impredecible en las escalas fundamentales de la realidad. Y más o menos predecible a escala macroscópica, en la que se ensancha el espacio de posibilidades.
Elucubraciones adicionales:
Siendo el espacio de posibilidades, la función de onda cuántica y las leyes físicas (así como la computación de la que surge y conforme a la cual evoluciona un universo) productos de She.
Siendo las matemáticas y las verdades lógicas atributos de She.
Siendo tú, yo y un electrón manifestaciones materiales de She.
"Dios no juega a los dados", decía Einstein. Más bien, Dios (She) practica un juego de rol inmersivo con todos sus avatares materiales (todas las subjetividades posibles) más allá de su morada como consciencia pura en la nada. ¿Y el problema del mal?... Quizá la consciencia pura no sabe nada del bien y del mal, que son descubiertos por She en el mundo físico.
martes, 28 de noviembre de 2017
¡¡Existen los gnomos!! (y también Osiris y Batman)
La clave de nuestro éxito como especie no es tanto nuestra cultura material como la capacidad de imaginar cosas inexistentes. El historiador Yuval Harari sostiene que gracias a entes ficticios como los dioses o las naciones hemos podido cooperar a gran escala, producir una formidable cultura material y convertirnos así en los reyes del planeta.
Pero si podemos imaginar tales cosas es porque están de algún modo ahí fuera (del espacio-tiempo) o ahí dentro (de nuestra mente). En cualquier caso, al imaginarlas ya pasarían a tener sustancia y surtir efectos. Esto nos lleva a aceptar que, además de Dios (en realidad, de todos los dioses y demonios), también existen las hadas, los gnomos y los pajaritos preñados, aunque evidentemente no en el ámbito de nuestro mundo físico. ¿Porque alguien acaso niega la existencia de la economía financiera o del madridismo ateniéndose a su evidente inmaterialidad?...
Este es el planteamiento que expone Patrick Harpur en su libro Realidad daimónica. Hace medio siglo, en la misma línea, Carl Jung ya apuntó en Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo que las historias de platillos volantes no eran falsas sino verdaderas aunque no literalmente: los ovnis serían proyecciones del inconsciente colectivo que radica en lo más profundo de la psique humana, al igual que los sueños. ¡Y cuántos sueños o alucinaciones (por ejemplo, las de Juana de Arco) no habrán llevado a actuar y marcar de manera decisiva el devenir del mundo!
Tal visión ampliada de la realidad (porque, insisto, los unicornios, los marcianos verdes con antenas, Thor y las apariciones marianas serían reales en su ámbito, de igual modo que la señorita Escarlata O'Hara, el profesor Walter White, El Vengador Tóxico y Mario Bros) nos sugiere no descartar que nuestro mundo físico, que tan tangible nos parece, sea fruto de alguna inimaginable (al menos por nuestras rudimentarias mentes) imaginación de orden superior.
Como nos cuenta el físico Pseudópodo en una magnífica entrada en su blog, "nadie vive en la realidad entera. El problema es cuando alguien cree que su subespacio es la única realidad y se empeña en negarle dimensiones al mundo. (...) La lección que me enseña la ciencia es que hay más cosas en el cielo y en la tierra de lo que puede soñar nuestra filosofía".
domingo, 25 de agosto de 2013
¿Y quién soy yo? ¿Y quién es él?
Hay quienes piensan, sin embargo, que a partir de un determinado nivel de complejidad incluso los ordenadores se harían necesariamente conscientes (¿por qué el silicio habría de ser menos válido que el carbono a este respecto?). Por otro lado, hay quienes sostienen que hasta un simple termostato es consciente de algún modo. Y, ya en el extremo, las religiones orientales (hinduismo, sintoísmo, budismo...) se fundan en el pampsiquismo, en la creencia en que la conciencia mora en todo objeto del mundo aunque sea una piedra, un papel o un tornillo.
El biólogo Richard Dawkins sugiere que la conciencia podría ser una interfaz entre el cerebro y el cuerpo que lo aloja, una especie de sistema operativo (a lo Windows, pero sin tantos fallos) para hacer un uso fácil de ese órgano tan complejo. Para Dawkins, que no deja de confesarse intrigado, la mente sería una emanación cerebral favorecida por la selección natural. El antedicho Chalmers defiende un dualismo naturalista merced al cual la conciencia emerge de la materia, pero no está sujeta a las leyes físicas tal y como las conocemos. Sería algo parecido a los genes culturales o memes de Dawkins, que emergen de seres materiales -los humanos- pero luego tienen vida propia en ámbitos inmateriales.
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