viernes, 30 de diciembre de 2016

¿Qué se esconde tras la (presunta) aleatoriedad?


Tirar un millón de monedas al aire y obtener un 50% de caras nos está diciendo algo muy profundo acerca del Universo. Puede parecer una obviedad, incluso una gran sandez, pero no lo es en absoluto. Por supuesto, lo mismo podría decirse del lanzamiento de un dado o de cualquier fenómeno (aparentemente) aleatorio en el que no haya un sesgo o inclinación hacia alguno de los posibles resultados.

Al arrojar una moneda estamos imprimiéndole una trayectoria -también determinada por condiciones ambientales como la disposición de las moléculas del aire- que solo puede concluir de un modo (cara) u otro (cruz). Lo cierto es que existen infinidad de posibles trayectorias que se dividen a partes iguales entre las que conducen a la cara y las que conducen a la cruz. ¿Pero por qué la relación entre caras y cruces habría de ser 50-50 y no 16-84 o 64-36 o incluso 100-0? La respuesta a dicha pregunta parece ser la misma que a la de esta otra: ¿Por qué las moléculas de un gas se distribuyen de manera más o menos homogénea en un espacio cerrado donde no hay sesgo alguno? (o sea, por qué el número de moléculas a la izquierda tiende a igualar al de moléculas a la derecha, y por qué esta distribución se mantiene en el tiempo). La explicación está en el principio ergódico de la termodinámica. ¿Pero qué hay detrás de la ergodicidad? ¿Por qué es así?...

Conforme a la interpretación de los muchos mundos de la mecánica cuántica, formulada por Hugh Everett, habría un número igual (y gigantesco) de universos asociados al resultado "cara" que de universos asociados al resultado "cruz". Siguiendo principios cuánticos bien contrastados (¡ya no se trata de una interpretación!), podríamos encontrarnos no solo con caras, cruces e improbables caídas de canto sino con sucesos prácticamente imposibles, aunque nunca descartables, como que la moneda quede suspendida en el aire o sea proyectada hasta Plutón. Eso sí, para que se materializaran estos dos últimos sucesos habría que estar tirando monedas sin parar por un espacio de tiempo muy superior al ya transcurrido desde el Big Bang. Aunque, insisto, no son sucesos imposibles por mucho que afrenten al sentido común: es lo que se llama efecto túnel.

La cuestión irresuelta de partida es por qué hay una tendencia a la igualación de probabilidades. ¿Acaso hay en el Multiverso cuántico apuntado por Everett una especie de simetría que lo explique? En esa equiprobabilidad consiste precisamente la aleatoriedad, y por eso se relaciona este concepto con el de información. La tirada de una moneda entraña un bit de información porque no hay manera de conocer por adelantado su resultado particular (solo podemos abordar el fenómeno estadísticamente, tras analizar muchas tiradas, para obtener así meras probabilidades). Si el resultado de cada tirada fuera perfectamente predecible, tendríamos 0 bits de información y la incertidumbre sería nula: para cada lanzamiento sabríamos si la moneda acabaría cayendo en cara o en cruz (obviemos ahora las caídas de canto y las improbabilísimas aberraciones cuánticas explicadas por el efecto túnel que la llevarían a atravesar el techo y alcanzar la galaxia de Andrómeda). En un suceso aleatorio, la entropía o desorden es máxima (la información que tenemos a priori es 0 de 1, por lo que la incertidumbre es máxima); en un suceso perfectamente predecible, la entropía o desorden es mínima (la información que tenemos a priori es 1 de 1, por lo que la incertidumbre es nula).

Esta ristra de 72 números es aleatoria porque no hay patrón o algoritmo alguno conocido que la explique:
010001001001100111000101011001011000110101100101001110001010100100101100

Para computarla en un ordenador harían falta 72 bits, uno por cada suceso. Hay mucha información, mucha complejidad e incertidumbre máxima (porque la información que tenemos a priori es nula).

Sin embargo, esta otra es todo lo contrario:
01010101010101010101010101010101010101010101010101010101010101010101010
Para computarla harían falta muy pocos bits, ya que el ordenador solo tendría que registrar y ejecutar la instrucción "01 n veces" o "0 y 1 alternos". Hay poca información, escasa complejidad e incertidumbre nula (porque la información que tenemos a priori es completa y nos permite predecir perfectamente el comportamiento del sistema).

¿Existe un generador de números aleatorios (un algoritmo de inusitada complejidad, acaso el mismo que desvelaría una secreta pauta en los números primos) que informa cada tirada de monedas o dados en el Universo (mejor dicho, que informa cada suceso cuántico subyacente a toda tirada de monedas o dados o a toda decisión de entes conscientes emergentes como el que esto escribe)? Si así fuera, el mundo sería completamente determinista, ya que los números no serían estrictamente aleatorios (seguirían un oculto patrón) aunque así lo pareciese. De libre albedrío, por supuesto, nada.

El físico Leonard Susskind, uno de los principales exponentes de la teoría de cuerdas, reconoce no saber por qué funciona la ley de los grandes números

jueves, 15 de diciembre de 2016

Un Universo comprensible en lo elemental... ¿pero inabarcable por su complejidad?


El físico británico Stephen Wolfram sugiere que pronto podríamos conocer completamente cómo funciona el Universo en su nivel más básico (incluso hasta por qué lo hace de ese modo y no de cualquier otro). Ese día no lejano, la Física habrá descubierto cuáles son todas las partículas elementales y fuerzas que operan en el Cosmos. Wolfram y muchos otros colegas suyos aventuran que las reglas serán seguramente muy sencillas, tanto es así que las leyes básicas del Universo podrían escribirse en una camiseta. Sería la culminación de la llamada Teoría del Todo, que en vano persiguió Einstein al final de su vida y por la que se devanaron los sesos desde Demócrito hasta Stephen Hawking pasando por Leibniz, Newton o Maxwell. ¿Habríamos leído por fin la mente de Dios, como sugería Hawking al final de su Breve historia del tiempo? ¿Se convertiría la ciencia meramente en tecnología, al haber llegado al final de su camino teórico?...

Quizá se cerrara la Física (al menos la de nuestro universo, porque siempre cabe la posibilidad de investigar la dinámica e incluso creación de otros hipotéticos universos), pero esa Teoría del Todo poco puede decirnos de los fenómenos emergentes complejos: ¡el conocimiento de los fundamentos del Universo no nos bastaría para entender la Biología, la Psicología o la Sociología, para prever el tiempo meteorológico, la aparición de una enfermedad o el estallido de una crisis económica o un conflicto bélico! Habría llegado la gran hora de las llamadas ciencias de la complejidad, con la computación como gran herramienta para desentrañar los misterios escondidos en las emergencias: telescopios y microscopios cederían el protagonismo a potentes superordenadores capaces de elaborar complejas simulaciones a partir de unas pocas reglas básicas; o sea, de derivar el comportamiento de sistemas complejos (biológicos, sociales, etc.) a partir de sus sencillos principios subyacentes.

Ya existen centros de investigación dedicados al estudio de la complejidad como el Santa Fe Institute (presidido por David Krakauer en Nuevo México) o el Center for Complex Systems Research (CCSR) en la Universidad de Illinois en Urbana–Champaign (fundado por Stephen Wolfram), dedicados al desarrollo de modelos y técnicas (redes neuronales, autómatas celulares, dinámicas no lineales o caóticas, algoritmos genéticos, etc.) para describir los sistemas complejos y también extraer de ellos principios globales. Se trata de un prometedor campo científico, con una visión holística frente al enfoque analítico convencional de la ciencia: no hay otra manera de abordar con eficacia el fenómeno de la complejidad. Aun así, como sostiene Wolfram en una entrevista con Robert Lawrence Kuhn, puede que las emergencias fijen un límite a la comprensión humana. No deja de ser paradójico y desazonador que lleguemos a conocer por completo las reglas que rigen el Universo pero, dada la existencia de una distancia irreducible entre su comportamiento global y dichas reglas subyacentes, no seamos jamás capaces de entenderlo en su totalidad.

martes, 6 de diciembre de 2016

Un taller mecánico... ¡de confianza!

Creo haber encontrado un taller mecánico de confianza. Esto es todo un lujo en España, donde la probabilidad de toparte con sinvergüenzas y desaprensivos en ese sector no es precisamente baja (ya he abordado en anteriores entradas en el blog cuestiones como la inseguridad jurídica y el bajo capital social en nuestro país). Y todo ha sido gracias a la recomendación de un compañero de trabajo que me relató un intento de timo en otro establecimiento, donde pretendían levantarle casi 4.000 euros a su comunidad de vecinos por la reparación de la furgoneta de servicio de la urbanización. En el taller bueno les dijeron que la furgoneta no tenía problema alguno. Lo cierto es que la primera vez que fui allí me cobraron la mitad de lo que pretendían clavarme en un taller más cercano a mi casa (para empezar, me presupuestaron 45 minutos de trabajo en vez de la hora y media presuntamente necesaria según los otros). Hace días tuve que volver por otro problema distinto y, al entregar la llave del coche a la encargada, experimenté algo inédito en mi relación con estos sitios: nada más y nada menos que una reconfortante confianza.

Esto me ha hecho pensar que si un empresario o autónomo es honrado y eficiente, tiene ya mucho ganado (puede tener problemas de financiación o de gestión, pero la clientela la va a tener asegurada). Y que hay que ser muy lerdo, además de inmoral, para meter pufos a diestro y siniestro: no solo no van a volver tus clientes estafados, sino que hablarán mal de ti a otros. Si has timado o intentado timar 4.000 euros a alguien, no esperes que regrese. La actitud contraria, la honrada a la par que inteligente, arroja sus frutos no porque exista el karma o algo parecido sino por el puro y simple boca-oído: mi compañero me recomienda el taller, yo voy a él y les dejo dinero a cambio de sus servicios (de hecho, tengo intención de recurrir a él siempre), a su vez lo recomiendo a otros que dejarán allí su dinero, que a su vez lo recomendarán a otros... Tangar 4.000 euros no sale rentable a medio plazo. No hacerlo sí que arroja sus beneficios: de hecho, los 4.000 euros no ganados en el pufo pueden ser más que compensados en un año con tres nuevos clientes habituales. Esto es lo que no pocos empresarios españoles aún no han entendido.

Sería injusto si no dijera finalmente el nombre del establecimiento al que ustedes pueden dirigirse con toda confianza (insisto en que no es cosa menor, sino fundamental, en toda relación) cuando tengan un problema con su coche: Talleres Julián, en Valdemorillo (Madrid). Encima, la persona que te atiende es amable (también rara avis en el sector, donde abundan el ceño fruncido y la mirada esquinada).

domingo, 27 de noviembre de 2016

Infarto ecológico-social: solo caben soluciones drásticas (y quizá reñidas con la democracia)


"Estamos en tiempo de descuento", afirmaba categóricamente el ecólogo Jorge Riechmann en un vídeo dirigido a los asistentes a las I Jornadas del Foro de Economía Progresista celebradas el pasado mes de octubre en Madrid. Ante académicos, periodistas y políticos de la izquierda española (del PSOE, Podemos e IU) allí reunidos, Riechmann recordaba que el cambio climático, el agotamiento de los combustibles fósiles y la destrucción de los ecosistemas y la diversidad biológica están conduciendo al choque del modo de vivir y producir de la humanidad con los límites biofísicos de la Tierra. Más tarde, el arquitecto y urbanista Fernando Prats insistía en que el riesgo de desbordamiento del planeta, con una población humana creciente y una lógica de desarrollo económico absolutamente insostenible, es algo muy real contra lo que hay que actuar sin más dilación.

Por supuesto, ninguno de ellos descubría la pólvora a los asistentes al advertir que está en juego incluso nuestra supervivencia como especie (supongo que en el encuentro no había ningún negacionista climático, creacionista o criatura homologable). Como posteriormente apuntó el economista Óscar Carpintero, de poco sirve mejorar la ecoeficiencia si esta va siempre acompañada de incrementos en el consumo: por ejemplo, es tan cierto que los coches modernos contaminan bastante menos como que cada día hay muchos más coches en nuestras calles y carreteras. Hace falta un cambio global en los patrones de producción y consumo, es necesario reformular la economía planetaria y adoptar un nuevo paradigma civilizatorio. Carpintero también desmintió el tópico de la inmaterialidad de la economía digital: la creciente fabricación de circuitos integrados, móviles, tabletas y otros gadgets tecnológicos requiere de metales, consume energía y genera residuos (algunos de los cuales son peligrosos). Esto no puede seguir así. Por si aún no ha quedado claro, volveré a repetirlo en voz alta: ¡Se nos acaba el tiempo!

I Jornadas del Foro de Economía Progresista.

Si pocas o ninguna duda hay con respecto al diagnóstico, otra cosa bien distinta es cómo afrontar el gran problema. Ahí está realmente el meollo del asunto, en torno al cual giraban principalmente las jornadas: no tanto en las medidas a tomar (sabemos más o menos qué es lo que hay que hacer) sino en cómo construir relatos políticos alternativos convincentes y llevarlos a la práctica por la vía democrática. Es dramático que, como dijo Carpintero, las empresas más exitosas sean precisamente las que más costes repercuten (¿serán por eso mismo las más exitosas?) sobre la sociedad que compra sus productos. Peor aún es que los políticos más infames, los demagogos y populistas más impresentables, sean los más premiados en las urnas. La economía del bien común, de la que apenas se habló en las jornadas, ya tiene una propuesta tangible para poner firmes a las empresas: se trata de incentivar a las buenas y desincentivar a las malas. Sin embargo, al igual que otras iniciativas como la llamada economía colaborativa, no parece suficiente para afrontar el reto a corto plazo: la razón es que no hay todavía masa crítica ciudadana para hacer palanca.

Centrémonos ahora en la actividad política. Hay que tomar medidas contundentes (quizá hasta sea necesario plantearse un decrecimiento económico), pero en una democracia dependemos de los votantes. Si el electorado no ejerce suficiente presión sobre los políticos, seguiremos instalados en un círculo vicioso: el desinterés de los ciudadanos impide que se incluya el problema en la agenda de los políticos (ellos saben que proponer medidas impopulares no les llevará al Gobierno), quienes harán poco o nada y no serán por ello castigados en las urnas (sí lo serán por otras cosas como abrir las puertas a la inmigración) por unos electores más preocupados por el fútbol o la telebasura. Es necesario empoderar a la gente a través del voto y el consumo, las dos grandes armas que tiene todo ciudadano en una democracia. Pero quizá ya no haya tiempo para ese empoderamiento, porque la educación, el espíritu crítico y la concienciación necesarias no arrojan frutos a corto plazo. Hay que reconocer con pesar que no las hemos cultivado suficientemente, no solo en España sino en el resto del mundo. ¿Y entonces qué?...

Ante la gravedad de la situación, creo que hay que adoptar medidas excepcionales a nivel global, implicando al menos a Estados Unidos, la Unión Europea, China, Rusia, India y Japón: debe constituirse una especie de gabinete mundial de crisis, bajo el paraguas de Naciones Unidas, para sortear un peligro que ya es existencial. Por desgracia, sospecho que la solución está reñida con más democracia, al contrario de lo que sostiene el discurso izquierdista biempensante (¡recordemos que el Brexit, Trump, Erdogan, Putin, Daniel Ortega, Le Pen y el presidente filipino de turno son frutos de la democracia!). Para salvar no solo a la humanidad sino a la propia democracia, quizá haya que replanteársela en la línea propuesta por la epistocracia. Sé que lo que digo resulta difícil de tragar para mucha gente progresista, pero yo sinceramente no veo otra salida.

El siguiente símil es políticamente muy incorrecto, pero bastante ilustrativo: cuando un matrimonio con tres niños pequeños viaja en coche a algún lugar distante, es uno de los padres el que está al volante y son solo ambos quienes deciden la ruta y dónde repostar o comer. Poner al volante a un niño de seis años porque ha obtenido tres votos (el suyo y el de sus hermanitos menores) contra los dos de sus padres no parece muy razonable. Es muy triste que millones de personas en Estados Unidos nieguen el cambio climático, ya sea porque lo han oído en Fox News o a la salida de la iglesia o porque lo han leído en el Facebook de sus amigos, pero mucho más penoso es que a resultas de ello salga elegido un presidente como Donald Trump que puede comprometer el futuro del mundo entero. La democracia es una idea muy noble. Sin embargo, asociada con la burricie en una situación extrema como la que nos acecha, puede empujarnos definitivamente al abismo.


sábado, 19 de noviembre de 2016

Desvelado el plan B de Rajoy: presidencia interina vitalicia

Mariano Rajoy tenía un as en la manga en el supuesto de que ni siquiera unas indeseadas terceras elecciones hubiesen logrado desencallar la formación de Gobierno en España: unas fotocopias arrojadas a un contenedor de plástico próximo al Palacio de la Moncloa, a las que ha tenido acceso el diario Ultraconfidencial Digital, prueban que el conocido catedrático constitucionalista Jaime de Sota Bamberg tenía muy avanzado, a instancias del presidente en funciones, un proyecto de reforma rápida de la Carta Magna que habría otorgado a Rajoy la condición de presidente en funciones vitalicio con amplísimos poderes ejecutivos para gobernar por decreto, aprobar presupuestos y designar a los campeones de la Liga de fútbol. El documento que preparaba De Sota, aún en estado de borrador, hacía una importante concesión al PSOE, ya que su líder Pedro Sánchez habría sido elegido jefe vitalicio de la Oposición. Y para contentar a los nacionalistas catalanes, el F.C. Barcelona tendría garantizado a perpetuidad el subcampeonato de Liga (el título estaría reservado ad infinitum al Real Madrid, dada la querencia de Rajoy por el club merengue, sin descartar alguna Liga puntual para el Pontevedra C.F. sin necesidad de militar -non necessarium- en la máxima categoría del balompié hispano). La crisis en el seno del PSOE, saldada el mes pasado con la dimisión de Pedro Sánchez y el desbloqueo de la investidura tras casi un año de Gobierno en funciones, dio al traste con este plan B del ya presidente electo. Ni De Sota Bamberg (autor de polémicos informes jurídicos, que en mayo de este año presentó un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional para que toda bandera escocesa esgrimida durante la final de la Copa del Rey incluyera dentro un toro bravo de Osborne) ni Rajoy (concentrado ya en Moncloa para el partido de esta noche entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid) han querido pronunciarse al respecto.

sábado, 12 de noviembre de 2016

ATENCIÓN: Singularidad formateando



"Si hay algo masivo que te disgusta eres un aburrido, un arrogante y un cursi", escribe Elvira Lindo contra la cultura de masas en su oportuno artículo "La cobra del pueblo", publicado hoy en El País. No es nuevo el debate al respecto: ya lo han avivado estos últimos años intelectuales como Mario Vargas Llosa o Antonio Muñoz Molina. Lo cierto es que buena parte de lo que actualmente se considera cultura, incluyendo arte, música, literatura y cine, es pura basura comercial sin más valor que el de mercado (o sea, que el determinado por la simple concurrencia de oferentes y demandantes puestos en el mismo plano con independencia de su sensibilidad, talento y conocimientos).

Parece acertado el tópico de que sobre gustos no hay nada escrito y que las verdades en este ámbito son relativas. En su Crítica del juicio, Kant sostenía que las verdades estéticas son al mismo tiempo subjetivas y universales, ya que cada uno tiene las suyas pero espera que el resto del mundo las comparta. Sin embargo, es innegable que existen principios estéticos objetivos -caso del orden y la simetría- que parecen incrustados en las leyes cósmicas. El orden y la simetría en una pieza de Mozart son mucho mayores que en una serie aleatoria de ruido. A la hora de calificar objetivamente una obra de arte también hay otros criterios como la hondura emocional (no es la misma en "El grito" de Edvard Munch que en los Mickey Mouse seriados de Andy Warhol), la originalidad (se me antoja muy distinta en el Pedro Páramo de Juan Rulfo que en el último best seller de conspiraciones templarias o vampiros) y la destreza o ejecución técnica (resultan muy dispares las de Eric Clapton y el guitarrista de la típica boy band).

Este es un debate trillado donde ya nadie pretende descubrir la pólvora, pero ahora viene el giro argumental: ¿qué pasaría si se alumbrara este siglo la Singularidad prevista por Ray Kurzweil, esa especie de Superinternet biónica fruto de la conexión en red entre cerebros humanos, Internet y la Inteligencia Artificial? Estaríamos ante algo nuevo, ante un fenómeno emergente de características insospechadas y seguramente inimaginables: una superconciencia cuyas motivaciones quizá tuviesen poco que ver con las nuestras humanas (o sea, animales). Por la misma razón por la que hasta el más rudimentario ordenador no concibe que dos más dos pueda ser otra cosa que cuatro, esa superinteligencia consciente podría entregarse a un cribado sistemático de Internet para depurarlo de errores y contenido improcedente (no olvidemos que seguramente más del 90% de lo que está en la red es basura: insultos, falsedades, memeces, incorrecciones y disparates de toda índole). Todo lo que contradiga verdades bien contrastadas como que animales y vegetales tenemos un ancestro común, que el Universo tiene unas 13.800 millones de años o que Elvis Presley murió en 1976 no tendría cabida en el nuevo Internet gestionado por la Singularidad. Que los humanos fuimos creados por Dios a su imagen y semejanza, que el Universo tiene 6 mil años y que Elvis Presley sigue vivo en 2016 solo tendrían cabida bajo el epígrafe "ficción", junto a los cronopios de Cortázar, el mundo alternativo de La trama celeste de Bioy Casares en el que Cartago destruyó Roma y las andanzas de Michael Knight con su coche fantástico.

Pero la cosa iría mucho más allá de purgar entradas en Wikipedia, en blogs y en páginas web, de eliminar troleces y spam a diestro y siniestro: ¿nos atreveríamos a descartar que esa superconciencia no haría también limpieza estética?, ¿pondría en el mismo plano una sinfonía de Beethoven que el "Gangnam Style", un texto de Jorge Luis Borges que otro de Dan Brown, una obra de Goya que otra de Damian Hirst, Black Mirror y un telefilme vespertino de serie B?... Y ya con esas, ¿por qué no habría de concluir con certeza que este sistema capitalista de casino es moralmente deplorable y ambientalmente insostenible (y que algo habría que hacer en consecuencia)?, ¿por qué no habría de considerar errónea -y proceder a su inmediata anulación- una elección democrática como la de Donald Trump o la del presidente filipino de turno?, ¿por qué no habría de arrogarse la reconducción de psicópatas, sádicos o gente dañina con muy pocos escrúpulos (o su envío a mundos virtuales donde no sean nocivos, o acaso su eliminación)?

Mira por dónde, resultaría que gracias a la Singularidad podríamos tener un sucedáneo de Juicio Final (para la humanidad tal y como la hemos conocido, porque la vida transhumana habría empezado a dar sus primeros pasos). Y sería un juicio final integral: intelectual, estético y moral. Aunque bien podría ocurrir que la Singularidad encontrase en la porquería intelectual, estética y moral alguna utilidad que ahora a nosotros -procesadores de información tan toscos a causa de nuestras limitaciones cerebrales- se nos escapa por completo.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Los otros tú del Multiverso


Hay en el Multiverso infinidad de individuos que se parecen a ti, que tus familiares, amigos y conocidos de este universo confundirían contigo si se los topasen (cosa imposible, porque no habría conexión posible entre universos más allá de su hipotética superposición cuántica). Pero no te engañes: ¡ellos son otros! Son otros que se te parecen mucho, que comparten contigo tramos de su pasado -por tanto, numerosos recuerdos- y acaso iguales ilusiones, anhelos y temores, no pocos de cuyos sueños están poblados por los mismos moradores que los de los tuyos. Pero insisto: no son tú, porque tú eres único, tú eres el que está ahora mismo leyendo esta entrada en el móvil, tableta u ordenador, no el que en vez de eso está echando un vistazo a la portada digital de El País o el que se decantó por salir a la calle a tomar un café o el que hace veinte años se mudó a Nueva Zelanda y ahora duerme. Por eso solo tienes conciencia de estar en un universo, ya que los otros tú son diferentes individuos con su propia conciencia. La tuya y la de ellos son compartimentos estancos una vez se han separado: no menos que la tuya y la de tu hijo, que la tuya o la de tu vecino.

En el Multiverso hay una línea sinuosa que representa tu historia, que podría ser reproducida infinitas veces y solo se corresponde con un universo: este que te ha tocado a ti, a mí, a tu hijo y a tu vecino, el mismo del que son parte necesaria Parménides, Spinoza, Stalin, las guerras púnicas y la segunda presidencia de Rajoy. Esa línea está escrita desde siempre (estaba cuando el Big Bang y seguirá estando al final de los tiempos), al modo de la sucesión de fotogramas de una película: solo te cabe recorrerla, ignorante de su rumbo y su final. No lo dudes: eres importante, eres parte necesaria del Cosmos (seas bueno o malvado, rico o pobre, feliz o infeliz, listo o tonto, afortunado o desgraciado). Lo que no sabemos es por qué. Quizá por la misma sencilla razón por la que el seis antecede al cinco y precede al siete. ¿Y por qué tu historia es la que es y no otra? Pues por la misma razón por la que la canción Across the Universe de los Beatles empieza con los acordes Re, Si menor y Fa menor sostenido o el cuento Noches blancas de Dostoievski termina con "¡Dios mío! ¡Solo un instante de bienestar! Pero, ¿acaso no es suficiente para toda una vida humana?": de otro modo no serían ni Across the Universe ni Noches blancas sino otra cosa.

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