jueves, 9 de noviembre de 2017

Un extraño efecto óptico pone en apuros a Alfonso Ussía

El escritor Alfonso Ussía protagonizó el pasado fin de semana un desagradable incidente en un coto de caza de Hinojosa del Duque (Córdoba) donde tenía lugar una concurrida capea. Debido a un rarísimo efecto óptico tipificado como "efecto traje de baño lumínico" (más conocido entre los científicos de baja extracción social como "efecto bañador lumínico"), fruto de la irregular refracción de la luz a última hora del día, el elegante traje cruzado azul que lucía con corbata a juego, pañuelo bordado granate e insignia del Real Madrid asemejaba a varios metros de distancia una bandera de la extinta Unión Soviética -con su correspondiente hoz y martillo- con el rostro inscrito de Paco Clavel. Varias personas asistentes a la capea expresaron de manera más o menos abierta su malestar con Ussía, desconocedor de lo que le ocurría. El propio guarda del coto llegó a abandonar la parrilla en la que asaba varias piezas de caza para intentar embestir con un pincho, al grito de "maricona podemita", al conocido escritor, que tuvo que ser protegido por un conocido torero y por un costalero a la sazón miembro del consejo de administración de una importante empresa gasística nacional.

Quienes rodeaban al literato no advirtieron semejante aberración cromática, pero sí fueron testigos de excepción de otro suceso igualmente extraño aunque del todo inexplicado (aparentemente relacionado con la alteración óptica), merced al cual las palabras que salían de la boca de Ussía eran inequívocamente catalanas pese a ser proferidas -tal como ha confesado posteriormente el propio escritor- en castellano. "Això és molt lleig, això és molt lleig!", recoge la grabación del móvil de una cantante de copla que figuraba entre los invitados al evento. Lo más llamativo para los investigadores del caso no es tanto la conversión idiomática como que esas palabras en catalán fueron exclamadas en forma de canto y siguiendo el patrón de melodías de la nova cançó. Cuando llegaron policía y personal médico al coto, Ussía se encontraba diciendo "què m'han fet aquests bastards, que m'han fotut la festa" con el esquema melódico del tema Què volen aquesta gent de María del Mar Bonet. La entonación de L'estaca de Lluís Llach, comenzada inmediatamente después con frases como "me les pagareu totes juntes, amb mi no es juga, maleïts cabrons", fue interrumpida tras serle administrado un sedante.

El escritor ya ha anunciado que emprenderá acciones penales contra su sastre y contra José Luis Rodríguez Zapatero, quienes han declinado toda responsabilidad al respecto. No consta en la literatura médica patología alguna relacionada con el "efecto traje de baño lumínico", al que jamás se había asociado un caso de aberración sonora como el sufrido por Ussía. Ahora es la ciencia la que debe pronunciarse.

sábado, 28 de octubre de 2017

Más de 500 millones de descargas de la tesis doctoral de Slavoj Zizek

Ya son más de 500 millones de personas en todo el mundo, entre las que se cuentan unos dos millones y medio de catalanes, las que se han descargado de Internet la tesis doctoral del filósofo esloveno Slavoj Zizek: La relevancia teórica y práctica del estructuralismo francés. A lo largo y ancho del planeta, desde pistas de skate hasta locales de tatuajes y piercing pasando por zocos, iglesias evangélicas, carnicerías, baños turcos, castellers y vagones de metro, proliferan acalorados debates entre quienes subrayan la influencia de Lacan en el pensamiento posmoderno y quienes se inclinan más por Deleuze (son menos los que se decantan por Derrida, que sin embargo cuenta con un nutrido club de fans entre los ultras del Girona FC). Uno de los participantes de OT 2017, que ha pedido ocultar su identidad, ha manifestado precisamente su preferencia por Derrida valorando su "deconstrucción dialéctica como potente herramienta de análisis conceptual y contrapeso a la hegemonía del pensamiento líquido". A este le ha salido al paso de manera contundente un concursante de Gran Hermano 18 que igualmente ha preferido ocultar su identidad (aunque ha confesado ser seguidor de Alan Badiou): "Derrida es un exponente involuntario del socialfascismo más regresivo". Las descargas de la tesis de Zizek han desbordado las previsiones más optimistas, eclipsando al también trabajo doctoral del físico Stephen Hawking disponible desde hace unos días (este último ha suscitado encendidas discusiones acerca de las implicaciones para la expansión del universo de las perturbaciones en la curvatura del espacio-tiempo, que en lugares como Karachi, San Pedro Sula o Manila han llevado incluso a enfrentamientos callejeros).

lunes, 23 de octubre de 2017

Izquierdistas que avergüenzan a la izquierda

Muchos supuestos izquierdistas actúan de manera reactiva en Internet y redes sociales contra todo aquello que identifican -o que sus líderes identifican- como el enemigo. Para estos usuarios no existen los matices, todo es blanco o negro, o con nosotros o contra nosotros: no tardan en etiquetar al enemigo de "fascista", "facha" o "neoliberal" y de pasar al ad hominem. Por supuesto que hay muchos más ignorantes y trolls derechistas y apolíticos, pero mi crítica se dirige específicamente a quienes desde la izquierda jamás tienen dudas (y si las tienen, las despejan de inmediato consultando el manual), atribuyen sistemáticamente estupidez o mala fe al adversario, retuitean algo sin haberlo leído, participan en el linchamiento mediático de los enemigos señalados o siguen como borregos a alguien por el mero hecho de tener patente de progresismo. Con todo ello solo logran desprestigiar a la izquierda y al mismo tiempo dañar causas verdaderamente progresistas (no como la independencia a las bravas de Cataluña) como el combate contra la precariedad social, el machismo, el clericalismo, el racismo o el cambio climático.

viernes, 6 de octubre de 2017

Empujados al abismo por la quimera nacionalista catalana: ¿Vale realmente la pena?...

 Foto de Dietmar Rabich.

La convivencia nunca es fácil, ni puede darse por sentada si detrás no se halla el poder disuasorio y coercitivo de la ley. Resulta más sencillo cuando hay más capital social, o sea una mayor confianza mutua entre los ciudadanos (por eso es más cómodo convivir en Dinamarca que en Honduras), pero no basta con ese pegamento integrador para disfrutar de una existencia civilizada. Mal que les pese a anarquistas ilusos y jipis, la naturaleza humana obliga a toda sociedad avanzada a limitar los derechos de los individuos (la libertad de cada uno debe terminar donde empieza la del otro), forjar instituciones reguladoras de la vida social y esforzarse continuamente por apuntalar delicados equilibrios políticos, sociales y territoriales (mediante la división y contrapeso de poderes, la fiscalización de los más poderosos, el diálogo fluido entre los principales agentes sociales, la redistribución personal y territorial de la renta, la protección legal de las minorías, etc.) para asegurar una cierta armonía e impedir que rija la ley de la selva. No podemos confiar en la buena voluntad de los individuos -ni siquiera en la de nuestros gobernantes, por supuesto- porque siempre habrá sinvergüenzas, incumplidores, maltratadores y desalmados.

Cautivados por los cantos de sirena y las abiertas mentiras de sus nacionalistas, muchos catalanes no han advertido la complejidad y las interdependencias intrínsecas a toda sociedad democrática moderna. Hay que ser muy incauto, o haber sido groseramente manipulado por demagogos de la peor especie, para creer que una sociedad compleja como la catalana (por su bilingüismo, su peculiar historia, sus relaciones con España, su propia diversidad cultural) pueda romper a las bravas -y de manera tan chapucera- con los demás españoles sin graves consecuencias de toda índole: políticas, económicas, afectivas... Como si esto fuera un divorcio exprés de una pareja sin hijos que se resuelve con un par de firmas y un "buena suerte". Reventar de este modo un sistema como el constitucional, criticable pero fruto de un amplio consenso y delicados compromisos, tiene inevitablemente un muy alto precio. Es mejor hacer los experimentos sociales con gaseosa, sobre todo cuando se vive relativamente bien, en paz, con una amplísima autonomía y sin ninguna bota encima (aunque, desde luego, siempre habrá gente más rica y poderosa que otras, ya sea en Cataluña, en España, en Venezuela o en Papúa, así como poderes fácticos internos y externos).

¿Cómo iba a ser fácil la convivencia entre la gente y entre los pueblos si ni siquiera lo es en el marco de una familia o una pareja? En el caso español, la armonía territorial pende desde la llegada de la democracia de hilos más frágiles de lo que pensamos. La democracia no hubiera sido posible en nuestro país de haber reconocido inicialmente a algunos territorios como "naciones" (o de haber revestido la forma de república): el entonces influyente Ejército, aún con el recuerdo fresco de Franco, no lo hubiera permitido. Pese a ello, se ha podido construir un Estado de las autonomías bastante descentralizado. Uno de los componentes de ese pacto constitucional es el cupo vasco y navarro (ansiado estos últimos años por Cataluña), cuya pervivencia es una de las claves del encaje de estas dos comunidades en España. Lo mismo puede decirse del régimen especial de Canarias, dada su insularidad y ultraperificidad. España es, nos guste o no, una realidad plural y compleja. Podemos cambiar las cosas mediante el diálogo y la negociación, pero romper destemplada y unilateralmente la baraja es una insensatez que nos afecta negativamente a todos.

Desinformados y emponzoñados por políticos irresponsables y mendaces, muchos catalanes no se han parado a pensar en que no había necesidad alguna de fracturar su ciudadanía de esta forma y ponernos a catalanes y españoles (y de rebote a la Unión Europea) al borde del abismo solo para dejar de contribuir a las arcas de España, desembarazarse de la bandera rojigualda y poder presumir de Estado independiente (aunque sea un Estado fallido, como aventuran casi todos los expertos). Mi amigo kurdo Kamran Matin (míralo aquí hablando hace un par de días en Al Jazeera acerca del referéndum en el Kurdistán iraquí) me trasladaba esta semana su perplejidad ante este "nacionalismo del rico", él que procede de un pueblo pobre y verdaderamente oprimido que ha visto a su gente culturalmente ninguneada (hasta hace bien poco en Turquía) e incluso gaseada y salvajemente bombardeada (en el Irak de Sadam Hussein y en la misma Turquía del islamista Erdogan).

No me valen aquí las apelaciones a un supuesto derecho sagrado a la autodeterminación, ya que el mío pretende ser un análisis racional y pragmático (a diferencia del enfoque nacionalista, basado en las emociones y la visceralidad, amén de en la mentira). Cada cual es libre de sentirse como le plazca: solo catalán, más catalán que español, igual de catalán que español, más español que catalán... Y de enarbolar la bandera que le dé la gana. Pero es una temeridad ampararse solo en lo sentimental para dar lo que sería un verdadero salto al vacío, dadas las estrechas interdependencias entre Cataluña y España y la oposición a la aventura independentista de casi la mitad de los catalanes. La culpa es del nacionalismo, una ideología tóxica por su naturaleza excluyente, que ha sido bien abonado en las tierras del Principat en las últimas décadas (no niego también la cuota de responsabilidad de los nacionalistas separadores del otro bando, de los que ahora insultan a Piqué y antes chillaban "Pujol enano, habla en castellano", gente convencida de que solo se puede ser español a su manera).

Lo que está en juego ya no es tanto la unidad de España, algo que sinceramente no me quita el sueño, como el bienestar y la convivencia pacífica de los españoles con independencia de sus distintas ideas o sentimientos identitarios. Los nacionalistas catalanes están dispuestos a tener su Estado a cualquier precio, por alto que este sea; aunque suponga la salida del euro y de la Unión Europea (de hecho, eso es lo que quieren los extremistas de la CUP, dentro de su hoja de ruta hacia una demencial república popular sin patriarcado). Pero lo peor es que el nacionalismo amenaza con romper la paz social en Cataluña y el resto del Estado, donde el nacionalismo españolista de infausto recuerdo está despertando y retroalimentándose con el catalán. Los parecidos con la Yugoslavia de 1990 y 1991 empiezan a ser muy preocupantes. Además del ineludible peaje sangriento, este conflicto podría desatar una nueva crisis de la deuda soberana en los países del sur de Europa con suficiente potencial como para dinamitar el euro y la propia UE, cada vez más asediada por ultranacionalistas y populistas (por no hablar del probable efecto imitación en sitios como el País Vasco o Flandes). Y si la UE desaparece, no tengan ninguna duda de que no pasará una generación antes de que vuelvan a arder sus pueblos y ciudades como hace más de 70 años. ¡Menudo panorama! ¿Vale sinceramente la pena?... La culpa, como casi siempre, será nuestra: de quienes votamos a los políticos que gobiernan en España y, sobre todo, en Cataluña.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Izquierda, nacionalismo y religión (a dos días del aquelarre nacionalista del 1-O en Cataluña)


Además de burdo y simplista, el nacionalismo es una ideología tóxica por su naturaleza excluyente que enfrenta inevitablemente a unos humanos con otros. Lo mismo puede decirse de la religión, con la que está frecuentemente hermanado (a su vez, deformadora de mentes infantiles, generadora de fobias, miedos y traumas, verdugo del conocimiento y la felicidad propia y ajena). No sorprende pues el nacionalcatolicismo (ideología oficial del franquismo) de algunos de nuestros obispos, que salvo en la bandera esgrimida no se distingue demasiado del de las iglesias de Cataluña (donde abundan los prelados y curas que abogan por levantar nuevas fronteras, abrazando el independentismo como una extensión del cuarto mandamiento), País Vasco (donde no son pocos los religiosos que simpatizan con nacionalistas e incluso lo hicieron con ETA), Irlanda (ídem, pero sustituyendo ETA por IRA) o Croacia (donde en la Segunda Guerra Mundial hubo incluso monjes dedicados a degollar a mansalva a serbios, judíos y gitanos). Y no olvidemos a Rusia, cristiana pero no católica, donde la jerarquía ortodoxa se ha convertido en un firme aliado del autócrata Putin por defender la gran nación eslava y poner firmes a homosexuales, librepensadores y zorras.

La izquierda democrática del siglo XXI, si quiere ser fiel a su condición de progresista, no debe estar jamás alineada con nacionalistas ni reírles gracia alguna. Ni, claro está, con enemigos del laicismo (esto no quiere decir que no tolere a unos y otros dentro de los límites de una democracia civilizada), sean de nuestra religión patria o de cualquier otra supuestamente de paz. Nacionalismo izquierdista es un oxímoron, lo mismo que izquierdismo confesional. No es de izquierdas un caudillo populista como el nicaragüense Daniel Ortega que, para congraciarse con la jerarquía católica más rancia de su país, prohíbe abortar a niñas violadas aun cuando peligren sus vidas por seguir con el embarazo. No son de izquierdas quienes como ERC -por cierto, Oriol Junqueras es católico practicante- o Bildu anteponen supuestos derechos sagrados de territorios a los derechos de la gente (en el caso de Bildu no ha pasado mucho desde cuando jaleaban a quienes daban tiros en la nuca y ponían coche-bomba). Y si acaso fueran de izquierda, y si también lo fuese una formación extremista -en el peor sentido de la palabra- como la CUP, entonces quizá habrá que ir buscando otra etiqueta para la izquierda democrática, tolerante, laica, sensata e internacionalista del tercer milenio.

lunes, 25 de septiembre de 2017

'R que R desde Alfa hasta Omega: Un ensayo sobre el error', ya a la venta en Amazon


Una entrada en noviembre de 2015 en este blog con un nombre parecido ("Naturaleza física del error") ha sido la semilla del libro que ahora ve la luz. El ensayo también se ha alimentado de algunas otras reflexiones publicadas en este cuaderno de bitácora desde que lo abrí en septiembre de 2010. He podido terminarlo en ratos libres robados a tardes y fines de semana gracias a mi constancia y perseverancia, aunque ha sido un esfuerzo gustoso porque me interesa mucho el asunto: el error con sus profundas implicaciones, un concepto que toca palos tan diversos y fundamentales como la vida, la enfermedad, la muerte, el azar, el libre albedrío, la maldad, la evolución, la felicidad, la ignorancia, la estupidez... (pocas cosas de las realmente importantes quedan fuera de su alcance). Pero este libro no hubiera sido posible sin el aliento inicial de Samuel A. Pilar, que fue quien me sugirió la idea de escribir algún ensayo de este tipo y me transmitió su confianza en que yo podría hacerlo bien. Y también debe parte de su existencia a las conversaciones campestres en la sierra de Guadarrama con Salvador Casado (@DoctorCasado). A ellos, a Antonio Rincón Córcoles y a mi paisano canario José Miguel Santos confié la lectura del texto antes de su publicación. ¡Muchas gracias, amigos!

Este capítulo de agradecimientos estaría incompleto si no incluyera a dos científicos tuiteros que, sin saberlo, me han dado muchas pistas con su interesantísima actividad en Twitter: @BioTay (el biólogo Antonio J. Osuna Mascaró) y @pitiklinov (el psiquiatra Pablo Malo).

Puedes comprar el libro aquí por solo 2 euros

Este es el índice de contenidos del ensayo:
-Un día (como cualquier otro) en el error
-Introducción
-El error en la historia del pensamiento
-Error: actores y escalas
-Causas y manifestaciones del error
-Cometiendo errores… y evitándolos para sobrevivir
-El error social más caro: Rapa Nui como aviso
-Engaño y error: el mal sale a escena
-Error, lenguaje y realidad virtual
-Error y aprendizaje individual y social. La ciencia
-Historia humana: ¿un error para la felicidad del individuo?
-Error y azar: la estadística al rescate
-Cuando la inteligencia colectiva fracasa: el error en las organizaciones y su prevención
-Error y complejidad. Tecnología y economía
-Las razones últimas del error: ¡entramos en la Física!
-Error y perfección: ¿hacia un mundo sin error?… ¿y sin muerte?
-Verdad y error
-El error de escribir un libro sobre el error: un mundo de asombrosas emergencias
-Bibliografía
-Sobre el autor

martes, 5 de septiembre de 2017

¡A sus marcas, consumidores!


Todo el mundo debería saber que unas buenas gafas de sol no tienen por qué costar más de 25 euros: es lo que dice cualquier profesional de la oftalmología. Esto mismo es aplicable a una crema hidratante, unos pantalones vaqueros, unos zapatos, un móvil, una botella de vino, una pelota de baloncesto o un coche. Por encima de un precio razonable solo hay un valor de marca. Si hay alguien dispuesto a desembolsar 150 o 400 euros por unas gafas de sol, no está pagando solamente por un producto para proteger sus ojos de la radiación solar sino tambien por un diseño glamuroso o sencillamente una marca de prestigio para codearse y darse el pisto.

La publicidad ya se encarga de convencernos de que lucir una determinada marca es cool, que no hacerlo es propio de pringados o fracasados. ¡Y a fe que lo consigue! El efecto de los anuncios es particularmente nocivo entre los más jovenes, los más necesitados de la aceptación de sus pares. La promoción de marcas blancas permitiría un notable ahorro a los consumidores y contribuiría a un mundo más sostenible, pero choca con un muro cultural en una sociedad en la que los que están arriba quieren distinguirse y los que están abajo no tienen intención alguna de transformarla sino de colocarse arriba. Un izquierdista de manual diría que la culpa es de un sistema capitalista que ha emponzoñado a la buena gente, pero yo creo que el canalla no es otro que la propia naturaleza humana.

La responsabilidad de los famosos a este respecto es muy importante. ¿Pero qué ejemplo pueden dar muchos deportistas o cantantes (no precisamente de ópera) cuya vida gira en torno al lujo y la más grosera ostentación? Flaco favor hacen también muchas de esas celebridades que solo persiguen hacer caja, aunque ya anden sobrados de dinero, anunciando cualquier cosa sin el menor rubor. Me pregunto si El Rubius (el youtuber más conocido de España) es consciente del daño social de anunciar una conocida bebida azucarada. O si Rafa Nadal o Pau Gasol tuvieron algún reparo moral por promocionar en su día sendas bebidas alcohólicas.

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