viernes, 30 de mayo de 2014

¿Podemos?

La campanada del Podemos de Pablo Iglesias en las elecciones europeas ha puesto nerviosos a ciertos políticos, al tiempo que ilusionado a muchos ciudadanos que creen abierto el camino hacia una nueva transición política. ¿Pero hay razones para ser optimista y soñar con un país más habitable y digno? ¿Y con una Unión Europea y un mundo mejores?

Lo primero es mirar fuera de España, donde partidos populistas, ultraderechistas (más o menos racistas y xenófobos) e incluso declaradamente neonazis han sido premiados por los electores europeos. La victoria en Francia de la hija de Le Pen, aupada por el voto de obreros y lumpen nativo blanco, ha sido uno de los toques de atención más preocupantes. La UE está cada vez más extraviada, inerme ante el drama en la vecina Ucrania (con toda la pinta de una nueva guerra a la yugoslava), desconectada del sentir de los ciudadanos (que en sitios como el Reino Unido la toman como un gigante burocrático contrario a sus tradiciones y en otros como España e Italia ni preocupa, por no saber siquiera lo que es).

Dentro de la UE los ciudadanos viven con zozobra la crisis económica, los recortes y el progresivo desmantelamiento del Estado del bienestar, lo que les hace prestar oídos a las respuestas simplonas de populistas y extremistas que apuntan al otro, por lo general al extranjero, como el culpable. En tiempos de tribulaciones cotizan al alza el nacionalismo y el integrismo religioso, que en realidad forman parte del mismo paquete: los neofascistas de países como Francia, Hungría o Croacia son tan ultranacionalistas y xenófobos como fieles católicos.

Es innegable que el multiculturalismo mal entendido -lo que yo prefiero llamar multiinculturalismo- ha dado alas a los ultras ante el silencio biempensante de la izquierda e incluso de la derecha moderada en los países donde impera una mayor corrección política (que son, por cierto, los más civilizados): ese silencio consiste en no plantear la problemática inserción por razones culturales y/o religiosas de algunas comunidades de inmigrantes. Los rumanos de etnia gitana que vienen a España, Italia o Francia suelen ser fuente de conflictividad en los barrios donde se establecen (quien lo niegue o es un ignorante o está mintiendo, dejando el discurso en bandeja a los ultraderechistas), en los que no viven precisamente pijos o hipsters. Y las comunidades de inmigrantes musulmanes no han terminado de integrarse al portar consigo valores que entran en conflicto con el ideario político de la Unión Europea: laicidad, igualdad de la mujer y tolerancia con las preferencias sexuales de cada uno (dentro de la UE ya sabemos que hay diferencias, sobre todo en los países donde la religión tiene aún cierta importancia como Polonia, España o Italia).

Las instituciones deben buscar una solución integradora, pero eso no quita que los propios rumanos gitanos tengan que hacer algo por sí mismos (para empezar, permitir la educación de sus hijos e hijas y dejar de casar a éstas con trece años) y que todos los inmigrantes extraeuropeos asuman como innegociables la laicidad de los Estados, la igualdad de las mujeres (y su derecho a no ser mutiladas genitalmente en la infancia, como es tradición en algunos países africanos) y los derechos de los homosexuales. Si no encontramos un remedio inteligente a esto, si solo nos quedamos en la ilusa visión beatífica de la inmigración, solo estaremos reforzando a los fundamentalistas religiosos de un extremo y a los ultraderechistas del otro. Lo viene diciendo la somalí Ayaan Hirsi Ali desde hace años: conviene escuchar a esta admirable mujer, que se ha convertido en una pensadora incómoda para la izquierda más tradicional, ortodoxa e incluso simplona.

Hay un factor que nadie contempla y considero importante: el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial ya casi no existe, puesto que los testigos más jóvenes que la vivieron con uso de razón tienen ahora al menos 80 años. Se ha perdido la memoria, el primer paso para volver a repetir los errores del pasado. Si no cuidamos bien nuestra casa europea y dejamos que se pudra la democracia en cada uno de sus países (por imperfecta que ésta sea), cualquier escenario siniestro es posible. Recordémoslo siempre: ¡somos primates, no ángeles! Y no hay conquistas sociales o políticas definitivas: todo se puede derrumbar como un castillo de naipes, destruir es mucho más fácil que construir.

Si miramos ahora dentro de España, el panorama no es mejor. El mismo día de las elecciones en las que cosechó cinco eurodiputados, Iglesias dijo algo que tenia un inquietante tufo populista y nacionalista: "No queremos ser una colonia de Alemania". Alimentaba con ello esa ridícula sospecha popular, con fondo conspiranoico, de que los alemanes son culpables de nuestra desgracia. Sin negar los efectos de la crisis financiera internacional, debemos reconocer que nosotros mismos somos en buena medida responsables por haber permitido la brutal especulación inmobiliaria -e incluso habernos beneficiado de ella, unos más que otros- y el consiguiente destrozo salvaje de nuestros paisajes. Somos culpables por votar a corruptos, incompetentes e impresentables, por entregarnos hasta el estallido de la burbuja al consumismo y el derroche más obscenos, por primar el amiguismo sobre el mérito y la telebasura sobre la educación, por escaquearnos diariamente en el curro (no pocas veces fruto de un enchufe en alguna administración pública) o salir al paso con una chapuza, por conducir como desalmados y arrojar botes de refresco desde el coche en marcha (anteayer fui testigo de ello), por no apagar las luces del baño de la oficina tras usarlo y no pisar nunca un Punto Limpio, por decir que el hotel de El Algarrobico está muy bien porque "allí solo hay jarimoña, esparto, alacranes y serpientes (...) ¿qué ecosistema: na' más que ese?)". Nuestra culpa tiene mucho que ver con nuestra cultura, valores e instituciones, con ese sórdido mosaico neofranquista que tan bien retrata Rafael Chirbes en su novela En la orilla. Hagamos más autocrítica y no echemos balones fuera: que si el capitalismo, que si el neoliberalismo...

Dentro de España, por si fuera poco, tenemos la inminente amenaza secesionista de Cataluña. La eventual independencia catalana es algo que muchos analistas descartan irresponsablemente, pero -al margen de que ésta sea políticamente viable o no, económicamente disparatada o no- es una posibilidad no descartable dado el clima político instalado en el Principado. Va a ser difícil que los nacionalistas más esencialistas -los más extremistas y menos pragmáticos (ERC)- se bajen ahora alegremente del burro de la secesión: la fecha de 2015 se cierne sobre nosotros con muchas más sombras e incógnitas de las que algunos quieren ver.

En fin, que más allá de un escenario electoral diferente como el que parece apuntarse tras el 25-M, estamos necesitados de un cambio cultural profundo: tanto aquí como en toda Europa y el resto del mundo. No basta con transformar o regenerar las instituciones, no basta con frenar los excesos del capitalismo (poniendo firmes a las empresas y poderosos con loables iniciativas como la economía del bien común) o incluso plantarle cara (una tarea que solo puede emprenderse con posibilidades de éxito a nivel internacional). Hay que superar nacionalismos y localismos, liberar la conciencia del yugo religioso (esta asignatura la tenemos casi aprobada en Europa), ser más austeros y respetuosos con el medio ambiente y nuestros compañeros de viaje no humanos, ser más cooperativos que competitivos, valorar más el silencio reflexivo, el tiempo libre y las relaciones personales y menos las posesiones materiales... Pero esos cambios no se fraguan en el corto plazo: lo que cosechemos ahora no lo recogeremos hasta dentro de un tiempo. Lo peor no es ese retardo, ya que me temo que dichas transformaciones no se pondrán en marcha hasta que nos llegue finalmente el agua al cuello (algo que con el cambio climático es una posibilidad nada metafórica). Más vale que nos vayamos preparando. Y perdón por aguarles -¡nunca mejor dicho!- la fiesta.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Vacaciones de verano en las islas de las Canarias (o Gran Canarias)


Este verano cambiamos de plan: nos vamos mi señora, mis nietos y yo a las islas de las Canarias (también conocidas como de las Gran Canarias o, a secas, Tenerife). Un anuncio televisivo nos ha convencido esta vez (ya habrá ocasión de repetir Benidorm y Rivera Amaya). Va ser una experiencia inolvidable, la idea es alojarnos en alguna posada del pueblo de Palma de Canarias y hacer excursiones desde allí en barquito a las islas vecinas. Debe ser muy barato y encima te dan zumos durante el agradable viaje sobre las tranquilas aguas del Mediterráneo, mientras los barqueros te cantan y narran viejas historias de su tierra.

Solo nos hemos vacunado contra la malaria, en la agencia de viajes le dijeron a mi señora que no hacían falta otras vacunas; de todas formas, llevaremos antibióticos por si alguno se coge allá un catarrazo (nunca se sabe si las farmacias de las islas, tan lejanas de la civilización, estarán bien provistas). Queremos que sea un viaje dedicado sobre todo a observar la naturaleza, porque a mis nietos les encantan los animales. Nos han dicho que la flora no tiene mucho interés (salvo que te gusten los cactus, no es mi caso), pero que la fauna es verdaderamente espectacular: así que aprovecharemos nuestro desplazamiento a la vecina isla de Santa Cruz de Las Palmas para visitar de una tacada el Loro Park, los Palmitos Park, Reptilandia e Hiperdino. Nos habría encantado hacer una inmersión en las aguas del lago Martínez en Fuertementera -dicen que es lo mejor para el buceo en las islas-, pero por desgracia no tenemos licencia de submarinismo y los chavales son aún pequeños.

Lo que no queremos perdernos bajo ningún concepto es el volcán humeante de Carajonales y la Gruta del Verde en Palmas de Menorca, la isla por la que tanto hizo el ilustre artista local Cesario Menroco: por lo que he leído en La Gaceta, su legado está en unas carreteras, unas salas de fiestas y unos centros comerciales que son homologables a cualquier otro no ya de nuestra nación sino de toda Europa.

Habrá también espacio para la cultura, eso espero, para que los nietos se vayan familiarizando también con esas cosas. Así que iremos a algún tablado de Palma a escuchar un buen fandango o bulería. Al parecer, la música de las islas se fundamenta en el flamenco, pero con la distancia (¡daos cuenta de que son diez mil kilómetros hasta las costas españolas!) éste ha tomado un cariz especial, con mezcla de música latina (muchos canarios emigraron a Centroamérica e incluso trabajaron allí en las plantaciones de cebada) y africana (África está muy cerca, tanto que desde la isla de Conejera se ve en días claros el estrecho de Gibraltar, tan majestuoso desde que lo construyeran hace tres mil años los cartagineses).

Le hablaré a mis nietos de los guanchos, esos indios que habitaban las islas antes de que llegaran los españoles hace dos mil años. Al parecer eran pelirrojos, altísimos y de ojos grises (se dice que podrían haber sido descendientes de los soldados que el galo Carlos Magno envió para destronar al rey Salomé de Nubia), pero todos murieron de hambre, enfermedades y pena tras la conquista. Supongo que influyó que los conquistadores destruyesen sus cosechas de gofrío (ya os hablaré luego de esto) y talaran los eucaliptos y araucarias que les daban sombra en las áridas montañas.

Habrá que coger el teleférico desde Corraleja hasta el Monte Terde (en la isla de Chinija, el segundo pico más alto de nuestra nación -tras el Oneto- con sus 5.678 metros), desde donde cuenta la leyenda que se arrojó el vacío el héroe guancho Don Rama. Hay una jarcha muy hermosa que dice algo así como: "Juro por Alcaraván (el Dios guancho), dijo Don Rama gritando, antes morir peleando, que ver a mi Ramadán (nombre guancho de Chinija), sin Ronartemi reinando". En la famosa fiesta de Don Rama se rememora cada 31 de junio este episodio épico. Por su parte, en la isla de Palmas de Menorca se celebran las fiestas lustrales de los Germanos, en las que cada ocho años se saca en procesión a la Virgen del Candelabro (la patrona de las islas de las Canarias o Gran Canarias).

Lo que antes os decía: el gofrío es un cereal cultivado en estas queridas islas tinerfeñas ya desde la era terciaria. Es de muy mala calidad, dada la pobreza de nutrientes de la tierra volcánica, pero mezclado con leche de burra (en guancho, burra se dice baílefa o baílefita) es muy nutritivo. Cuentan que todavía hoy en día no hay casa de canario o tinerfeño -de cualquiera de las seis islas, que aquí no hacen distingos- en la que no te encuentres una despensa llena de gofrío para preparar las tortas con leche de baílefa o baílefita y los sancochos con mijo (esta leguminosa no se cultiva en las islas: la traen los coreanos establecidos aquí hace cientos de años, cuando montaron el primer gimnasio de jiujitsu fuera de la península indochina).

En fin, ya os contaré en mi blog nuestras andanzas por esas islas tan hermosas -¡y acaso desconocidas!- de nuestra amada España tan rica en su simpar diversidad y unicidad. Por si os interesa, Borja Bartolo Santesmases es mi sobrino: sí, el chaval que le cantó las cuarenta a domicilio a la mismísima alemanota de Merkel. Si me estás leyendo, Borja Bartolo, que sepas que no me olvido de la muñequita flamenca canaria que me has pedido como souvenir. Con una frase muy canaria os despido a todos hasta entonces: "¡Arrójate un mijo, muyango!".

viernes, 9 de mayo de 2014

Sergio Ramos intentará dar un cabezazo en el Festival de Eurovisión


El futbolista Sergio Ramos intentará propinar mañana un cabezazo en el Festival de Eurovisión que dé el triunfo a nuestra candidata, Ruth Lorenzo. La Unión de Televisiones Comerciales Asociadas (UTECA) patrocina el viaje esta misma noche a Copenhague del jugador sevillano del Real Madrid y La Roja, erigido en uno de los principales goleadores del club merengue en las últimas jornadas.

"Me siento muy a gusto últimamente y creo que es una ocasión excelente para servir a mi país y a mi patrocinador", ha declarado en el aeropuerto de Barajas el central blanco, que no oculta su entusiasmo por "echar un cráneo" a la cantante murciana en suelo danés.

Durante la gala del sábado, Ramos llevará un pinganillo en la oreja a través del cual recibirá las instrucciones del presidente de la UTECA, José Manuel Lara. "Tengo la cabeza perfectamente amueblada, a disposición de lo que diga el míster". Aunque Lara no ha soltado prenda, se especula que los candidatos de Armenia, Suecia, Reino Unido, Rusia y Austria -incluso alguno de los presentadores masculinos de la gala- podrían estar en el punto de mira de la testa de Ramos.

"Eurovisión es Eurovisión, duz puants son duz puants y aquí nadie regala nada", ha asegurado con gravedad el sevillano antes de partir hacia la capital de Dinamarca. "Si ganamos nosotros, Madrid será una fiesta. Y si ganan los rusos, pues lo será San Estrasburgo. Esta es la grandeza de Eurovisión".

sábado, 3 de mayo de 2014

La metafísica seria tiene futuro

¿Y si resultara que nuestro Universo es obra de algún dios menor (ni omnipotente ni omnisciente, con sus propias debilidades, defectos y manías), movido por algún afán lúdico, experimental... o a saber por qué diablos?... Esta sospecha no es privativa de colgados o mentecuánticos: es también una intuición fundada en la ciencia.

El físico ruso Andrei Linde, uno de los artífices -sin olvidar al precursor Alan Guth- de la teoría de la inflación cósmica, afirma en esta apasionante entrevista: "¿Inteligencias superiores? ¿Por qué no? Si te refieres a que no sea un dios, sino algo más... normal. Puede ser". Eso sí, matiza, "cuando se dice que el Universo fue creado por Dios solo para que nosotros pudiéramos vivir en él, la primera pega es: ¿por qué se preocuparía Dios de un tipo concreto de mono?".

Esto último podemos descartarlo por puro sentido común, ciertamente, pero no la posibilidad de que detrás del Universo haya un "físico hacker", como aventura el científico ruso (principal favorito al próximo Nobel de física junto a Guth). Un hacker que quizá crease el Universo con el mismo propósito de quien concibe a un hijo: para tener algo suyo que le perviviese. Y que, según Linde, pudo haber dejado un mensaje en él, una impronta en sus leyes y constantes físicas que algún día -antes de la muerte térmica del Universo, que es un plazo innegociable- podría ser descifrada por seres inteligentes como los humanos (o los descendientes de los actuales delfines, elefantes o musarañas, o extraterrestres de algún remoto exoplaneta).

"La física me ayuda a abordar cuestiones que antes eran solo metafísicas", reconoce Linde. Esta afirmación es muy importante, por cuanto de ella se desprende que la metafísica bien fundada (la anclada en los conocimientos de la física y otras ciencias como la biología o la neurociencia, no en pajas mentales escolásticas, hegelianas o posmodernas) tiene futuro. De dónde venimos, adónde vamos, qué somos (qué es la conciencia de cualquier ser vivo, no solo la nuestra humana), en qué podemos convertirnos, dónde estamos, qué hay (si acaso hay algo y esta pregunta tiene sentido) ahí fuera...

La frontera de la ciencia con la metafísica es móvil, desplazada por el progreso de la primera. Por eso hay cuestiones, como las de por qué empezó el Universo y por qué comenzó la vida, que podrían tener una respuesta falsable (sujeta a la experimentación) desde el ámbito de la ciencia en un plazo no muy lejano. Por eso mismo siempre habrá preguntas fundamentales cuya respuesta provisional se encontrará más allá de dicha línea fronteriza, dentro de la elucubración metafísica. E incluso algunas que nunca podrán ser sometidas a experimentación, cuya única respuesta no metafísica solo podría ser brindada por la matemática (ese guante que tan elegantemente se ajusta a la mano de la física, que nos permite formalizar espacios de más de tres dimensiones inconcebibles por nuestra mente).

Linde es, por cierto, uno de los abanderados del Multiverso (no está solo, ya que una mayoría de físicos y cosmólogos -entre ellos Stephen Hawking, Brian Greene, Steven Weinberg y Max Tegmark- lo sostienen). Cuando le refieres el Multiverso a gente poco familiarizada con este concepto te miran raro -algo así como si les dijeras que eres vegano o vegetariano-, como un caso perdido camino de la quinta de reposo. Ya no hablemos de si apuntas la posibilidad de estar viviendo en una simulación a lo Matrix, conforme a la concepción del Universo como una gigantesca computación (el it from bit del gran John Wheeler que suscribe Vlatko Vedral: dicho en español y con más palabras, que las unidades inmateriales de información son las creadoras de la realidad).

Pero en un Universo tan extraño (con su espacio y tiempo maleables, su superposición cuántica de todos los estados posibles, su entrelazamiento instantáneo de partículas que pueden estar separadas por distancias abismales, sus singularidades gravitacionales, sus seis dimensiones extra no desplegadas, etc.), no hay que cerrar las puertas a explicaciones que podrían oler a pamplinas, magia o disparate. Pero que no dejan de ser suposiciones con fundamento científico más o menos audaces, nada que ver con morralla escolástica, hegeliana o posmoderna más o menos infumable (ni, por descontado, con creencias irracionales más o menos infantiles y estúpidas).

sábado, 26 de abril de 2014

¿Tercera guerra mundial?

Los sucesos en Ucrania recuerdan mucho al comienzo de las guerras en la ex Yugoslavia en 1991: la aparición de milicias armadas con lo mejor de cada casa (neonazis ucranianos, bacalas rusófonos, cosacos asilvestrados, radicales serbios prorrusos...), la exacerbación nacionalista (agresivo nacionalismo ucraniano católico versus agresivo nacionalismo ruso ortodoxo), la retórica victimista manipuladora de las masas (para un lado, el enemigo son rusos opresores antieuropeos que quieren reconstruir la URSS; para el otro, ucranianos fascistas al servicio del perverso Occidente que quiere hundir a Rusia).

Los recientes acontecimientos en el este del país (lo de Crimea parece por ahora un asunto cerrado, tras el triunfo del órdago ruso de los hechos consumados) son mucho más inquietantes que los de la ex Yugoslavia porque implican a una potencia nuclear como Rusia y a una importante alianza militar como la OTAN, que se da por aludida pese a no estar ligada a compromiso alguno de defender a Ucrania por no ser ésta miembro del club (pero que ya ha tragado bastante con la anexión de Crimea).

El primer ministro de Ucrania ha llegado a ventilar la posibilidad de estar a las puertas de una Tercera Guerra Mundial. Podría parecer una boutade, una salida de tono de un Gobierno desesperado por el desgarro territorial del país, pero viene a cuento recordar que nadie pudo prever hace justo un siglo el estallido de un brutal conflicto armado de cuatro años que se cobraría la vida de más de diez millones de personas (la Primera Guerra Mundial fue un perfecto "cisne negro", como la descomposición de la URSS, los atentados del 11-S o la primavera árabe: según Nassim Taleb, sucesos sorprendentes de gran impacto y absolutamente imprevisibles -por su naturaleza caótica- que solo a posteriori son racionalizados como fruto inevitable de determinados factores económicos, políticos, etc.).

Hay quienes dicen que no habrá guerra entre Estados -ni por asomo una delirante Tercera Guerra Mundial- porque seria un suicidio económico para Rusia, Ucrania y la propia Unión Europea. Esta última es muy dependiente del gas ruso, que en buena parte circula por gasoductos en suelo ucraniano. Además, los oligarcas rusos tienen mucho dinero invertido en la City londinense y otros negocios en Occidente. A nadie le interesaría -ni siquiera a una China que, en su carrera hacia la hegemonía mundial, podría sentirse tentada a sacar partido- desbaratar la incipiente recuperación económica en Europa con un choque armado de semejante potencial destructivo. 

El problema de ese análisis es que peca de economicista (muy típico del pensamiento marxista) y excesivamente racional, desdeñando la importancia de los factores culturales e identitarios (lo que un marxista llamaría elementos superestructurales) e incluso de la irracionalidad en la conducta de las personas y los Gobiernos. Muchas veces las cosas se salen de madre y acaban desbordando los límites previstos por sus protagonistas (ojo, por cierto, al conflicto que se avizora en Cataluña cara al intento de consulta popular en noviembre). Cuando siembras un viento nunca sabes si este acabará convertido en tempestad que terminará sepultándote.

Lo cierto es que Rusia es un país a la defensiva en el que se ha instalado el sentimiento paranoico de ser víctima de una conspiración de Occidente (ese pérfido engendro católico y protestante enemigo de la genuina civilización cristiana: la ortodoxa). Un ruso de a pie percibe que, desde la disolución de la URSS, su país ha ido retrocediendo geopolíticamente en beneficio de unos EE.UU. que han alentado el ingreso de los Estados bálticos y de Ucrania en la OTAN y llegado a plantar bases militares en Asia central. Si el ejército ucraniano acaba matando civiles en el este del país, Putin estaría obligado moral y políticamente -el nacionalismo ruso que profesan él y muchos de sus compatriotas no le dejaría opción- a ordenar una entrada de sus tanques en Ucrania. En ese caso, la OTAN podría estar obligada a dar un paso adelante: la credibilidad de una organización armada es fundamental y se pone precisamente en juego en momentos como éste. Y entonces, a saber... ¡Que el GADU nos coja confesados! 

PD: Siempre le aconsejo a mi hijo que si algún día se viese inmerso en una guerra no dude en huir o desertar (si tiene la oportunidad). La vida es muy corta para dedicarse a matar a desconocidos (para eso están los guerreros, si hace falta) y arriesgar el pellejo en el intento. Llámenme antipatriota, pero yo nunca derramaría una sola gota de mi sangre ni por España ni por Canarias (o lo que podría estar apostado tras sus respectivas banderas).

domingo, 20 de abril de 2014

Mensaje extraño

Sucesión desigual de caracteres (se identifican más de treinta) agrupados en su mayoría en segmentos de entre uno y diez (predominan los segmentos de uno o pocos caracteres, algunos de los cuales parecen tener una función conectiva). No hay evidencia de simetría, aunque se advierten claramente determinadas pautas (los caracteres detrás del carácter '.' son siempre de un tipo más alto; detrás de un '¡' y un '¿' -aunque nunca inmediatamente después- jamás se repiten dichos caracteres sino que aparecen sus aparentes inversos '!' y '?', etc.). Descartada una generación puramente aleatoria, todo parece apuntar a un mensaje codificado elaborado deliberadamente por alguna inteligencia. No puede desdeñarse la posibilidad de que se trate del registro de un Universo, pero es improbable dada su gran -e innecesaria- complejidad así como su evidente falta de elegancia matemática. El enigmático encabezamiento con caracteres de tamaño relativamente grande ("Cien años de soledad") podría dar pistas de la naturaleza del mensaje -o acaso Universo- si aquél pudiera ser descodificado.

sábado, 5 de abril de 2014

Algunas cosas acerca de mí (un día antes del examen)

Hola. Me llamo Carlos Heriberto López Minuesa. Para empezar les diré que vivo en un piso estupendo cerca de la Plaza de España. Aunque no muy grande, es lo bastante amplio para que mis animalitos puedan explayarse y yo atender a mis aficiones. En el vestíbulo yace mi bruñida sierra eléctrica: se llama Esperancita. Ese nombre se lo puse tras haberla sustraído del almacén de Pello, ese viejo inútil al que no deben quedarle muchas afeitadas. Bien que le administraría yo gustoso su última rasurada con la ayuda de Esperancita, pero ella los prefiere más jóvenes: como aquella turista neozelandesa, como aquella pija de El Viso, como aquel ridículo corredor de marcha, como aquel músico callejero andaluz... Tanto me apenó dejar huérfana a su guitarra que decidí adoptarla: la vestí como a una mujer y la pendí del herrumbroso garfio que sostuvo a mi padre casi cinco años, hasta que decidí entregarlo al Manzanares. Porque me gustan mucho los ríos. Recuerdo las palabras de uno de mis profesores sobre alguien que había advertido que un río cambia constantemente, que el río que ves ahora no es el mismo que verás un poco más tarde. Qué ingenioso. Yo pienso lo mismo viendo correr el agua en el lavabo. Fluidos muy variados han asaltado su boca, desde la espesa sangre destilada por Esperancita hasta mi semen pasando por mis lágrimas cuando sentía triste a papá. Sin olvidar, claro, mi sudor salado: me encanta casi tanto como el chocolate, pero solo si es mío o de una mujer que no sea mayor. ¡Ay, mujeres! Siempre me gustaron, pero ellas no querían nada conmigo. Menudas zorras, empezando por mi madre. Mi pobre papá aguantó lo indecible: el idiota era un corderito, un juguete en manos de esa bruja. Luego, en el garfio, cambió. Amén de más azul y menos hablador -de hecho, no volvió a hacerlo-, dejó de suspirar por la marcha de aquella puta con su jefe de la caja de ahorros. En la caja eran todos unos cretinos. Siempre le decía a papá que no cambiaría la vida de mis animalitos por la de alguno de aquellos payasos. Qué majete es mi camaleón. Se llama Ernesto Gómez Gutiérrez. Me gusta verle cambiar de color, observarle devorando sus grillos y polillas, asistir a sus defecaciones. Anatoli Svreganov intenta siempre en vano adentrarse en su urnita de cristal para comérselo. Anatoli no es malo, solo que la ley natural le ha puesto enfrente de Gómez: Svreganov es una noble musaraña. Por contra, Joan Carles Viladecamps es taimado y traicionero, como buen felino. Reconozco que un día estuve a punto de presentarle a Esperancita, pero con los animales tengo mucha paciencia. Hay que entenderlos: luego comienzas a amarlos. Bueno, con Joao Pires, mi graciosa oca, fue todo lo contrario. Yo es que tengo especial debilidad por los palmípedos. Mañana, como todas las semanas, iré a comprar comida para todos. Con un poco de suerte también le daré una alegría a Esperancita, que lleva varios meses de ayuno. Aunque lo cierto es que no me apetece nada salir: no soporto estos días de Sol radiante. Si tuviera a mi alcance la posibilidad de acabar con ese maldito astro, no dudaría en hacerlo. Si hay algo que nadie puede recriminarme es mi valor; y mi fuerza de voluntad, por supuesto. Una vez me pasé tres meses sin comer chocolate por una promesa que hice a mi padre, ya en su etapa en el garfio. Y lo conseguí. Para qué engañarnos, me costó muchísimo: es que me gusta tanto el chocolate... A veces me pongo a correr por casa -hay que estar en forma para trabajar con Esperancita- hasta sudar a chorros. Luego, con una pala de madera, me embadurno los brazos de chocolate recién hecho. Y a comer, qué delicia... Solía hacerlo frente a papá. Ahora que ya no está, lo hago frente al espejo de mi habitación. "¡Cuánto te pareces a tu padre!", me decían mucho de pequeño. Qué trágico fue para mí descubrir años más tarde que aquel buen hombre no era mi verdadero progenitor: la puta de su esposa (o sea, mi madre) no tuvo empacho alguno en escupírselo a la cara en mi presencia. El pobrecillo se quedó destrozado. Claro, debía haber pensado, si nunca había mantenido relaciones sexuales con ella -ni con ninguna otra- era realmente difícil... Aunque no me extrañaría que no hubiese reparado en ese detalle hasta que ella se lo espetó, a título explicativo, a renglón seguido. Volviendo a lo del valor y la voluntad, cuánto me costó mentalizarme para llevar a Esperancita frente a papá. Pero tenía que hacerlo: una vez tomada la decisión, había que afrontarla con todas sus consecuencias. Él sufría mucho. No podía seguir viéndole así, tan triste y apesadumbrado. Todas las mañanas hacía un esfuerzo descomunal para levantarse, echarse un poco de colonia en los sobacos, ponerse el traje gris y dirigirse a la caja. Creo que luego me lo agradeció. No pretendo echarme flores: cualquier buen hijo hubiese hecho lo mismo. Tengo que dejarles: me estoy meando y quiero dejar la bañera casi llena. Con la primera micción de mañana ya la tendré lista para mi baño quincenal. Además, debo dormir muchas horas para asistir mañana bien despejado al examen oral de la oposición de Judicatura. A ver si tengo suerte. Buenas noches.

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