Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de marzo de 2023

Todo a la vez en todas partes: ¿simple cuestión de gustos?


Hace cerca de un año empecé a ver con ilusión Todo a la vez en todas partes, una película que aparecía como novedad en el catálogo de cine de Movistar Plus. Con ese título tan atractivo y un argumento desarrollado en torno al concepto de multiverso (que no pocos cosmólogos y físicos teóricos consideran una posibilidad real), aquello prometía. Unos 45 minutos después hube de tirar la toalla, estupefacto ante unas escenas de acción tan ridículas (aunque no dudo que hagan las delicias de muchos amantes del cine B) como fuera de lugar: unas escenas gratuitas repetidas sin ton ni son, a cuál más grotesca, adornando una sonrojante trama sin pies ni cabeza (algunos dicen que surrealista, confundiendo el surrealismo con el desparrame sin sentido).

Pero mi mayor asombro vendría hace días, no tanto por constatar su éxito comercial (lo cual entiendo perfectamente en un mundo donde triunfan producciones como Fast and Furious) e incluso por la obtención del Óscar a la mejor película (no hay que subestimar el infantilismo y el oportunismo de Hollywood) como por las críticas favorables de gente inteligente cuyo buen criterio siempre he apreciado. Aunque el casi siempre certero Carlos Boyero, entre otros, opinaba lo mismo que yo en una columna en El País. Lo cierto es que intenté verla otra vez, pensando que quizá se me hubiese escapado algo sublime mas allá de los primeros 45 minutos, pero el tedio fue insuperable: tuve que darle al forward varias veces (vi entera la grotesca escena coelhiana de las piedras parlantes y alguna que otra más), saltándome escenas de patadas voladoras y de hostias como panes, hasta llegar al final.

No hablaré más de la película, ya que este post no pretende ser una crítica a esta obra (me remito al texto de Boyero, que suscribo al 100%) sino una reflexión mucho más general sobre la subjetividad de los gustos: ¿Hay algo objetivo en ellos? ¿Hay verdades a este respecto?... Si Mario Vaquerizo fuera nominado al Nobel de literatura por las letras de las Nancys Rubias, ¿sería razonable que alguien dijera que es un "reconocimiento merecido al Bob Dylan español"? ¿Esa opinión estaría en pie de igualdad (apelando a la subjetividad de los gustos) con la de quien sostuviera que se trataría de una vergonzante aberración y de un insulto grosero a la inteligencia?...

Para cualquier persona con dos dedos de frente, semejante nominación al Nobel sería inconcebible. Pero estoy convencido de que no pocos la defenderían como una "audaz apuesta por la transgresión" o una "aproximación a la mirada queer" por parte de una Academia sueca hasta ahora "anquilosada en rancios modelos binarios excluyentes". Otros lo aplaudirían en la creencia de que así se fomentaría la lectura entre los nativos digitales y se abriría la literatura al gran público. Eso sí, no me imagino a Gorka y José Miguel (¡a quienes sí les ha gustado Todo a la vez en todas partes!) participando de ese entusiasmo en condiciones normales: o sea, sobrios, no sujetos a alguna enajenación mental transitoria y sin Olvido Gara con una pistola apuntándoles a la sien. 

José Miguel me expuso precisamente hace años su creencia en que hay varios tipos de humanos que definen inclinaciones o preferencias diferentes en la vida, más allá de las primarias comunes a todos. Así se explica que haya gente que disfrute con cosas (desde la cocina al fútbol pasando por la filosofía, las carreras de coches o el bricolaje) que otros consideran intragables: esas discrepancias serían producto de la natural variabilidad en las poblaciones humanas. Yo hace tiempo que llegué a la conclusión de que no es mayor o mejor el disfrute de una lectura de Jeremy Bentham que el de un bodrio de sobremesa de Antena 3, el de una comida en Can Roca que el de un donut, el de un concierto de Schubert que el de un partido de la tercera división de la Liga moldava (esos que ve con pasión Maldini). El propio Bentham, a diferencia de su discípulo utilitarista Mill (para quien sí hay placeres superiores a otros: el deleite intelectual de un humano sería de una calidad superior al de un cerdo retozando en el barro), sostenía eso mismo. No obstante, mas allá de las subjetividades hay cosas innegablemente objetivas. 

El filósofo inglés contemporáneo Philip Goff defiende que hay valores objetivos con este ejemplo:

Imagina que tienes dos hijos, el mayor de los cuales crece odiando la filosofía y amando el fútbol, cuya práctica le hace feliz. Cualquier padre o madre con un mínimo de sensibilidad y sentido común consideraría irrazonable intentar imponer sus preferencias personales (supongamos que los progenitores adoran la filosofía y odian el fútbol) a su hijo sometiéndole a algún tipo de tratamiento o medidas correctoras.

Ahora bien, supongamos que tu hijo menor crece con el objetivo básico de contar cuántos coches amarillos hay diariamente en el barrio, algo que se convierte en el objetivo principal de su vida pese a resultarle agotador y hacerle infeliz. En este caso, el sentido común sugeriría una terapia, lo cual sería muy comprensible y no debería ser interpretado como una injusta imposición paterna. Si no existen valores objetivos, si todo es mera subjetividad, buscar la salud y la felicidad serían fines igual de arbitrarios que contar coches amarillos. El intervencionismo con el hijo pequeño sugiere la idea de que hay algo objetivamente problemático en no preocuparse de su propia salud y felicidad, de ahí que resulte razonable a diferencia del destinado a encarrilar a su hermano mayor hacia la filosofía en detrimento del fútbol.

¿Es el ejemplo de Goff extrapolable a los valores estéticos? Aunque cualquier persona con criterio y en su sano juicio solo puede reaccionar con estupor, indignación y hasta horror a una hipotética nominación al Nobel de literatura de Mario Vaquerizo, ¿hay alguna manera de sustentar esto racionalmente? Claro que hay un canon literario conforme al cual esta posibilidad es absurda y desechable, pero este viene dictado por los profesionales de las letras. ¿Y qué hay de la voz de la calle, seguramente muy distinta de la de los académicos? El gran público habría aupado antes a la gloria a Dan Brown que a John M. Coetzee, a Stieg Larsson que a Vargas Llosa. Es un hecho que jamás se han dado explicaciones públicas de cuáles son los requisitos que hacen a alguien merecedor del Nobel a las letras. Pero puede que un día alguien tenga la ocurrencia de sostener que Vaquerizo "ha creado nuevas expresiones líricas dentro de la gran tradición de la música popular española", que "durante 25 años ha estado inventándose a sí mismo" y que su último trabajo discográfico con Nancys Rubias es "un extraordinario ejemplo de su brillante manera de transgredir, de su brillante forma de pensar". Propiciando así un histórico encuentro entre el inefable bardo de Vicálvaro y el rey de Suecia.

En el ámbito de la estética, el homólogo a la felicidad como valor objetivo sería la belleza. Pero así como la gente puede ser feliz con muchas cosas (incluyendo el contar coches amarillos), su concepto de belleza no es el mismo. Hay unanimidad en considerar como bellas una flor, una cebra o una puesta de sol, pero el consenso se difumina cuando se trata de una obra de arte o literaria. Ya dijo Hume hace siglos que la belleza no es una cualidad de los objetos sino de las mentes que los contemplan, y que cada mente percibe una belleza diferente. Pero apuntó hacia una cierta objetividad al reconocer el dictamen final del tiempo como prueba de fuego de la grandeza de una obra artística (intuyo que ese tribunal del tiempo no será benevolente con la película más oscarizada de este año).

Lo cierto es que sin subjetividad, sin una singular mirada al mundo, no hay belleza. Esa mirada es distinta en un murciélago, en una ballena y en un humano, pero también difiere entre humanos: todo depende de la configuración físico-mental del individuo, en parte determinada biológicamente y en parte ambiental y culturalmente. Quizá Alexander Nehamas tenga razón al sostener que la belleza crea comunidades de personas definidas por distintos cánones u ortodoxias, unos grupos en los que los gustos compartidos confieren a sus miembros un sentimiento comunitario. Esta idea es compatible con la de Kant, para quien las verdades estéticas son al mismo tiempo subjetivas y universales, puesto que cada persona tiene las suyas pero espera que las demás las compartan (y, de hecho, disfruta al comulgar estéticamente con otros). Pero es un planteamiento opuesto al de platónicos y neoplatónicos, para quienes la belleza es objetiva y lo bello es tal porque participa de esas ideas o formas perfectas y eternas (por eso nos gustan el orden, la simetría y la armonía) que supuestamente moran más allá de nuestro mundo físico.

Por motivos que se me escapan (¿implicación emocional con algún personaje o situación, querencia por cierta narrativa visual o código expresivo, distintos prejuicios positivos y negativos, diferente momento anímico...?), Gorka, José Miguel y otros muchos individuos con criterio no están en mi equipo en lo referido a Todo a la vez en todas partes. Habrá que aceptarlo deportivamente. Ahora bien, me tendrán enfrente (¡ahí no tendré contemplaciones!) si optan por apoyar la candidatura al Nobel del marido de Alaska...


sábado, 12 de noviembre de 2016

ATENCIÓN: Singularidad formateando



"Si hay algo masivo que te disgusta eres un aburrido, un arrogante y un cursi", escribe Elvira Lindo contra la cultura de masas en su oportuno artículo "La cobra del pueblo", publicado hoy en El País. No es nuevo el debate al respecto: ya lo han avivado estos últimos años intelectuales como Mario Vargas Llosa o Antonio Muñoz Molina. Lo cierto es que buena parte de lo que actualmente se considera cultura, incluyendo arte, música, literatura y cine, es pura basura comercial sin más valor que el de mercado (o sea, que el determinado por la simple concurrencia de oferentes y demandantes puestos en el mismo plano con independencia de su sensibilidad, talento y conocimientos).

Parece acertado el tópico de que sobre gustos no hay nada escrito y que las verdades en este ámbito son relativas. En su Crítica del juicio, Kant sostenía que las verdades estéticas son al mismo tiempo subjetivas y universales, ya que cada uno tiene las suyas pero espera que el resto del mundo las comparta. Sin embargo, es innegable que existen principios estéticos objetivos -caso del orden y la simetría- que parecen incrustados en las leyes cósmicas. El orden y la simetría en una pieza de Mozart son mucho mayores que en una serie aleatoria de ruido. A la hora de calificar objetivamente una obra de arte también hay otros criterios como la hondura emocional (no es la misma en "El grito" de Edvard Munch que en los Mickey Mouse seriados de Andy Warhol), la originalidad (se me antoja muy distinta en el Pedro Páramo de Juan Rulfo que en el último best seller de conspiraciones templarias o vampiros) y la destreza o ejecución técnica (resultan muy dispares las de Eric Clapton y el guitarrista de la típica boy band).

Este es un debate trillado donde ya nadie pretende descubrir la pólvora, pero ahora viene el giro argumental: ¿qué pasaría si se alumbrara este siglo la Singularidad prevista por Ray Kurzweil, esa especie de Superinternet biónica fruto de la conexión en red entre cerebros humanos, Internet y la Inteligencia Artificial? Estaríamos ante algo nuevo, ante un fenómeno emergente de características insospechadas y seguramente inimaginables: una superconciencia cuyas motivaciones quizá tuviesen poco que ver con las nuestras humanas (o sea, animales). Por la misma razón por la que hasta el más rudimentario ordenador no concibe que dos más dos pueda ser otra cosa que cuatro, esa superinteligencia consciente podría entregarse a un cribado sistemático de Internet para depurarlo de errores y contenido improcedente (no olvidemos que seguramente más del 90% de lo que está en la red es basura: insultos, falsedades, memeces, incorrecciones y disparates de toda índole). Todo lo que contradiga verdades bien contrastadas como que animales y vegetales tenemos un ancestro común, que el Universo tiene unas 13.800 millones de años o que Elvis Presley murió en 1976 no tendría cabida en el nuevo Internet gestionado por la Singularidad. Que los humanos fuimos creados por Dios a su imagen y semejanza, que el Universo tiene 6 mil años y que Elvis Presley sigue vivo en 2016 solo tendrían cabida bajo el epígrafe "ficción", junto a los cronopios de Cortázar, el mundo alternativo de La trama celeste de Bioy Casares en el que Cartago destruyó Roma y las andanzas de Michael Knight con su coche fantástico.

Pero la cosa iría mucho más allá de purgar entradas en Wikipedia, en blogs y en páginas web, de eliminar troleces y spam a diestro y siniestro: ¿nos atreveríamos a descartar que esa superconciencia no haría también limpieza estética?, ¿pondría en el mismo plano una sinfonía de Beethoven que el "Gangnam Style", un texto de Jorge Luis Borges que otro de Dan Brown, una obra de Goya que otra de Damian Hirst, Black Mirror y un telefilme vespertino de serie B?... Y ya con esas, ¿por qué no habría de concluir con certeza que este sistema capitalista de casino es moralmente deplorable y ambientalmente insostenible (y que algo habría que hacer en consecuencia)?, ¿por qué no habría de considerar errónea -y proceder a su inmediata anulación- una elección democrática como la de Donald Trump o la del presidente filipino de turno?, ¿por qué no habría de arrogarse la reconducción de psicópatas, sádicos o gente dañina con muy pocos escrúpulos (o su envío a mundos virtuales donde no sean nocivos, o acaso su eliminación)?

Mira por dónde, resultaría que gracias a la Singularidad podríamos tener un sucedáneo de Juicio Final (para la humanidad tal y como la hemos conocido, porque la vida transhumana habría empezado a dar sus primeros pasos). Y sería un juicio final integral: intelectual, estético y moral. Aunque bien podría ocurrir que la Singularidad encontrase en la porquería intelectual, estética y moral alguna utilidad que ahora a nosotros -procesadores de información tan toscos a causa de nuestras limitaciones cerebrales- se nos escapa por completo.

martes, 27 de octubre de 2015

Juanjo, agente cultural: "Lío porritos a mis colegas"

Hola, soy el Juanjo, aquí del barrio. Soy artista y hago cultura: lío porritos para fumarlos con los colegas, y en eso soy un monstruo que lo flipas. Mis coleguitas son también artistas del mundo de la cultura, como el Pepo (cocinero del bar de la esquina: menudos torreznazos los suyos, y hay que ver cómo corta el jamón con ese cuchillaco que acojona), la Toñi (modelo, vecina de el Tori, que está mazo buena y ya tiene publicado un fotobook en Internet y está haciendo un módulo en Estilismo a distancia) y el Bola (noviete de la Toñi, un maquinón que te cagas en el Mortal Kombat y el PC Liga). Cuando nos reunimos para hacer botellón, aquello es como la Academia de San Fernando de Henares, cada uno con las bellas artes culturales de cada cual: la gastronomía, la moda, los videojuegos y el liar (mi pasión).

No os creáis que liar un puto porro es fácil, hay que tener los rudimentos artísticos y mucha sensibilidad. Lo primero es saber hacer bien una O con un canuto, de lo que todo el mundo no puede presumir: es una auténtica movida, aunque no lo parezca. Desde luego, a mí no me salió ni a la primera ni a la segunda: os confieso que a la quinta, como el carné de conducir (por cierto, a ver si me pillo pronto un X1, la entrada de 16.000 euros y el resto en 36 meses). Otros se quedan en el camino: aprenden a hacer la puta O pero no siguen la ruta cultural que ha seguido este menda lerenda, aunque a veces os pueda parecer un empanado.

Mirar, hay que quemar el pedrolo en su punto con el mechero, luego meterlo bien y juntarlo con el tabaco en el papelillo, todo bien apelmazadito para hacer ya la O con el canutillo. Cada uno tiene su estilo, el mío es muy personal e intransferible: el secreto está en el salivazo. Porque cada creador tiene su librillo y su escuela... ¡y ahí está la belleza, troncos! El Tori quiere aprender, él también quiere ser artista y cultural (bueno, ya lo es en parte porque tiene cinturón naranja de kick boxing, pero quiere dar un jodido salto computativo). A ver si lo veo este finde para juntar a mi bull terrier con su perra de una puta vez, que no encontramos el momento. Aunque también podría mamar del arte del Pepo, de la Toñi o del Bola...

Bueno, que soy artista y cultural pero no vivo de eso: es más una afición que otra cosa. Yo curro de comercial telefónico en una empresa desde hace un mes y ya me he convertido en el puto amo. Me estoy juntando más de 1.500 pavos al mes, y a partir de noviembre 2.000 y hasta 3.000. ¡Mazo de llamadas todo el día haciendo clientes!... El otro día solo trabajé de once a una y media, el jefe me dejó irme porque soy la polla bueno. El Bola no se lo cree, el hijoputa. El mes que viene le voy a pasar la nómina por toda la ñota. Capaz que a la Toñi la ha dicho que me estoy tirando el moco. Ya verán en la próxima reunión de la Academia, lo que viene siendo nuestro puto botellón artístico... ¡Apostad por la cultura, troncos!

viernes, 11 de octubre de 2013

BRIC, la performance definitiva de Esther Ferrazcona

Cuando el reloj de la catedral marcó las cuatro en punto comenzó la locución simultánea en portugués, hindi, chino mandarín y ruso, desde sendos altavoces ubicados en cada uno de los extremos de la plaza de toros de Pamplona, de los siguientes 3.600 segundos en números cardinales. Jóvenes de ambos sexos procedentes de Brasil, India, China y Rusia, ataviados con trajes típicos de sus naciones, irrumpieron con paso cansino en el coso taurino mientras procedían a desprenderse lentamente de sus prendas. Una vez completamente desnudos apareció Esther Ferrazcona, enfundada en una túnica con los colores de las banderas de esas cuatro naciones y con un chorizo Pamplonica aferrado a los dientes. La artista incrustó en la letanía plurilingüe, haciendo uso de un megáfono, un sonido metálico cuyo volumen fue subiendo progresivamente hasta convertirse en estruendo infernal: "¡¡Bric, bric, bric, bric, bric!!". Los jóvenes comenzaron a juntar sus cuerpos de manera desordenada: brasileños con chinas, indios con rusas, rusos con rusos, chinas con chinas, indio con ruso y con china, brasileña con ruso y con indio... Esther Ferrazcona masticaba y deglutía el chorizo Pamplonica, con los brazos alzados al cielo, paseando en derredor de la orgiástica amalgama plurinacional de cuerpos. Un minuto antes de las cinco de la tarde, la artista abandonó corriendo el coso por la puerta grande. Justo a las cinco, cuando se fundieron en una sola palabra los cardinales 3.600 de cada uno de los cuatro idiomas, se cerró la puerta grande, sonó una corneta y cuatro toros de Miura salieron al trote por los toriles. Las cuatro cámaras ubicadas junto a los respectivos altavoces registraron durante 120 segundos las carreras y embestidas, transmitiendo sus señales en directo a pantallas gigantes ubicadas en la playa carioca de Copacabana, los exteriores del Taj Mahal en Agra, la plaza pequinesa de Tiananmen y la plaza Roja de Moscú.

Un fundido en negro y la sintonía original de El coche fantástico pusieron fin a una performance saldada con un muerto (un joven de nacionalidad india), 7 heridos graves (dos indios, una rusa, tres chinos y un brasileño) y 27 con pronóstico reservado, además de sendas quejas formales elevadas desde el secretariado virtual de los países BRIC y el ministerio de Asuntos Exteriores de la República Sudafricana (en este caso, por su exclusión del acto pese a su pertenencia formal al grupo).

"He querido retratar el triunfo de tanatos sobre eros en su sempiterno pulso dialéctico", declaró Ferrazcona a la prensa a su salida, tras abonar una fianza de 200.000 euros, de los juzgados de Pamplona. "Me he limitado a realizar una declinación de un tema clásico, siempre a partir de un profundo compromiso social. Por desgracia, mi trabajo está siendo objeto de una lectura errónea en clave exclusivamente sociopolítica". Sobre el fallecimiento por una cornada de uno de los participantes (todos ellos tenían un contrato de obra), apuntó: "Por supuesto que lamento esa muerte, como todas, pero descartarla de antemano hubiese sido un ejercicio de profunda deshonestidad artística. Por otra parte, debo decir que la inmortalidad me parece una idea conceptualmente muy floja". Inquirida por su abandono del coso antes de que entrasen los astados, se justificó señalando que se había tratado de un "grito íntimo", de una "transgresión de estereotipados corsés morales". "No tenía necesidad de huir, pero lo hice para, paradójicamente, encerrarme en la jaula de mi propia libertad", añadió a los periodistas.

La solidaridad con Ferrazcona de artistas de vanguardia internacionales no se ha hecho esperar: el británico Damian Hirst le ha mandado a su domicilio pamplonés una mano de cerdo semidescompuesta, y el bebé de uno de los chimpancés del zoo de Berlín le ha pintado un bodegón. Dentro de España destacan las muestras de simpatía de artistas reconocidos como Abel Azcona (que le ha remitido un sobre con un esputo dentro mezclado con sangre coagulada del escroto) y Esther Ferrer (que le ha mandado una foto suya vestida). Preguntado en Pontedeume (Pontevedra) acerca de la polémica representación artística, el presidente Mariano Rajoy ha respondido que "el crecimiento de cero coma dos puntos en el PIB es muy esperanzador para nuestro país". 

sábado, 29 de junio de 2013

Bárcenas descubre a Sara Mago en prisión

La estancia de Luis Bárcenas en la cárcel de Soto del Real está teniendo una cara agradable a la par que inesperada: detrás de los barrotes, el extesorero del PP asegura haberse convertido en un voraz lector. El ilustre recluso afirma haber devorado en sus dos primeras noches entre rejas la trilogía completa de la escritora lusa Sara Mago. Los cuatro libros de la conocida trilogía (A la sombra de las muchachas en flor, ¿Por quién doblan las campanas?, Los extremeños se tocan y El llano en llamas) estaban desde hace ocho años en los anaqueles de su biblioteca (justo debajo de una cabeza de ciervo disecada y flanqueados por sendos angelotes de oro macizo), fruto de un regalo de su excompañera del PP Esperanza Aguirre por haber cuadrado las cuentas anuales del partido en aquel ejercicio.

"Me gusta mucho Sara porque escribe muy bien y describe las cosas con gran precisión: llama al pan, pan, y al vino, vino. Y, desde luego, nadie puede negar su vena romántica. Debe de leerse bien en portugués, de entenderse casi todo, porque es un idioma muy parecido al gallego y prácticamente igual al brasileño de Brasil". El disfrute con la lectura le ha animado incluso a escribir: "Estoy empezando una novela en castellano que se desarrolla en los Sanfermines de Pamplona y se llamará Fiesta. Mi intención es, si se prolonga demasiado mi estancia aquí por un descuido del Gobierno o de la Fiscalía, convertir esa obra en una trilogía de cinco novelas".

El próximo reto de Bárcenas es leer grandes clásicos de la literatura mundial en versión original, empezando por Dan Brown. El extesorero tiene nociones de inglés, francés y alemán, lenguas que habla con acentos respectivos de las islas Caimán, Ginebra y Zurich. "La verdad es que me apetece mucho escribir una guía de viaje de las islas Caimán, porque aquello es precioso. Aunque, eso sí", matiza, "como en España no se vive ni se come de bien en ningún sitio del mundo". Además de la lectura, Bárcenas pasa las noches en Soto del Real escuchando a Dostoievski con su reproductor de mp3 mientras pasa página a libros de arte con láminas de Schubert. "La cultura es maravillosa, abatiría un Patosí por tener un día la cabeza disecada de Dostoievski", dice este hombre recién ganado a la noble causa del arte.

sábado, 9 de febrero de 2013

e-pelotas

Hace tiempo que constato que los escritores y artistas más populares en las redes sociales cuentan con un segmento de seguidores incondicionales dedicados a aplaudir con entusiasmo todo lo que escriban o hagan: da igual qué y cómo. Este aplauso incondicional llega a ser a veces sonrojante, y sus receptores deben darse cuenta de ello si no les ciega la vanidad. Creo que se puede hablar con propiedad de la figura del e-pelota cultural, correlato digital de su bien conocida modalidad analógica.

Hace ya más de veinte años, en un acto celebrado en el entonces Centro Insular de Cultura del Cabildo de Gran Canaria, un joven cineasta de la isla (primo-hermano del hijo de un famoso político socialista catalán*) presentaba una obra realizada en colaboración con una conocida directora de cine peninsular ya fallecida. Un asistente al evento, en el que me encontraba, no dudó en calificar en público al joven director como "el Mozart canario". Era difícil no ser asaltado por una intensa vergüenza ajena ante tamaña desmesura.

Pues esto pasa a menudo en Internet cuando salta a la palestra, con un nuevo tuit o un comentario en Facebook, algún creador con cierta fama (que es lo que de verdad atrae a los e-pelotas). Desde luego, este necesita alimentar su autoestima, pero también le interesa que quienes le aprecian o admiran sean críticos con su trabajo. Si no es así, corre el riesgo de creerse que todo lo que hace es sublime (lo cual es imposible, por mucho talento que se tenga). Y eso no debe ser bueno, no solo para su equilibrio psicológico sino también para la calidad de lo que hace.

*Fue precisamente el hijo de este político, en una fiesta hace casi diez años en la casa de un amigo en Majadahonda, quien me informó de dicho parentesco en una conversación en la que también hablamos de los uigures.

domingo, 5 de junio de 2011

Arte contemporáneo y timadores desnudos

Con la Bienal de Venecia en ciernes, el otro día le dije a un amigo que albergo la sospecha de que buena parte del arte contemporáneo es un fraude, una estafa sustentada en el interés crematístico de algunos ("creadores" que encima creen en su genialidad, galeristas, representantes y comisionistas), la necesidad de ganarse las lentejas de otros (comisarios, directores y empleados de museos, críticos de arte y demás personal de revistas, suplementos y programas especializados), la burricie y horterez de no pocos coleccionistas (entre los que se incluye un selecto grupo de macarras multimillonarios, compradores del último grito con un dinero manchado muchas veces de sangre y petróleo) y el papanatismo -alimentado penosamente por los medios de comunicación- o indiferencia del gran público ajeno a todo este tejemaneje. Un público que frecuenta lugares comunes como "No entiendo esto, pero debe tener un enorme valor artístico", "No debes opinar si no entiendes" o, peor aún: "¡Qué maravilla!". Detrás de todo, el miedo a ser tachado de inculto, burro o insensible.

Mi amigo me replicó indignado: "¿Cómo te atreves a decir que Tàpies es un timo? ¿Quién te has creído para afirmar tal cosa con esa rotundidad?". Aquí solo hay que apelar a la sensibilidad y el buen criterio de cada cual para separar el grano de la paja. De nada valen las sesudas disertaciones de críticos y "entendidos" (muchas absolutamente ilegibles y disparatadas como esta seleccionada en la antología de bodrios de Pseudópodo). Abajo se exponen cuatro obras: dos de ellas tienen un innegable valor artístico; las otras dos son una bazofia. ¿No salta a la vista? ¿O es que aquí es aplicable eso de que "para gustos, los colores"?... Aunque puede que sea yo quien tenga atrofiado el sentido estético y no alcance a captar la singularidad conceptual de ese calcetín blanco de Tàpies (recomiendo encarecidamente este documental de TVE para "descubrir" al amigo Antoni: los primeros minutos son gloriosos) o la potencia cromática del Micky Mouse seriado de Warhol.





Las instalaciones o performances merecerían por sí solas un capítulo aparte. Como la pergeñada en 2001 por Martin Creed, consistente en una bombilla que se encendía y apagaba en un cuarto vacío, que le sirvió para ganar el preciado Premio Turner de ese año. O este engendro sonoro parido por la inefable Esther Ferrer, considerada una "figura fundamental" del arte contemporáneo español. Si alguien cree que esas birrias son homologables a los cuadros de Caspar Friedrich y Vincent Van Gogh expuestos arriba, se está retratando fielmente. Desde luego, no me sorprende que haya gente que lo piense, como tampoco que los libros de Punset figuren entre los más vendidos, que Lady Gaga sea un fenómeno discográfico, que muchos obreros del extrarradio de Madrid adoren a Esperanza Aguirre o que tanto gañán adinerado (narcos, futbolistas, especuladores inmobiliarios, etc.) tenga una especial debilidad por los coches deportivos de alta gama: todas ellas son distintas caras del mismo poliedro.

Ya en los años 60, Jorge Luis Borges y su amigo Adolfo Bioy Casares se burlaron de tanto papanatismo -no solo en el arte sino también en la literatura- en sus geniales Crónicas de Bustos Domecq (1967). En una de ellas, Un pincel nuestro: Tafas, el protagonista es un pintor porteño que compra postales de rincones de Buenos Aires para transformarlas en obras artísticas con un mero embetunado que las hace negras del todo. Su proceso creativo constaba supuestamente de tres fases: el pintado, el borrado (con "miga de pan" y "agua de la canilla") y el embetunado. En realidad, la labor de Tafas se reducía a esto último, ya que no había pintado ni borrado alguno. La ironía del dúo Borges-Bioy es muy aguda al abordar la puesta en el mercado de estos cuadros: "Desde luego, los precios no eran uniformes; variaban según el detallado cromático, los escorzos, la composición, etcétera, de la obra borrada (...) El Museo de Bellas Artes se apuntó un poroto, adquiriendo tres de los once, por un importe global que dejó sin habla al contribuyente".

En 1994, casi treinta años después, la dramaturga francesa Yasmina Reza estrenó Arte, una hilarante sátira en torno a un cuadro absolutamente blanco comprado por 300.000 francos. Yo tuve la oportunidad de verla representada en Madrid por el actor Ricardo Darín. Memorable es la escena en la que el personaje de Marc (encarnado por Darín) le dice con estupor a su amigo Serge, cuando este le pregunta por su adquisición, lo que realmente le parece: "Un pedazo de mierda blanca".

Por fortuna, poco a poco se van oyendo más voces que claman en el mismo sentido, voces de gente con prestigio intelectual, sensibilidad artística, independencia y coraje -hay que tenerlo para remar a contracorriente- como Antonio Muñoz Molina o Mario Vargas Llosa. Mientras tanto, emperadores y emperatrices del arte como Damian Hirst siguen desfilando desnudos, aplaudidos por la chusma, por grotescos Arcos y Bienales que contribuyen a engrosar sus cuentas bancarias y a blanquear dinero de oscura procedencia. Y continúan defecándose textos como los de este blog argentino, que al menos sirven para echarse unas buenas carcajadas a quienes osan decir (quizá porque, a diferencia de otros, son capaces de verlo) que sin duda el emperador va en pelotas.

Archivo del blog