martes, 28 de enero de 2014

Ataque nudista gabacho a finales de los 70

Un recuerdo bochornoso de mi infancia tiene como escenario la playa del Inglés, en mi isla natal de Gran Canaria. Tendría yo 10 u 11 años, por lo que el suceso debió de ocurrir en el verano de 1978 o en el de 1979. Fue al principio de la playa, cerca de la gran escalera de lajas de piedra por la que bajaba la gente, allí donde empezaban los chiringuitos. Por aquel entonces, aquella era una zona de familias veraneantes de la isla (desconozco si seguirá siendo así). Y ya existía, a unos cuantos kilómetros de distancia por la orilla, a caballo entre la playa del Inglés y la de Maspalomas, una de las primeras zonas nudistas reguladas en España: hace 35 años eran sobre todo extranjeros los que se despelotaban en esa mítica Punta por la que se podía pasear y ser testigo de esa novedad de la rampante España posfranquista.

Pues resulta que entre padres, niños, bebés, abuelos, tuppers, bocadillos de tortilla y de pata e incluso pucheros humeantes (los canarios que iban a pasar el día a las playas del sur eran conocidos como los rusos) se colaron inopinadamente dos intrusos que no podían pasar desapercibidos por un detalle fundamental: estaban completamente desnudos. Se trataba de una pareja francesa de mediana edad (el turismo francés en Canarias siempre ha sido muy minoritario, por cierto). El estupor de los rusos fue tremendo: airados gritos de "sinvergüenzas", de "aquí hay niños", de "¡por Dios!"... El típico padre de familia de orden, con bañador-slip apretado y seguramente bigotillo, les conminó a vestirse sin éxito. Los turistas parecían tan desubicados como Rabindranath Tagore en el plató de Sálvame o en una etapa del Camel Trophy. No quedó otra que avisar a las fuerzas del orden: al cabo de unos minutos, en medio de una salva de aplausos, se presentaron dos policías municipales que se llevaron al hombre y la mujer sin muchas contemplaciones. "¡¡Muy bien, muy bien, así, así!!", gritaba la gente. Recuerdo vagamente las sonrisas algo amargas del hombre y la mujer, con los agentes uniformados tirándoles del brazo, unas sonrisas en las que adivinaba un rastro de desprecio hacia la ñoñez nativa.

Este quizá sea el primer episodio reconocible de vergüenza ajena en mi vida. Sentí mucha rabia de que esos franceses se llevaran una imagen tan lamentable de nuestro paisanaje. Lo cierto es que Canarias (sobre todo la rural, así como la urbana de clase media y acomodada) era una sociedad conservadora y pacata (en las elecciones generales de octubre de 1982 ganó en mi barrio Alianza Popular por mayoría absoluta; aún tengo en casa de mis padres una copia del acta del colegio electoral, que arranqué días después de los comicios de la propia puerta del colegio para conservarla como recuerdo). Ya con 14 años, yo soñaba con vivir en un país diferente, en un lugar moderno y civilizado donde la gente no se preocupara de esas estupideces y sí de cosas importantes como la educación, la justicia social, la ciencia o el cuidado del entorno natural (tan maltratado en mi tierra). Pero esa España negra estaba allí, aún muy visible (como hoy, aunque ahora con maquillaje del siglo XXI), junto a la otra España moderna que empezaba a sorprender al mundo y tendría su apoteosis en las olimpíadas de Barcelona '92.

martes, 21 de enero de 2014

Franco Battiato no hizo la mili en Alcorcón


El célebre músico italiano Franco Battiato no hizo su servicio militar en la localidad madrileña de Alcorcón. La noticia ya corre como la pólvora por las redes sociales y las redacciones de los periódicos, que la incluyen en sus ediciones digitales. En Tele 5 han llegado a suspender un anuncio de una crema anti-arrugas de la tienda en casa para dar la primicia informativa, fruto de un arduo trabajo de varios años en una decena de países de un equipo de investigación de la cadena televisiva de Mediaset.

"En el fondo, nuestro trabajo viene a confirmar lo que muchos sospechaban, pero ahora podemos ratificar su veracidad con un arsenal de pruebas irrefutable", asegura el jefe del equipo investigador, Florencio Güell de la Mota. El propio Battiato se ha mostrado muy sorprendido por la noticia, que ha recibido durante un viaje por Azerbaiyán. "Nunca afirmé lo contrario", ha declarado hace unos minutos a la RAI el autor de Yo quiero verte danzar antes de mandar un recado muy claro a la prensa: "Si alguien insinúa que no es así, pronto recibirá en su domicilio una llamada de mi abogado y el último disco del peruano Macaco".

La supuesta no-mili en Alcorcón de Battiato es uno de esos rumores nunca desmentidos (ni siquiera por el cantante, que no había entrado al trapo hasta ahora) que cada cierto tiempo se ciernen sobre Twitter, Facebook, la blogosfera y las redacciones (al igual que la no autoría por Kiko Matamoros de la sinfonía nº 3 Renana de Schumann o el presunto isomorfismo de Rouco Varela con Paco Clavel, que ha traído de cabeza a la Iglesia católica en los últimos años).

Güell nos cuenta el proceso de elaboración del reportaje de 83 minutos de duración de su equipo investigador, que emitirá esta noche en exclusiva el canal de Berlusconi después de Sálvame. "Lo que nos puso sobre la pista es que Battiato es italiano, según consta en el chequeo de sus entradas de la Wikipedia redactadas en 18 idiomas, incluido el siciliano. Nuestros asesores jurídicos no tardaron en confirmarnos que la nacionalidad italiana ya era razón suficiente, por sí sola, para no haber hecho jamás el servicio militar en suelo español".

A partir de este hallazgo, y ya bien enfocado hacia su meta, el equipo de investigación dirigido por Güell procedió a un minucioso análisis de las letras de todas las canciones de Battiato. Los 14 periodistas y documentalistas a su mando se desplazaron al efecto a Fuerteventura, Aruba (Antillas Holandesas), Bali (Indonesia), Goa (India), Cabo Verde, Gambia, Cayo Hueso (Florida, EE.UU.), Mónaco, Río de Janeiro, Pattaya (Tailandia), la isla griega de Santorini, Kas (Turquía), la isla de Zanzíbar (Tanzania), Bora Bora (Polinesia francesa) y Krk (Croacia). "Puedo afirmar, gracias a la minuciosa labor realizada por nuestro equipo en todos esos lugares, que no hay una sola referencia a Alcorcón ni a municipios limítrofes en toda la producción musical de Franco Battiato". "La cosa va más allá", sostiene Güell, "porque ni siquiera hay mención alguna a términos como 'mili', 'servicio militar', 'sargento chusquero', 'toque de corneta' o 'imaginaria'".

Los periodistas españoles prefirieron no ponerse en contacto con el cantautor italiano, para así "evitar interferencias indeseables" en su trabajo. "Consideramos necesario mantener una distancia con el supuesto recluta", dice Güell, "porque de otro modo podrían haberse contaminado nuestras conclusiones: es una regla de oro del trabajo científico moderno". El único contacto con Battiato fue a través de un correo electrónico dirigido a su representante, en el que se le formulaba una doble pregunta: la primera, "¿Ha estado el sr. Battiato alguna vez en Costa Polvoranca?"; y la segunda, en el supuesto de haber respondido que sí, "¿Ha perreado el sr. Battiato en alguno de los locales de esta zona?”. El correo no fue respondido, lo que según Güell es una evidencia de su absoluto desconocimiento de Alcorcón y, en buena lógica, de su no-mili en ese populoso municipio del sur de la Comunidad de Madrid. "Una no respuesta equivale en este caso a una negativa", explica.

Güell reconoce que detrás de la doble pregunta se escondía una sutil trampa: "Si hubiese respondido que sí a la primera de ellas, se hubiera delatado, por cuanto esa zona de ocio no existía como tal en los años en que pudo haber hecho el servicio militar, no más tarde de 1970". La edad actual del cantante (nació en 1945, tal como ha podido constatar el equipo de investigación de Tele 5 en la propia web del siciliano) concuerda totalmente con este análisis.



Sin embargo, la gran prueba definitiva que se presentará esta noche en el especial de Tele 5 es un télex remitido por el Ministerio de Defensa en el que se certifica la inexistencia en los últimos 50 años de cuartel alguno del Ejército en Alcorcón a excepción de la base aérea de Cuatro Vientos, fronteriza con el municipio de Madrid. Este dato precipitó el montaje del trabajo documental de casi hora y media de duración, que ya se perfila como uno de los favoritos al Premio Internacional de Periodismo Rey de España de Televisión.

martes, 14 de enero de 2014

'Un Universo de la nada' versus "No puede aver basio (sic)"



Una genial conferencia del físico y cosmólogo estadounidense Lawrence Krauss, celebrada en 2009 a instancias de la Fundación Richard Dawkins en el marco de la Atheist Alliance International, daría pie a la redacción de un libro que ya ha llegado a nuestras librerías en su traducción española: Un universo de la nada. Cuando mi amigo el doctor Salvador Casado me informó hace unos días de la existencia de esta obra, no tardé en buscar información de ella (lo primero, ver si ya estaba en versión digital). Y descubrí en Internet la charla íntegra en inglés de Krauss (la tienes justo encima de este párrafo), con subtítulos en español.

La conferencia de más de una hora, prologada por el propio Dawkins y cerrada con interesantes preguntas del público, fue tan sobresaliente como lamentable la traducción al español de quien subió el vídeo subtitulado a YouTube, lo que me hizo volver a reflexionar acerca de la mala calidad de muchos de los contenidos alojados en Internet (sobre todo en su ámbito hispano). Y eso que todavía no había leído los comentarios al vídeo, de los que aquí abajo hay un pantallazo muy ilustrativo.


No es la primera vez que saco a los trolls a colación en este blog. También he hablado de chiflados conspiranoicos, de punseteces y de analfabetos digitalizados 2.0, sin olvidar a los analfabetos científicos que todavía van por ahí presumiendo tanto de su estéril erudición como de su ignorancia de todo lo ajeno a las humanidades. Son elementos perfectamente reconocibles en el paisanaje de este mundo del siglo XXI.

La verdad es que el contraste es brutal: la fundada hipótesis de que nuestro Universo puede haber sido producto de una fluctuación cuántica en el vacío frente al "no puede aver basio, algo debe existir (sic)" del comentarista de turno; la alusión a la belleza matemática de un universo plano (en el que la energía sería nula) frente al emplazamiento de un simplón conspiranoico a Krauss para que explique por qué una "rasgadura artificial en la línea de tiempo" (??) ha llevado al cierre del acelerador del CERN ("Qué pasó"); las profundas implicaciones de un universo infinito y plano (en el que todos los sucesos volverían a repetirse infinitamente) frente al docto apunte crítico que tilda al cosmólogo de "fantasioso", señala que la luz viaja a 600.000 km por segundo y finaliza con la sutil perla metafísica de que "a tenido que haber un ser que haya existido siempre y ese es DIOS como dice el guste o no (sic)". No pasemos por alto, por cierto, el perfil religioso de estos comentaristas: no se trata de algo casual.

Inteligencia y estulticia, conocimiento e ignorancia, siempre han cabalgado juntos en nuestra especie. Y sin duda lo seguirán haciendo mientras seamos humanos, desmintiendo a aquellos viejos ilustrados del siglo XVIII que soñaban con un mundo de ciudadanos cultos gobernados por la razón. Si Voltaire levantara la cabeza en este tercer milenio, se quedaría asombrado de la quiebra del prestigio intelectual (cualquiera de los comentaristas del vídeo de Krauss podría tener más seguidores en Twitter que él), un fenómeno ligado a la democratización-mercantilización de la cultura y el arte cuyas funestas consecuencias están aún por ver en toda su extensión.

martes, 7 de enero de 2014

Borges y el dudoso dictamen de la posteridad


(después de una conversación con el viejo amigo Samuel Rodríguez Navarro en el día de su cumpleaños)

En un centro escolar del año 5614 se recita este texto del escritor sudamericano del siglo XX Jorge Luis Borges, primer párrafo del único poema que se conserva de su amplia, pero desgraciadamente perdida, producción literaria:

"Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios" (leer el poema completo).

¿Habría llegado a imaginar el propio Borges tamaña pesadilla? De haberlo sabido, de haber sido informado por algún viajero del futuro, ¿cómo hubiese vivido el resto de sus días? ¿Hubiera sido posible para él -para cualquier creador- morir en paz?...

Cualquier lector con criterio del genio argentino bien sabe que este texto no puede ser suyo, como cualquier lector espabilado de John M. Coetzee tendría claro que no se le puede atribuir la letra de Torito bravo de El Fary o cualquier oyente de Mahler estaría seguro de que suya no puede ser la música del baile del gorila de Melody. Pero la proporción entre lectores y no lectores de Borges (los más propensos a afirmar que ese poema es sublime) es muy baja. ¿Por qué no habría de pervivir la creencia en su autoría de ese bodrio, de modo que solo este llegase a los lectores del siglo LVII?... Imaginemos un colapso civilizatorio tal que trajera consigo la destrucción de todos los libros de la humanidad, tanto en soporte convencional (en papel) como digital. Solo se salvaría de la quema lo preservado de generación en generación por la tradición oral, entre lo cual podría incluirse esta presunta pieza de Borges (¡y no cualquier obra suya de verdad!).

No creo en ese tópico de que la posteridad pone a cada uno en su sitio. No tiene por qué haber justicia a ese respecto (por otro lado, tampoco hay que darle más importancia: nuestra suerte última y compartida -la tuya, la mía, la de Cormac McCarthy y la de Belén Esteban- es la inesquivable muerte térmica del Universo). Semejante premio a toda una vida dedicada a la literatura como la de Borges -porque su existencia no fue mucho más allá de sus libros, fantasías e inquietudes intelectuales- podría considerarse la mayor burla del destino a quien decía darse por satisfecho con acaso haber contribuido a la humanidad con "al menos una sola línea necesaria".

viernes, 20 de diciembre de 2013

¡No todo es culpa del capitalismo, compañer@s de la izquierda!

El pensamiento izquierdista ortodoxo achaca todos nuestros males al capitalismo (a veces presentado como neoliberalismo e incluso, en un caso extremo de falta de rigor, como liberalismo). Si la gente se muere de hambre en África, si hay guerras y cruentos golpes de Estado, miseria, narcotráfico, brutal explotación laboral y migrantes cruzando desesperados en pateras el Mediterráneo o a nado el río Grande, la culpa solo es atribuible a ese monstruoso engendro sin alma opuesto a una naturaleza humana concebida únicamente como cooperativa y solidaria, enemigo de los hombres y mujeres de bien (el llamado "pueblo", por definición noble) y de las naciones (también nobles por definición, salvo EE.UU., Israel y acaso España), enfrentado a ancestrales usos y tradiciones que se presumen siempre de mejor pasta.

Aclaremos primero los términos para saber de qué estamos hablando. El capitalismo es un sistema socioeconómico fundado en la economía de mercado (la supuestamente libre concurrencia de oferta y demanda para determinar los precios) y la propiedad privada de los medios de producción, así como en unas relaciones laborales contractuales merced a las cuales unas personas prestan libremente su trabajo a otras a cambio de un salario. Ya dijo Marx en su día, presa de su determinismo histórico de raíz hegeliana, que se trataba de un estadio superior al feudalismo e inferior al socialismo: o sea, de un paso necesario en el tránsito desde el régimen feudal a la quimérica sociedad comunista sin clases (esa a la que ya debería estar apuntando la ejemplar democracia popular socialista de Corea del Norte).

Ahora bien, una cosa es el capitalismo en el plano teórico y otra en la realidad. La economía neoclásica está construida sobre premisas ideales muy discutibles, por no decir falsas, como el comportamiento racional de los agentes económicos (lo cierto es que muchas veces la gente actúa irracionalmente), la información perfecta (no es así, aparte de que hay personas más informadas que otras) o la igualdad ante los mercados (solo hay que tener un poco de sentido común para advertir que no es igual el poder negociador de un trabajador que el de un empresario que lo contrata)*. Las interferencias en el libre mercado, tanto por manejos de las propias empresas (cárteles, oligopolios, etc.) como de los poderes públicos (ayudas, licitaciones, regulaciones...), hacen que la competencia perfecta tenga solo una existencia platónica.

El capitalismo es un gran generador de riqueza material pero también de desigualdad, un sistema potencialmente muy dañino tanto para el medio natural como para la felicidad humana (al dar valor solo a aquello que lo tiene en el mercado). Ahí es donde está el Estado -y entidades supranacionales como la UE- para corregirlo, ponerle límites y determinar qué bienes y servicios pueden ser comprados y vendidos (hay un amplio consenso, por ejemplo, en que no debe haber carne humana para el consumo en los supermercados). Es precisamente la existencia del Estado como agente político regulador, y también como sujeto económico, lo que hace que lo que entendemos por capitalismo no sea ni por asomo parecido en Suecia que en El Salvador, en Canadá que en Somalia. Por otro lado, a nadie se le esconde que el poder y la influencia de los Estados Unidos en el concierto económico y político mundial no es el mismo que el de Timor oriental: por desgracia, sus relaciones nunca serán de igual a igual, pero ni con el capitalismo ni con ningún otro sistema.

Neoliberalismo, liberalismo y errores de la izquierda

El neoliberalismo es una corriente ideológica sacralizadora del capitalismo que desde principios de los años 80 del siglo pasado (con los derechistas Reagan y Thatcher en el Gobierno de sus respectivos países) pretende minimizar la intervención estatal en la economía, adelgazar el sector público, desregular los mercados de trabajo y liberalizar los flujos de bienes y capitales (no así el de personas, que se mantiene a raya mediante altos muros y vallas con concertinas). Sus defensores suelen ser tan liberales en lo económico como conservadores en lo social y moral (les preocupa sobre todo la moral sexual: no les hablen de derechos humanos y mucho menos de ecología o derechos de los animales).

Resulta esperpéntica la apropiación del liberalismo, una de las ideologías más nobles que ha alumbrado la humanidad, por meapilas opusinos o teapartistas que quieren sacar a Darwin de las escuelas, abominan de los homosexuales, desean convertir a las mujeres en conejas dedicadas solo a sus labores, se oponen a legalizar las drogas y ya en el colmo sufren la enfermedad del nacionalismo. Los auténticos liberales, lo más alejado de esos tipos de la FAES o el Tea Party, representaban la izquierda en el Siglo de las Luces. Tanto es así que en EE.UU. el término liberal, a diferencia de en Europa, sigue siendo sinónimo de izquierdista. La verdad es que se me ocurren pocas cosas más progresistas que la defensa de la libertad (para hacer con tu vida lo que quieras con el único límite del respeto al prójimo), la igualdad ante la ley (con independencia de raza, sexo, religión o no, etc.), la laicidad (para liberar de la opresión religiosa a quienes no quieran doblar la cerviz ante el sumo sacerdote de turno) o la legalidad democrática (lo contrario de la arbitrariedad y el abuso a manos de los más poderosos).

Uno de los errores de bulto de la izquierda tradicional es considerar que la democracia y sus libertades -nada formales, desde luego- son la otra cara necesaria del capitalismo, que forman parte con este del mismo paquete. Quienes estamos a disgusto con el capitalismo de casino y su grosero materialismo (ya no solo por una cuestión ética y estética, sino porque nos estamos jugando la supervivencia de la especie) tenemos en la democracia -por muy imperfecta que sea- una vía para impugnarlo y superarlo. No nos confundamos: la democracia no es un regalo sino una concesión de los más poderosos arrancada por la presión de las luchas obreras que tanta sangre derramaron en los dos últimos siglos. Yo no quiero perder la democracia pretendiendo acabar con el capitalismo, sino superar el capitalismo a través de la democracia (claro está, con el concurso de la mayoría: si la gente no desea ese cambio, no pretendamos salvarla contra su voluntad de comer mierda a gusto).

Otro error de esa izquierda más dogmática es su diagnóstico de los problemas, que suele caer en lo tópico e incluso lo pueril. Y con diagnósticos incorrectos no se solucionan las cosas. Por ejemplo, la gente solo se muere de hambre cuando sus regiones o países son azotados por guerras o desastres naturales (sequías, inundaciones, etc.) que destruyen las cosechas y la economía local e impiden la distribución de alimentos. Más allá de esas situaciones, lamentablemente no infrecuentes en el llamado Tercer Mundo, nadie perece por inanición (esto no significa negar problemas de malnutrición que siguen siendo un insulto a la dignidad humana). Dicho de otro modo, la muerte por hambre en el mundo tiene mucho menos que ver con el capitalismo o el neoliberalismo que con la fragilidad institucional de Estados dominados por elites corruptas que se venden al mejor postor occidental o chino. Lo que a su vez es posible gracias al adormecimiento o idiotización de las masas locales por la religión, el espíritu de la etnia y las (malditas) tradiciones. Y a la indiferencia de los ciudadanos de Occidente, que no castigan en las urnas o en la cesta de la compra a sus políticos y empresas cómplices (¿conocen a alguien que no reposte gasolina en Shell por destruir el delta del Níger o en Texaco por sostener la dictadura de Guinea Ecuatorial?).

Tampoco parece que el capitalismo o el neoliberalismo sean muy culpables de la pobreza en países como Marruecos, Afganistán o India. Supongo que algo tendrá que ver que Marruecos cuente cerca de un tercio de su población como analfabeta (porcentaje muy superior si solo consideramos a las mujeres). Supongo que alguna mala influencia habrá en las tradiciones tribales afganas o en el sistema de castas indio. Finlandia y Grecia son países capitalistas, pero eso no parece marcar la diferencia: habrá que ver otros factores culturales e institucionales (los que impiden a un médico de la Seguridad Social de Helsinki, a diferencia de uno de Atenas, recibir de sus pacientes sobres con dinero para asegurar una buena asistencia). Estados Unidos y España también son países capitalistas, pero yo compraría confiado un coche usado allá y me cuidaría mucho de hacerlo aquí (no es que los estadounidenses sean más honrados, sino que saben que caería sobre ellos -y con prontitud- todo el peso de la ley). En suma, que la calidad de la democracia y sus instituciones es mucho más determinante al respecto que la simple etiqueta de capitalista. A todo esto, ¿es China un país capitalista?...

Pero donde más yerra el izquierdismo convencional es sin duda en su visión buenista del ser humano (explotadores capitalistas aparte), ignorando que el egoísmo y la maldad son mucho más antiguos que el capitalismo y deben ser tomados en cuenta en todo sistema u organización en el que estén implicados bípedos implumes. Idolatrar al mercado como hacen los neoliberales -aunque en países como el nuestro no duden en trincar al mismo tiempo de lo público- es una estupidez, pero también lo es ignorar ciertos principios económicos básicos (como hace a golpe de decreto el Gobierno de Maduro en Venezuela) creyendo que así puede acabarse de manera sostenible con la pobreza. Desde luego, si uno espera que la mayoría de la gente haga algo diferente a perseguir su propio interés, es mejor que aguarde sentado y a la sombra (ya dijo Adam Smith que no es "la benevolencia del cervecero o el panadero" lo que hace que podamos disfrutar de la cerveza o el pan).

La monja progre-nacionalista-conspiranoica Teresa Forcades nos cuenta que no hay que tener miedo a que "la lucha organizada por una alternativa al capitalismo nos pueda conducir a una situación peor que la que tenemos". Pues yo he de reconocer que temo a esta gente que quiere salvarme llevándome con diagnósticos infantiles a escenarios tan inquietantes como una eventual independencia traumática de Cataluña. Porque sé cómo somos y porque el mañana no tiene por qué ser mejor que el ayer (aunque Hegel y Marx se empeñasen en sostener lo contrario). Por cierto, me considero de izquierda y no creo que esto esté reñido -¡todo lo contrario!- con sentirse liberal.

*Vaya mi desprecio a esos economistas del siglo XXI creyentes -en un sentido religioso- en "manos invisibles", que pretenden entender el mundo solo con su arsenal de curvas y derivadas matemáticas sin saber nada de Historia, Geografía, Psicología y otras humanidades.

lunes, 9 de diciembre de 2013

La felicidad


Nos pasamos la vida persiguiendo con mayor o menor fortuna eso que llamamos felicidad. ¿Pero nos referimos a lo mismo? A todos (a unos más que a otros) nos hace felices el poseer cosas o disfrutar de ellas: comida, bebida, ropa, coches, casas, gadgets tecnológicos... A todos (a unos más que a otros) nos gusta el sexo (para algunos, el paraíso consiste en follar con el mayor número posible de congéneres), el afecto y el reconocimiento social. Muchas personas son felices suscribiéndose a una creencia religiosa confortadora y/o poniéndose al servicio de los demás (hijos, padres, nietos o incluso gentes necesitadas de ayuda al otro lado del mundo). Hay otras que encuentran dichosa la búsqueda del éxito económico y el poder, que permite disponer más fácilmente tanto de los objetos como de la voluntad de los humanos. Las hay que se decantan por los paraísos artificiales de la droga. Una minoría opta por el deporte o la creación artística, y otra es feliz asomándose con la intuición y la razón a los profundos misterios que nos rodean: la naturaleza humana, la vida, el Universo, la conciencia...

No me atrevería a afirmar que algunas de esas fuentes de dicha no sean genuinas (ni siquiera la vía de los paraísos artificiales de la droga), o que sean mejores o peores que otras. Lo que sí creo es que, si violamos la sabia virtud de la templanza (¡cuánta razón tenía Epicuro!) y/o nos distraemos del necesario autoconocimiento, con ellas podemos desencaminarnos de la felicidad más profunda. Ésta, la más íntima y menos efímera, es el estado de paz interior fruto de la autoaceptación ligada al autoconocimiento, de la aceptación del mundo -con todo lo que nos agrada y desagrada, lo que no debe ser confundido con conformismo y servilismo-, del relativo desapego de las cosas materiales y de la libertad y tranquilidad de conciencia (es obvio que el autoengaño no entra en el paquete). En buena lógica se podría decir que no es posible esa Felicidad con mayúsculas si no están cubiertas las necesidades básicas (alimentación, vestido, cobijo y afecto), pero los budistas subrayan que se trata de un estado interior que no depende de nada externo. Y es probable que anden en lo cierto...

Sin necesidad de ser un monje zen, creo que podemos fundamentar razonablemente nuestra felicidad en este ajetreado mundo del siglo XXI sobre tres grandes pilares: esa irremplazable paz interior (que hay que trabajarse a diario), el disfrute sosegado de los pequeños y grandes placeres (desde el café con leche matutino hasta un buen revolcón pasando por la reparadora siesta, la lectura de Coetzee, un paseo campestre o el calor nocturno de la chimenea hogareña) y la ilusión. Porque es necesario tener siempre al menos alguna meta ilusionante, algún faro hacia el que dirigir nuestros pasos, algún motivo que dé sentido a la existencia con independencia de que lleguemos a alcanzarlo o no. Recordemos que Borges -el mismo que reconoció que su mayor pecado era no haber sido feliz- sostuvo que la felicidad era "frecuente" y que "no pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso".

sábado, 30 de noviembre de 2013

No todo es posible (aunque lo digan Paulo Coelho y Justin Bieber)

(Este post es fruto de una de esas inolvidables conversaciones con mi querido amigo José Miguel Santos, una de las mentes más lúcidas de Canarias)

¿Quién no ha oído alguna vez eso de que "todo es posible si crees en ello o confías en ti"? Lo que sí es casi imposible es no encontrarse recurrentemente en Internet con frases de ese estilo, escritas sobre el fondo de hermosos paisajes o imágenes kitsch a cuál más cursi. ¡Hasta Justin Bieber (desde su ingenuidad) lo dice! 


No es ser un aguafiestas afirmar que se trata de una gran mentira, que no todo es posible por mucho que uno crea que lo es (la mera creencia no hace posible lo imposible, ni menos improbable lo improbable). En primer lugar, porque todos estamos condicionados: hay condicionamientos generales (ningún ser humano puede dar un salto a pelo de 50 metros o concebir mentalmente un espacio tetradimensional) y otros personales, muchos de los cuales son igual de impepinables que los primeros.

Por mucho que yo ahora me proponga correr los 100 metros lisos por debajo de los 10 segundos en un semestre (o en un decenio), no hay ninguna posibilidad razonable de que lo logre: a diferencia de Usain Bolt, tengo -¡no solo yo!- un condicionamiento o limitación personal a ese respecto (seguro que tampoco lo habría conseguido aunque mis padres se hubiesen empeñado en que lo lograse desde mi más tierna infancia). Algunos de estos condicionamientos personales son sobrevenidos, fruto de las circunstancias y el azar: si en agosto de 2004 hubiesen venido acompañando a mi querido hijo otros tres hermanitos gemelos, es muy probable que yo no hubiese abierto jamás este blog (y que, por ende, estuviese ingresado en un sanatorio mental sujeto a una camisa de fuerza).

Por otra parte, todos tenemos caracteres diferentes (innatos en buena medida, por cierto). Hay gente más extrovertida, más optimista, más emprendedora, más resistente al dolor y la adversidad, con mayor capacidad de previsión y organización... Sobrevivir a un campo de concentración, como hizo Primo Levi en Auschwitz, no estaba al alcance de todo el mundo: había que tener ciertas cualidades. Podemos modular nuestro carácter con la práctica y la experiencia, pero el peso de lo innato siempre será muy grande.

La madurez es la que te hace ser consciente tanto de tus habilidades como de tus limitaciones, la que te permite determinar si algo es un sueño razonable o una quimera disparatada. Constatar que uno no vale para el baloncesto, la pintura o la escritura no ha de ser una tragedia: el drama está en creer erróneamente lo contrario y derrochar energías -y acumular frustraciones- en la persecución de metas irrealizables.



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