sábado, 12 de marzo de 2011

I wanna be famous!

Ver un episodio de algunas series televisivas estadounidenses para preadolescentes permite tomar el pulso a los valores sociales de nuestro tiempo en Occidente y otras sociedades bajo su influjo cultural. Para empezar, los guays en estas producciones son todos guapos y ricos (de todas las razas, por la debida corrección política). Eso sí, no son necesariamente inteligentes y están poco instruidos en todo lo que va más allá del uso de las nuevas tecnologías y las redes sociales. Pero ser medio burros no les importa a estos chicos y chicas: es más, se sienten a gusto en su burricie cool, porque para estudiosos ya están algunos de esos freaks (gordos, gafotas o con alguna característica física a cuál más singular) que revolotean en torno suyo empollando, haciendo el tonto y, obviamente, sin comerse un rosco. Entre los freaks siempre hay algunos adultos: un excéntrico productor discográfico, un profesor chalado o un guardaespaldas descerebrado que no dejan de hacer esas gilipolleces que tanta risa causan al norteamericano medio (romper jarrones con un bate de béisbol, vaciar un extintor en una habitación, hacer carreras con caracoles con dorsal, wow!!). Por supuesto, toda esta gente no ve un libro ni en Kindle, ni en Ipad ni en pintura, se alimenta de comida-basura, escucha música-basura y ve exclusivamente telebasura. Lo que se transmite a nuestros jóvenes es que lo importante es hacerse famoso lo antes posible, ya sea como cantante, actor, deportista, skater o cualquier otra dedicación glamurosa (no como físico, oftalmólogo, filólogo u otros muchos rollos soporíferos).

"Famous" se llama precisamente una de las canciones más conocidas de una de estas series, Big Time Rush, que también es el nombre de una banda de pop creada para hacer caja por la empresa televisiva estadounidense Nickelodeon en colaboración con el gigante discográfico Sony Music (véase entrada dedicada al grupo en la Wikipedia española, redactada por buenos exponentes del lamentable estado de nuestro sistema educativo). La letra de esta canción es muy ilustrativa, con perlas como "¿Quieres pasear en una gran limusina?", "¿Quieres ser alguien que vive la vida?", "¿Necesitas ver tu nombre iluminado como los letreros de Hollywood?", "Puedes tenerlo, es el sueño americano" o "Famoso significa que eres el mejor" (brillante colofón de la canción). ¿No debe resultarnos esto inquietante, sabedores de que la tele es un medio de socialización mucho más potente que la escuela, donde lo que se vende es supuestamente otra cosa muy distinta? ¿Somos conscientes de la presión ejercida sobre los feos, los tímidos, los diferentes, los sensibles (que no sensibleros), los estudiosos que sueñan con ser médicos, arquitectos, químicos, periodistas (para hacer lo de Enrique Meneses o Iñaki Gabilondo, no lo de Terelu o lo del Jorge Javier) o escritores (no a lo Ana Rosa Quintana)?... Es cierto que no se trata de algo nuevo, que ya desde los 80 se nos vendía a los entonces jovencitos, a través de series como Fama o películas como Footloose o Staying alive, lo maravilloso que era hacerse famoso. Pero esto no ha hecho más que exacerbarse desde los 90, cuando aparecieron productos como Sensación de vivir o Melrose Place que ya retrataban a una juventud artificial (todos guapos y ricos) sumida en la banalidad más absoluta y sin la más mínima inquietud cultural, social o política.

No es de extrañar que muchos chicos y chicas de todo el mundo quieran imitar a esos y otros jovenzuelos divinizados en la tele, colapsando aquí en España los castings de Fama ¡a bailar!, Operación Triunfo e incluso Gran Hermano (como se trata de hacerse famoso, da igual que sea por esta última vía, en la que ni siquiera se valora el talento para cantar, actuar o bailar). El drama de estos chavales es que solo poquísimos serán los elegidos, los afortunados Bisbales y Bustamantes que pasearán en limusina, vivirán la vida y verán sus nombres iluminados en todas partes: el resto tendrá que conformarse con comer mierda con cualquier trabajo-basura mileurista (si acaso llega a los mil euros) o con seguir tomando indefinidamente la sopa boba en casa de sus padres. Entonces, si han interiorizado bien el mensaje de "Famous", se darán cuenta dolorosamente de que no son los mejores, de que solo son unos fracasados (una palabra que se pronuncia a menudo y con jocosidad en estas teleseries) a un nivel incluso más bajo que el de los freaks que rodean a sus ídolos televisivos. Y quizá se sientan tentados a emprenderla un día con esos vecinos suyos inmigrantes que algunos políticos señalan como culpables de su desgracia; nunca con Botines, Villalongas, Rocas, Correas, Florentinos, Joves o Fabras que, como todos sabemos, no tienen responsabilidad alguna en su situación.

3 comentarios:

Salvador Casado dijo...

La cultura de lo aparente terminará hundiéndose. Muchos jóvenes se sienten defraudados por el modo de vida de plexiglas y el falso éxito que les venden y choca de bruces con el paro, los eternos becarios o el mileuirismo. Esta semana publican el libro Indignación por 3 euros. Espero que se lea.

Nicolás Fabelo dijo...

Amigo Salva, me temo que tu primera frase ("la cultura de lo aparente terminará hundiéndose") es más voluntarismo que otra cosa. Si algo corre el riesgo de hundirse es la democracia, asaltada por populismos y fascismos de nuevo cuño. Esos chicos "fracasados" y carentes de todo espíritu crítico son precisamente el alimento de los movimientos xenófobos, integristas y ultranacionalistas.

Salvador Casado dijo...

Stephane Hessel Indignez vous!


(merci pour la hache)

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