Los españoles se acercaron anteayer a sus colegios para votar en las elecciones generales. Bueno, mejor dicho, solo lo hizo un 73,2% del censo: más de un cuarto de la población con derecho a voto ni se dignó a ejercer su derecho (yo creo que si algún día se decidiera en referéndum el restablecimiento de la esclavitud, no menos del 20% de nuestro electorado seguiría sin molestarse en ir a votar, más preocupado acaso por lo último de Gran Hermano, Sálvame o Mujeres, Hombres y Viceversa). El dato de la abstención fue aún más vergonzante en lugares como Canarias: ¡casi un tercio! No es casual que en mi tierra natal haya una especial querencia por lo más infecto de la telebasura estatal, sin perjuicio de la autonómica propia.
Antes de conocer el sondeo a pie de urna, y recordando la PPestafa electoral de 2011, se me pasaron por la cabeza dos cosas: primero volví a preguntarme -de vez en cuando lo hago- qué sería en el mundo de los poderosos sin el concurso de los tontos; luego, en un ejercicio de realismo para no llevarme un chasco (las encuestas de Andorra me habían animado), fui nuevamente consciente del riesgo de sobrestimar a los españoles.
Estos pensamientos se afianzaron al día siguiente de las elecciones tras charlar con una compañera que había sido apoderada de Podemos en un colegio electoral de un barrio humilde de la periferia de Madrid. Lo que me contó es buen ejemplo de que la realidad supera muchas veces a la ficción. ¡Y menuda realidad! Estar todo el día en un colegio electoral puede proporcionar información más relevante que todo un trimestre en un máster doble de Sociología y Psicología.
Para empezar, el tipo dominicano de edad media, acompañado de su numerosa prole y vestido como si fuera al templo evangélico, que le dice solemnemente a mi compañera, pese a lucir ella un cartelón de Podemos: "¿La papeleta del señor don Mariano Rajoy, por favor?" (éste es el típico que votaría en EE.UU. a Donald Trump solo por su conservadurismo religioso, aunque en su programa figurase expresamente la expulsión de los inmigrantes latinos). A continuación, el chico de origen ecuatoriano que con amaneramiento extremo pregunta dónde está la papeleta del "guapito". ¿El guapito? "Sí, es que no he encontrado la papeleta con su foto" (hablaba de Albert Rivera, claro).
Pero no seamos injustos con la inmigración: el paisanaje nativo no es un dechado de virtudes. Al parecer, no era infrecuente el votante español de pura cepa de en torno a los 30 años que iba por primera vez a las urnas (ya había tenido, por edad, ocasiones de haberlo hecho varias veces) y no tenía ni puta idea de qué hacer. Algunos de los electores que no venían con el voto de casa cogían la papeleta sepia del Senado y la metían sin más en el sobre... ¡sin marcar las equis correspondientes! Mi compañera sospecha que incluso más de uno cogió la papeleta del Senado y la papeleta de Falange (solo por el hecho de estar justo al lado del montón de las sepias) para meterlas en sus respectivos sobres y volverse a casa muy ufano. Esto ya me parece un tanto exagerado, aunque no hay que perder de vista el analfabetismo funcional que sigue exhibiendo nuestro país. Es algo que sorprende a mucha gente que apenas ha salido de su burbuja de clase media relativamente acomodada. Pero el país real es el representado en la mili de antaño o en ese colegio electoral de anteayer, no en el estrecho círculo de amigos de la Universidad, del trabajo o de la vecindad de barrio bien.
Por si fuera poco, el apoderado del PP era un tipo que no tenía donde caerse muerto, semidependiente de la caridad pública, lo que haría las delicias del tuitero ObreroLiberal (parodia de un obrero de derechas profundamente católico y español que recoge basura de un contenedor, duerme en un cajero automático y come en Cáritas). En suma, un retrato esperpéntico que es fiel reflejo de las carencias de nuestra educación y nos hace dudar de si realmente podemos. Ojalá podamos, porque en esta maltratada España hay mucha gente que se lo merece, pero por desgracia no hay más cera que la que arde. Y hay que ser consciente de ello.
Un blog personal algo abigarrado en el que se habla de física, cosmología, metafísica, ética, política, naturaleza humana, Unión Deportiva Las Palmas, inteligencia artificial, Singularidad, complejidad y un largo etcétera. Con una sección de pequeños 'Intentos literarios' y otra de sátira humorística ('Paisanaje'). Intentando ir siempre más allá del lugar común y el buenismo. Also in English: picandovoyenglish.wordpress.com
martes, 22 de diciembre de 2015
viernes, 11 de diciembre de 2015
No existe la casualidad, ni siquiera la causalidad
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Imagen de la película Match Point. El anillo acabará rebotando en la barandilla y cayendo al suelo. |
La casualidad no existe. Es una ilusión fruto de nuestra ignorancia, del desconocimiento de la mareante concatenación de causas que hay detrás de cualquier suceso aparentemente fortuito. Todo parece estar determinado, no solo en nuestro ámbito macroscópico sino también a escala cuántica: la ecuación de Schrödinger que describe la función de onda no deja hueco alguno al azar. Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que, determinista o no (con libre albedrío o sin él), el mundo es intrínsicamente impredecible y solo podemos anticipar su evolución mediante el manejo de probabilidades. Nunca podremos saber con certeza el resultado de tirar una moneda al aire: salvo que la moneda esté trucada, siempre habremos de conformarnos con la probabilidad del 50% para la cara y el 50% para la cruz. Podemos afirmar con fundamento que si tiramos diez mil monedas, en torno a cinco mil arrojarán cara y otras tantas arrojarán cruz, pero jamás seremos capaces de atinar con certeza absoluta un resultado concreto.
Pero es que quizá la causalidad tampoco exista: el que las cosas se nos presenten como causas y efectos unas de otras sería otro espejismo, esta vez debido al aparente fluir del tiempo. Imaginemos el Universo como un cuadro que pasa por una troqueladora para ser convertido en puzle, con multitud de piezas que encajan perfectamente en una única disposición. Luego tiramos las piezas sobre una mesa o sobre el suelo de cualquier manera. Todas las piezas tienen sus propias marcas, determinadas conjunta y simultáneamente por la troqueladora. Que unas piezas se junten luego con otras por acción de las leyes físicas no es fruto de ningún fenómeno causa-efecto, puesto que ya vienen de fábrica configuradas para ensamblarse de ese modo (¡y solo de ese modo!).
martes, 1 de diciembre de 2015
Indignación en Irlanda tras reivindicar el PP el triunfo español en el Seis Naciones de Rugby
Toda la isla de Irlanda está que trina, desde la Calzada del Gigante hasta el cabo Mizen. Católicos y protestantes, republicanos y unionistas probritánicos, han aparcado sus diferencias para hacer piña frente a las declaraciones ayer del político español del PP Pablo Casado, quien afirmó que "España es la verdadera vencedora de la última edición del Torneo Seis Naciones de Rugby".
El revuelo armado (miles de personas han salido a protestar a las calles de Dublín, Belfast, Cork, etc.) ha obligado a alterar la agenda de Mariano Rajoy, que ha tenido que apagar su habano y suspender el visionado en Internet de un documental de Conexión Vintage sobre las primeras nueve Copas de Europa del Real Madrid. El presidente del Gobierno ha expresado todo su apoyo a su joven diputado: "Miushté, Pablo es un excelente jurista. Si él lo dice, será porque le asisten suficientes argumentos. Lo cierto es que los irlandeses se arriesgan a perder la nacionalidad europea con ese ridículo empeño suyo inconstitucional".
En declaraciones posteriores, esta misma mañana, Casado fundamentó jurídicamente el triunfo de nuestra selección de rugby en un informe ad hoc elaborado por el constitucionalista Jaime de Sota Bamberg, el mismo que redactó hace meses un polémico dictamen - a instancias de la Fiscalía, el Canal 13 TV y el diario La Razón- alertando del riesgo de una victoria electoral de Podemos. En el susodicho informe, De Sota sostiene literalmente que "la no integración en una competición deportiva {en el Torneo Seis Naciones solo participan Inglaterra, Escocia, Gales, Irlanda, Francia e Italia} no confiere strictu sensu legitimación alguna para excluir al no partícipe de cualesquiera beneficios que pudieran derivarse de la concurrencia competitiva".
El también político popular Carlos Floriano ha echado un capote a su joven compañero desde una capea en la comarca toledana de La Jara: "Las declaraciones de Pablo pueden gustar o no, pero son impecables. Nosotros no nos andamos con correcciones políticas estúpidas". Sin embargo, Floriano se ha mostrado partidario de "cierta flexibilidad para ventilar este asunto" al ofrecer a la selección irlandesa la posibilidad de disputar un partido con la española en el polideportivo público de La Roda (Albacete) con el arbitraje neutral del presidente del Tribunal Constitucional Francisco Pérez de los Cobos.
Las palabras de Casado han supuesto la reaparición en público del exmiembro de NNGG Borja Bartolo Santesmases Huidobro, experto en política internacional que ahora milita en Ciudadanos. "Se equivoca mi excompañero Pablo, no podemos hacerle este feo al Reino de Irlanda", ha dicho a la salida del instituto de su novia Carolina. "Sería un insulto imperdonable tanto al Gobierno de Cardiff como a la memoria de Kant y su Estética de la Razón Práctica".
El revuelo armado (miles de personas han salido a protestar a las calles de Dublín, Belfast, Cork, etc.) ha obligado a alterar la agenda de Mariano Rajoy, que ha tenido que apagar su habano y suspender el visionado en Internet de un documental de Conexión Vintage sobre las primeras nueve Copas de Europa del Real Madrid. El presidente del Gobierno ha expresado todo su apoyo a su joven diputado: "Miushté, Pablo es un excelente jurista. Si él lo dice, será porque le asisten suficientes argumentos. Lo cierto es que los irlandeses se arriesgan a perder la nacionalidad europea con ese ridículo empeño suyo inconstitucional".
En declaraciones posteriores, esta misma mañana, Casado fundamentó jurídicamente el triunfo de nuestra selección de rugby en un informe ad hoc elaborado por el constitucionalista Jaime de Sota Bamberg, el mismo que redactó hace meses un polémico dictamen - a instancias de la Fiscalía, el Canal 13 TV y el diario La Razón- alertando del riesgo de una victoria electoral de Podemos. En el susodicho informe, De Sota sostiene literalmente que "la no integración en una competición deportiva {en el Torneo Seis Naciones solo participan Inglaterra, Escocia, Gales, Irlanda, Francia e Italia} no confiere strictu sensu legitimación alguna para excluir al no partícipe de cualesquiera beneficios que pudieran derivarse de la concurrencia competitiva".
El también político popular Carlos Floriano ha echado un capote a su joven compañero desde una capea en la comarca toledana de La Jara: "Las declaraciones de Pablo pueden gustar o no, pero son impecables. Nosotros no nos andamos con correcciones políticas estúpidas". Sin embargo, Floriano se ha mostrado partidario de "cierta flexibilidad para ventilar este asunto" al ofrecer a la selección irlandesa la posibilidad de disputar un partido con la española en el polideportivo público de La Roda (Albacete) con el arbitraje neutral del presidente del Tribunal Constitucional Francisco Pérez de los Cobos.
Las palabras de Casado han supuesto la reaparición en público del exmiembro de NNGG Borja Bartolo Santesmases Huidobro, experto en política internacional que ahora milita en Ciudadanos. "Se equivoca mi excompañero Pablo, no podemos hacerle este feo al Reino de Irlanda", ha dicho a la salida del instituto de su novia Carolina. "Sería un insulto imperdonable tanto al Gobierno de Cardiff como a la memoria de Kant y su Estética de la Razón Práctica".
lunes, 23 de noviembre de 2015
Otanismo de izquierdas, ¿por qué no?
El 12 de marzo de 1986, con 18 años casi recién cumplidos, debuté en las urnas como votante. La cita era muy especial: el referéndum sobre la permanencia en la OTAN convocado por el Gobierno del PSOE de Felipe González (el mismo partido que en 1981 daba sonora respuesta en la calle al ingreso en la organización militar acordado por el presidente Calvo Sotelo, y en cuyo programa de 1982 proponía explícitamente su abandono). Finalmente voté no a la permanencia en la Alianza Atlántica, pero reconozco que estuve a punto de ser convencido por la intensa campaña oficial desplegada por los socialistas reconvertidos en otanistas tras su llegada al poder (por cierto, la Alianza Popular de Manuel Fraga optó irresponsablemente por la abstención en un lamentable y fallido intento de hacer descarrilar al Gobierno).
Han pasado casi 30 años y creo que me equivoqué. De hecho, ahora mismo votaría "Sí" con pocas dudas. Han entendido ustedes bien: un claro sí a la OTAN, dicho por una persona que se considera progresista y de izquierda (de una izquierda democrática y con los pies en el suelo, no de izquierdas ilusas y/o liberticidas). Más si cabe en momentos de convulsión como los que vivimos en Europa, África y Oriente Medio. En los párrafos que siguen procuraré argumentar mi postura de la mejor manera que pueda. Juro que no soy un agente del imperialismo yanqui ni un fascista disfrazado de socialdemócrata ni un tipo al servicio del sionismo internacional (conforme al pensamiento izquierdista más burdo y simplón, solo queda la posibilidad de que sea un tonto del culo: serán ustedes los que juzguen si es así).
Nadie en su sano juicio -salvo anarquistas y pacifistas dogmáticos fuera de la realidad- pone en duda la necesaria existencia de la policía para asegurar una convivencia civilizada en un colectivo humano numeroso. No podemos confiar exclusivamente la paz social a la buena voluntad de los ciudadanos, ya que siempre habrá gente que incumpla las normas y pretenda hacer daño al prójimo: aquí, en Honduras o en Suecia. Es la naturaleza humana, nos guste o no. La policía es necesaria para ejercer el monopolio estatal interno de la violencia, pero para garantizar una convivencia civilizada debe estar al servicio de la legalidad democrática y no ser una partida de facinerosos a sueldo de un cacique o una rama uniformada del crimen organizado. Por eso no es lo mismo el cuerpo policial de un país centroamericano que el de uno escandinavo.
Lo dicho de la policía es igualmente aplicable al ejército. El mundo no es Disneylandia, siempre ha sido un lugar inseguro y peligroso (aunque se nos haya olvidado a las últimas generaciones de occidentales, aislados en nuestra burbuja de paz y relativo bienestar que ahora parece derrumbarse con la amenaza terrorista islamista). Por cierto, Occidente tiene una corresponsabilidad a este respecto, pero no es el único culpable: presentarlo como el malo de la película es de una simpleza extraordinaria. A lo que vamos: no es lo mismo un ejército al servicio de la legalidad democrática que otro a las órdenes de una dictadura o erigido en amo y señor de un país.
Y de los ejércitos nacionales pasamos a la esfera internacional. Tras 70 años de existencia de Naciones Unidas, sigue sin haber una policía mundial, un cuerpo internacional permanente con capacidad y legitimidad para intervenir si hace falta por la fuerza donde sea menester (los "cascos azules" no responden a esa definición): por ejemplo, en la Ruanda de 1994 para evitar el brutal genocidio ejecutado a base de machetes. Las reglas de Naciones Unidas, un club con algunos socios con derecho a veto y en el que conviven en pie de igualdad Estados democráticos, tiranías religiosas (como Arabia Saudí) y una monarquía comunista como la de Corea del Norte, hacen imposible fraguar una policía mundial plenamente operativa de consenso. A falta de ésta, tenemos en nuestra vecindad la OTAN o el músculo militar en solitario de EE.UU. No es lo ideal, pero en la vida no existe la perfección. No creo que a los kurdos de Rojava (norte de Siria) les importe mucho la procedencia del apoyo aéreo recibido para combatir al Estado Islámico: es la aviación de EE.UU. la que les está echando un cable, pero lo mismo lo agradecerían si fuera Rusia, Turquía (harto improbable), Madagascar o el mismísimo Monstruo del Spaghetti Volador.
Una organización de defensa colectiva como la OTAN (con EE.UU. dentro) es pues necesaria, llámese como se llame, en un mundo donde no hay una policía global. Por supuesto que habría que remozarla y ponerla claramente al servicio de nuestras democracias (de esas libertades tildadas de "formales" por cierta izquierda y que consisten, por ejemplo, en poder vivir tranquila y dignamente siendo opositor, ateo, mujer u homosexual): eso ya depende de nuestros Gobiernos, que a su vez dependen del voto de los ciudadanos. Renovemos la OTAN, transformémosla, ampliemos sus fronteras (incluyendo a una Rusia democrática) e incluso cambiémosle de nombre. Pongámosla bajo el paraguas legal de la Unión Europea o de alguna otra organización supranacional integrada solo por democracias. Pero no cometamos el error de suprimirla y precipitarnos al vacío, cegados por buenismos estúpidos con tanto fundamento como Papá Noël: como esa mandanga de que las flores, y no las armas, sirven para protegernos de los terroristas.
Han pasado casi 30 años y creo que me equivoqué. De hecho, ahora mismo votaría "Sí" con pocas dudas. Han entendido ustedes bien: un claro sí a la OTAN, dicho por una persona que se considera progresista y de izquierda (de una izquierda democrática y con los pies en el suelo, no de izquierdas ilusas y/o liberticidas). Más si cabe en momentos de convulsión como los que vivimos en Europa, África y Oriente Medio. En los párrafos que siguen procuraré argumentar mi postura de la mejor manera que pueda. Juro que no soy un agente del imperialismo yanqui ni un fascista disfrazado de socialdemócrata ni un tipo al servicio del sionismo internacional (conforme al pensamiento izquierdista más burdo y simplón, solo queda la posibilidad de que sea un tonto del culo: serán ustedes los que juzguen si es así).
Nadie en su sano juicio -salvo anarquistas y pacifistas dogmáticos fuera de la realidad- pone en duda la necesaria existencia de la policía para asegurar una convivencia civilizada en un colectivo humano numeroso. No podemos confiar exclusivamente la paz social a la buena voluntad de los ciudadanos, ya que siempre habrá gente que incumpla las normas y pretenda hacer daño al prójimo: aquí, en Honduras o en Suecia. Es la naturaleza humana, nos guste o no. La policía es necesaria para ejercer el monopolio estatal interno de la violencia, pero para garantizar una convivencia civilizada debe estar al servicio de la legalidad democrática y no ser una partida de facinerosos a sueldo de un cacique o una rama uniformada del crimen organizado. Por eso no es lo mismo el cuerpo policial de un país centroamericano que el de uno escandinavo.
Lo dicho de la policía es igualmente aplicable al ejército. El mundo no es Disneylandia, siempre ha sido un lugar inseguro y peligroso (aunque se nos haya olvidado a las últimas generaciones de occidentales, aislados en nuestra burbuja de paz y relativo bienestar que ahora parece derrumbarse con la amenaza terrorista islamista). Por cierto, Occidente tiene una corresponsabilidad a este respecto, pero no es el único culpable: presentarlo como el malo de la película es de una simpleza extraordinaria. A lo que vamos: no es lo mismo un ejército al servicio de la legalidad democrática que otro a las órdenes de una dictadura o erigido en amo y señor de un país.
Y de los ejércitos nacionales pasamos a la esfera internacional. Tras 70 años de existencia de Naciones Unidas, sigue sin haber una policía mundial, un cuerpo internacional permanente con capacidad y legitimidad para intervenir si hace falta por la fuerza donde sea menester (los "cascos azules" no responden a esa definición): por ejemplo, en la Ruanda de 1994 para evitar el brutal genocidio ejecutado a base de machetes. Las reglas de Naciones Unidas, un club con algunos socios con derecho a veto y en el que conviven en pie de igualdad Estados democráticos, tiranías religiosas (como Arabia Saudí) y una monarquía comunista como la de Corea del Norte, hacen imposible fraguar una policía mundial plenamente operativa de consenso. A falta de ésta, tenemos en nuestra vecindad la OTAN o el músculo militar en solitario de EE.UU. No es lo ideal, pero en la vida no existe la perfección. No creo que a los kurdos de Rojava (norte de Siria) les importe mucho la procedencia del apoyo aéreo recibido para combatir al Estado Islámico: es la aviación de EE.UU. la que les está echando un cable, pero lo mismo lo agradecerían si fuera Rusia, Turquía (harto improbable), Madagascar o el mismísimo Monstruo del Spaghetti Volador.
Una organización de defensa colectiva como la OTAN (con EE.UU. dentro) es pues necesaria, llámese como se llame, en un mundo donde no hay una policía global. Por supuesto que habría que remozarla y ponerla claramente al servicio de nuestras democracias (de esas libertades tildadas de "formales" por cierta izquierda y que consisten, por ejemplo, en poder vivir tranquila y dignamente siendo opositor, ateo, mujer u homosexual): eso ya depende de nuestros Gobiernos, que a su vez dependen del voto de los ciudadanos. Renovemos la OTAN, transformémosla, ampliemos sus fronteras (incluyendo a una Rusia democrática) e incluso cambiémosle de nombre. Pongámosla bajo el paraguas legal de la Unión Europea o de alguna otra organización supranacional integrada solo por democracias. Pero no cometamos el error de suprimirla y precipitarnos al vacío, cegados por buenismos estúpidos con tanto fundamento como Papá Noël: como esa mandanga de que las flores, y no las armas, sirven para protegernos de los terroristas.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Naturaleza física del error
Los hijos del error son muchos, desde el accidente hasta la enfermedad pasando por la derrota deportiva y la ruina personal (por quedarse sin un pavo en el casino o asociarse con la persona menos indicada). ¿Y por qué existe el error? Es una pregunta nada trivial cuya respuesta no es evidente: de hecho, podría dar pie a todo un ensayo o tesis doctoral. La RAE define "error", en su primera acepción, como "concepto equivocado o juicio falso". Y su quinta acepción reza: "Diferencia entre el valor medido o calculado y el real".
El error puede obedecer a una ignorancia elemental, como cuando nos encomendamos exclusivamente a San Pancracio para combatir una grave enfermedad, saltamos desde un avión con unas aletas en vez de con un paracaídas o decidimos enfrentarnos a un terrorista armado esgrimiendo un ejemplar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La selección natural no perdona estrategias tan estúpidas. El error también puede ser fruto de un defectuoso acopio y procesamiento de la información, a su vez consecuencia de un fallo mecánico externo -en un instrumento de medida o un ordenador, por ejemplo- o de un mal funcionamiento de la percepción (los receptores sensoriales) o la cognición.
Aunque la información sea correctamente recogida y procesada, es su incompletitud lo que nos conduce en ocasiones al error. En escenarios caóticos de mucha complejidad, como el meteorológico, resulta muy difícil acertar porque no es posible abarcar toda la información en juego ni prever ese mínimo cambio en una parte del sistema que puede afectar al conjunto: el inocente aleteo de una mariposa que puede propiciar un huracán a miles de kilómetros. Pero es que además el principio de incertidumbre de Heisenberg nos impide determinar con absoluta certeza la evolución de un sistema: es como un candado puesto en el Universo para evitar que podamos conocer su futuro con todo detalle cual perfecto mecanismo de relojería (Laplace se equivocó creyéndolo posible).
Tanto los fallos por ignorancia elemental como los mecánicos externos, los perceptivos o los cognitivos son eslabones de una cadena causal que en última instancia, yendo hacia atrás, nos traslada a lo más íntimo del Universo: al "ruido" o agitación cuántica y al segundo principio de la Termodinámica (que no es una ley al uso sino una constatación estadística). Lo primero siempre está zarandeando todo sistema y transmitiéndole (supuesta) aleatoriedad. Lo segundo es lo que hace que las cosas tiendan a desordenarse y a estropearse o romperse a medida que pasa el tiempo: los coches, los despertadores, los termómetros, los ordenadores, los ojos y oídos, los cerebros...
La perfección es pues imposible en el mundo físico. Un magnífico ejemplo lo tenemos en la genética: pese a que la copia del código genético es extraordinariamente precisa, siempre hay un pequeñísimo error (de una base nitrogenada por cada cientos de millones copiadas). Algunos de esos fallos son inocuos, muchos otros son deletéreos y unos poquitos representan una nueva oportunidad para la evolución. Y es que la información genética tampoco está libre de los embates de la agitación cuántica y de la tendencia universal a un mayor desorden o entropía. Nada escapa del influjo de estos dos factores, en cuyo origen están respectivamente el tremendo maremágnum del vacío y la asimetría que impone una flecha del tiempo desde el pasado al futuro, quizá relacionada con la asimetría de partida que dio origen al universo. Sin esta última no habría errores... ¡porque existiría nada!
viernes, 6 de noviembre de 2015
Güntürkün y la evolución convergente: aquí en la Tierra como fuera de ella
El neurocientífico germano-turco Onur Güntürkün, intrigado por las extraordinarias habilidades cognitivas de los córvidos (comparables a las de los chimpancés), se puso hace más de un decenio a investigar las diferencias entre el cerebro de las aves y el de los mamíferos. Sus conclusiones, magníficamente expuestas en el vídeo de arriba, corroboran la existencia de diversos caminos para la inteligencia y apuntalan la hipótesis más general de la evolución convergente de los seres vivos: la de que formas y estructuras diferentes conducen a resultados parecidos al dar respuesta a los mismos problemas.
En la Naturaleza, los grados de libertad son escasos: hay restricciones físicas para la organización y el desarrollo de los organismos vivos que imponen forzosamente una determinada arquitectura, descartando Dumbos, unicornios voladores y otros diseños estrambóticos del cuasinfinito arsenal platónico de las formas. Por lo tanto, solo son viables determinadas disposiciones corporales (así como ciertas conductas). La selección natural premia tener ojos: por eso es una fórmula muy común, a la que han llegado especies tan distantes genéticamente como los mamíferos y los cefalópodos. También favorece las alas como solución óptima para el vuelo: a ellas han arribado, por vías evolutivas bien diferentes, los insectos, las aves e incluso un mamífero (el murciélago). No hay mejor guía que la Naturaleza -para ser más exactos, que la implacable selección natural sobre la evolución genética- para seres inteligentes que pretendan construir objetos: los aviones, no en vano, también tienen alas.
Como dice Güntürkün, a partir de muy diversos animales "se converge hacia las mismas soluciones neuronales: no hay muchas otras soluciones para conseguir las mismas operaciones cognitivas". Esto que es válido para la cognición puede aplicarse a otros ámbitos como la locomoción. En su estudio comparativo del cerebro de aves y mamíferos, el neurocientífico nacido en Turquía constata que la gran diferencia es la existencia en los mamíferos de un córtex prefrontal laminado; en las aves, carentes de córtex prefrontal, la evolución cerebral ha llevado al desarrollo del palio dorsal. Se trata de esquemas organizativos bien distintos, pero que ofrecen altas y parecidas prestaciones cognitivas (entre ellas, la capacidad para reconocerse uno mismo frente a un espejo, que exhiben los cuervos).
Las implicaciones que esto tiene para una hipotética vida extraterrestre son evidentes: si hay vida ahí fuera, no debería ser muy diferente a la de aquí. La solución "aleta" no solo es óptima para desplazarse por el medio acuático de la Tierra: también lo sería, como elemento corporal que ofrece resistencia a un fluido, en un océano alienígena de metano. Las soluciones "ojo", "ala" e "inteligencia" también tenderían a imponerse, premiadas por la selección natural. Así que es probable que haya extraterrestres inteligentes parecidos a nosotros los humanos, o acaso a lo que nuestros dinosaurios serían ahora de no haberse truncado su evolución hace 65 millones de años (en el Museo Arqueológico de Madrid hay un muñeco a escala natural de lo que podría ser un reptil inteligente, descendiente de aquellos desafortunados gigantes del Cretácico). Incluso podrían seguir el modelo de inteligencia colectiva de un termitero o una colonia bacteriana, aunque a un nivel muchísimo más avanzado (una especie de superconciencia en red).
Mi agradecimiento a Antonio Osuna por darme a conocer en Twitter el vídeo de Onur Güntürkün.
martes, 27 de octubre de 2015
Juanjo, agente cultural: "Lío porritos a mis colegas"
Hola, soy el Juanjo, aquí del barrio. Soy artista y hago cultura: lío porritos para fumarlos con los colegas, y en eso soy un monstruo que lo flipas. Mis coleguitas son también artistas del mundo de la cultura, como el Pepo (cocinero del bar de la esquina: menudos torreznazos los suyos, y hay que ver cómo corta el jamón con ese cuchillaco que acojona), la Toñi (modelo, vecina de el Tori, que está mazo buena y ya tiene publicado un fotobook en Internet y está haciendo un módulo en Estilismo a distancia) y el Bola (noviete de la Toñi, un maquinón que te cagas en el Mortal Kombat y el PC Liga). Cuando nos reunimos para hacer botellón, aquello es como la Academia de San Fernando de Henares, cada uno con las bellas artes culturales de cada cual: la gastronomía, la moda, los videojuegos y el liar (mi pasión).
No os creáis que liar un puto porro es fácil, hay que tener los rudimentos artísticos y mucha sensibilidad. Lo primero es saber hacer bien una O con un canuto, de lo que todo el mundo no puede presumir: es una auténtica movida, aunque no lo parezca. Desde luego, a mí no me salió ni a la primera ni a la segunda: os confieso que a la quinta, como el carné de conducir (por cierto, a ver si me pillo pronto un X1, la entrada de 16.000 euros y el resto en 36 meses). Otros se quedan en el camino: aprenden a hacer la puta O pero no siguen la ruta cultural que ha seguido este menda lerenda, aunque a veces os pueda parecer un empanado.
Mirar, hay que quemar el pedrolo en su punto con el mechero, luego meterlo bien y juntarlo con el tabaco en el papelillo, todo bien apelmazadito para hacer ya la O con el canutillo. Cada uno tiene su estilo, el mío es muy personal e intransferible: el secreto está en el salivazo. Porque cada creador tiene su librillo y su escuela... ¡y ahí está la belleza, troncos! El Tori quiere aprender, él también quiere ser artista y cultural (bueno, ya lo es en parte porque tiene cinturón naranja de kick boxing, pero quiere dar un jodido salto computativo). A ver si lo veo este finde para juntar a mi bull terrier con su perra de una puta vez, que no encontramos el momento. Aunque también podría mamar del arte del Pepo, de la Toñi o del Bola...
Bueno, que soy artista y cultural pero no vivo de eso: es más una afición que otra cosa. Yo curro de comercial telefónico en una empresa desde hace un mes y ya me he convertido en el puto amo. Me estoy juntando más de 1.500 pavos al mes, y a partir de noviembre 2.000 y hasta 3.000. ¡Mazo de llamadas todo el día haciendo clientes!... El otro día solo trabajé de once a una y media, el jefe me dejó irme porque soy la polla bueno. El Bola no se lo cree, el hijoputa. El mes que viene le voy a pasar la nómina por toda la ñota. Capaz que a la Toñi la ha dicho que me estoy tirando el moco. Ya verán en la próxima reunión de la Academia, lo que viene siendo nuestro puto botellón artístico... ¡Apostad por la cultura, troncos!
No os creáis que liar un puto porro es fácil, hay que tener los rudimentos artísticos y mucha sensibilidad. Lo primero es saber hacer bien una O con un canuto, de lo que todo el mundo no puede presumir: es una auténtica movida, aunque no lo parezca. Desde luego, a mí no me salió ni a la primera ni a la segunda: os confieso que a la quinta, como el carné de conducir (por cierto, a ver si me pillo pronto un X1, la entrada de 16.000 euros y el resto en 36 meses). Otros se quedan en el camino: aprenden a hacer la puta O pero no siguen la ruta cultural que ha seguido este menda lerenda, aunque a veces os pueda parecer un empanado.
Mirar, hay que quemar el pedrolo en su punto con el mechero, luego meterlo bien y juntarlo con el tabaco en el papelillo, todo bien apelmazadito para hacer ya la O con el canutillo. Cada uno tiene su estilo, el mío es muy personal e intransferible: el secreto está en el salivazo. Porque cada creador tiene su librillo y su escuela... ¡y ahí está la belleza, troncos! El Tori quiere aprender, él también quiere ser artista y cultural (bueno, ya lo es en parte porque tiene cinturón naranja de kick boxing, pero quiere dar un jodido salto computativo). A ver si lo veo este finde para juntar a mi bull terrier con su perra de una puta vez, que no encontramos el momento. Aunque también podría mamar del arte del Pepo, de la Toñi o del Bola...
Bueno, que soy artista y cultural pero no vivo de eso: es más una afición que otra cosa. Yo curro de comercial telefónico en una empresa desde hace un mes y ya me he convertido en el puto amo. Me estoy juntando más de 1.500 pavos al mes, y a partir de noviembre 2.000 y hasta 3.000. ¡Mazo de llamadas todo el día haciendo clientes!... El otro día solo trabajé de once a una y media, el jefe me dejó irme porque soy la polla bueno. El Bola no se lo cree, el hijoputa. El mes que viene le voy a pasar la nómina por toda la ñota. Capaz que a la Toñi la ha dicho que me estoy tirando el moco. Ya verán en la próxima reunión de la Academia, lo que viene siendo nuestro puto botellón artístico... ¡Apostad por la cultura, troncos!
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