Un blog personal algo abigarrado en el que se habla de física, cosmología, metafísica, ética, política, naturaleza humana, Unión Deportiva Las Palmas, inteligencia artificial, Singularidad, complejidad y un largo etcétera. Con una sección de pequeños 'Intentos literarios' y otra de sátira humorística ('Paisanaje'). Intentando ir siempre más allá del lugar común y el buenismo. Also in English: picandovoyenglish.wordpress.com
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lunes, 23 de octubre de 2017
Izquierdistas que avergüenzan a la izquierda
Muchos supuestos izquierdistas actúan de
manera reactiva en Internet y redes sociales contra todo aquello que identifican -o que sus líderes
identifican- como el enemigo. Para estos usuarios no existen los
matices, todo es blanco o negro, o con nosotros o contra nosotros: no tardan en etiquetar al enemigo de "fascista", "facha" o "neoliberal" y de pasar al ad hominem. Por supuesto que hay muchos más
ignorantes y trolls derechistas y apolíticos, pero mi crítica se dirige específicamente a quienes desde
la izquierda jamás tienen dudas (y si las tienen, las despejan de inmediato consultando el manual), atribuyen sistemáticamente estupidez o mala fe al adversario, retuitean algo sin haberlo leído, participan en el linchamiento mediático de los enemigos señalados o siguen como
borregos a alguien por el mero hecho de tener patente de progresismo. Con todo ello solo logran desprestigiar a la izquierda y al mismo tiempo dañar causas verdaderamente progresistas (no como la independencia a las bravas de Cataluña) como el combate contra la precariedad social, el machismo, el clericalismo, el racismo o el cambio climático.
martes, 14 de enero de 2014
'Un Universo de la nada' versus "No puede aver basio (sic)"
Una genial conferencia del físico y cosmólogo estadounidense Lawrence Krauss, celebrada en 2009 a instancias de la Fundación Richard Dawkins en el marco de la Atheist Alliance International, daría pie a la redacción de un libro que ya ha llegado a nuestras librerías en su traducción española: Un universo de la nada. Cuando mi amigo el doctor Salvador Casado me informó hace unos días de la existencia de esta obra, no tardé en buscar información de ella (lo primero, ver si ya estaba en versión digital). Y descubrí en Internet la charla íntegra en inglés de Krauss (la tienes justo encima de este párrafo), con subtítulos en español.
La conferencia de más de una hora, prologada por el propio Dawkins y cerrada con interesantes preguntas del público, fue tan sobresaliente como lamentable la traducción al español de quien subió el vídeo subtitulado a YouTube, lo que me hizo volver a reflexionar acerca de la mala calidad de muchos de los contenidos alojados en Internet (sobre todo en su ámbito hispano). Y eso que todavía no había leído los comentarios al vídeo, de los que aquí abajo hay un pantallazo muy ilustrativo.
La conferencia de más de una hora, prologada por el propio Dawkins y cerrada con interesantes preguntas del público, fue tan sobresaliente como lamentable la traducción al español de quien subió el vídeo subtitulado a YouTube, lo que me hizo volver a reflexionar acerca de la mala calidad de muchos de los contenidos alojados en Internet (sobre todo en su ámbito hispano). Y eso que todavía no había leído los comentarios al vídeo, de los que aquí abajo hay un pantallazo muy ilustrativo.
No es la primera vez que saco a los trolls a colación en este blog. También he hablado de chiflados conspiranoicos, de punseteces y de analfabetos digitalizados 2.0, sin olvidar a los analfabetos científicos que todavía van por ahí presumiendo tanto de su estéril erudición como de su ignorancia de todo lo ajeno a las humanidades. Son elementos perfectamente reconocibles en el paisanaje de este mundo del siglo XXI.
La verdad es que el contraste es brutal: la fundada hipótesis de que nuestro Universo puede haber sido producto de una fluctuación cuántica en el vacío frente al "no puede aver basio, algo debe existir (sic)" del comentarista de turno; la alusión a la belleza matemática de un universo plano (en el que la energía sería nula) frente al emplazamiento de un simplón conspiranoico a Krauss para que explique por qué una "rasgadura artificial en la línea de tiempo" (??) ha llevado al cierre del acelerador del CERN ("Qué pasó"); las profundas implicaciones de un universo infinito y plano (en el que todos los sucesos volverían a repetirse infinitamente) frente al docto apunte crítico que tilda al cosmólogo de "fantasioso", señala que la luz viaja a 600.000 km por segundo y finaliza con la sutil perla metafísica de que "a tenido que haber un ser que haya existido siempre y ese es DIOS como dice el guste o no (sic)". No pasemos por alto, por cierto, el perfil religioso de estos comentaristas: no se trata de algo casual.
Inteligencia y estulticia, conocimiento e ignorancia, siempre han cabalgado juntos en nuestra especie. Y sin duda lo seguirán haciendo mientras seamos humanos, desmintiendo a aquellos viejos ilustrados del siglo XVIII que soñaban con un mundo de ciudadanos cultos gobernados por la razón. Si Voltaire levantara la cabeza en este tercer milenio, se quedaría asombrado de la quiebra del prestigio intelectual (cualquiera de los comentaristas del vídeo de Krauss podría tener más seguidores en Twitter que él), un fenómeno ligado a la democratización-mercantilización de la cultura y el arte cuyas funestas consecuencias están aún por ver en toda su extensión.
La verdad es que el contraste es brutal: la fundada hipótesis de que nuestro Universo puede haber sido producto de una fluctuación cuántica en el vacío frente al "no puede aver basio, algo debe existir (sic)" del comentarista de turno; la alusión a la belleza matemática de un universo plano (en el que la energía sería nula) frente al emplazamiento de un simplón conspiranoico a Krauss para que explique por qué una "rasgadura artificial en la línea de tiempo" (??) ha llevado al cierre del acelerador del CERN ("Qué pasó"); las profundas implicaciones de un universo infinito y plano (en el que todos los sucesos volverían a repetirse infinitamente) frente al docto apunte crítico que tilda al cosmólogo de "fantasioso", señala que la luz viaja a 600.000 km por segundo y finaliza con la sutil perla metafísica de que "a tenido que haber un ser que haya existido siempre y ese es DIOS como dice el guste o no (sic)". No pasemos por alto, por cierto, el perfil religioso de estos comentaristas: no se trata de algo casual.
Inteligencia y estulticia, conocimiento e ignorancia, siempre han cabalgado juntos en nuestra especie. Y sin duda lo seguirán haciendo mientras seamos humanos, desmintiendo a aquellos viejos ilustrados del siglo XVIII que soñaban con un mundo de ciudadanos cultos gobernados por la razón. Si Voltaire levantara la cabeza en este tercer milenio, se quedaría asombrado de la quiebra del prestigio intelectual (cualquiera de los comentaristas del vídeo de Krauss podría tener más seguidores en Twitter que él), un fenómeno ligado a la democratización-mercantilización de la cultura y el arte cuyas funestas consecuencias están aún por ver en toda su extensión.
miércoles, 9 de mayo de 2012
¿Pero por qué demonios brillan las estrellas?
Imagínense que un niño curioso, estudiante de cuarto de primaria (con 10 años), quiere saber por qué brillan las estrellas. Se va a Google y mete, entrecomillado, el texto "por qué brillan las estrellas". Entonces, emocionado, descubre que el tercer enlace dirige a... ¡Eduard Punset! "Ahí estará la mejor respuesta", piensa mientras hace clic, hechizado por el prestigio mediático del divulgador catalán del que con sumo respeto hablan sus padres y profesores. Desde luego, tantas personas no pueden estar equivocadas: más de 700.000 seguidores en Facebook y más de 220.000 en Twitter. Y en la tele no saldría si no fuese un grande de la divulgación científica, uno de nuestros más insignes sabios. ¡Nadie como él sabrá explicarlo mejor!
Nuestro chaval ve la explicación de menos de dos minutos y se queda muy confuso: no acierta a comprenderlo. No deja de preguntarse qué quiere decir eso de que "el electromagnetismo de los átomos que componen la estrella se resisten a que la gravedad los comprima". Y, además, ¿por qué el Universo se hizo transparente cuando tenía 300.000 años de existencia?...
Entonces, el chico piensa: "Es que quizá sea muy pequeño aún para entenderlo de alguien tan importante. O quizá no sea demasiado listo para seguirle. Miraré en los otros links". Y pincha pues en otro enlace en el que se dice que brillan "debido a la combustión de su propia materia". "¿De qué materia?", se queda pensando. ¿De hidrógeno y helio, como mencionaba Punset al principio de su explicación? Como la respuesta sigue dejándole insatisfecho, se pone a leer los comentarios de abajo con la esperanza de que arrojen algo de luz (¡nunca mejor dicho!) sobre su entendimiento.
¿Porque poseen electrones?... La cosa está cada vez más enrevesada, porque el chico sabe al menos que todos los átomos tienen electrones, eso ya se lo han enseñado en el cole... "Uhhm... ¿y por qué no brilla el agua?, ¿y por qué no brilla Punset?", se dice a sí mismo. Entonces decide ir a otro link, al primero de la lista que le ofrece Google. "Quizá tenía que haber empezado por ahí, como está el primero...", razona ingenuamente. Tras el inicial desconcierto por la avalancha de publicidad, advierte que el texto aporta esta vez alguna clave importante: "La enorme presión y la elevada temperatura existentes en el interior de las estrellas provocan que el hidrógeno se fusione para producir helio mediante un ciclo denominado ‘reacciones nucleares’. La gran cantidad de energía que se libera en este proceso se emite en forma de luz". Pero al chaval se le sigue escapando algo, no acaba de ver por qué y en qué momento se enciende una estrella. ¿Por qué hay tanta presión y la temperatura es tan alta dentro de las estrellas? ¿Quizá por la gravedad, como recuerda haber oído a Punset? "Vamos a los comentarios, a ver si hay alguna aportación buena". Y nuestro intrépido estudiante se topa ahora con lo de abajo:
Llegado a este punto, el chico se rinde y se pone a jugar a la Wii (ya ha hecho sus deberes diligentemente). Y decide que nunca estudiará Física, por la que empezaba a sentir cierta curiosidad en los últimos tiempos, porque parece ser un peñazo infumable que ni siquiera el genial Punset es capaz de explicar de manera inteligible.
Explicaciones
Este jovencito debería recibir algunas explicaciones al respecto, que seguramente le serán muy útiles no solo para no frustrar una posible vocación sino también para entender cómo funciona el mundo de los adultos y actuar en consecuencia. Para empezar, habría que decirle que una persona no es necesariamente más sabia -si acaso más mediática, más habilidosa socialmente, mejor relacionada- por salir en la tele, vender muchos libros o tener cientos de miles de followers en redes sociales. Y que hay libros, películas y programas de televisión que son una bazofia por mucho éxito que tengan entre el público (y, al revés, hay productos culturales que son de calidad aunque los conozca y valore poca gente).
Por otra parte, deberíamos advertirle de que Internet es un maravilloso invento pero con el inconveniente de estar lleno de basura y trampas. Y que la mejor manera de sortear esa basura y esas trampas es adquirir un buen criterio, lo que debería ser el principal objetivo de la enseñanza. Es necesario aprender a desconfiar, a echar siempre una mirada crítica a todo (incluso a los dogmas religiosos y morales que se nos pretende inculcar), a distinguir el grano de la paja, para impedir así que nos engañen o que nos engañemos a nosotros mismos.
Hay que aconsejarle también encarecidamente que procure informarse a través de fuentes serias -tanto si quiere saber por qué se encienden las estrellas como si pretende tener información sobre Siria o la crisis de deuda en Europa-, las cuales desgraciadamente no siempre son gratuitas. El gran riesgo de Internet, como bien apunta Moisés Naím, es que se consolide una red de calidad de pago para los más acomodados y otra gratuita de mierda -insegura, plagada de publicidad agresiva y tomada por los trolls- para los pobres, los analfabetos (digitalizados o no) y aquellos a quienes les da lo mismo 8 que 80.
Ya por último, para no dejarle con la duda, le podríamos explicar al niño que una estrella se enciende cuando la compresión ejercida por la gravedad hace que la temperatura en su núcleo sea tan alta como para activar en él fusiones nucleares -en las que el hidrógeno se convierte en helio- que despiden mucha energía en forma de luz y calor. Es precisamente la presión de ese calor -¡y no el electromagnetismo del que habla erradamente Punset!- la que frena la acción contractiva de la gravedad y hace que la estrella se mantenga estacionaria unos cuantos millones -o miles de millones- de años, hasta el momento en que se consume el hidrógeno. A continuación, las estrellas queman el helio y, una vez consumido este, otros elementos más pesados como el carbono. En las llamadas enanas blancas y en las estrellas de neutrones, que ya han dejado de ser hornos nucleares -por haberse quedado sin combustible-, la fuerza que se opone a la gravedad no es la presión térmica sino la llamada presión de degeneración electrónica (o neutrónica, en su caso), o sea la coraza de sus electrones (o la de sus neutrones y protones en los núcleos). Una presión que en algunos casos es también vencida, llevando a un espectacular estallido conocido como supernova o haciendo que lo que fue una estrella se convierta en un agujero negro que se traga todo a su alrededor, incluso la luz.
Yo solo soy un simple aficionado reciente a la Física, al que le ha costado su tiempo entender estas cosas gracias a buenas lecturas -Stephen Hawking, Brian Greene, Roger Penrose, Antonio Rincón Córcoles, Michio Kaku, algún manual de astrononomía, Pseudópodo, el blog de Cristina...- encontradas entre un sinnúmero de estupideces, paparruchas y bodrios ininteligibles. Unas buenas lecturas, generalmente en papel, por muchas de las cuales he tenido que desembolsar algo de dinero. Todo sea dicho: Punset no me cae mal, me parece un buen tipo al que habría que estar agradecido (a pesar de sus reiteradas pifias) ya solo por la mera existencia de su programa divulgativo Redes.
Nuestro chaval ve la explicación de menos de dos minutos y se queda muy confuso: no acierta a comprenderlo. No deja de preguntarse qué quiere decir eso de que "el electromagnetismo de los átomos que componen la estrella se resisten a que la gravedad los comprima". Y, además, ¿por qué el Universo se hizo transparente cuando tenía 300.000 años de existencia?...
Entonces, el chico piensa: "Es que quizá sea muy pequeño aún para entenderlo de alguien tan importante. O quizá no sea demasiado listo para seguirle. Miraré en los otros links". Y pincha pues en otro enlace en el que se dice que brillan "debido a la combustión de su propia materia". "¿De qué materia?", se queda pensando. ¿De hidrógeno y helio, como mencionaba Punset al principio de su explicación? Como la respuesta sigue dejándole insatisfecho, se pone a leer los comentarios de abajo con la esperanza de que arrojen algo de luz (¡nunca mejor dicho!) sobre su entendimiento.
Llegado a este punto, el chico se rinde y se pone a jugar a la Wii (ya ha hecho sus deberes diligentemente). Y decide que nunca estudiará Física, por la que empezaba a sentir cierta curiosidad en los últimos tiempos, porque parece ser un peñazo infumable que ni siquiera el genial Punset es capaz de explicar de manera inteligible.
Explicaciones
Este jovencito debería recibir algunas explicaciones al respecto, que seguramente le serán muy útiles no solo para no frustrar una posible vocación sino también para entender cómo funciona el mundo de los adultos y actuar en consecuencia. Para empezar, habría que decirle que una persona no es necesariamente más sabia -si acaso más mediática, más habilidosa socialmente, mejor relacionada- por salir en la tele, vender muchos libros o tener cientos de miles de followers en redes sociales. Y que hay libros, películas y programas de televisión que son una bazofia por mucho éxito que tengan entre el público (y, al revés, hay productos culturales que son de calidad aunque los conozca y valore poca gente).
Por otra parte, deberíamos advertirle de que Internet es un maravilloso invento pero con el inconveniente de estar lleno de basura y trampas. Y que la mejor manera de sortear esa basura y esas trampas es adquirir un buen criterio, lo que debería ser el principal objetivo de la enseñanza. Es necesario aprender a desconfiar, a echar siempre una mirada crítica a todo (incluso a los dogmas religiosos y morales que se nos pretende inculcar), a distinguir el grano de la paja, para impedir así que nos engañen o que nos engañemos a nosotros mismos.
Hay que aconsejarle también encarecidamente que procure informarse a través de fuentes serias -tanto si quiere saber por qué se encienden las estrellas como si pretende tener información sobre Siria o la crisis de deuda en Europa-, las cuales desgraciadamente no siempre son gratuitas. El gran riesgo de Internet, como bien apunta Moisés Naím, es que se consolide una red de calidad de pago para los más acomodados y otra gratuita de mierda -insegura, plagada de publicidad agresiva y tomada por los trolls- para los pobres, los analfabetos (digitalizados o no) y aquellos a quienes les da lo mismo 8 que 80.
Ya por último, para no dejarle con la duda, le podríamos explicar al niño que una estrella se enciende cuando la compresión ejercida por la gravedad hace que la temperatura en su núcleo sea tan alta como para activar en él fusiones nucleares -en las que el hidrógeno se convierte en helio- que despiden mucha energía en forma de luz y calor. Es precisamente la presión de ese calor -¡y no el electromagnetismo del que habla erradamente Punset!- la que frena la acción contractiva de la gravedad y hace que la estrella se mantenga estacionaria unos cuantos millones -o miles de millones- de años, hasta el momento en que se consume el hidrógeno. A continuación, las estrellas queman el helio y, una vez consumido este, otros elementos más pesados como el carbono. En las llamadas enanas blancas y en las estrellas de neutrones, que ya han dejado de ser hornos nucleares -por haberse quedado sin combustible-, la fuerza que se opone a la gravedad no es la presión térmica sino la llamada presión de degeneración electrónica (o neutrónica, en su caso), o sea la coraza de sus electrones (o la de sus neutrones y protones en los núcleos). Una presión que en algunos casos es también vencida, llevando a un espectacular estallido conocido como supernova o haciendo que lo que fue una estrella se convierta en un agujero negro que se traga todo a su alrededor, incluso la luz.
Yo solo soy un simple aficionado reciente a la Física, al que le ha costado su tiempo entender estas cosas gracias a buenas lecturas -Stephen Hawking, Brian Greene, Roger Penrose, Antonio Rincón Córcoles, Michio Kaku, algún manual de astrononomía, Pseudópodo, el blog de Cristina...- encontradas entre un sinnúmero de estupideces, paparruchas y bodrios ininteligibles. Unas buenas lecturas, generalmente en papel, por muchas de las cuales he tenido que desembolsar algo de dinero. Todo sea dicho: Punset no me cae mal, me parece un buen tipo al que habría que estar agradecido (a pesar de sus reiteradas pifias) ya solo por la mera existencia de su programa divulgativo Redes.
martes, 27 de septiembre de 2011
No comment, please
Cualquier persona con criterio que haya navegado por Internet es consciente de que buena parte de los contenidos que circulan por la Red son basura e imbecilidades, lo que los angloparlantes dirían nonsense. En Internet está lo mejor y lo peor de la inteligencia humana, pero lo primero son pequeños tesoros a la deriva en el ruidoso océano de improperios, memeces, falsedades, incorrecciones y disparates de lo segundo. Para acceder a esos tesoros es imprescindible el auxilio del buen criterio, esa cosa que nunca se ha cultivado en nuestros colegios, institutos y universidades, que ahora resulta más necesario que nunca para saber separar el grano de la paja.
Todo lo que sea segar esa paja, limpiar la Red de excrementos, insultos y estupideces, debe ser bienvenido como saludable. Aunque alguno dirá que es antidemocrático. Porque ciertamente no hay nada más democrático que Internet, donde cualquiera puede poner prácticamente lo que quiera donde quiera -amparado encima por el anonimato, si así lo desea- sin ningún control de veracidad, rigurosidad o calidad. Esto se observa particularmente en los comentarios vertidos en blogs, noticias y retransmisiones en directo (sobre todo, de fútbol). Por no hablar de la sufrida Wikipedia, constantemente asediada por los trolls para desesperación de quienes se la toman en serio y pueden aportar cosas interesantes.
Afortunadamente, este vale todo empieza a ser cuestionado. Hace unas semanas, una periodista sueca comentaba en la BBC que varios diarios digitales de su país habían decidido reservarse el derecho de admisión de comentarios. Es algo que nadie ha cuestionado jamás en la prensa escrita: son los medios de comunicación los que deciden qué cartas al director se publican y cuáles no, atendiendo a su interés público y al valor de su contenido. ¿Por qué no llevar este principio a Internet? ¿Por qué tenemos que estar soportando a toda esa legión de trolls y de mentecatos? Ya tenemos bastante con aguantarlos en el mundo real, con tener que pagar peajes como los guardias muertos en las carreteras (fastidiando nuestros amortiguadores por culpa de los tontos del culo de siempre).
Todo lo que sea segar esa paja, limpiar la Red de excrementos, insultos y estupideces, debe ser bienvenido como saludable. Aunque alguno dirá que es antidemocrático. Porque ciertamente no hay nada más democrático que Internet, donde cualquiera puede poner prácticamente lo que quiera donde quiera -amparado encima por el anonimato, si así lo desea- sin ningún control de veracidad, rigurosidad o calidad. Esto se observa particularmente en los comentarios vertidos en blogs, noticias y retransmisiones en directo (sobre todo, de fútbol). Por no hablar de la sufrida Wikipedia, constantemente asediada por los trolls para desesperación de quienes se la toman en serio y pueden aportar cosas interesantes.
Afortunadamente, este vale todo empieza a ser cuestionado. Hace unas semanas, una periodista sueca comentaba en la BBC que varios diarios digitales de su país habían decidido reservarse el derecho de admisión de comentarios. Es algo que nadie ha cuestionado jamás en la prensa escrita: son los medios de comunicación los que deciden qué cartas al director se publican y cuáles no, atendiendo a su interés público y al valor de su contenido. ¿Por qué no llevar este principio a Internet? ¿Por qué tenemos que estar soportando a toda esa legión de trolls y de mentecatos? Ya tenemos bastante con aguantarlos en el mundo real, con tener que pagar peajes como los guardias muertos en las carreteras (fastidiando nuestros amortiguadores por culpa de los tontos del culo de siempre).
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