martes, 22 de septiembre de 2015

El Viacrucis de los refugiados sirios: una típica película protagonizada por humanos

Europa vive una crisis migratoria sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Dicho de una manera más concreta y personalizada, decenas de miles de sirios (pero también iraquíes, afganos, eritreos y otros) están embarcados en un largo, caro y peligroso viaje hacia el núcleo próspero de la Unión Europea, forzados a abandonar su país por la guerra y/o la persecución política: un periplo de miles de kilómetros marcado por la angustia, el frío, el hambre, la sed, el cansancio y, a veces, la muerte (ya se han convertido en cotidianas las terribles imágenes de niños ahogados en aguas del Mediterráneo), a expensas de traficantes sin escrúpulos y de otros desalmados que en ocasiones -dentro y fuera de la UE- llevan uniforme.

Para analizar este drama utilizaré el mismo modelo aplicado al tráfico ilegal de marfil en una entrada anterior titulada "La pena por el elefante". Porque, como escribí allí, "se trata de la típica película real protagonizada por humanos, con todo lo que conlleva: egoísmo, ignorancia, estupidez, maldad... Al igual que en las pelis de ficción también hay, por supuesto, cosas buenas como la gente que se indigna e incluso se rebela arriesgando su pellejo. El modelo explicativo aplicable es siempre el mismo, hablemos de tráfico de marfil, de peletería, de diamantes, de industria cárnica o de esclavismo". Y, claro está, de inmigración masiva...

Para empezar, hay que remontarse al año 2003, cuando el mendaz y escasamente cualificado presidente estadounidense George W. Bush (votado y respaldado por no pocos compatriotas ignorantes e imbéciles) conduce a su país y a algunos de sus aliados a una guerra desastrosa y contraproducente en Irak (que servirá para divertirse a seres de la calaña de la señorita England), creando un caos y un vacío político que años más tarde será llenado -tanto en Irak como en la vecina Siria- por fanáticos religiosos (en el mejor de los casos, ignorantes y estúpidos; en el peor, simples bestias) bien financiados por correligionarios adinerados del golfo Pérsico con cuentas en Suiza y cuasiesclavos asiáticos a su servicio. Estos fanáticos (musulmanes sunníes nativos y extranjeros venidos expresamente de otros países de la región, de África o de Europa) se hacen con el control de un vasto territorio a caballo entre Irak y Siria y siembran el terror entre cristianos, musulmanes chiíes, kurdos y todo aquel que desafíe a su autoproclamado Estado Islámico. En Siria les harán frente el Ejército del dictador Asad (apoyado por la milicia chií libanesa proiraní Hezbolá), las milicias laicas kurdas del norte (en un territorio independizado de facto de Damasco) y otras milicias laicas e incluso islamistas (como el grupo Al Nusra, cercano a Al Qaeda), a su vez enemigas del régimen de Asad. La población civil, atrapada entre varios fuegos y sometida a bombardeos indiscriminados, es desplazada masivamente de sus pueblos y ciudades y empujada al exilio.

Miles de personas, muchas de ellas junto a toda su familia, se ponen camino de la rica y tolerante Europa, donde nadie les va a echar bombas de barril ni a rebanar el pescuezo y podrán encontrar un trabajo del que vivir decentemente. Por supuesto, no todos son trigo limpio: sería absurdo (un bofetón a la estadística) que así lo fuera. Como tampoco eran buenos todos los republicanos que abandonaron España a finales de la Guerra Civil o todos los judíos que estaban en los campos de concentración y exterminio nazis (algunos de ellos colaboraron con los nazis y fueron tan crueles con sus hermanos hebreos como aquellos, tal como nos contó Victor Frankl en El hombre en busca de sentido) o todos los soldados aliados que felizmente derrotaron a Hitler hace 70 años. Como tampoco eran malos, por otra parte, todos los soldados de la Alemania nazi (muchos de ellos, como un primo hermano de mi madre, eran jóvenes obligados a servir).

Volvamos al siglo XXI. En su recorrido, los sirios bienintencionados -y también los otros- habrán de toparse con buena gente, pero también con imbéciles o inconscientes, con desaprensivos y con bestias (humanas). A casi todos los traficantes de personas podemos repartirlos entre estos dos últimos grupos: al primero (los desaprensivos) se adscriben los que pretenden sacar a los migrantes el mayor dinero posible y no se preocupan demasiado por su seguridad; el segundo está integrado por los que los estafan y son capaces de hundirles la balsa en medio del mar, causando directamente su muerte. Si llegan a suelo europeo, los sufridos migrantes se encontrarán de nuevo con gente que les ayudará (simples ciudadanos, voluntarios y no pocos empleados públicos y policías empáticos), pero también con gentuza racista que les pondrá la zancadilla o los mirará con recelo (entre ellos, no pocos policías que les inflarían a gusto a hostias si les autorizaran): una gentuza que está detrás de políticos xenófobos y nacionalistas como el presidente húngaro cristiano Viktor Orban (él bien sabe que está en el poder gracias en parte a esos votos que se disputa con los neofascistas de Jobbik).

Ya llegados a su destino (Alemania y Suecia suelen ser sus países favoritos para establecerse), los refugiados encontrarán otra mucha gente que se solidarizará con ellos y les apoyará, pero también otra legión de imbéciles o inconscientes (que se creerán que vienen a quitarles su trabajo o a robarles y votarán a quienes prometan echarlos), de desaprensivos y, por supuesto, de bestias. Y al mando, nuestros políticos tan denostados, temerosos de perder votos (hay que quitarse el sombrero ante la valentía de Angela Merkel, aunque es cierto que a Alemania -en general, a Europa- le interesa una inmigración cualificada para sostener su economía en el futuro) por ser demasiado generosos con los inmigrantes: mezquinamente temerosos de la mezquindad de muchos de los votantes a los que se deben (y también de su miedo al otro, alimentado por el auge del radicalismo islámico en las comunidades ya establecidas en Europa, lo que a su vez sirve de pasto a la extrema derecha nacionalista y xenófoba).

Este análisis no es incompatible con sesudos estudios académicos que ponen el acento en la crisis de la democracia partidista y el Estado del Bienestar en Europa, los riesgos del multiculturalismo y el choque de civilizaciones, la amenaza demográfica y ecológica global, el fracaso del Estado moderno y el secularismo en Oriente Medio, la artificialidad de las fronteras allí trazadas tras la caída del imperio otomano, el impacto geoestratégico de la emergencia en la segunda mitad del siglo XX de las petromonarquías del Golfo o la quiebra de las relaciones de dominación capitalista a nivel mundial (signifique lo que signifique esto). Pero tengamos en cuenta que en todo estudio social son los humanos -no solo los líderes sino los ciudadanos de a pie- los protagonistas. Y las motivaciones humanas son siempre las mismas, al igual que los tipos humanos: ahora, hace mil años y seguramente dentro de mil años (aunque, en ese lejano escenario futuro, la hipotética integración hombre-máquina alumbrando seres biónicos interconectados podría quizá depararnos alguna sorpresa).

**Este artículo de Arturo Pérez-Reverte ofrece un panorama no muy luminoso sobre el futuro de Europa a la luz de esta crisis migratoria. Creo que no le falta razón.

"Hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: "raza" de los hombres decentes y la de los indecentes. Ambas se encuentran en todas partes y en todas las capas sociales. Nosotros hemos tenido la oportunidad de conocer al hombre quizá mejor que ninguna otra generación. ¿Qué es en realidad el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero, asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oración" (Viktor Frankl, 1946)

jueves, 10 de septiembre de 2015

Superconciencia, ¿emergencia pendiente?

(tras otro agradable paseo campestre con el doctor Salvador Casado)

La conciencia, esa cosa tan íntima y familiar a la par que misteriosa, es -mejor dicho, parece ser- una propiedad emergente de la materia que mora en ámbitos etéreos. Inmaterial e inalienable, no puede percibirse más allá de los confines de su dueño e incluso es imposible saber con certeza si éste realmente la posee o no (no puede descartarse que todos menos tú sean zombis, meros autómatas sin vida interior). Además, ignoramos a partir de qué punto estamos en presencia de ella: ¿Hay conciencia en un embrión, en una comunidad bacteriana, en un árbol?, ¿y por qué no en un termostato o en la propia Biosfera autorregulada (la Gaia de James Lovelock)?...

El espacio y el tiempo probablemente sean también propiedades emergentes, de fundamento aún desconocido (ya sabemos que la masa lo es, fruto del acomplamiento con un campo de Higgs). Como lo son con certeza la vida, la economía, un huracán, una bandada de pájaros o un embotellamiento de tráfico. Los insospechados fenómenos emergentes de orden más elevado que estarían esperándonos en el futuro, si continúa nuestra línea evolutiva y no se trunca nuestro exponencial desarrollo científico y tecnológico, nos llenarían sin duda de asombro. ¿Por qué no podría la conciencia, llevada a cierto punto crítico (semejante a los 0º C en los que el hielo pasa a ser agua líquida o a los 100º en los que se vuelve gaseosa), ser generadora de otros ámbitos o reinos autónomos?

La conexión en red entre cerebros humanos e inteligencia artificial, en una especie de Superinternet biónica, alumbraría seguramente una singularidad tecnológica como la prevista por Ray Kurzweil. Se abriría con ello la válvula reductora cerebral que, según Henri Bergson, limita la cantidad de Realidad que entra en la conciencia: ésta se ensancharía, por tanto, de manera inimaginable. Tras la singularidad, ya nada sería igual. Incluso es muy probable que nuestras motivaciones -humanas y, por tanto, animales- ya no fuesen las mismas.

Quizá el futuro de la vida inteligente sea una amorfa nube consciente (como la novelada por Fred Hoyle en La nube negra), capaz de habitar en idílicas recreaciones virtuales donde no existe el sufrimiento o la maldad, donde todo es amor y compasión: en rincones del florido Multiverso que podríamos identificar con el Cielo o el Paraíso, lejos del Infierno (que debe existir ahí fuera en todas sus modalidades), de vulgares universos defectuosos como el nuestro y de la mera Nada* (que, según Robert Nozick, también tendría su hueco en el Multiverso).


*Nada en sentido estricto, no en la acepción de vacío cuántico que permea todo nuestro Universo.

martes, 18 de agosto de 2015

¿Feminicidio en España? (ya será menos...)

Cada vez que un bestia mata a su novia o esposa vuelve la cantinela a los medios de comunicación y a la calle: "¡Cómo está el país! ¡Esto es un feminicidio que se nos va de las manos!..". Creo de verdad que la alarma social creada por estos crímenes machistas es exagerada. En absoluto me propongo restarle importancia al terrible drama de 24 mujeres asesinadas por hombres en lo que va de 2015 (por cierto, la tendencia es decreciente en los últimos años): solo procuro ponderarlo apelando a unas pocas cifras y al sentido común.

Lo primero, tengamos en cuenta que en España hay 46 millones de personas. Es un disparate hablar de feminicidio porque cada año asesinan a medio centenar de mujeres (lo cual, INSISTO, es un espanto) de las 20 millones que pisan nuestro suelo: ¡es una sobre 400.000! Otra cosa es el maltrato físico y/o psicológico, mucho más cotidiano. No olvidemos que estamos abordando el comportamiento de unos primates autoetiquetados como Homo sapiens sapiens, entre cuyos machos -y también hembras- siempre hay y habrá individuos infames. La brutalidad y la excesiva inclinación a la violencia es intrínseca a no pocos congéneres, y para constatarlo no hace falta ser un sociólogo. Se estima en torno a un 2-3% el porcentaje de psicópatas, de gente sin empatía ni escrúpulos, en la población humana total. Por otra parte, el terreno está más abonado para la violencia de género en España que en otros países más avanzados. Aquí sigue bien arraigado el machismo, sobre todo en las clases bajas y entre la gente más conservadora y rancia de las clases medias y altas: no es de extrañar, dado el peso de la tradición y de la Iglesia católica.

Todavía hay amplio recorrido para concienciar a nuestros niños y jóvenes -el resto de la población infectada por el machismo es ya culturalmente irrecuperable- de que hombres y mujeres han de ser iguales en dignidad y derechos, de que todo tipo de maltrato o abuso es intolerable. Y seguramente haya que reforzar las leyes contra la violencia machista y aumentar la protección de las mujeres amenazadas, sin por ello incurrir en una legislación que, como su propio artífice (mi paisano socialista Juan Fernando López Aguilar) pudo constatar en sus carnes, puede llegar a arruinar la vida de alguien con una simple denuncia falsa o sin fundamento. Esa ley de 2004 está siendo utilizada torticeramente como un arma de la madre contra el padre para hacerse con la custodia de los hijos en procesos de separación o divorcio.

Pero, por muy bien que lo hagan las autoridades y la sociedad civil, es imposible erradicar esta plaga (en España o en cualquier otro sitio). ¿Alguien se rasga las vestiduras por el hecho de que siga habiendo asesinos, estafadores, violadores y otros delincuentes, de que las cárceles sigan siendo -y nunca dejen de serlo- necesarias? ¿Acaso han desaparecido esos tipejos de algún país del mundo, por muy avanzado que sea? ¿De veras podemos creernos que por mucho "pacto político, institucional y social para luchar contra el machismo criminal" (PSOE dixit) no va a haber siempre algún energúmeno por ahí que mate a su esposa? Una importante función de las leyes es intentar prevenir el delito, pero pretender que éste desaparecerá completamente alguna vez de la faz de la Tierra es de una ingenuidad demencial.

En cualquier caso, no perdamos la perspectiva. Según el psicólogo evolutivo canadiense Steven Pinker, en contra de lo que podríamos pensar viendo un telediario, los humanos nunca hemos sido menos violentos como ahora. Pinker sostiene esta tesis en su libro Los ángeles que llevamos dentro, apoyado por un gran arsenal de datos estadísticos. No tengo información al respecto, pero pongo la mano en el fuego a que nunca ha habido menos víctimas de violencia machista en España como en la actualidad. ¿Se imaginan cómo debía ser el panorama en 1915, por no hablar de 1815, 1715 o antes?

Por cierto, en los telediarios solo sale lo noticiable (como el asesinato de una mujer a manos de su pareja), que es una muy pequeña parte de la realidad cotidiana de un país relativamente desarrollado y en paz. Por desgracia, el maltrato físico es mucho más frecuente (una de cada ocho mujeres afirma haberlo sufrido). Pero, por fortuna, en materia de violencia machista España está muy alejada de regiones como Latinoamérica, la India, África o el mundo islámico (véase aquí un informe del estado mundial del problema). No pretendo ser complaciente sino ponderado y realista. Hay que proseguir con la concienciación social y las medidas de protección de las víctimas, hacer recaer todo el peso de la ley sobre el maltratador (ni más ni menos que sobre cualquier otro delincuente violento) y asumir de una vez por todas que siempre habrá bestias entre nosotros.

martes, 4 de agosto de 2015

Parte a las Seychelles un equipo científico multidisciplinar español para resolver un triple enigma lingüístico

El reputado equipo multidisciplinar español que recientemente desveló por qué en Moldavia no llaman tortellini al chorizo de Cantimpalos se apresta a un nuevo reto científico. Los investigadores al mando del filósofo Rubén Santiago Armenteros Pi se proponen ahora ofrecer una explicación a un triple e intrigante misterio lingüístico: por que no había palabra en arameo antiguo para el kiwi (tanto el ave como el fruto) y por qué no las hay aún en la actualidad en las lenguas sami de los lapones para el desierto arenoso con formaciones rocosas dispersas de arenisca y en el idioma tok pisin de Papúa Nueva Guinea para el gentilicio de Torredonjimeno (Jaén).

Armenteros Pi asegura que el germen de esta nueva investigación fue uno de los escasos momentos de asueto en la isla de Bora Bora, centro operativo del complejo y laborioso trabajo acerca de los tortellini, el embutido segoviano y la lengua rumana de Moldavia. "Observando el fondo redondeado de un vaso de Martini tras un largo briefing con mi equipo en la piscina del hotel, de alguna manera se me antojó que la resolución de esos tres enigmas debía de estar estrechamente relacionada", aseguraba el filósofo español a la prensa antes de partir con su equipo hacia las islas Seychelles: este archipiélago índico será el nuevo cuartel general de los investigadores (al plantel multidisciplinar se ha sumado un geólogo de Betanzos) en los próximos tres años. "La elección de Seychelles no es gratuita", explicó Armenteros Pi, "pues tendremos que hacer trabajo de campo en Laponia, Nueva Zelanda, Israel, Papúa Nueva Guinea y las islas Vírgenes británicas y es el emplazamiento ideal por su ubicación geográfica y sus condiciones para la investigación y el procesamiento de información 2.0".

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha alabado el trabajo de estos científicos: "Son realmente emprendedores que representan lo mejor de la marca España en el mundo". El jefe del Ejecutivo, que tuvo palabras de recuerdo para otra investigación que el año pasado descartó que Franco Battiato hubiese hecho su servicio militar en Alcorcón, ha prometido visitar a nuestros compatriotas en las islas Seychelles antes de final de año si su apretada agenda se lo permite: "Habrá que ver si hay algún partido importante del Madrid por medio, pero seguro que encontraré algún hueco".

sábado, 25 de julio de 2015

Concluye una fructífera investigación científica española sobre los tortellini, el chorizo de Cantimpalos y Moldavia


Una vez más se demuestra que España no es solo jamón serrano, paella, playa, sol y toros. Un equipo científico multidisciplinar de nuestro país (compuesto por lingüistas, bromatólogos, epistemólogos, curadores de contenidos y couchers artísticos y emocionales) acaba de concluir con éxito una investigación en la que ha estado inmerso varios años. Sus resultados aparecerán en la próxima edición de la prestigiosa revista internacional Social Science Update Review.

El punto de partida del trabajo fue la constatación por el filósofo español Rubén Santiago Armenteros Pi, en el marco de un congreso de Epistemología celebrado en enero de 2008 en Curaçao (Antillas neerlandesas), de que en Moldavia no llaman "tortellini" a nuestro conocido -e internacionalmente reputado- chorizo de Cantimpalos. Un colega moldavo del filósofo español le confirmó a éste, durante un receso del evento académico, lo que nuestro compatriota venía intuyendo desde hacía tiempo tras ver en Intereconomía un documental sobre la influencia del cultivo doméstico de marihuana en maceta sobre la desecación del mar de Aral. A su vuelta a España, Armenteros transmitió su inquietud a colegas, académicos e instituciones varias. No tardaría en ponerse en marcha el proyecto, financiado mediante una campaña de crowdfunding en redes sociales y diversas subvenciones públicas y patrocinios comerciales.

El equipo científico español, que ha realizado un intenso trabajo de campo en lugares tan diversos como la localidad segoviana de Cantimpalos, la capital moldava Chisinau, la región italiana de Emilia-Romagna y la isla polinesia de Bora Bora, concluye que la razón por la que en Moldavia no llaman "tortellini" al chorizo de Cantimpalos es porque "no tiene nada que ver una cosa con la otra". "Se trata de productos radicalmente diferentes desde una óptica puramente ontológica", adelantaba esta mañana en Madrid a la prensa Armenteros Pi, director del plantel investigador. "Hemos comprobado que el non sint aequales opera tanto a efectos lógico-estructurales como cognitivos. Así pues, podemos afirmar con absoluta certeza que es un error categorial de bulto la identificación de la pasta anilloide rellena de origen italiano con el conocido embutido segoviano en cualesquiera de sus formatos de comercialización: sarta, achorizado o cular". "El corolario semántico de todo ello es claro y revelador", añadía Armenteros: "La lengua rumana hablada en Moldavia -me atrevo a decir que cualquier idioma, incluido el catalán- no puede adjudicar a nuestro querido chorizo de Cantimpalos la denominación de 'tortellini' sin incurrir en grave falla lógica".

El prestigioso epistemólogo también ha comunicado en primicia a los periodistas españoles el descubrimiento por su equipo de dos "casos extremos y muy peligrosos" de non sequitur que trasladarán al próximo congreso mundial de Epistemología en Vanuatu. "Es un buen ejemplo", ha dicho, "de hallazgos colaterales de un trabajo de investigación duro y sistemático como el que nos ha ocupado estos años. Sin duda allanarán el camino a muchas investigaciones futuras, e incluso en curso, en las más diversas ramas del saber científico" (*véase al final).

Preguntado por un periodista acerca del elevado presupuesto en viajes del proyecto, Armenteros Pi subrayó que solo se viajó una vez a Chisinau, dos a Cantimpalos y "otras tres o acaso cuatro" al norte de Italia. "Nuestro centro operativo estaba en un hotel de Bora Bora: allí se concentró nuestro trabajo el 90% del tiempo, por lo que me parece profundamente deshonesto insinuar que estos años hemos estado haciendo turismo".

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha celebrado desde un campamento de verano de NNGG en Lausana (Suiza) este hito científico con la marca España: "Cuando nos ponemos, nos ponemos, porque somos una gran nación y s'acabao. Y fíjese usted, además, que el Real Madrid tiene un equipo muy compensao esta temporada, es un plantel con mucha llegada y gol que nos dará muchas satisfacciones a todos los españoles".


*Los dos casos extremos de non sequitur descubiertos por el equipo dirigido por Rubén Santiago Armenteros Pi son:

CASO 1:
1. Si soy un tortellini, entonces soy un alimento.
2. Soy un alimento.
3. Por tanto, soy un chorizo de Cantimpalos.

CASO 2:
1. Si estoy en Cantimpalos, estoy en España.
2. Estoy en España.
3. Por tanto, estoy en Bora Bora.

domingo, 19 de julio de 2015

'La Razón' publica una comprometedora foto de 1985 de Pablo Iglesias y Manuela Carmena

Pablo Iglesias agrede en 1985 a un compañero de clase, jaleado por Manuela Carmena.

El tabloide británico The Sun daba ayer la campanada mediática con unas imágenes de 1933 de la actual reina Isabel alzando el brazo al estilo nazi. Y esta mañana era el diario La Razón el que irrumpía en las redes sociales con una imagen igualmente comprometedora para sus protagonistas, pero mucho más reciente (de 1985) y familiar para los españoles. Por desgracia, la foto del escándalo (véase arriba) está completamente en negro al haberse velado en su día el rollo fotográfico usado en la cámara.

En la imagen, según explica La Razón, se observa a un Pablo Iglesias (actual líder de Podemos) de apenas siete años de edad golpeando en el patio de su colegio a un chaval de su clase, jaleado por la entonces jueza Manuela Carmena (actual alcaldesa de Madrid). Mediante una vanguardista técnica de lectura estática de labios desarrollada por la Dermoethics Corporation, el diario madrileño ha podido desentrañar lo que el jovencísimo Iglesias decía al niño al que agredía: "Eres un puto pijo facha y te vas a cagar vivo". De ese mismo análisis se desprende que Carmena se limitaba a exclamar: "¡Dale caña, dale caña, coletas!". La presencia de la ahora alcaldesa en esa escena da pábulo a quienes sostienen que existe un plan de largo recorrido para derribar a la monarquía, algo de lo que se hacía eco recientemente el ABC.

El Fiscal General del Estado ya ha pedido a La Razón la entrega de la foto para abrir diligencias. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no ha tardado en pedir la dimisión "inmediata" de Iglesias y de Carmena: "No hay otra si les queda algo de decencia", apuntaba en un encuentro en Béjar (Salamanca) con ganaderos del sector porcino. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha señalado que está a la espera de más información para emitir un comunicado: "Si se confirma", ha dicho, "se trataría de algo muy alarmante para la salud de nuestras instituciones democráticas". Por su parte, los dos implicados siguen sin pronunciarse al respecto.

Fuentes próximas al diario La Razón aseguran que la cabecera de Marhuenda podría poseer una segunda fotografía de mucho mayor impacto (se rumorea que también totalmente en negro, al haberse sacado de noche sin flash) en la que aparecerían Carmena e Iglesias paseando junto a Fu Manchú, el ayatolá iraní Ali Jamenei y el presidente venezolano Nicolás Maduro por los jardines del Palacio de Miraflores de Caracas.

ACTUALIZACIÓN: La artista conceptual Esther Ferrazcona ha anunciado que emprenderá acciones legales por la publicación de la foto de Iglesias y Carmena, que considera un "burdo plagio" de su cuadro de 2003 "Anochecer minimal-existencial en el bucle espacio-temporal del Peine de los Vientos de Donosti".

domingo, 12 de julio de 2015

Justicia y retribución en el Cosmos

Una de las cosas que más desasosiegan a un ser humano medianamente sensible (supongo que a toda inteligencia al menos equiparable, aquí en la Tierra como hipotéticamente fuera de ella) no es tanto la existencia del mal como la posible inexistencia de una justicia universal que retribuya de algún modo a aquél: mientras que el mal es algo constatable y omnipresente, no hay indicios razonables -los cuentos religiosos son un aparte- de que la Naturaleza se preocupe lo más mínimo al respecto. O sea, que no está escrito en el firmamento ni en los insondables espacios subatómicos que torturar y matar a una criatura inocente por pura diversión tenga un precio, más allá del legal y penitenciario si acaso es pillado al asesino (y si la víctima es también humana, no una vaquilla). Y no está claro que los responsables de Auschwitz, convertidos ya casi todos en polvo, hayan contraído alguna deuda con el Cosmos por ello. Dentro de miles de años nadie se acordará siquiera de esa infamia (ni de lo de Camboya, Guatemala, Ruanda, Srebrenica o Estado Islámico) y seguirá, como siempre, saliendo y poniéndose el Sol: ¿acaso se ha alterado el Universo por las inimaginables masacres cometidas por nuestra especie desde que andamos a dos patas?

La maldad parece haber sido incluso premiada por la selección natural por su utilidad para la supervivencia: la psicopatía en los humanos no es una patología sino una mera adaptación evolutiva. De hecho, somos hijos de la depredación: no estaríamos aquí si nuestros antepasados hubiesen sido veganos (el desarrollo de nuestro cerebro debe mucho a una dieta carnívora), animalistas y pacifistas. Pero la evolución también ha hecho que alberguemos en nuestro código genético sentimientos de empatía y conceptos como el de justicia. Parejos a este último se encuentran la indignación ante la injusticia y, para repararla, la inclinación al castigo o la venganza. Esto no parece exclusivo de la humanidad, ya que los etólogos aseguran que ocurre más o menos igual en el resto de los mamíferos. El deseo de venganza es algo muy natural, un intento de restablecer cierto orden en el mundo ante lo que se juzga como un inaceptable atropello a la justicia: desde la percepción de una falta de respeto, un agravio o un insulto a la dignidad personal o colectiva hasta una atrocidad en toda regla.

Claro que andaba en lo cierto Buda -quizá el mayor sabio de la Historia- al afirmar que la venganza es tóxica para quien la ejerce por cuanto supone de apego a lo que se odia. Desde luego que no puede ser sana, pero eso no quita que sea una forma reconfortante de retribución (¡si fuera posible preguntarle a este pobre toro embolado!). El budismo cree precisamente en una suerte de justicia cósmica en torno al concepto de karma, conforme al cual todo acto de un individuo genera consecuencias que van más allá de su vida en este mundo. Pero si no existiera el libre albedrío (y parece razonable que no haya tal cosa), nadie sería culpable de sus actos y sería tan absurda la búsqueda de venganza como la retribución kármica.

Que en una amalgama ordenada de polvo de estrellas (nuestro cuerpo y la mente que emerge de él) se hayan alumbrado sentimientos como el amor y la compasión es algo verdaderamente sublime, mucho más asombroso y conmovedor que cualquier cosmovisión religiosa. Y quizá ahí estribe la esperanza: en que la justicia y el bien imperen finalmente en el Cosmos porque una superinteligencia -fruto de la vida, a su vez producto de la evolución del Universo- acabe tomando sus riendas (de acuerdo a un esquema determinista, porque cumpla sin saberlo -como hacemos todo nosotros con nuestras vidas- un misterioso guion ya escrito con una finalidad desconocida y seguramente inimaginable).

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