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lunes, 13 de septiembre de 2010

¡Es el contenido, estúpido!

Hace unos meses tuve la oportunidad de conocer a Alfonso Guerra (como diría Borges, el hermano de Juan), quien nos recibió en su despacho en el Congreso para hablar de la Transición. Al final, el hombre se empeñó en que viéramos un vídeo en su ordenador. No podía evitar troncharse con la exposición de las magníficas prestaciones de un Dispositivo de Conocimiento Bioóptico Organizado, también llamado Book: o sea, lo que todos conocemos con el nombre vulgar de 'libro'. El vídeo, bastante ingenioso, pretendía ser una crítica irónica del libro electrónico. Pero también, sin pretenderlo, es el reflejo de una incapacidad de la intelectualidad (o presunta intelectualidad) más rancia para entender que una cosa es el formato o soporte de una obra creativa y otra bien distinta su contenido.

Precisamente hoy, Diego Manrique publica en 'El País' una 'Guía del rock para idiotas' en la que se burla con razón del cliché que reza "Yo sólo escucho música en vinilo". Manrique dice: "Derivar el énfasis hacia el soporte revela inclinaciones fetichistas". Lo cierto es que yo prefiero leer en formato digital -¡en cualquiera de ellos!- las "Cartas de una desconocida" (Zweig) que degustar en papel las "Cartas a un joven español" (Aznar) o el listín telefónico de Zamora, por muy bonitas y cuidadas que sean las ediciones de estos dos últimos textos. Como no soy un coleccionista ni Naomi Campbell, me interesan las obras escritas mucho más por su contenido que por el soporte en que se presentan.

No niego las magníficas prestaciones de un libro en comparación con una tablilla de arcilla, un rollo de papiro o un pergamino; sobre todo, por la comodidad para leerlo. Pero es que el libro electrónico tiene también muchas ventajas que pueden convertirlo en pocos años en el formato dominante. Estando en casa, la lectura de un e-book en un Kindle o un iPad no me parece más incómoda que la de un libro de papel. Además, en gadgets como el de Steve Jobs -empeñado en vestir como un estudiante de Biología a diferencia de verdaderos emprendedores de punta en blanco como César Alierta- puedes almacenar cientos de obras y acceder rápidamente a cualquier pasaje de cualquiera de ellas que te apetezca. Encima, hay un ahorro en el uso de papel. Eso sí, dependes de una batería; pero para leer un libro convencional también hace falta luz cuando se hace de noche y no tienes a tu lado al autor de "Cartas a un joven español".

Este rechazo al e-book es parte de la aversión a la informática todavía presente en algunos escritores e intelectuales (supuestos), que deben pensar que la literatura creada en un ordenador es per se inferior a la elaborada con máquina de escribir, lápiz o bolígrafo, por no hablar de la realizada con pluma de ganso y tintero. Hay quienes aún abominan, más por desconocimiento que por estupidez, de cualquier cosa que tenga que ver con Internet como los blogs o las redes sociales. El 90% (puede que incluso más) de lo que hay en Internet es basura, pero eso no es culpa de la fantástica red de redes sino de los generadores y consumidores de contenidos basura.

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