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martes, 6 de diciembre de 2016

Un taller mecánico... ¡de confianza!

Creo haber encontrado un taller mecánico de confianza. Esto es todo un lujo en España, donde la probabilidad de toparte con sinvergüenzas y desaprensivos en ese sector no es precisamente baja (ya he abordado en anteriores entradas en el blog cuestiones como la inseguridad jurídica y el bajo capital social en nuestro país). Y todo ha sido gracias a la recomendación de un compañero de trabajo que me relató un intento de timo en otro establecimiento, donde pretendían levantarle casi 4.000 euros a su comunidad de vecinos por la reparación de la furgoneta de servicio de la urbanización. En el taller bueno les dijeron que la furgoneta no tenía problema alguno. Lo cierto es que la primera vez que fui allí me cobraron la mitad de lo que pretendían clavarme en un taller más cercano a mi casa (para empezar, me presupuestaron 45 minutos de trabajo en vez de la hora y media presuntamente necesaria según los otros). Hace días tuve que volver por otro problema distinto y, al entregar la llave del coche a la encargada, experimenté algo inédito en mi relación con estos sitios: nada más y nada menos que una reconfortante confianza.

Esto me ha hecho pensar que si un empresario o autónomo es honrado y eficiente, tiene ya mucho ganado (puede tener problemas de financiación o de gestión, pero la clientela la va a tener asegurada). Y que hay que ser muy lerdo, además de inmoral, para meter pufos a diestro y siniestro: no solo no van a volver tus clientes estafados, sino que hablarán mal de ti a otros. Si has timado o intentado timar 4.000 euros a alguien, no esperes que regrese. La actitud contraria, la honrada a la par que inteligente, arroja sus frutos no porque exista el karma o algo parecido sino por el puro y simple boca-oído: mi compañero me recomienda el taller, yo voy a él y les dejo dinero a cambio de sus servicios (de hecho, tengo intención de recurrir a él siempre), a su vez lo recomiendo a otros que dejarán allí su dinero, que a su vez lo recomendarán a otros... Tangar 4.000 euros no sale rentable a medio plazo. No hacerlo sí que arroja sus beneficios: de hecho, los 4.000 euros no ganados en el pufo pueden ser más que compensados en un año con tres nuevos clientes habituales. Esto es lo que no pocos empresarios españoles aún no han entendido.

Sería injusto si no dijera finalmente el nombre del establecimiento al que ustedes pueden dirigirse con toda confianza (insisto en que no es cosa menor, sino fundamental, en toda relación) cuando tengan un problema con su coche: Talleres Julián, en Valdemorillo (Madrid). Encima, la persona que te atiende es amable (también rara avis en el sector, donde abundan el ceño fruncido y la mirada esquinada).

lunes, 19 de enero de 2015

Desarticulado en Villanueva del Pardillo (Madrid) un taller ilegal de risas enlatadas

Agentes del SEPRONA han desarticulado en un antiguo búnker de la Guerra Civil ubicado en el municipio madrileño de Villanueva del Pardillo, en un claro dentro de un bosque de pinos, un taller ilegal de risas enlatadas en el que trabajaban hacinados desde hacía un par de meses 14 inmigrantes sin papeles chinos a las órdenes de un empresario de Ciempozuelos de 64 años llamado Aquilino Saelices. Los chinos se veían obligados a reírse a destajo 16 horas al día a cambio de alojamiento en el mismo búnker, restos de potaje de las cocinas de empresa del grupo Arturo Fernández, una hora de música de Luis Aguilé y un bono de transporte B-3 de la EMT de marzo de 1997. La singular actividad productiva, que tan solo contaba con un equipo de grabación muy rudimentario (radiocasete antiguo de marca Casio) y tres linternas frontales usadas de minero, proveía a clientes tan diversos como Disney Channel, la Academia de Cine española, la FAES o la República Popular Democrática de Corea.

El empresario de Ciempozuelos, fundador en 2007 del Foro Emprendiendo que es Gerundio y presidente de su comunidad de vecinos desde hace más de 20 años, era la única persona que entraba y salía libremente del búnker para sacar las cintas grabadas e introducir las cintas vírgenes y las perolas de potaje que servían de alimento a los trabajadores. El radiocasete era utilizado tanto para grabar las risas como para hacer sonar las canciones de Aguilé previas al reparto diario del potaje, del que se encargaba él mismo.

Tras su liberación, los 14 chinos pidieron a carcajadas una ducha, una buena comida y la audición del segundo concierto de piano de Rachmaninov. Ya han sido expulsados del país, tras recibir un Donut de azúcar mordido y escuchar un tema del último disco de Melendi. Por su parte, Saelices ha ingresado en prisión preventiva por orden del juez, acusado de delitos contra los derechos de los trabajadores, trata de personas y favorecimiento de la inmigración ilegal.

El abogado del emprendedor sexagenario ha asegurado a la prensa que éste no ha cometido delito alguno y que tiene todos los papeles en regla, tanto en España como en Andorra (su residencia fiscal) y Gibraltar (donde está registrado su foro empresarial). Los vecinos de Aquilino aseguran que es una persona muy amable que siempre decía "buenos días" en el ascensor, llamaba "campeones" a los chavales y adjudicaba las obras de la comunidad a sus propias empresas para así ahorrarles gastos a ellos.

sábado, 8 de octubre de 2011

Buen trabajo, Jobs

La muerte de Steve Jobs ha tenido el impacto mediático que se esperaba. Ciertamente, ha desaparecido un genio, un visionario, un tipo que ha revolucionado la tecnología e incluso el ocio de las clases medias y altas de nuestro planeta. ¡Pero de ahí a beatificarlo, como han hecho tantos! Parece que se nos hubiese ido la madre Teresa de Calcuta, una persona entregada por completo a mitigar de manera desinteresada el sufrimiento de los más necesitados.

Dicen que Jobs era un tipo algo egocéntrico y un jefe de trato difícil, pero la intención de este post no es desacreditarlo sino todo lo contrario. Lo que quiero es alabarlo, además de por su espíritu de lucha y su entereza contra la adversidad, por algo tan sencillo como haber hecho bien su trabajo. Si todo el mundo hiciera bien el suyo, este mundo sería mucho más grato y amigable. Por ejemplo, a diferencia de otros productos de la competencia bien conocidos (los del amigo Gates), los sistemas operativos de Apple eran impermeables a los virus y casi nunca te dejaban en palanca cerrándose abruptamente.

Esa seriedad profesional, esa meticulosidad en el plano laboral, era compatible con llevar vaqueros y zapatillas deportivas (ya solo por esto, yo lo veía con simpatía). Todo lo contrario de esos botarates trajeados y encorbatados que nos resultan tan familiares en el mundo hispánico, de manifiesta incapacidad para otra cosa que no sea calentar las poltronas (puestos en consejos de administración, cátedras, etc.) en las que se sientan.

Al escritor Albert Camus le preguntaron una vez maliciosamente qué había hecho él por el mundo, a lo que respondió: "No empeorarlo, lo cual ya es mucho". Jobs fue más allá de eso, y hay que agradecérselo.

jueves, 30 de septiembre de 2010

¿Por qué no hice huelga?

El 29-S fui a trabajar. Las opciones para ese día sólo eran dos (ir o no ir), pero la realidad es mucho más compleja que esa simple dicotomía. Lo cierto es que no fue una decisión fácil, y sigo sin estar seguro de haber hecho lo adecuado. Pero fue algo meditado. Y hecho está.

En primer lugar, me tiraba para atrás el secundar una convocatoria lanzada por los sindicatos mayoritarios en función no tanto de los intereses de los trabajadores como de los suyos propios: tenían que escenificar un distanciamiento frente al Gobierno ante reformas muy impopulares como las recientemente aprobadas y las que con toda seguridad vendrán más adelante.

También me fastidiaba que calificasen la reforma laboral de agresión intolerable cuando la situación de los contratados temporales -con 8 días de indemnización por año trabajado- ya es desde hace un puñado de años bastante lamentable. ¿Alguien se acuerda de ellos?, ¿y alguien se acuerda de los parados?... Era indignante leer en una de las hojas sindicales distribuidas en mi empresa uno de los "ganchos" para atraer a la huelga a los trabajadores fijos con mucha antigüedad y un sueldo nada desdeñable: que en vez de llevarte a casa una indemnización de 170.000 euros (45 días por año trabajado), sólo pillarías 80.000. A ver quién le cuenta esto a alguien harto de enganchar contratos temporales y de ser parasitado por ETTs; a ver quién le pide que se sume a la huelga para que unos señores o señoras puedan aumentar su patrimonio en 170.000 euros (y no en 80.000) si les despidiesen unos añitos antes de su más que garantizada jubilación.

Al final te das cuenta de que los llamados sindicatos de clase defienden sobre todo a la aristocracia obrera, la compuesta por los trabajadores de la industria y las grandes empresas, los funcionarios y los trabajadores fijos de empresas públicas. Y descubres que los intereses de la mal llamada clase trabajadora no son los mismos, por no hablar ya de los parados.

Otra cosa que me disuadía de ponerme en huelga es la demagogia sindical acerca de la reforma de las pensiones, algo inaplazable en el tiempo por el desequilibrio entre el número de beneficiarios y sostenedores del sistema. Ésta es una cuestión de pura aritmética, no de política. Y proponer que la gente que ahora tiene 40 años se jubile a los 67 en vez de a los 65 no parece un disparate, habida cuenta de que dentro de 30 años el concepto de ancianidad será seguramente diferente.

Lo que puede calificarse ya directamente como engaño es la afirmación de que si la huelga triunfaba sería posible hacer rectificar a Zapatero. Tal como está la situación, nuestro Gobierno -como todos los demás- es rehén de los mercados financieros: un paso atrás del presidente bastaría para que se nos echasen encima los gigantescos fondos de inversión y tuviésemos que recurrir al socorro del FMI (¡y éstos no ayudan gratis!). Éste es el sistema capitalista que tanto aplauden algunos y en el que tan plácidamente parece vivir (al menos hasta ahora) la mayor parte de la gente en Occidente... No es que sea imposible hacer frente a la dictadura del capital: sí que se puede, pero sólo con una acción concertada a nivel internacional, por ejemplo a través de la Unión Europea. Si un país quisiera ir por libre, puede darse ya por machacado...

Mirando las cosas por el otro lado, uno tiene claro que los sindicatos deben existir como contrapeso al empresariado, más aún en un país como España donde la calidad de los empleadores es por lo general muy mala. Aquí hay mucho botarate encorbatado incapaz de entender que sin trabajadores motivados no puede haber productividad, que no se trata de tener a sus empleados 8, 10 u 11 horas encadenados a su puesto sino de alentarles a sacar con inteligencia y flexibilidad lo mejor de sí mismos. Si no existieran los sindicatos, el mundo del trabajo sería un verdadero infierno.

Uno es además consciente de que los grandes logros sociales en Europa han sido fruto de una lucha de siglos que se ha cobrado la sangre y la vida de mucha gente: no son un regalito de quienes manejan el cotarro económico, sino una concesión (no irreversible).

Desde luego, la reforma laboral del Gobierno -eso sí, presionado desde fuera- se ha pasado varios pueblos. Con unos empresarios como los nuestros, no es de extrañar que a su amparo proliferen los abusos y la conciliación familiar se convierta en una quimera. Todo ello, para colmo, en perjuicio de la productividad de nuestra economía (¿no se pretende justamente lo contrario?). Aunque, en realidad, el de España es un problema de fondo: un sistema educativo muy deficiente, una economía excesivamente basada en la construcción, unos empresarios chapuceros, unos trabajadores poco productivos, una muy escasa inversión en I + D, un sistema judicial decimonónico, una corrupción arraigada y premiada electoralmente...

En fin, el 29-S por la mañana traspuse la barrera de seguridad de Torrespaña entre el abucheo de un grupo de piqueteros “informativos” (léase coactivos) que ni siquiera se dignaron a preguntarme si mi presencia obedecía a la fijación de servicios mínimos. La defensa de los trabajadores más débiles y de los parados no parece que sea el empeño de esta gente, más típica del cada vez más lejano siglo XX que del XXI. Algo habrá que hacer, pues...

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