Un blog personal algo abigarrado en el que se habla de física, cosmología, metafísica, ética, política, naturaleza humana, Unión Deportiva Las Palmas, inteligencia artificial, Singularidad, complejidad y un largo etcétera. Con una sección de pequeños 'Intentos literarios' y otra de sátira humorística ('Paisanaje'). Intentando ir siempre más allá del lugar común y el buenismo. Also in English: picandovoyenglish.wordpress.com
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domingo, 16 de febrero de 2014
La vuelta al mundo de la ciencia en 16 entrevistas de Punset en 'Redes'
http://www.rtve.es/television/20140216/vuelta-mundo-ciencia-entrevistas-eduard-punset-redes/863020.shtml
Quienes me siguen saben que Punset no es santo de mi devoción. Cuando digo esto me refiero solo a su faceta de divulgador científico, ya que no pongo en duda que sea una persona encantadora (parece un buen tipo y a mí me cae bien). El problema es que no es un buen divulgador, algo de lo que es plenamente consciente la gente que sabe de verdad de ciencia (no yo, por supuesto, que solo soy un simple aficionado) y también quienes intentan aprender (¡ahí sí que me encuentro desde hace unos años!). Pero solo por la existencia de su programa Redes y sus entrevistas -mejor o peor llevadas- a grandes personalidades mundiales de la ciencia hay que estar en deuda con este hombre. Más si cabe en un país con un nivel cultural y educativo tan lamentable -comparado con sus vecinos del norte de Europa- como España.
Hoy se ha publicado este artículo mío en RTVE.es que pretende ser un amplio recorrido por los principales ámbitos de la ciencia a través de 16 entrevistas seleccionadas de Redes, que inició su andadura en 1996 y se despidió el verano pasado de La 2 de TVE. Me lo encargó hace semanas, con gran satisfacción por mi parte, mi nuevo jefe Alberto. Me gustaría que lo leyese gente que nunca ha estado interesada por la ciencia -y mucho menos por la Física- por considerarla un peñazo y algo ajeno a nuestras vidas. Creo que están profundamente equivocados, porque la ciencia no solo nos ofrece la mejor explicación de cómo es el mundo -y nosotros mismos- sino también una guía moral para conducirnos por él (nos dice, por ejemplo, que el sistema nervioso de los mamíferos -o sea, su capacidad de gozar y sufrir- es prácticamente el mismo: que cada uno extraiga conclusiones y actúe en consecuencia). Y sus implicaciones son mucho más emocionantes que las de la religión más imaginativa (con la diferencia de que, además, ¡son ciertas!).
El físico Paul Davies sostiene en Dios y la nueva física que la ciencia proporciona incluso un camino más seguro que las religiones para llegar a Dios (desde luego, un Dios que no tiene nada que ver con el convencional). El propio concepto del Multiverso debería hacernos ver el mundo de una manera muy diferente: a mí, desde luego, me hace albergar una insospechada esperanza razonable de inmortalidad.
viernes, 24 de mayo de 2013
Los frutos de la ignorancia científica
Hace casi tres años, en los inicios de este blog, escribí una entrada dedicada a los humanistas incultos, esos eruditos que no solo no tienen pajolera idea de ciencia sino que incluso llegan a presumir alegremente de esa ignorancia. Más adelante me metí con la filosofía, que en buena parte se ha convertido en mera palabrería al haberse desvinculado de los saberes científicos (lo viene diciendo Stephen Hawking desde hace tiempo).
Acabo de leerme un libro estupendo: Las lágrimas de San Lorenzo, de Julio Llamazares. Con independencia de sus valores literarios, he reparado en dos errores de Llamazares que pasarían por alto a todo aquel que no esté algo interesado en la Física o la Cosmología: en primer lugar, las estrellas fugaces no son estrellas (como se dice varias veces en el texto) sino muy pequeños fragmentos de meteoritos que penetran en la atmósfera terrestre y se encienden a su paso; por otra parte, el tiempo no es infinito, ya que tuvo un inicio (en el big bang) y tendrá un final (presuntamente, en la muerte térmica del Universo). Obviamente, esto carece de importancia porque se trata de detalles accesorios en una hermosa novela -recomiendo mucho su lectura- que reflexiona en tono intimista acerca de la cortedad de la vida y la extrañeza ante el paso del tiempo.
Sí que es grave la ignorancia científica cuando se filosofa (o se pretende filosofar). Hace días me leí una entrevista a Adela Cortina en Babelia que me ha vuelto a presentar como acuciante la necesidad de conjugar humanidades y ciencia para hacer un buen trabajo en ese ámbito. ¿Cómo se puede ser un buen epistemólogo sin tener nociones de Neurociencia? ¿Cómo se puede escribir sobre Ética sin saber algo de Biología? (para tener una cierta comprensión de lo que es la vida -no solo la humana- y constatar, entre otras cosas, que nuestro sistema nervioso no difiere del de los cerdos u otros mamíferos) ¿Cómo se pueden aventurar hipótesis metafísicas sin la más remota noción de Cosmología moderna? Dice Cortina, especialista en Ética, que los chimpancés solo son "maximizadores racionales" (los seres humanos seríamos, a diferencia de esos simios, "fundamentalmente cooperativos y reciprocadores"). ¿De dónde se ha sacado eso? ¿Esta mujer no ha visto nunca un documental de animales de La 2 (ya no le pido que se lea a Frans de Waal)?... La entrevista está salpicada de obviedades y lugares comunes ("Hemos de construir solidariamente un mundo justo", "cambiar a mejor es posible"...) e incluso contiene algún disparate: "El individualismo es falso. Es una abstracción, una creación" (acuérdense de esta frase cada vez que se pillen un dedo en una puerta). Si leemos a Fernando Savater o a José Antonio Marina nos encontraremos con más de lo mismo, aunque por lo menos hay que agradecerles -también a Cortina- su buena sintaxis (otros ni siquiera pueden escribir un párrafo legible).
Acabo de leerme un libro estupendo: Las lágrimas de San Lorenzo, de Julio Llamazares. Con independencia de sus valores literarios, he reparado en dos errores de Llamazares que pasarían por alto a todo aquel que no esté algo interesado en la Física o la Cosmología: en primer lugar, las estrellas fugaces no son estrellas (como se dice varias veces en el texto) sino muy pequeños fragmentos de meteoritos que penetran en la atmósfera terrestre y se encienden a su paso; por otra parte, el tiempo no es infinito, ya que tuvo un inicio (en el big bang) y tendrá un final (presuntamente, en la muerte térmica del Universo). Obviamente, esto carece de importancia porque se trata de detalles accesorios en una hermosa novela -recomiendo mucho su lectura- que reflexiona en tono intimista acerca de la cortedad de la vida y la extrañeza ante el paso del tiempo.
Sí que es grave la ignorancia científica cuando se filosofa (o se pretende filosofar). Hace días me leí una entrevista a Adela Cortina en Babelia que me ha vuelto a presentar como acuciante la necesidad de conjugar humanidades y ciencia para hacer un buen trabajo en ese ámbito. ¿Cómo se puede ser un buen epistemólogo sin tener nociones de Neurociencia? ¿Cómo se puede escribir sobre Ética sin saber algo de Biología? (para tener una cierta comprensión de lo que es la vida -no solo la humana- y constatar, entre otras cosas, que nuestro sistema nervioso no difiere del de los cerdos u otros mamíferos) ¿Cómo se pueden aventurar hipótesis metafísicas sin la más remota noción de Cosmología moderna? Dice Cortina, especialista en Ética, que los chimpancés solo son "maximizadores racionales" (los seres humanos seríamos, a diferencia de esos simios, "fundamentalmente cooperativos y reciprocadores"). ¿De dónde se ha sacado eso? ¿Esta mujer no ha visto nunca un documental de animales de La 2 (ya no le pido que se lea a Frans de Waal)?... La entrevista está salpicada de obviedades y lugares comunes ("Hemos de construir solidariamente un mundo justo", "cambiar a mejor es posible"...) e incluso contiene algún disparate: "El individualismo es falso. Es una abstracción, una creación" (acuérdense de esta frase cada vez que se pillen un dedo en una puerta). Si leemos a Fernando Savater o a José Antonio Marina nos encontraremos con más de lo mismo, aunque por lo menos hay que agradecerles -también a Cortina- su buena sintaxis (otros ni siquiera pueden escribir un párrafo legible).
miércoles, 9 de mayo de 2012
¿Pero por qué demonios brillan las estrellas?
Imagínense que un niño curioso, estudiante de cuarto de primaria (con 10 años), quiere saber por qué brillan las estrellas. Se va a Google y mete, entrecomillado, el texto "por qué brillan las estrellas". Entonces, emocionado, descubre que el tercer enlace dirige a... ¡Eduard Punset! "Ahí estará la mejor respuesta", piensa mientras hace clic, hechizado por el prestigio mediático del divulgador catalán del que con sumo respeto hablan sus padres y profesores. Desde luego, tantas personas no pueden estar equivocadas: más de 700.000 seguidores en Facebook y más de 220.000 en Twitter. Y en la tele no saldría si no fuese un grande de la divulgación científica, uno de nuestros más insignes sabios. ¡Nadie como él sabrá explicarlo mejor!
Nuestro chaval ve la explicación de menos de dos minutos y se queda muy confuso: no acierta a comprenderlo. No deja de preguntarse qué quiere decir eso de que "el electromagnetismo de los átomos que componen la estrella se resisten a que la gravedad los comprima". Y, además, ¿por qué el Universo se hizo transparente cuando tenía 300.000 años de existencia?...
Entonces, el chico piensa: "Es que quizá sea muy pequeño aún para entenderlo de alguien tan importante. O quizá no sea demasiado listo para seguirle. Miraré en los otros links". Y pincha pues en otro enlace en el que se dice que brillan "debido a la combustión de su propia materia". "¿De qué materia?", se queda pensando. ¿De hidrógeno y helio, como mencionaba Punset al principio de su explicación? Como la respuesta sigue dejándole insatisfecho, se pone a leer los comentarios de abajo con la esperanza de que arrojen algo de luz (¡nunca mejor dicho!) sobre su entendimiento.
¿Porque poseen electrones?... La cosa está cada vez más enrevesada, porque el chico sabe al menos que todos los átomos tienen electrones, eso ya se lo han enseñado en el cole... "Uhhm... ¿y por qué no brilla el agua?, ¿y por qué no brilla Punset?", se dice a sí mismo. Entonces decide ir a otro link, al primero de la lista que le ofrece Google. "Quizá tenía que haber empezado por ahí, como está el primero...", razona ingenuamente. Tras el inicial desconcierto por la avalancha de publicidad, advierte que el texto aporta esta vez alguna clave importante: "La enorme presión y la elevada temperatura existentes en el interior de las estrellas provocan que el hidrógeno se fusione para producir helio mediante un ciclo denominado ‘reacciones nucleares’. La gran cantidad de energía que se libera en este proceso se emite en forma de luz". Pero al chaval se le sigue escapando algo, no acaba de ver por qué y en qué momento se enciende una estrella. ¿Por qué hay tanta presión y la temperatura es tan alta dentro de las estrellas? ¿Quizá por la gravedad, como recuerda haber oído a Punset? "Vamos a los comentarios, a ver si hay alguna aportación buena". Y nuestro intrépido estudiante se topa ahora con lo de abajo:
Llegado a este punto, el chico se rinde y se pone a jugar a la Wii (ya ha hecho sus deberes diligentemente). Y decide que nunca estudiará Física, por la que empezaba a sentir cierta curiosidad en los últimos tiempos, porque parece ser un peñazo infumable que ni siquiera el genial Punset es capaz de explicar de manera inteligible.
Explicaciones
Este jovencito debería recibir algunas explicaciones al respecto, que seguramente le serán muy útiles no solo para no frustrar una posible vocación sino también para entender cómo funciona el mundo de los adultos y actuar en consecuencia. Para empezar, habría que decirle que una persona no es necesariamente más sabia -si acaso más mediática, más habilidosa socialmente, mejor relacionada- por salir en la tele, vender muchos libros o tener cientos de miles de followers en redes sociales. Y que hay libros, películas y programas de televisión que son una bazofia por mucho éxito que tengan entre el público (y, al revés, hay productos culturales que son de calidad aunque los conozca y valore poca gente).
Por otra parte, deberíamos advertirle de que Internet es un maravilloso invento pero con el inconveniente de estar lleno de basura y trampas. Y que la mejor manera de sortear esa basura y esas trampas es adquirir un buen criterio, lo que debería ser el principal objetivo de la enseñanza. Es necesario aprender a desconfiar, a echar siempre una mirada crítica a todo (incluso a los dogmas religiosos y morales que se nos pretende inculcar), a distinguir el grano de la paja, para impedir así que nos engañen o que nos engañemos a nosotros mismos.
Hay que aconsejarle también encarecidamente que procure informarse a través de fuentes serias -tanto si quiere saber por qué se encienden las estrellas como si pretende tener información sobre Siria o la crisis de deuda en Europa-, las cuales desgraciadamente no siempre son gratuitas. El gran riesgo de Internet, como bien apunta Moisés Naím, es que se consolide una red de calidad de pago para los más acomodados y otra gratuita de mierda -insegura, plagada de publicidad agresiva y tomada por los trolls- para los pobres, los analfabetos (digitalizados o no) y aquellos a quienes les da lo mismo 8 que 80.
Ya por último, para no dejarle con la duda, le podríamos explicar al niño que una estrella se enciende cuando la compresión ejercida por la gravedad hace que la temperatura en su núcleo sea tan alta como para activar en él fusiones nucleares -en las que el hidrógeno se convierte en helio- que despiden mucha energía en forma de luz y calor. Es precisamente la presión de ese calor -¡y no el electromagnetismo del que habla erradamente Punset!- la que frena la acción contractiva de la gravedad y hace que la estrella se mantenga estacionaria unos cuantos millones -o miles de millones- de años, hasta el momento en que se consume el hidrógeno. A continuación, las estrellas queman el helio y, una vez consumido este, otros elementos más pesados como el carbono. En las llamadas enanas blancas y en las estrellas de neutrones, que ya han dejado de ser hornos nucleares -por haberse quedado sin combustible-, la fuerza que se opone a la gravedad no es la presión térmica sino la llamada presión de degeneración electrónica (o neutrónica, en su caso), o sea la coraza de sus electrones (o la de sus neutrones y protones en los núcleos). Una presión que en algunos casos es también vencida, llevando a un espectacular estallido conocido como supernova o haciendo que lo que fue una estrella se convierta en un agujero negro que se traga todo a su alrededor, incluso la luz.
Yo solo soy un simple aficionado reciente a la Física, al que le ha costado su tiempo entender estas cosas gracias a buenas lecturas -Stephen Hawking, Brian Greene, Roger Penrose, Antonio Rincón Córcoles, Michio Kaku, algún manual de astrononomía, Pseudópodo, el blog de Cristina...- encontradas entre un sinnúmero de estupideces, paparruchas y bodrios ininteligibles. Unas buenas lecturas, generalmente en papel, por muchas de las cuales he tenido que desembolsar algo de dinero. Todo sea dicho: Punset no me cae mal, me parece un buen tipo al que habría que estar agradecido (a pesar de sus reiteradas pifias) ya solo por la mera existencia de su programa divulgativo Redes.
Nuestro chaval ve la explicación de menos de dos minutos y se queda muy confuso: no acierta a comprenderlo. No deja de preguntarse qué quiere decir eso de que "el electromagnetismo de los átomos que componen la estrella se resisten a que la gravedad los comprima". Y, además, ¿por qué el Universo se hizo transparente cuando tenía 300.000 años de existencia?...
Entonces, el chico piensa: "Es que quizá sea muy pequeño aún para entenderlo de alguien tan importante. O quizá no sea demasiado listo para seguirle. Miraré en los otros links". Y pincha pues en otro enlace en el que se dice que brillan "debido a la combustión de su propia materia". "¿De qué materia?", se queda pensando. ¿De hidrógeno y helio, como mencionaba Punset al principio de su explicación? Como la respuesta sigue dejándole insatisfecho, se pone a leer los comentarios de abajo con la esperanza de que arrojen algo de luz (¡nunca mejor dicho!) sobre su entendimiento.
Llegado a este punto, el chico se rinde y se pone a jugar a la Wii (ya ha hecho sus deberes diligentemente). Y decide que nunca estudiará Física, por la que empezaba a sentir cierta curiosidad en los últimos tiempos, porque parece ser un peñazo infumable que ni siquiera el genial Punset es capaz de explicar de manera inteligible.
Explicaciones
Este jovencito debería recibir algunas explicaciones al respecto, que seguramente le serán muy útiles no solo para no frustrar una posible vocación sino también para entender cómo funciona el mundo de los adultos y actuar en consecuencia. Para empezar, habría que decirle que una persona no es necesariamente más sabia -si acaso más mediática, más habilidosa socialmente, mejor relacionada- por salir en la tele, vender muchos libros o tener cientos de miles de followers en redes sociales. Y que hay libros, películas y programas de televisión que son una bazofia por mucho éxito que tengan entre el público (y, al revés, hay productos culturales que son de calidad aunque los conozca y valore poca gente).
Por otra parte, deberíamos advertirle de que Internet es un maravilloso invento pero con el inconveniente de estar lleno de basura y trampas. Y que la mejor manera de sortear esa basura y esas trampas es adquirir un buen criterio, lo que debería ser el principal objetivo de la enseñanza. Es necesario aprender a desconfiar, a echar siempre una mirada crítica a todo (incluso a los dogmas religiosos y morales que se nos pretende inculcar), a distinguir el grano de la paja, para impedir así que nos engañen o que nos engañemos a nosotros mismos.
Hay que aconsejarle también encarecidamente que procure informarse a través de fuentes serias -tanto si quiere saber por qué se encienden las estrellas como si pretende tener información sobre Siria o la crisis de deuda en Europa-, las cuales desgraciadamente no siempre son gratuitas. El gran riesgo de Internet, como bien apunta Moisés Naím, es que se consolide una red de calidad de pago para los más acomodados y otra gratuita de mierda -insegura, plagada de publicidad agresiva y tomada por los trolls- para los pobres, los analfabetos (digitalizados o no) y aquellos a quienes les da lo mismo 8 que 80.
Ya por último, para no dejarle con la duda, le podríamos explicar al niño que una estrella se enciende cuando la compresión ejercida por la gravedad hace que la temperatura en su núcleo sea tan alta como para activar en él fusiones nucleares -en las que el hidrógeno se convierte en helio- que despiden mucha energía en forma de luz y calor. Es precisamente la presión de ese calor -¡y no el electromagnetismo del que habla erradamente Punset!- la que frena la acción contractiva de la gravedad y hace que la estrella se mantenga estacionaria unos cuantos millones -o miles de millones- de años, hasta el momento en que se consume el hidrógeno. A continuación, las estrellas queman el helio y, una vez consumido este, otros elementos más pesados como el carbono. En las llamadas enanas blancas y en las estrellas de neutrones, que ya han dejado de ser hornos nucleares -por haberse quedado sin combustible-, la fuerza que se opone a la gravedad no es la presión térmica sino la llamada presión de degeneración electrónica (o neutrónica, en su caso), o sea la coraza de sus electrones (o la de sus neutrones y protones en los núcleos). Una presión que en algunos casos es también vencida, llevando a un espectacular estallido conocido como supernova o haciendo que lo que fue una estrella se convierta en un agujero negro que se traga todo a su alrededor, incluso la luz.
Yo solo soy un simple aficionado reciente a la Física, al que le ha costado su tiempo entender estas cosas gracias a buenas lecturas -Stephen Hawking, Brian Greene, Roger Penrose, Antonio Rincón Córcoles, Michio Kaku, algún manual de astrononomía, Pseudópodo, el blog de Cristina...- encontradas entre un sinnúmero de estupideces, paparruchas y bodrios ininteligibles. Unas buenas lecturas, generalmente en papel, por muchas de las cuales he tenido que desembolsar algo de dinero. Todo sea dicho: Punset no me cae mal, me parece un buen tipo al que habría que estar agradecido (a pesar de sus reiteradas pifias) ya solo por la mera existencia de su programa divulgativo Redes.
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