El reputado equipo multidisciplinar español que recientemente desveló por qué en Moldavia no llaman tortellini al chorizo de Cantimpalos se apresta a un nuevo reto científico. Los investigadores al mando del filósofo Rubén Santiago Armenteros Pi se proponen ahora ofrecer una explicación a un triple e intrigante misterio lingüístico: por que no había palabra en arameo antiguo para el kiwi (tanto el ave como el fruto) y por qué no las hay aún en la actualidad en las lenguas sami de los lapones para el desierto arenoso con formaciones rocosas dispersas de arenisca y en el idioma tok pisin de Papúa Nueva Guinea para el gentilicio de Torredonjimeno (Jaén).
Armenteros Pi asegura que el germen de esta nueva investigación fue uno de los escasos momentos de asueto en la isla de Bora Bora, centro operativo del complejo y laborioso trabajo acerca de los tortellini, el embutido segoviano y la lengua rumana de Moldavia. "Observando el fondo redondeado de un vaso de Martini tras un largo briefing con mi equipo en la piscina del hotel, de alguna manera se me antojó que la resolución de esos tres enigmas debía de estar estrechamente relacionada", aseguraba el filósofo español a la prensa antes de partir con su equipo hacia las islas Seychelles: este archipiélago índico será el nuevo cuartel general de los investigadores (al plantel multidisciplinar se ha sumado un geólogo de Betanzos) en los próximos tres años. "La elección de Seychelles no es gratuita", explicó Armenteros Pi, "pues tendremos que hacer trabajo de campo en Laponia, Nueva Zelanda, Israel, Papúa Nueva Guinea y las islas Vírgenes británicas y es el emplazamiento ideal por su ubicación geográfica y sus condiciones para la investigación y el procesamiento de información 2.0".
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha alabado el trabajo de estos científicos: "Son realmente emprendedores que representan lo mejor de la marca España en el mundo". El jefe del Ejecutivo, que tuvo palabras de recuerdo para otra investigación que el año pasado descartó que Franco Battiato hubiese hecho su servicio militar en Alcorcón, ha prometido visitar a nuestros compatriotas en las islas Seychelles antes de final de año si su apretada agenda se lo permite: "Habrá que ver si hay algún partido importante del Madrid por medio, pero seguro que encontraré algún hueco".
Un blog personal algo abigarrado en el que se habla de física, cosmología, metafísica, ética, política, naturaleza humana, Unión Deportiva Las Palmas, inteligencia artificial, Singularidad, complejidad y un largo etcétera. Con una sección de pequeños 'Intentos literarios' y otra de sátira humorística ('Paisanaje'). Intentando ir siempre más allá del lugar común y el buenismo. Also in English: picandovoyenglish.wordpress.com
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martes, 4 de agosto de 2015
domingo, 21 de septiembre de 2014
España, el país del "me alegro que lo hayáis impreso en pleno overbooking"
Dada su impar idiosincrasia, España (yo diría que el mundo hispano en general) es un país en el que se juntan el desdén por la corrección del idioma (fruto de un lamentable sistema educativo y del lastre de siglos de absoluta incuria cultural) con el uso o desuso de palabras solo para señalarse socialmente como alguien culto: o sea, para hacerse el fino o no pasar por un zoquete en público.
Ya desde hace años advierto que nuestros políticos eluden sistemáticamente el "de que" (huyendo del temido dequeísmo), lo que les hace incurrir muchas veces en queísmo (una incorrección no menor que la anterior, pero menos evidente y carente de su estigma). Busquen algún vídeo o audio en el que Aznar, Zapatero o Rajoy digan "de que": ¡difícil empresa! Es obvio que detrás de este curioso fenómeno se encuentran las instrucciones de consejeros y jefes de gabinete preocupados por evitar una mala imagen del líder.
Este antidequeísmo indiscriminado se ha acabado filtrando a las capas sociales más preocupadas por distinguirse del populacho que de la corrección lingüística, alcanzando a empresarios, periodistas, profesores universitarios (exceptuando filólogos, quiero pensar), funcionarios, etc. También empieza a ser difícil encontrar entre esa gente quien diga "he imprimido": el "he impreso" se ha impuesto, pese a ser tan correcto un participio como el otro. Incluso te miran mal si usas el imprimido (yo, por cierto, no desaprovecho la ocasión de hacerlo).
Por otra parte está el creciente uso impropio de anglicismos glamurosos como overbooking, palabra que no tiene nada que ver con que un sitio esté lleno o abarrotado (significa algo bien diferente: que se han vendido o hecho más reservas de las disponibles para viajar en un medio de transporte o alojarse en un hotel). Ya no hablemos del mundo empresarial, con sus product managers, deadlines, targets, headhunters, etc. Y qué decir del ámbito superfashion de la moda y del de Internet (ese hogar, por cierto, de tanto analfabeto digitalizado 2.0).
Estas son al fin y al cabo tonterías, minucias comparadas con el maltrato diario a nuestra lengua tanto en papel como en Internet (compárese la calidad de la Wikipedia en español con la inglesa). Es cierto que los idiomas no sufren, no son seres vivos con sistema nervioso, pero su descuido -sobre todo el de la sintaxis- hace que el conocimiento, la comprensión y la comunicación (¡para eso están precisamente las lenguas!) se hagan más difíciles para los humanos. Textos incomprensibles e infumables, bodrios ininteligibles, proliferan incluso en juzgados, instituciones académicas y medios de comunicación. Qué calidad podemos pues esperar de nuestra educación y nuestra ciencia. ¡Incluso de nuestra democracia!
martes, 15 de febrero de 2011
Bodrios ininteligibles
Si eres universitario y no entiendes un texto supuestamente sesudo, en España tiendes a pensar que eres un poco tonto; en el mundo anglosajón, que quizá se trate de un bodrio ininteligible. No es infrecuente toparse con este último género en un país como el nuestro que valora tan poco -incluso en el sistema educativo- la correcta expresión escrita, donde además se estila mucho el darse ínfulas con palabros, neologismos, latinajos y una sintaxis retorcida (no olvidemos que el fantasmeo es aquí deporte nacional). Así tenemos tantos mediocres ensoberbecidos -instalados en cátedras universitarias, consejos de administración, púlpitos mediáticos, comisarías artísticas, direcciones de colegios e institutos, canonjías culturales públicas, etc.- perpetrando textos de sintaxis infame y una pedantería insoportable en medio de la admiración de una horda de papanatas incondicionales y la indiferencia de una mayoría social entregada a Belén Esteban, Gran Hermano, la prensa deportiva y gratuita y, acaso, los voluminosos best sellers de cátaros y templarios.
Sólo así se puede entender que este texto (lo tomo de la antología de bodrios del blog de Pseudópodo) pueda publicarse en un suplemento cultural de enjundia sin que casi nadie levante la voz. Y que la calidad de los artículos serios de la Wikipedia (no los dedicados a Carlos Baute o al pulpo Paul) sea por lo general muchísimo mejor en su versión inglesa que en la española. Y que sean tan escasas las publicaciones de compatriotas en revistas académicas de prestigio internacional, donde no cuentan amistades y favores pendientes que sí son muchas veces determinantes de nuestras fronteras hacia dentro.
Es en el ámbito de las ciencias sociales donde más proliferan estos bodrios, lo que seguramente tiene que ver con el predicamento que aún tiene en nuestra intelectualidad el llamado pensamiento postmoderno importado de la vecina Francia (nuestro principal inspirador intelectual, para bien o para mal, en los últimos siglos), con exponentes como Lacan, Baudrillard, Deleuze o Derrida. Estos presuntos bebedores de fuentes marxistas y freudianas, de sospechoso verbo oscuro y pastoso, son la antítesis del típico pensador anglosajón de verbo claro y riguroso y excelente sintaxis (Bertrand Russell, por ejemplo).
Hace unos años, el físico Alan Sokal logró colar en una prestigiosa revista de ciencias sociales (Social Text) un artículo redactado deliberadamente de manera esperpéntica, con un título tan ampuloso como disparatado (Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica interpretativa de la gravitación cuántica), que pretendía desnudar la verborrea vacía de estos postmodernos que cuentan en España con tantos admiradores (ya no hablemos de en otros países como Argentina) aunque nadie entienda un pijo lo que dicen. Gentes que escriben sin avergonzarse cosas como "La guerra se desarrolla en la actualidad en un espacio no euclidiano" (Baudrillard) o "La ecuación E=mc2 es una ecuación sexuada en la medida en que privilegia la velocidad de la luz en relación a otras velocidades de las cuales tenemos una necesidad vital" (Luce Irigaray).
Por si fuera poco, tenemos la nefasta influencia de la nueva pedagogía, con su ampulosa jerga salpicada de "segmentos de ocio", "conceptualizaciones icónicas", "intervenciones psicopedagógicas", bla, bla, bla... Una nueva pedagogía que parece tener algo de responsabilidad en el lamentable estado de nuestro sistema de enseñanza. Y así nos va: como bien decía Derrida con su proverbial claridad y elegancia, "el movimiento de toda arqueología, como el de toda escatología, es cómplice de esa reducción de la estructuralidad de la estructura e intenta siempre pensar esta última a partir de una presencia plena y fuera de juego".
Sólo así se puede entender que este texto (lo tomo de la antología de bodrios del blog de Pseudópodo) pueda publicarse en un suplemento cultural de enjundia sin que casi nadie levante la voz. Y que la calidad de los artículos serios de la Wikipedia (no los dedicados a Carlos Baute o al pulpo Paul) sea por lo general muchísimo mejor en su versión inglesa que en la española. Y que sean tan escasas las publicaciones de compatriotas en revistas académicas de prestigio internacional, donde no cuentan amistades y favores pendientes que sí son muchas veces determinantes de nuestras fronteras hacia dentro.
Hace unos años, el físico Alan Sokal logró colar en una prestigiosa revista de ciencias sociales (Social Text) un artículo redactado deliberadamente de manera esperpéntica, con un título tan ampuloso como disparatado (Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica interpretativa de la gravitación cuántica), que pretendía desnudar la verborrea vacía de estos postmodernos que cuentan en España con tantos admiradores (ya no hablemos de en otros países como Argentina) aunque nadie entienda un pijo lo que dicen. Gentes que escriben sin avergonzarse cosas como "La guerra se desarrolla en la actualidad en un espacio no euclidiano" (Baudrillard) o "La ecuación E=mc2 es una ecuación sexuada en la medida en que privilegia la velocidad de la luz en relación a otras velocidades de las cuales tenemos una necesidad vital" (Luce Irigaray).
Por si fuera poco, tenemos la nefasta influencia de la nueva pedagogía, con su ampulosa jerga salpicada de "segmentos de ocio", "conceptualizaciones icónicas", "intervenciones psicopedagógicas", bla, bla, bla... Una nueva pedagogía que parece tener algo de responsabilidad en el lamentable estado de nuestro sistema de enseñanza. Y así nos va: como bien decía Derrida con su proverbial claridad y elegancia, "el movimiento de toda arqueología, como el de toda escatología, es cómplice de esa reducción de la estructuralidad de la estructura e intenta siempre pensar esta última a partir de una presencia plena y fuera de juego".
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