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viernes, 22 de abril de 2022

La hipótesis Casado-Fabelo: la muerte como asíntota

Hace ya unos años, durante una caminata campestre en compañía de mi amigo Salva (el conocido médico bloguero Salvador Casado), fue pergeñada la que me tomaré la licencia de acuñar como hipótesis Casado-Fabelo: la aplicación del concepto de relatividad a la fase final de toda consciencia individual.

La hipótesis sostiene que la muerte de un ser vivo podría suponer el inicio del acercamiento asintótico de su consciencia a una singularidad, una vez traspasado el horizonte de sucesos de esta (horizonte del que la consciencia individual, en proceso de extinción por la muerte de su cuerpo físico, ya no tendría posibilidad de salir). Al aproximarse a esa singularidad, el tiempo de esa consciencia jerárquicamente superior (la que se siente a sí misma como un yo) se curvaría cada vez más, como lo hace la luz al acercarse a un agujero negro. Esto alargaría su tiempo interior subjetivo de un modo que permitiría repasar toda una vida conclusa en un tiempo infinito que, a ojos de un observador externo, serían unos pocos segundos. Todo lo vivido podría pasar ante los ojos de la consciencia en ese viaje asintótico rumbo a... ¿la nada?, ¿una consciencia pura universal?, ¿ambas cosas, que serían lo mismo?...

viernes, 22 de enero de 2016

Multiverso continuo, Universo discreto y algunas implicaciones para todos

Según el físico David Deutsch, nuestro universo -como cualquier otro- es discreto o granular, mientras que el Multiverso o conjunto de todos los universos sería continuo. Para ilustrarlo, Deutsch usa como símil un mazo de cartas. El mazo completo sería el Multiverso, dentro del cual estaría todo y fuera del cual no habría nada (al tratarse de un objeto autocontenido). Cada carta sería una serie de universos muy parecidos entre sí; un conjunto infinito, dado que en el pequeño grosor de cada una de ellas cabrían infinitos universos (correspondientes a secciones o rebanadas horizontales infinitesimalmente planas). A diferencia de una baraja convencional, el mazo multiversal estaría completamente lleno, sin solución de continuidad entre una carta y la siguiente, entre un universo y otro.

Esto explicaría por qué la función de onda cuántica es continua, pero no así los valores del espacio-tiempo y de las fuerzas físicas: éstos son discretos*, lo que hace que el universo que poblamos -cualquier universo- sea un objeto digital (un conjunto de bits o respuestas binarias del tipo 0-1, abierto-cerrado, sí/no) y, por tanto, computable (o sea, teóricamente programable y reproducible en un ordenador). Si ha sido imposible conciliar la teoría de la relatividad con la mecánica cuántica es porque la primera de ellas (como teoría clásica de la gravedad) trata el espacio-tiempo como un continuo.

Si hiciéramos un imposible viaje hacia lo más pequeño, llegaríamos a la escala de Planck (en torno a los 10 elevado a menos 35 metros y los 10 elevado a menos 44 segundos), por debajo de la cual desaparecen el espacio, el tiempo y las fuerzas físicas conocidas. Dicho de otra manera, no existe una distancia inferior a los 10 elevado a menos 35 metros ni un lapso de tiempo inferior a los 10 elevado a menos 44 segundos. Por debajo de ese umbral, el universo empezaría a pixelarse. Por el contrario, ese mismo viaje hacia lo diminuto en el mazo del Multiverso no tendría fin.

Si se confirma la hipótesis de la inflación cósmica, podrían estar creándose constantemente nuevos universos en una expansión sin fin. La dinámica de un universo depende solo de dos cosas: un estado inicial y unas leyes físicas que determinan su evolución a partir de aquél. Desconocemos la razón por la que en nuestro universo el estado inicial y las leyes son éstas y no otras (por ejemplo, ¿por qué los valores de la carga del electrón o de la constante gravitatoria son los que son?), pero la explicación puede ser tan simple como que existen todos los posibles estados iniciales y leyes: un accidente (una fluctuación cuántica aparentemente aleatoria) en la génesis de cada universo podría ser el determinante de ambos factores. Sin embargo, el Multiverso ya sería suficientemente exuberante si solo incluimos los universos paralelos cuánticos, los que se alumbran cada vez que una partícula -o un agregado macroscópico de partículas como el que esto escribe- toma una senda de entre al menos dos posibles que se le presentan.

Lo cierto es que si se dispone de un tiempo infinito, todos los universos posibles acaban materializándose: es más, todos los universos posibles (este mismo en el que ahora estás leyendo este texto) acaban repitiéndose infinitas veces. El también físico Brian Greene nos ofrece otro símil muy gráfico al respecto: una sucesión infinita de tableros de ajedrez en el que se están disputando partidas de manera ininterrumpida. En el escenario de este juego hay 64 escaques, un estado inicial y unas reglas que arrojan la suma mareante de 10 elevado a 18.900 posibles partidas. El alfil derecho blanco, por ejemplo, acabará estando en todas las posibles configuraciones del tablero -eso sí, siempre en una casilla blanca conforme a las reglas- en las que no haya sido comido.

Más de uno, si ha llegado hasta aquí, se estará preguntando: ¿A mí esto en qué me afecta? Pues mucho. Y ya no hablo de la satisfacción de acercarse algo a la comprensión de la realidad, muy gratificante para quien esté interesado en los más profundos enigmas de la existencia. ¿Si te digo que la muerte personal no existe más que como una instantánea o foto fija? ¿Si te digo que el estar aquí significa que todos somos parte necesaria del Multiverso? De un segmento del Multiverso relativamente ínfimo, pero gigantesco en términos absolutos (¡y tanto, por ser infinito!). En una parte de esos universos, Georg Cantor perdió el juicio -de hecho, sigue perdiéndolo- devanándose los sesos por las repercusiones metafísicas de su descubrimiento de que hay infinitos mayores que otros. Tú eres tan necesario -¡para nada contingente!- como ese alfil derecho blanco del ajedrez: la diferencia es que esa ficha se alumbra siempre que empieza una partida de ajedrez, mientras que tú -tu yo multiversal, una identidad/constelación de límites difusos- solo lo haces al cabo de miles de millones de años y en una pequeña parte de las partidas (universos) del Multiverso: desde luego, mucho más que en una sola vida como la que ahora estás recorriendo. ¿Por qué y para qué? Si me sigues, ya sabes que intuyo que se trata de un juego.

*Los valores de las fuerzas físicas son discretos con certeza. Sin embargo, el carácter discreto del espacio-tiempo es aún una hipótesis, sostenida por la teoría de la gravedad cuántica de bucles.

domingo, 10 de julio de 2011

A mis tataranietos, de un desconocido

Samu P. me hizo hace tiempo un sugerente comentario que daría pie a esta entrada: apuntaba lo limitada que es la memoria familiar intergeneracional. Lo cierto es que las personas que están más allá de tres o cuatro eslabones en nuestra cadena de antepasados nos son generalmente tan extraños -¡aún compartiendo tantos genes con ellos!- como esos desconocidos que nos encontramos a diario en el metro o en la calle: no los conocimos nunca, no tenemos imágenes de ellos y ni siquiera sabemos cómo se llamaban. Siempre recordaremos a nuestros padres y abuelos, si llegaron a vivir más allá de nuestra más tierna infancia: de ellos podremos dar referencias más o menos detalladas a nuestros hijos y eventuales nietos. Pero para los hijos de nuestros nietos, nuestros padres serán probablemente unos completos desconocidos.

Se dice que las personas nunca mueren del todo mientras permanezcan en la memoria de los vivos, ¡pero esta es tan corta!. El recuerdo de mis antepasados del siglo XVIII está sepultado desde hace muchísimo tiempo. Y el recuerdo de lo que somos -salvo que por algún motivo pasemos a los libros de Historia- se habrá evaporado en menos de 100 años. Todo parece condenado al olvido...

Aunque queda agarrarse a la teoría de la relatividad especial, conforme a la cual el espacio-tiempo es algo que está ahí como un escenario absoluto e inmutable con su número mareante -quizá infinito- de casillas. Pasado, presente y futuro son solo construcciones mentales ajenas a las leyes de la Física (al menos, de la Física conocida), cuyas ecuaciones parecen ser perfectamente válidas tanto si el tiempo corre hacia el futuro como si lo hace hacia el pasado. Esto significa que cualquier suceso e individuo de la historia del Universo, por insignificante que parezca, está ahí inscrito de manera indeleble desde siempre y para siempre. Que nuestras vidas están ahí igual que la de nuestros antepasados del siglo XVIII y la de nuestros descendientes del siglo XXII. O sea, no es que hayan estado o que estarán, ¡sino que están! (esto hace que el libre albedrío aparezca como una ilusión).

Por cierto, si alguien intuye por qué todo está, que me lo diga o ponga aquí un comentario (un comentario que, no olvidemos, siempre ha estado aunque se escriba aparentemente dentro de media hora).

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