martes, 20 de octubre de 2015

¿Vida inteligente a 1.500 años-luz?

Anillos de Dyson, por Arnero

En los últimos 30 años se han descubierto casi dos mil planetas fuera de nuestro Sistema Solar. Los llamados exoplanetas han podido ser detectados, pese a ser tan pequeños (en comparación con las estrellas), estar tan lejanos y no emitir luz visible, gracias a los muy pequeños cambios que producen en la luminosidad de las estrellas que orbitan al ponerse delante de ellas (y frente a los ojos del telescopio espacial Kepler).

De las cien mil millones de estrellas de la Vía Láctea (nuestra galaxia, que es una de las cien mil millones que hay en el Universo observable) hay una casi el doble de grande que nuestro Sol, a unos 1.500 años-luz de distancia, a la que hemos bautizado como KIC 8462852. En torno a ella se han detectado esos cambios de luminosidad que indican la presencia de cuerpos planetarios, pero dichas alteraciones son de tales características -carentes de regularidad y mucho más intensas, llegando a reducir el 20% del brillo de la estrella- que apuntan a otra causa.

Al tratarse de un sol adulto, está descartado que el motivo de ese oscurecimiento sean los discos protoplanetarios de materia: éstos solo existen al comienzo de la vida de la estrella, cuando sus planetas están aún en formación y son meras nubes giratorias de polvo. La explicación podría estar en los escombros producto de una gran colisión planetaria. O en un grupo de exocometas, procedentes del espacio exterior.

La hipótesis menos probable, pero sin duda más excitante, es la presencia de macroestructuras alrededor de la estrella, fabricadas por alguna civilización inteligente para captar su energía de la manera más eficiente (las "esferas de Dyson", teorizadas por el físico anglo-norteamericano Freeman Dyson). Si esto se confirmara (los radiotelescopios del SETI ya se disponen a apuntar a KIC 8462852 en busca de señales artificiales de radio), se trataría no ya del mayor hallazgo en la historia de la ciencia sino de la noticia más impactante de toda la historia de la humanidad (solo superada por una invasión alienígena inesperada, una manifestación divina explícita -a lo grande, sin complejos- o un algo menos improbable aviso parpadeante en el cielo -por ejemplo, un "Game Over"- escrito por un supuesto programador del Universo). 

Si hubiese vida inteligente en el sistema solar de KIC 8462852, ¿deberíamos comunicarnos con ellos? Ya existe un protocolo del SETI a este respecto. En cualquier caso, nuestro mensaje les llegaría dentro de 1.500 años y su eventual respuesta sería recibida -en el mejor de los casos- en el año 5015. Por cierto, si nos estuviesen observando ahora mismo (mientras escribo estas líneas) lo que verían sería el mundo del año 500: ostrogodos, vándalos, suevos y compañía (la tarjeta de presentación de la humanidad no sería, desde luego, mucho peor que la de 2015 en algunos países). Es lo que tiene estar tan lejos, aunque solo sean 1.500 años-luz en un Universo observable con un diámetro de... ¡90.000 millones de años-luz!

Las implicaciones filosóficas y éticas de este descubrimiento serían muy profundas. ¿Qué dirían las religiones?: ¿serían hijos de Dios igual de dignos que nosotros, con un alma, hechos a su imagen y semejanza?... ¿Y si hubiesen descubierto la inexistencia de Dios (no me refiero al de Einstein, por supuesto)? ¿Y si nos trataran a nosotros, en caso de un encuentro físico, como nosotros tratamos a los cerdos o los toros de lidia? Quizá seria peor (¿o acaso mejor?) si el trato que nos dispensaran fuera la relativa indiferencia que profesamos a las hormigas o los paramecios.

sábado, 10 de octubre de 2015

Conciencia Urbana, el (supuesto) azar y la alegría



La puerta se cerró justo cuando la había traspasado: apenas un segundo más tarde no hubiera podido entrar. Dos paradas después, al renovarse la carga humana del vagón, vi a mi derecha de nuevo a Adán: ¡Otra vez en la línea 6 del metro de Madrid (la circular) volvía a encontrarme con el dúo de paisanos canarios de Conciencia Urbana! Porque la última vez había sido solo dos días antes, en las escaleras de O'Donnell (hablamos del partidazo de la U.D. Las Palmas contra el Celta). Y la previa, una semana atrás en el propio vagón, cuando fui de nuevo testigo de uno de sus espectaculares sesiones de improvisación. En esta última ocasión, antes de empezar su show, hablamos un poco del destino de mi viaje (la sierra de Madrid) y de El Hierro, la isla del guitarrista Pedro. Nos despedimos deseándonos suerte. No les faltó: su interpretación en el siguiente vagón fue premiada con una cerrada salva de aplausos.

Pensaba yo media hora después, sentado en la guagua (o sea, el autobús), que si me hubiera retrasado solo un instante en el metro no les habría visto. Eso significaría que no estaría ahora escribiendo esta entrada: quizá andaría pergeñando otra o, acaso, ninguna. Y me reafirmé en mi intuición de que el azar no existe, de que seguimos el único camino que nos está marcado de antemano. Y de una cosa pasé a otra: recordé a mi amigo Salva (el doctor Casado de Twitter), empeñado en su cruzada por el optimismo y la alegría para cuidar la salud de sus pacientes reales y potenciales. Los de Conciencia Urbana están embarcados en esa misma causa: la de cultivar y arrancar la sonrisa que cura, que alivia, que previene la enfermedad. En el guion del Universo está escrita la existencia de un Partido de la Alegría (todo un fin en sí mismo) y ellos forman parte de él.

El bueno de Rafael Hidalgo es otro prominente miembro del Partido de la Alegría (aunque nos hable de Schopenhauer).

Al igual que tantas otras personas, a su modo y manera: en su trabajo, en la calle o en cualquier lugar donde se crucen con el prójimo (no necesariamente humano). Como el humilde obispo católico Pedro Casaldáliga, el prelado más pobre del mundo (con poco más que sus libros y sus escasas ropas -solo tiene tres camisas- como pertenencias). Él me ha ayudado involuntariamente a terminar esta entrada con sus palabras el otro día al compañero y amigo Santi Riesco, haciendo balance de sus muchísimos años como misionero en el corazón del Mato Grosso de Brasil: "Mereció la pena... y la alegría". Por cierto, qué alegría la de las hijas de Santi por el regreso de su padre ayer (y la de su padre al ser devorado a besos y abrazos por ellas).

viernes, 2 de octubre de 2015

¿Bailan los electrones? (¡A jugar!)


Hace un par de años, mi buen amigo y paisano canario José Miguel Santos me recomendó la lectura de un muy sugerente e interesante artículo: What’s the Point If We Can’t Have Fun?, del antropólogo y anarquista estadounidense David Graeber. Éste sostiene que lo que impulsa no solo a todos los seres vivos sino también a objetos inanimados autoorganizados (como un copo de nieve o un huracán) e incluso a las propias partículas elementales (como un electrón) es tan simple como jugar: se trata de un principio que regiría en todas las escalas de la realidad física, homologable al elan (o ímpetu) vital de Henri Bergson o al Wille de Schopenhauer, y que explicaría por qué un electrón gira (sencillamente, porque juega y se divierte -al igual que un copo de nieve, un gusano, un caballo o un bípedo implume-, todo un fin en sí mismo). Por eso Graeber llega a preguntarse si bailan los electrones.

Si esto fuera cierto, deberíamos tomarnos la vida de manera mucho más relajada y lúdica. Al fin y al cabo, se trata de divertirse... pero no solamente eso: sabemos que al menos en una de las escalas de ese gran juego, en el tablero donde interactuamos con nuestros congéneres humanos, los toros y los elefantes, mora la compasión. ¿Qué relación existiría entre ésta (madre de la Ética) y el elan lúdico graeberiano? Yo barrunto que la compasión debe ser, junto a la maldad, una de las hijas de este último.

martes, 22 de septiembre de 2015

El Viacrucis de los refugiados sirios: una típica película protagonizada por humanos

Europa vive una crisis migratoria sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Dicho de una manera más concreta y personalizada, decenas de miles de sirios (pero también iraquíes, afganos, eritreos y otros) están embarcados en un largo, caro y peligroso viaje hacia el núcleo próspero de la Unión Europea, forzados a abandonar su país por la guerra y/o la persecución política: un periplo de miles de kilómetros marcado por la angustia, el frío, el hambre, la sed, el cansancio y, a veces, la muerte (ya se han convertido en cotidianas las terribles imágenes de niños ahogados en aguas del Mediterráneo), a expensas de traficantes sin escrúpulos y de otros desalmados que en ocasiones -dentro y fuera de la UE- llevan uniforme.

Para analizar este drama utilizaré el mismo modelo aplicado al tráfico ilegal de marfil en una entrada anterior titulada "La pena por el elefante". Porque, como escribí allí, "se trata de la típica película real protagonizada por humanos, con todo lo que conlleva: egoísmo, ignorancia, estupidez, maldad... Al igual que en las pelis de ficción también hay, por supuesto, cosas buenas como la gente que se indigna e incluso se rebela arriesgando su pellejo. El modelo explicativo aplicable es siempre el mismo, hablemos de tráfico de marfil, de peletería, de diamantes, de industria cárnica o de esclavismo". Y, claro está, de inmigración masiva...

Para empezar, hay que remontarse al año 2003, cuando el mendaz y escasamente cualificado presidente estadounidense George W. Bush (votado y respaldado por no pocos compatriotas ignorantes e imbéciles) conduce a su país y a algunos de sus aliados a una guerra desastrosa y contraproducente en Irak (que servirá para divertirse a seres de la calaña de la señorita England), creando un caos y un vacío político que años más tarde será llenado -tanto en Irak como en la vecina Siria- por fanáticos religiosos (en el mejor de los casos, ignorantes y estúpidos; en el peor, simples bestias) bien financiados por correligionarios adinerados del golfo Pérsico con cuentas en Suiza y cuasiesclavos asiáticos a su servicio. Estos fanáticos (musulmanes sunníes nativos y extranjeros venidos expresamente de otros países de la región, de África o de Europa) se hacen con el control de un vasto territorio a caballo entre Irak y Siria y siembran el terror entre cristianos, musulmanes chiíes, kurdos y todo aquel que desafíe a su autoproclamado Estado Islámico. En Siria les harán frente el Ejército del dictador Asad (apoyado por la milicia chií libanesa proiraní Hezbolá), las milicias laicas kurdas del norte (en un territorio independizado de facto de Damasco) y otras milicias laicas e incluso islamistas (como el grupo Al Nusra, cercano a Al Qaeda), a su vez enemigas del régimen de Asad. La población civil, atrapada entre varios fuegos y sometida a bombardeos indiscriminados, es desplazada masivamente de sus pueblos y ciudades y empujada al exilio.

Miles de personas, muchas de ellas junto a toda su familia, se ponen camino de la rica y tolerante Europa, donde nadie les va a echar bombas de barril ni a rebanar el pescuezo y podrán encontrar un trabajo del que vivir decentemente. Por supuesto, no todos son trigo limpio: sería absurdo (un bofetón a la estadística) que así lo fuera. Como tampoco eran buenos todos los republicanos que abandonaron España a finales de la Guerra Civil o todos los judíos que estaban en los campos de concentración y exterminio nazis (algunos de ellos colaboraron con los nazis y fueron tan crueles con sus hermanos hebreos como aquellos, tal como nos contó Victor Frankl en El hombre en busca de sentido) o todos los soldados aliados que felizmente derrotaron a Hitler hace 70 años. Como tampoco eran malos, por otra parte, todos los soldados de la Alemania nazi (muchos de ellos, como un primo hermano de mi madre, eran jóvenes obligados a servir).

Volvamos al siglo XXI. En su recorrido, los sirios bienintencionados -y también los otros- habrán de toparse con buena gente, pero también con imbéciles o inconscientes, con desaprensivos y con bestias (humanas). A casi todos los traficantes de personas podemos repartirlos entre estos dos últimos grupos: al primero (los desaprensivos) se adscriben los que pretenden sacar a los migrantes el mayor dinero posible y no se preocupan demasiado por su seguridad; el segundo está integrado por los que los estafan y son capaces de hundirles la balsa en medio del mar, causando directamente su muerte. Si llegan a suelo europeo, los sufridos migrantes se encontrarán de nuevo con gente que les ayudará (simples ciudadanos, voluntarios y no pocos empleados públicos y policías empáticos), pero también con gentuza racista que les pondrá la zancadilla o los mirará con recelo (entre ellos, no pocos policías que les inflarían a gusto a hostias si les autorizaran): una gentuza que está detrás de políticos xenófobos y nacionalistas como el presidente húngaro cristiano Viktor Orban (él bien sabe que está en el poder gracias en parte a esos votos que se disputa con los neofascistas de Jobbik).

Ya llegados a su destino (Alemania y Suecia suelen ser sus países favoritos para establecerse), los refugiados encontrarán otra mucha gente que se solidarizará con ellos y les apoyará, pero también otra legión de imbéciles o inconscientes (que se creerán que vienen a quitarles su trabajo o a robarles y votarán a quienes prometan echarlos), de desaprensivos y, por supuesto, de bestias. Y al mando, nuestros políticos tan denostados, temerosos de perder votos (hay que quitarse el sombrero ante la valentía de Angela Merkel, aunque es cierto que a Alemania -en general, a Europa- le interesa una inmigración cualificada para sostener su economía en el futuro) por ser demasiado generosos con los inmigrantes: mezquinamente temerosos de la mezquindad de muchos de los votantes a los que se deben (y también de su miedo al otro, alimentado por el auge del radicalismo islámico en las comunidades ya establecidas en Europa, lo que a su vez sirve de pasto a la extrema derecha nacionalista y xenófoba).

Este análisis no es incompatible con sesudos estudios académicos que ponen el acento en la crisis de la democracia partidista y el Estado del Bienestar en Europa, los riesgos del multiculturalismo y el choque de civilizaciones, la amenaza demográfica y ecológica global, el fracaso del Estado moderno y el secularismo en Oriente Medio, la artificialidad de las fronteras allí trazadas tras la caída del imperio otomano, el impacto geoestratégico de la emergencia en la segunda mitad del siglo XX de las petromonarquías del Golfo o la quiebra de las relaciones de dominación capitalista a nivel mundial (signifique lo que signifique esto). Pero tengamos en cuenta que en todo estudio social son los humanos -no solo los líderes sino los ciudadanos de a pie- los protagonistas. Y las motivaciones humanas son siempre las mismas, al igual que los tipos humanos: ahora, hace mil años y seguramente dentro de mil años (aunque, en ese lejano escenario futuro, la hipotética integración hombre-máquina alumbrando seres biónicos interconectados podría quizá depararnos alguna sorpresa).

**Este artículo de Arturo Pérez-Reverte ofrece un panorama no muy luminoso sobre el futuro de Europa a la luz de esta crisis migratoria. Creo que no le falta razón.

"Hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: "raza" de los hombres decentes y la de los indecentes. Ambas se encuentran en todas partes y en todas las capas sociales. Nosotros hemos tenido la oportunidad de conocer al hombre quizá mejor que ninguna otra generación. ¿Qué es en realidad el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero, asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oración" (Viktor Frankl, 1946)

jueves, 10 de septiembre de 2015

Superconciencia, ¿emergencia pendiente?

(tras otro agradable paseo campestre con el doctor Salvador Casado)

La conciencia, esa cosa tan íntima y familiar a la par que misteriosa, es -mejor dicho, parece ser- una propiedad emergente de la materia que mora en ámbitos etéreos. Inmaterial e inalienable, no puede percibirse más allá de los confines de su dueño e incluso es imposible saber con certeza si éste realmente la posee o no (no puede descartarse que todos menos tú sean zombis, meros autómatas sin vida interior). Además, ignoramos a partir de qué punto estamos en presencia de ella: ¿Hay conciencia en un embrión, en una comunidad bacteriana, en un árbol?, ¿y por qué no en un termostato o en la propia Biosfera autorregulada (la Gaia de James Lovelock)?...

El espacio y el tiempo probablemente sean también propiedades emergentes, de fundamento aún desconocido (ya sabemos que la masa lo es, fruto del acomplamiento con un campo de Higgs). Como lo son con certeza la vida, la economía, un huracán, una bandada de pájaros o un embotellamiento de tráfico. Los insospechados fenómenos emergentes de orden más elevado que estarían esperándonos en el futuro, si continúa nuestra línea evolutiva y no se trunca nuestro exponencial desarrollo científico y tecnológico, nos llenarían sin duda de asombro. ¿Por qué no podría la conciencia, llevada a cierto punto crítico (semejante a los 0º C en los que el hielo pasa a ser agua líquida o a los 100º en los que se vuelve gaseosa), ser generadora de otros ámbitos o reinos autónomos?

La conexión en red entre cerebros humanos e inteligencia artificial, en una especie de Superinternet biónica, alumbraría seguramente una singularidad tecnológica como la prevista por Ray Kurzweil. Se abriría con ello la válvula reductora cerebral que, según Henri Bergson, limita la cantidad de Realidad que entra en la conciencia: ésta se ensancharía, por tanto, de manera inimaginable. Tras la singularidad, ya nada sería igual. Incluso es muy probable que nuestras motivaciones -humanas y, por tanto, animales- ya no fuesen las mismas.

Quizá el futuro de la vida inteligente sea una amorfa nube consciente (como la novelada por Fred Hoyle en La nube negra), capaz de habitar en idílicas recreaciones virtuales donde no existe el sufrimiento o la maldad, donde todo es amor y compasión: en rincones del florido Multiverso que podríamos identificar con el Cielo o el Paraíso, lejos del Infierno (que debe existir ahí fuera en todas sus modalidades), de vulgares universos defectuosos como el nuestro y de la mera Nada* (que, según Robert Nozick, también tendría su hueco en el Multiverso).


*Nada en sentido estricto, no en la acepción de vacío cuántico que permea todo nuestro Universo.

martes, 18 de agosto de 2015

¿Feminicidio en España? (ya será menos...)

Cada vez que un bestia mata a su novia o esposa vuelve la cantinela a los medios de comunicación y a la calle: "¡Cómo está el país! ¡Esto es un feminicidio que se nos va de las manos!..". Creo de verdad que la alarma social creada por estos crímenes machistas es exagerada. En absoluto me propongo restarle importancia al terrible drama de 24 mujeres asesinadas por hombres en lo que va de 2015 (por cierto, la tendencia es decreciente en los últimos años): solo procuro ponderarlo apelando a unas pocas cifras y al sentido común.

Lo primero, tengamos en cuenta que en España hay 46 millones de personas. Es un disparate hablar de feminicidio porque cada año asesinan a medio centenar de mujeres (lo cual, INSISTO, es un espanto) de las 20 millones que pisan nuestro suelo: ¡es una sobre 400.000! Otra cosa es el maltrato físico y/o psicológico, mucho más cotidiano. No olvidemos que estamos abordando el comportamiento de unos primates autoetiquetados como Homo sapiens sapiens, entre cuyos machos -y también hembras- siempre hay y habrá individuos infames. La brutalidad y la excesiva inclinación a la violencia es intrínseca a no pocos congéneres, y para constatarlo no hace falta ser un sociólogo. Se estima en torno a un 2-3% el porcentaje de psicópatas, de gente sin empatía ni escrúpulos, en la población humana total. Por otra parte, el terreno está más abonado para la violencia de género en España que en otros países más avanzados. Aquí sigue bien arraigado el machismo, sobre todo en las clases bajas y entre la gente más conservadora y rancia de las clases medias y altas: no es de extrañar, dado el peso de la tradición y de la Iglesia católica.

Todavía hay amplio recorrido para concienciar a nuestros niños y jóvenes -el resto de la población infectada por el machismo es ya culturalmente irrecuperable- de que hombres y mujeres han de ser iguales en dignidad y derechos, de que todo tipo de maltrato o abuso es intolerable. Y seguramente haya que reforzar las leyes contra la violencia machista y aumentar la protección de las mujeres amenazadas, sin por ello incurrir en una legislación que, como su propio artífice (mi paisano socialista Juan Fernando López Aguilar) pudo constatar en sus carnes, puede llegar a arruinar la vida de alguien con una simple denuncia falsa o sin fundamento. Esa ley de 2004 está siendo utilizada torticeramente como un arma de la madre contra el padre para hacerse con la custodia de los hijos en procesos de separación o divorcio.

Pero, por muy bien que lo hagan las autoridades y la sociedad civil, es imposible erradicar esta plaga (en España o en cualquier otro sitio). ¿Alguien se rasga las vestiduras por el hecho de que siga habiendo asesinos, estafadores, violadores y otros delincuentes, de que las cárceles sigan siendo -y nunca dejen de serlo- necesarias? ¿Acaso han desaparecido esos tipejos de algún país del mundo, por muy avanzado que sea? ¿De veras podemos creernos que por mucho "pacto político, institucional y social para luchar contra el machismo criminal" (PSOE dixit) no va a haber siempre algún energúmeno por ahí que mate a su esposa? Una importante función de las leyes es intentar prevenir el delito, pero pretender que éste desaparecerá completamente alguna vez de la faz de la Tierra es de una ingenuidad demencial.

En cualquier caso, no perdamos la perspectiva. Según el psicólogo evolutivo canadiense Steven Pinker, en contra de lo que podríamos pensar viendo un telediario, los humanos nunca hemos sido menos violentos como ahora. Pinker sostiene esta tesis en su libro Los ángeles que llevamos dentro, apoyado por un gran arsenal de datos estadísticos. No tengo información al respecto, pero pongo la mano en el fuego a que nunca ha habido menos víctimas de violencia machista en España como en la actualidad. ¿Se imaginan cómo debía ser el panorama en 1915, por no hablar de 1815, 1715 o antes?

Por cierto, en los telediarios solo sale lo noticiable (como el asesinato de una mujer a manos de su pareja), que es una muy pequeña parte de la realidad cotidiana de un país relativamente desarrollado y en paz. Por desgracia, el maltrato físico es mucho más frecuente (una de cada ocho mujeres afirma haberlo sufrido). Pero, por fortuna, en materia de violencia machista España está muy alejada de regiones como Latinoamérica, la India, África o el mundo islámico (véase aquí un informe del estado mundial del problema). No pretendo ser complaciente sino ponderado y realista. Hay que proseguir con la concienciación social y las medidas de protección de las víctimas, hacer recaer todo el peso de la ley sobre el maltratador (ni más ni menos que sobre cualquier otro delincuente violento) y asumir de una vez por todas que siempre habrá bestias entre nosotros.

martes, 4 de agosto de 2015

Parte a las Seychelles un equipo científico multidisciplinar español para resolver un triple enigma lingüístico

El reputado equipo multidisciplinar español que recientemente desveló por qué en Moldavia no llaman tortellini al chorizo de Cantimpalos se apresta a un nuevo reto científico. Los investigadores al mando del filósofo Rubén Santiago Armenteros Pi se proponen ahora ofrecer una explicación a un triple e intrigante misterio lingüístico: por que no había palabra en arameo antiguo para el kiwi (tanto el ave como el fruto) y por qué no las hay aún en la actualidad en las lenguas sami de los lapones para el desierto arenoso con formaciones rocosas dispersas de arenisca y en el idioma tok pisin de Papúa Nueva Guinea para el gentilicio de Torredonjimeno (Jaén).

Armenteros Pi asegura que el germen de esta nueva investigación fue uno de los escasos momentos de asueto en la isla de Bora Bora, centro operativo del complejo y laborioso trabajo acerca de los tortellini, el embutido segoviano y la lengua rumana de Moldavia. "Observando el fondo redondeado de un vaso de Martini tras un largo briefing con mi equipo en la piscina del hotel, de alguna manera se me antojó que la resolución de esos tres enigmas debía de estar estrechamente relacionada", aseguraba el filósofo español a la prensa antes de partir con su equipo hacia las islas Seychelles: este archipiélago índico será el nuevo cuartel general de los investigadores (al plantel multidisciplinar se ha sumado un geólogo de Betanzos) en los próximos tres años. "La elección de Seychelles no es gratuita", explicó Armenteros Pi, "pues tendremos que hacer trabajo de campo en Laponia, Nueva Zelanda, Israel, Papúa Nueva Guinea y las islas Vírgenes británicas y es el emplazamiento ideal por su ubicación geográfica y sus condiciones para la investigación y el procesamiento de información 2.0".

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha alabado el trabajo de estos científicos: "Son realmente emprendedores que representan lo mejor de la marca España en el mundo". El jefe del Ejecutivo, que tuvo palabras de recuerdo para otra investigación que el año pasado descartó que Franco Battiato hubiese hecho su servicio militar en Alcorcón, ha prometido visitar a nuestros compatriotas en las islas Seychelles antes de final de año si su apretada agenda se lo permite: "Habrá que ver si hay algún partido importante del Madrid por medio, pero seguro que encontraré algún hueco".

Archivo del blog