viernes, 11 de diciembre de 2015

No existe la casualidad, ni siquiera la causalidad

Imagen de la película Match Point. El anillo acabará rebotando en la barandilla y cayendo al suelo.

La casualidad no existe. Es una ilusión fruto de nuestra ignorancia, del desconocimiento de la mareante concatenación de causas que hay detrás de cualquier suceso aparentemente fortuito. Todo parece estar determinado, no solo en nuestro ámbito macroscópico sino también a escala cuántica: la ecuación de Schrödinger que describe la función de onda no deja hueco alguno al azar. Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que, determinista o no (con libre albedrío o sin él), el mundo es intrínsicamente impredecible y solo podemos anticipar su evolución mediante el manejo de probabilidades. Nunca podremos saber con certeza el resultado de tirar una moneda al aire: salvo que la moneda esté trucada, siempre habremos de conformarnos con la probabilidad del 50% para la cara y el 50% para la cruz. Podemos afirmar con fundamento que si tiramos diez mil monedas, en torno a cinco mil arrojarán cara y otras tantas arrojarán cruz, pero jamás seremos capaces de atinar con certeza absoluta un resultado concreto.

Pero es que quizá la causalidad tampoco exista: el que las cosas se nos presenten como causas y efectos unas de otras sería otro espejismo, esta vez debido al aparente fluir del tiempo. Imaginemos el Universo como un cuadro que pasa por una troqueladora para ser convertido en puzle, con multitud de piezas que encajan perfectamente en una única disposición. Luego tiramos las piezas sobre una mesa o sobre el suelo de cualquier manera. Todas las piezas tienen sus propias marcas, determinadas conjunta y simultáneamente por la troqueladora. Que unas piezas se junten luego con otras por acción de las leyes físicas no es fruto de ningún fenómeno causa-efecto, puesto que ya vienen de fábrica configuradas para ensamblarse de ese modo (¡y solo de ese modo!).

El físico israelí residente en Oxford David Deutsch nos habla de esto y de otras cosas igual de profundas en su ambicioso libro de 1997 La estructura de la realidad (más reciente, de 2011, es su El principio del infinito). Deutsch es uno de los numerosos científicos de alto nivel que se adhieren al concepto de Multiverso por su potencia explicativa para dar respuesta a enigmas como la interpretación de la mecánica cuántica (lo que subyace a la teoría): no habría nada misterioso en que el resultado de una tirada sea cara y no cruz (o viceversa), ya que en la mitad de universos que se alumbran tras el lanzamiento de la moneda sale lo primero y en la otra mitad sale lo segundo. Tan sencillo como eso, nada casual... ¡ni causal!

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