domingo, 15 de noviembre de 2015

Naturaleza física del error


Los hijos del error son muchos, desde el accidente hasta la enfermedad pasando por la derrota deportiva y la ruina personal (por quedarse sin un pavo en el casino o asociarse con la persona menos indicada). ¿Y por qué existe el error? Es una pregunta nada trivial cuya respuesta no es evidente: de hecho, podría dar pie a todo un ensayo o tesis doctoral. La RAE define "error", en su primera acepción, como "concepto equivocado o juicio falso". Y su quinta acepción reza: "Diferencia entre el valor medido o calculado y el real".

El error puede obedecer a una ignorancia elemental, como cuando nos encomendamos exclusivamente a San Pancracio para combatir una grave enfermedad, saltamos desde un avión con unas aletas en vez de con un paracaídas o decidimos enfrentarnos a un terrorista armado esgrimiendo un ejemplar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La selección natural no perdona estrategias tan estúpidas. El error también puede ser fruto de un defectuoso acopio y procesamiento de la información, a su vez consecuencia de un fallo mecánico externo -en un instrumento de medida o un ordenador, por ejemplo- o de un mal funcionamiento de la percepción (los receptores sensoriales) o la cognición.

Aunque la información sea correctamente recogida y procesada, es su incompletitud lo que nos conduce en ocasiones al error. En escenarios caóticos de mucha complejidad, como el meteorológico, resulta muy difícil acertar porque no es posible abarcar toda la información en juego ni prever ese mínimo cambio en una parte del sistema que puede afectar al conjunto: el inocente aleteo de una mariposa que puede propiciar un huracán a miles de kilómetros. Pero es que además el principio de incertidumbre de Heisenberg nos impide determinar con absoluta certeza la evolución de un sistema: es como un candado puesto en el Universo para evitar que podamos conocer su futuro con todo detalle cual perfecto mecanismo de relojería (Laplace se equivocó creyéndolo posible).

Tanto los fallos por ignorancia elemental como los mecánicos externos, los perceptivos o los cognitivos son eslabones de una cadena causal que en última instancia, yendo hacia atrás, nos traslada a lo más íntimo del Universo: al "ruido" o agitación cuántica y al segundo principio de la Termodinámica (que no es una ley al uso sino una constatación estadística). Lo primero siempre está zarandeando todo sistema y transmitiéndole (supuesta) aleatoriedad. Lo segundo es lo que hace que las cosas tiendan a desordenarse y a estropearse o romperse a medida que pasa el tiempo: los coches, los despertadores, los termómetros, los ordenadores, los ojos y oídos, los cerebros...

La perfección es pues imposible en el mundo físico. Un magnífico ejemplo lo tenemos en la genética: pese a que la copia del código genético es extraordinariamente precisa, siempre hay un pequeñísimo error (de una base nitrogenada por cada cientos de millones copiadas). Algunos de esos fallos son inocuos, muchos otros son deletéreos y unos poquitos representan una nueva oportunidad para la evolución. Y es que la información genética tampoco está libre de los embates de la agitación cuántica y de la tendencia universal a un mayor desorden o entropía. Nada escapa del influjo de estos dos factores, en cuyo origen están respectivamente el tremendo maremágnum del vacío y la asimetría que impone una flecha del tiempo desde el pasado al futuro, quizá relacionada con la asimetría de partida que dio origen al universo. Sin esta última no habría errores... ¡porque existiría nada!

viernes, 6 de noviembre de 2015

Güntürkün y la evolución convergente: aquí en la Tierra como fuera de ella


El neurocientífico germano-turco Onur Güntürkün, intrigado por las extraordinarias habilidades cognitivas de los córvidos (comparables a las de los chimpancés), se puso hace más de un decenio a investigar las diferencias entre el cerebro de las aves y el de los mamíferos. Sus conclusiones, magníficamente expuestas en el vídeo de arriba, corroboran la existencia de diversos caminos para la inteligencia y apuntalan la hipótesis más general de la evolución convergente de los seres vivos: la de que formas y estructuras diferentes conducen a resultados parecidos al dar respuesta a los mismos problemas.

En la Naturaleza, los grados de libertad son escasos: hay restricciones físicas para la organización y el desarrollo de los organismos vivos que imponen forzosamente una determinada arquitectura, descartando Dumbos, unicornios voladores y otros diseños estrambóticos del cuasinfinito arsenal platónico de las formas. Por lo tanto, solo son viables determinadas disposiciones corporales (así como ciertas conductas). La selección natural premia tener ojos: por eso es una fórmula muy común, a la que han llegado especies tan distantes genéticamente como los mamíferos y los cefalópodos. También favorece las alas como solución óptima para el vuelo: a ellas han arribado, por vías evolutivas bien diferentes, los insectos, las aves e incluso un mamífero (el murciélago). No hay mejor guía que la Naturaleza -para ser más exactos, que la implacable selección natural sobre la evolución genética- para seres inteligentes que pretendan construir objetos: los aviones, no en vano, también tienen alas.

Como dice Güntürkün, a partir de muy diversos animales "se converge hacia las mismas soluciones neuronales: no hay muchas otras soluciones para conseguir las mismas operaciones cognitivas". Esto que es válido para la cognición puede aplicarse a otros ámbitos como la locomoción. En su estudio comparativo del cerebro de aves y mamíferos, el neurocientífico nacido en Turquía constata que la gran diferencia es la existencia en los mamíferos de un córtex prefrontal laminado; en las aves, carentes de córtex prefrontal, la evolución cerebral ha llevado al desarrollo del palio dorsal. Se trata de esquemas organizativos bien distintos, pero que ofrecen altas y parecidas prestaciones cognitivas (entre ellas, la capacidad para reconocerse uno mismo frente a un espejo, que exhiben los cuervos).

Las implicaciones que esto tiene para una hipotética vida extraterrestre son evidentes: si hay vida ahí fuera, no debería ser muy diferente a la de aquí. La solución "aleta" no solo es óptima para desplazarse por el medio acuático de la Tierra: también lo sería, como elemento corporal que ofrece resistencia a un fluido, en un océano alienígena de metano. Las soluciones "ojo", "ala" e "inteligencia" también tenderían a imponerse, premiadas por la selección natural. Así que es probable que haya extraterrestres inteligentes parecidos a nosotros los humanos, o acaso a lo que nuestros dinosaurios serían ahora de no haberse truncado su evolución hace 65 millones de años (en el Museo Arqueológico de Madrid hay un muñeco a escala natural de lo que podría ser un reptil inteligente, descendiente de aquellos desafortunados gigantes del Cretácico). Incluso podrían seguir el modelo de inteligencia colectiva de un termitero o una colonia bacteriana, aunque a un nivel muchísimo más avanzado (una especie de superconciencia en red).

Mi agradecimiento a Antonio Osuna por darme a conocer en Twitter el vídeo de Onur Güntürkün.

martes, 27 de octubre de 2015

Juanjo, agente cultural: "Lío porritos a mis colegas"

Hola, soy el Juanjo, aquí del barrio. Soy artista y hago cultura: lío porritos para fumarlos con los colegas, y en eso soy un monstruo que lo flipas. Mis coleguitas son también artistas del mundo de la cultura, como el Pepo (cocinero del bar de la esquina: menudos torreznazos los suyos, y hay que ver cómo corta el jamón con ese cuchillaco que acojona), la Toñi (modelo, vecina de el Tori, que está mazo buena y ya tiene publicado un fotobook en Internet y está haciendo un módulo en Estilismo a distancia) y el Bola (noviete de la Toñi, un maquinón que te cagas en el Mortal Kombat y el PC Liga). Cuando nos reunimos para hacer botellón, aquello es como la Academia de San Fernando de Henares, cada uno con las bellas artes culturales de cada cual: la gastronomía, la moda, los videojuegos y el liar (mi pasión).

No os creáis que liar un puto porro es fácil, hay que tener los rudimentos artísticos y mucha sensibilidad. Lo primero es saber hacer bien una O con un canuto, de lo que todo el mundo no puede presumir: es una auténtica movida, aunque no lo parezca. Desde luego, a mí no me salió ni a la primera ni a la segunda: os confieso que a la quinta, como el carné de conducir (por cierto, a ver si me pillo pronto un X1, la entrada de 16.000 euros y el resto en 36 meses). Otros se quedan en el camino: aprenden a hacer la puta O pero no siguen la ruta cultural que ha seguido este menda lerenda, aunque a veces os pueda parecer un empanado.

Mirar, hay que quemar el pedrolo en su punto con el mechero, luego meterlo bien y juntarlo con el tabaco en el papelillo, todo bien apelmazadito para hacer ya la O con el canutillo. Cada uno tiene su estilo, el mío es muy personal e intransferible: el secreto está en el salivazo. Porque cada creador tiene su librillo y su escuela... ¡y ahí está la belleza, troncos! El Tori quiere aprender, él también quiere ser artista y cultural (bueno, ya lo es en parte porque tiene cinturón naranja de kick boxing, pero quiere dar un jodido salto computativo). A ver si lo veo este finde para juntar a mi bull terrier con su perra de una puta vez, que no encontramos el momento. Aunque también podría mamar del arte del Pepo, de la Toñi o del Bola...

Bueno, que soy artista y cultural pero no vivo de eso: es más una afición que otra cosa. Yo curro de comercial telefónico en una empresa desde hace un mes y ya me he convertido en el puto amo. Me estoy juntando más de 1.500 pavos al mes, y a partir de noviembre 2.000 y hasta 3.000. ¡Mazo de llamadas todo el día haciendo clientes!... El otro día solo trabajé de once a una y media, el jefe me dejó irme porque soy la polla bueno. El Bola no se lo cree, el hijoputa. El mes que viene le voy a pasar la nómina por toda la ñota. Capaz que a la Toñi la ha dicho que me estoy tirando el moco. Ya verán en la próxima reunión de la Academia, lo que viene siendo nuestro puto botellón artístico... ¡Apostad por la cultura, troncos!

martes, 20 de octubre de 2015

¿Vida inteligente a 1.500 años-luz?

Anillos de Dyson, por Arnero

En los últimos 30 años se han descubierto casi dos mil planetas fuera de nuestro Sistema Solar. Los llamados exoplanetas han podido ser detectados, pese a ser tan pequeños (en comparación con las estrellas), estar tan lejanos y no emitir luz visible, gracias a los muy pequeños cambios que producen en la luminosidad de las estrellas que orbitan al ponerse delante de ellas (y frente a los ojos del telescopio espacial Kepler).

De las cien mil millones de estrellas de la Vía Láctea (nuestra galaxia, que es una de las cien mil millones que hay en el Universo observable) hay una casi el doble de grande que nuestro Sol, a unos 1.500 años-luz de distancia, a la que hemos bautizado como KIC 8462852. En torno a ella se han detectado esos cambios de luminosidad que indican la presencia de cuerpos planetarios, pero dichas alteraciones son de tales características -carentes de regularidad y mucho más intensas, llegando a reducir el 20% del brillo de la estrella- que apuntan a otra causa.

Al tratarse de un sol adulto, está descartado que el motivo de ese oscurecimiento sean los discos protoplanetarios de materia: éstos solo existen al comienzo de la vida de la estrella, cuando sus planetas están aún en formación y son meras nubes giratorias de polvo. La explicación podría estar en los escombros producto de una gran colisión planetaria. O en un grupo de exocometas, procedentes del espacio exterior.

La hipótesis menos probable, pero sin duda más excitante, es la presencia de macroestructuras alrededor de la estrella, fabricadas por alguna civilización inteligente para captar su energía de la manera más eficiente (las "esferas de Dyson", teorizadas por el físico anglo-norteamericano Freeman Dyson). Si esto se confirmara (los radiotelescopios del SETI ya se disponen a apuntar a KIC 8462852 en busca de señales artificiales de radio), se trataría no ya del mayor hallazgo en la historia de la ciencia sino de la noticia más impactante de toda la historia de la humanidad (solo superada por una invasión alienígena inesperada, una manifestación divina explícita -a lo grande, sin complejos- o un algo menos improbable aviso parpadeante en el cielo -por ejemplo, un "Game Over"- escrito por un supuesto programador del Universo). 

Si hubiese vida inteligente en el sistema solar de KIC 8462852, ¿deberíamos comunicarnos con ellos? Ya existe un protocolo del SETI a este respecto. En cualquier caso, nuestro mensaje les llegaría dentro de 1.500 años y su eventual respuesta sería recibida -en el mejor de los casos- en el año 5015. Por cierto, si nos estuviesen observando ahora mismo (mientras escribo estas líneas) lo que verían sería el mundo del año 500: ostrogodos, vándalos, suevos y compañía (la tarjeta de presentación de la humanidad no sería, desde luego, mucho peor que la de 2015 en algunos países). Es lo que tiene estar tan lejos, aunque solo sean 1.500 años-luz en un Universo observable con un diámetro de... ¡90.000 millones de años-luz!

Las implicaciones filosóficas y éticas de este descubrimiento serían muy profundas. ¿Qué dirían las religiones?: ¿serían hijos de Dios igual de dignos que nosotros, con un alma, hechos a su imagen y semejanza?... ¿Y si hubiesen descubierto la inexistencia de Dios (no me refiero al de Einstein, por supuesto)? ¿Y si nos trataran a nosotros, en caso de un encuentro físico, como nosotros tratamos a los cerdos o los toros de lidia? Quizá seria peor (¿o acaso mejor?) si el trato que nos dispensaran fuera la relativa indiferencia que profesamos a las hormigas o los paramecios.

sábado, 10 de octubre de 2015

Conciencia Urbana, el (supuesto) azar y la alegría



La puerta se cerró justo cuando la había traspasado: apenas un segundo más tarde no hubiera podido entrar. Dos paradas después, al renovarse la carga humana del vagón, vi a mi derecha de nuevo a Adán: ¡Otra vez en la línea 6 del metro de Madrid (la circular) volvía a encontrarme con el dúo de paisanos canarios de Conciencia Urbana! Porque la última vez había sido solo dos días antes, en las escaleras de O'Donnell (hablamos del partidazo de la U.D. Las Palmas contra el Celta). Y la previa, una semana atrás en el propio vagón, cuando fui de nuevo testigo de uno de sus espectaculares sesiones de improvisación. En esta última ocasión, antes de empezar su show, hablamos un poco del destino de mi viaje (la sierra de Madrid) y de El Hierro, la isla del guitarrista Pedro. Nos despedimos deseándonos suerte. No les faltó: su interpretación en el siguiente vagón fue premiada con una cerrada salva de aplausos.

Pensaba yo media hora después, sentado en la guagua (o sea, el autobús), que si me hubiera retrasado solo un instante en el metro no les habría visto. Eso significaría que no estaría ahora escribiendo esta entrada: quizá andaría pergeñando otra o, acaso, ninguna. Y me reafirmé en mi intuición de que el azar no existe, de que seguimos el único camino que nos está marcado de antemano. Y de una cosa pasé a otra: recordé a mi amigo Salva (el doctor Casado de Twitter), empeñado en su cruzada por el optimismo y la alegría para cuidar la salud de sus pacientes reales y potenciales. Los de Conciencia Urbana están embarcados en esa misma causa: la de cultivar y arrancar la sonrisa que cura, que alivia, que previene la enfermedad. En el guion del Universo está escrita la existencia de un Partido de la Alegría (todo un fin en sí mismo) y ellos forman parte de él.

El bueno de Rafael Hidalgo es otro prominente miembro del Partido de la Alegría (aunque nos hable de Schopenhauer).

Al igual que tantas otras personas, a su modo y manera: en su trabajo, en la calle o en cualquier lugar donde se crucen con el prójimo (no necesariamente humano). Como el humilde obispo católico Pedro Casaldáliga, el prelado más pobre del mundo (con poco más que sus libros y sus escasas ropas -solo tiene tres camisas- como pertenencias). Él me ha ayudado involuntariamente a terminar esta entrada con sus palabras el otro día al compañero y amigo Santi Riesco, haciendo balance de sus muchísimos años como misionero en el corazón del Mato Grosso de Brasil: "Mereció la pena... y la alegría". Por cierto, qué alegría la de las hijas de Santi por el regreso de su padre ayer (y la de su padre al ser devorado a besos y abrazos por ellas).

viernes, 2 de octubre de 2015

¿Bailan los electrones? (¡A jugar!)


Hace un par de años, mi buen amigo y paisano canario José Miguel Santos me recomendó la lectura de un muy sugerente e interesante artículo: What’s the Point If We Can’t Have Fun?, del antropólogo y anarquista estadounidense David Graeber. Éste sostiene que lo que impulsa no solo a todos los seres vivos sino también a objetos inanimados autoorganizados (como un copo de nieve o un huracán) e incluso a las propias partículas elementales (como un electrón) es tan simple como jugar: se trata de un principio que regiría en todas las escalas de la realidad física, homologable al elan (o ímpetu) vital de Henri Bergson o al Wille de Schopenhauer, y que explicaría por qué un electrón gira (sencillamente, porque juega y se divierte -al igual que un copo de nieve, un gusano, un caballo o un bípedo implume-, todo un fin en sí mismo). Por eso Graeber llega a preguntarse si bailan los electrones.

Si esto fuera cierto, deberíamos tomarnos la vida de manera mucho más relajada y lúdica. Al fin y al cabo, se trata de divertirse... pero no solamente eso: sabemos que al menos en una de las escalas de ese gran juego, en el tablero donde interactuamos con nuestros congéneres humanos, los toros y los elefantes, mora la compasión. ¿Qué relación existiría entre ésta (madre de la Ética) y el elan lúdico graeberiano? Yo barrunto que la compasión debe ser, junto a la maldad, una de las hijas de este último.

martes, 22 de septiembre de 2015

El Viacrucis de los refugiados sirios: una típica película protagonizada por humanos

Europa vive una crisis migratoria sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Dicho de una manera más concreta y personalizada, decenas de miles de sirios (pero también iraquíes, afganos, eritreos y otros) están embarcados en un largo, caro y peligroso viaje hacia el núcleo próspero de la Unión Europea, forzados a abandonar su país por la guerra y/o la persecución política: un periplo de miles de kilómetros marcado por la angustia, el frío, el hambre, la sed, el cansancio y, a veces, la muerte (ya se han convertido en cotidianas las terribles imágenes de niños ahogados en aguas del Mediterráneo), a expensas de traficantes sin escrúpulos y de otros desalmados que en ocasiones -dentro y fuera de la UE- llevan uniforme.

Para analizar este drama utilizaré el mismo modelo aplicado al tráfico ilegal de marfil en una entrada anterior titulada "La pena por el elefante". Porque, como escribí allí, "se trata de la típica película real protagonizada por humanos, con todo lo que conlleva: egoísmo, ignorancia, estupidez, maldad... Al igual que en las pelis de ficción también hay, por supuesto, cosas buenas como la gente que se indigna e incluso se rebela arriesgando su pellejo. El modelo explicativo aplicable es siempre el mismo, hablemos de tráfico de marfil, de peletería, de diamantes, de industria cárnica o de esclavismo". Y, claro está, de inmigración masiva...

Para empezar, hay que remontarse al año 2003, cuando el mendaz y escasamente cualificado presidente estadounidense George W. Bush (votado y respaldado por no pocos compatriotas ignorantes e imbéciles) conduce a su país y a algunos de sus aliados a una guerra desastrosa y contraproducente en Irak (que servirá para divertirse a seres de la calaña de la señorita England), creando un caos y un vacío político que años más tarde será llenado -tanto en Irak como en la vecina Siria- por fanáticos religiosos (en el mejor de los casos, ignorantes y estúpidos; en el peor, simples bestias) bien financiados por correligionarios adinerados del golfo Pérsico con cuentas en Suiza y cuasiesclavos asiáticos a su servicio. Estos fanáticos (musulmanes sunníes nativos y extranjeros venidos expresamente de otros países de la región, de África o de Europa) se hacen con el control de un vasto territorio a caballo entre Irak y Siria y siembran el terror entre cristianos, musulmanes chiíes, kurdos y todo aquel que desafíe a su autoproclamado Estado Islámico. En Siria les harán frente el Ejército del dictador Asad (apoyado por la milicia chií libanesa proiraní Hezbolá), las milicias laicas kurdas del norte (en un territorio independizado de facto de Damasco) y otras milicias laicas e incluso islamistas (como el grupo Al Nusra, cercano a Al Qaeda), a su vez enemigas del régimen de Asad. La población civil, atrapada entre varios fuegos y sometida a bombardeos indiscriminados, es desplazada masivamente de sus pueblos y ciudades y empujada al exilio.

Miles de personas, muchas de ellas junto a toda su familia, se ponen camino de la rica y tolerante Europa, donde nadie les va a echar bombas de barril ni a rebanar el pescuezo y podrán encontrar un trabajo del que vivir decentemente. Por supuesto, no todos son trigo limpio: sería absurdo (un bofetón a la estadística) que así lo fuera. Como tampoco eran buenos todos los republicanos que abandonaron España a finales de la Guerra Civil o todos los judíos que estaban en los campos de concentración y exterminio nazis (algunos de ellos colaboraron con los nazis y fueron tan crueles con sus hermanos hebreos como aquellos, tal como nos contó Victor Frankl en El hombre en busca de sentido) o todos los soldados aliados que felizmente derrotaron a Hitler hace 70 años. Como tampoco eran malos, por otra parte, todos los soldados de la Alemania nazi (muchos de ellos, como un primo hermano de mi madre, eran jóvenes obligados a servir).

Volvamos al siglo XXI. En su recorrido, los sirios bienintencionados -y también los otros- habrán de toparse con buena gente, pero también con imbéciles o inconscientes, con desaprensivos y con bestias (humanas). A casi todos los traficantes de personas podemos repartirlos entre estos dos últimos grupos: al primero (los desaprensivos) se adscriben los que pretenden sacar a los migrantes el mayor dinero posible y no se preocupan demasiado por su seguridad; el segundo está integrado por los que los estafan y son capaces de hundirles la balsa en medio del mar, causando directamente su muerte. Si llegan a suelo europeo, los sufridos migrantes se encontrarán de nuevo con gente que les ayudará (simples ciudadanos, voluntarios y no pocos empleados públicos y policías empáticos), pero también con gentuza racista que les pondrá la zancadilla o los mirará con recelo (entre ellos, no pocos policías que les inflarían a gusto a hostias si les autorizaran): una gentuza que está detrás de políticos xenófobos y nacionalistas como el presidente húngaro cristiano Viktor Orban (él bien sabe que está en el poder gracias en parte a esos votos que se disputa con los neofascistas de Jobbik).

Ya llegados a su destino (Alemania y Suecia suelen ser sus países favoritos para establecerse), los refugiados encontrarán otra mucha gente que se solidarizará con ellos y les apoyará, pero también otra legión de imbéciles o inconscientes (que se creerán que vienen a quitarles su trabajo o a robarles y votarán a quienes prometan echarlos), de desaprensivos y, por supuesto, de bestias. Y al mando, nuestros políticos tan denostados, temerosos de perder votos (hay que quitarse el sombrero ante la valentía de Angela Merkel, aunque es cierto que a Alemania -en general, a Europa- le interesa una inmigración cualificada para sostener su economía en el futuro) por ser demasiado generosos con los inmigrantes: mezquinamente temerosos de la mezquindad de muchos de los votantes a los que se deben (y también de su miedo al otro, alimentado por el auge del radicalismo islámico en las comunidades ya establecidas en Europa, lo que a su vez sirve de pasto a la extrema derecha nacionalista y xenófoba).

Este análisis no es incompatible con sesudos estudios académicos que ponen el acento en la crisis de la democracia partidista y el Estado del Bienestar en Europa, los riesgos del multiculturalismo y el choque de civilizaciones, la amenaza demográfica y ecológica global, el fracaso del Estado moderno y el secularismo en Oriente Medio, la artificialidad de las fronteras allí trazadas tras la caída del imperio otomano, el impacto geoestratégico de la emergencia en la segunda mitad del siglo XX de las petromonarquías del Golfo o la quiebra de las relaciones de dominación capitalista a nivel mundial (signifique lo que signifique esto). Pero tengamos en cuenta que en todo estudio social son los humanos -no solo los líderes sino los ciudadanos de a pie- los protagonistas. Y las motivaciones humanas son siempre las mismas, al igual que los tipos humanos: ahora, hace mil años y seguramente dentro de mil años (aunque, en ese lejano escenario futuro, la hipotética integración hombre-máquina alumbrando seres biónicos interconectados podría quizá depararnos alguna sorpresa).

**Este artículo de Arturo Pérez-Reverte ofrece un panorama no muy luminoso sobre el futuro de Europa a la luz de esta crisis migratoria. Creo que no le falta razón.

"Hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: "raza" de los hombres decentes y la de los indecentes. Ambas se encuentran en todas partes y en todas las capas sociales. Nosotros hemos tenido la oportunidad de conocer al hombre quizá mejor que ninguna otra generación. ¿Qué es en realidad el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero, asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oración" (Viktor Frankl, 1946)

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