sábado, 19 de noviembre de 2011

La mayoría son otros

Acierta la derecha cuando afirma que el movimiento 15-M no representa a la mayoría social de este país, que son más los españoles que no salen a la calle a protestar ni se movilizan de alguna manera contra la situación política y económica que nos ha tocado. Acierta por desgracia, porque es un drama -para los poderosos, un motivo de tranquilidad- que los cómplices de la crisis, los reacios a toda transformación (conservadores en el peor sentido), los engañados, los silenciosos y los indiferentes sean mayoritarios. Y esto es así, hay que reconocerlo para no llevarse un chasco. Como el de quienes pensaban que los tunecinos progresistas, esos hombres y mujeres jóvenes de clase media urbana y bien educados que hicieron caer a la dictadura de Ben Alí, eran mayoría en su país y serían artífices del primer estado laico democrático del mundo árabe.

Queda el consuelo de saber que los cambios sociales siempre empiezan con una minoría activa y que las conquistas a veces llegan tras tortuosas sendas, como la que los tunecinos tienen por delante (de color verde) y la que los españoles nos aprestamos a recorrer (de color azul gaviota).

jueves, 10 de noviembre de 2011

PPestafa electoral

Muchos españoles se han tragado esa milonga propalada por el PP de que la crisis en que nos hallamos es atribuible a una supuesta mala gestión económica del Gobierno de Zapatero (que, desde luego, no ha sido buena). Bastante gente va a votar a Rajoy pensando que con un mero cambio de Ejecutivo las cosas empezarán a enderezarse y se acabará con el paro. Si les manifiestas tu incredulidad, no tardan en esgrimirte la experiencia de Aznar: "Si él lo hizo, Rajoy lo hará también".

Lo que esta gente no sabe, o no quiere saber, es que la creación y la destrucción de empleo no dependen en los países desarrollados tanto de la política económica aplicada por los Gobiernos como de la fase del ciclo económico por la que se atraviesa. Y que la economía española es especialmente sensible, por sus características, tanto a los auges como a las depresiones: se crean muchos empleos cuando llega el ciclo expansivo y se destruyen muchos en el caso contrario. También desconocen que la situación económica de 2011 no tiene nada que ver con la de 1996, que asistimos a una crisis internacional diferente que puede degenerar en sistémica y precipitar al abismo al propio capitalismo.

En España hemos sido víctimas de la combinación de: 1) la crisis financiera internacional desatada hace unos años por las hipotecas basura estadounidenses, causantes de una debacle bancaria (al contaminarse las entidades con activos vinculados a dichas hipotecas), de una crisis de la deuda pública (al obligar a los Gobiernos a destinar sumas multimillonarias para salvar a los bancos) y de una recesión en los países desarrollados (causada por la contracción del crédito y la caída de la confianza en empresas y consumidores); y 2) el estallido de la burbuja inmobiliaria nacional engordada irresponsablemente desde finales del pasado siglo (cuando gobernaba el PP, no lo olvidemos).

Lo primero es achacable al descontrol de un sector financiero cada vez menos regulado, lo que permitió la proliferación de actividades especulativas de alto riesgo: de ello es culpable la irresponsabilidad, e incluso abierta complicidad, de banqueros, inversores institucionales, supervisores monetarios, agencias de calificación de riesgos... A lo que hay que sumar, más recientemente, el descubrimiento de las mentiras del Gobierno griego (conservador, por cierto) acerca de sus cuentas públicas, detonante de la crisis de la deuda en la zona euro. 

Por su parte, nuestra burbuja inmobiliaria se infló gracias al binomio liberalización del suelo (decidida por Aznar)-bajos tipos de interés (decididos en Frankfurt), del que se beneficiaron sobre todo promotores inmobiliarios, bancos y cajas, corporaciones locales y no pocos ciudadanos que pudieron vender sus terrenos a precio de oro, emplearse en el sector de la construcción y/o comprarse viviendas y buenos coches. Esa burbuja alimentada por los Gobiernos de Aznar no fue frenada por los de Zapatero. Desde luego, los políticos rara vez miran al largo plazo (excepto al suyo), y mucho menos si hay que pagar por ello el peaje de perder votos e incluso las siguientes elecciones. En el debe de nuestros gobernantes -da igual su partido- está también no haber afrontado una más que necesaria reforma de la Administración y de las empresas públicas para poner freno a tanto enchufismo, ineficacia y derroche de fondos públicos. Y no haber apostado por un tejido económico más productivo y sostenible.

El margen de acción del futuro Gobierno de España es muy limitado, ya que no tenemos política monetaria propia ni tampoco podemos devaluar la moneda para reactivar la economía. El Estado ni siquiera puede recurrir al gasto público para insuflar aire a la actividad económica, al estar sometido a la vigilancia de la Unión Europea (así como al propio corsé constitucional recientemente aprobado) y a la presión en los mercados de los especuladores, cuyos ataques sobre nuestra deuda soberana pueden ponernos al borde de la quiebra. Así pues, el futuro presidente Rajoy (o Rubalcaba) tendrá que hacer nuevos y dolorosos recortes que afectarán sin duda a la sanidad y la educación, incluso al sistema de pensiones. Además, subirá con toda seguridad los impuestos: sobre todo, el IVA, que paga todo el mundo con independencia de su renta o riqueza.

Lo cierto es que dependemos mucho más de lo que se haga fuera de España. Si el BCE no baja los tipos y Alemania no da un decidido impulso a su economía, estamos condenados a una nueva recesión que podría poner la cifra de parados más cerca de los seis millones que de los cinco. Está claro, salvo para tanto votante incauto del PP, que el desempleo no se soluciona simplemente con un nuevo inquilino en Moncloa, una desregulación del mercado laboral, beneficios fiscales a las empresas y recortes en el gasto público. Y el cambio de modelo productivo, si finalmente se opta por él, no se logra de un día para otro: sus beneficios en la economía y el empleo se cosecharán a medio-largo plazo.

Aunque cada uno es dueño y señor de su ignorancia, conviene estar avisado. Lo más chocante es que muchos de quienes auparán al PP al poder son trabajadores mileuristas que con su voto respaldarán un proyecto que no pretende gravar a las grandes fortunas y sí abandonar a su suerte servicios como la educación y la sanidad públicas que benefician principalmente a los menos favorecidos. 

Por si fuera poco, el nuevo Gobierno de Rajoy acercará etarras al País Vasco y gestionará la salida de la cárcel de los presos de la banda terrorista (como haría un Rubalcaba presidente, porque esto ya está más que hablado y negociado). Esto sentará como cuerno quemado a muchos votantes peperos enchufados a Intereconomía-La Gaceta, que se creen esa otra milonga de que el PP no haría jamás concesiones a los etarras.

Aunque no soy de los que piensan que PSOE y PP son lo mismo (las diferencias estriban sobre todo en la política social y los derechos ciudadanos, lo que no es poca cosa), no quiero que esto se entienda en absoluto como una invitación a votar al PSOE. Hay que ir más lejos: ya es inaplazable el replanteamiento de este sistema y de esta forma de vivir tan insostenibles como generadores de infelicidad. Tenemos que aprender a ser más sencillos, austeros y responsables. Tenemos que encontrar maneras más inteligentes de producir, consumir y relacionarnos con el entorno. Por eso votaré a Equo, porque ahí veo una semilla de transformación (no inspirada en modelos fracasados del siglo XX) que no tardará en germinar. Aunque empecemos solo con un diputado en el Congreso.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Hacer o no hacer

"Esta mañana a las 9, al entrar a trabajar, vi como siempre al portero de la finca enfundado en su mono azul. Fregaba afanosamente el suelo de la entrada. Me hizo pensar en la futilidad de muchos trabajos, quizá de todos los trabajos (en general, de todas las cosas que hacemos). Las labores de limpieza son necesarias -aunque todo volverá pronto a estar sucio: el polvo no da tregua-, como también son necesarios el derecho procesal, la biblioteconomía, la programación informática y la fontanería, cuestiones que no por ello se me antojan menos fútiles, en el fondo, que el fregado de pisos. Tengo el pálpito de que quien ha dedicado buena parte de las horas de su vida a materias como ésa -o como la forja del acero, la retransmisión radiofónica de partidos de fútbol, la gestión de carteras de valores, el enlatado de sardinas en aceite, las encuestas por teléfono, la vigilancia nocturna de grandes almacenes, la presidencia de clubes de baloncesto, el amasado de escayola, la elaboración de tiramisúes para los clientes del restaurante, el sexado de pollos...- se ha perdido algo en el camino. O sea, que todos nos hemos perdido algo. Pero, ¿qué será eso que se nos ha pasado supuestamente por alto? Quizá todas esas cosas, con su mayor o menor utilidad (incluso las más inútiles, como apuntar la hora de paso de los trenes por las estaciones o hacer listados de lenguas extintas), informen una vida, le den su contenido: sin ellas, sólo existiría un terrible vacío. Pero las labores de un chapista, de un aparcacoches, de un gerente de producción, de un pintor de brocha gorda, de un portero de balonmano, de un sismólogo, ¿son realmente más importantes que la meditación en solitario a la sombra de un mango?..."

Pasaje de El último dodo (2010).

domingo, 23 de octubre de 2011

Abertzales sin terrorismo

Se habla bastante de ETA tras su anunciado abandono de la violencia, muchas veces sin demasiada propiedad. Una de las tonterías convertidas casi en lugar común es llamar nazis o fascistas a los etarras, para así subrayar su supuesta condición maligna. Y lo cierto es que no son buenos (a juzgar por su actos), pero no por ello nazis o fascistas: son nacionalistas fanáticos de inspiración marxista-leninista que pretenden crear en Euskal Herria, hasta ahora a golpe de tiros, secuestros y bombas, un estado independiente "socialista" (o sea, un régimen comunista a la RDA) solidario con otros regímenes afines como el de la Cuba castrista. Son producto del cruce a finales del régimen franquista (expresión política del agresivo nacionalismo españolista ahora encarnado sobre todo en el PP) de la ideología xenófoba y ultracatólica de un reaccionario enajenado (Sabino Arana) con la del más burdo manual de lucha leninista de las guerrillas tercermundistas. O sea, son de extrema izquierda (con un puntito confesional, a lo sandinista) por más que nos pueda doler -a mí, nada, desde luego- a quienes nos sentimos próximos a la izquierda democrática y civilizada.

Pese a que el País Vasco es una sociedad democrática, económicamente rica y con un muy alto nivel de autogobierno, ETA ha tenido hasta hoy mismo el apoyo incondicional de al menos un 10% de sus ciudadanos. La guerra sucia del GAL (encima chapucera, más propia de un comisario Torrente), los continuos disparates vomitados por la derecha mediática abertzale española y algunos abusos policiales y despropósitos judiciales (el de Egunkaria es un escandaloso ejemplo) solo han servido para alimentar la cerrazón, el odio y la paranoia de quienes votan a la llamada izquierda abertzale. De quienes, cegados por su fanatismo o víctimas de su estulticia, tienen el cuajo de equiparar el sufrimiento de los familiares de los asesinados con el de los familiares de los presos; o la congoja de los líderes del brazo político de ETA por miedo a ser detenidos  con la de quienes hasta hace solo unos días debían moverse todo el tiempo con escolta por temor a ser liquidados. De quienes no son capaces, de nuevo por fanatismo o simplemente por faltarles un hervor, de entender que un vasco o un navarro no es peor ciudadano -ni mejor, por descontado- por no ser partidario de la independencia de su tierra.

A partir de ahora, la actividad de la izquierda abertzale será exclusivamente política. Al menos hay que reconocer que, a diferencia del PNV, ellos tienen una propuesta clara -y legítima, hay que decirlo- para Euskadi: "independencia y socialismo". Habrá que ver lo que hacen en este nuevo escenario los herederos más conservadores de Sabino Arana, que hasta este momento se han dedicado a obtener réditos políticos de su calculada y cómoda ambigüedad (corresponsable en parte de la pervivencia del llamado "conflicto" hasta bien entrado el siglo XXI). Y digo cómoda porque nadie negará -o sí, pero mintiendo- que casi ningún peneuvista ha sido víctima o ha estado en el punto de mira de los terroristas, como sí ha sido el caso del PSOE y el PP.

A ver si después de las elecciones vascas de 2013 el partido fundado por Arana se decanta o no por la independencia. Si finalmente lo hace, juntando sus diputados a los de Amaiur para demandar en sede parlamentaria vasca al Gobierno central la celebración de un referéndum de autodeterminación, bienvenida sea dicha consulta. Algunos desde fuera de Euskadi estaríamos dispuestos a aceptar ese referéndum e incluso la independencia de dicho territorio si esa fuese la voluntad manifiesta de una mayoría significativa (no precisamente el 50,01%) de sus ciudadanos. Aunque somos conscientes de que al otro lado, frente a los nacionalistas vascos, se halla el muro de un nacionalismo españolista que difícilmente lo toleraría. Pero esa ya es otra cuestión: la pelota pasaría entonces a Madrid, bajo la atenta mirada de la comunidad internacional.

Ahora bien, si el PNV pretende seguir sin mojarse, que no venga luego la izquierda abertzale a darle una colleja (los asesinatos parecen felizmente descartados) a los del PSOE y el PP: que se la administren mejor a sus hermanos aranistas. Veremos...

miércoles, 12 de octubre de 2011

Cosas de guerreros

Siempre que veo a militares desfilando me da la impresión de estar contemplando a un montón de primates ceñudos con ropa. A veces me viene incluso a la mente la inquietante imagen de hormigas-soldado (¿no será nuestra sociedad en el fondo un gigantesco hormiguero?). Soy incapaz de emocionarme ante lo que me parece un grotesco despliegue de virilidad confesional, donde se juntan -en el caso español- cabras, vírgenes, trapitos de colores, pechos de lobo, capellanes sobrealimentados y próceres de dudosa moralidad. Esa incapacidad debe ser algo bueno, ya que prueba que no soy ni un sensiblero (la sensiblería no tiene nada que ver con la sensibilidad) ni un hortera ni un facha.

Lo que más me choca es cuando se rinde tributo a los caídos por la patria. Entre los nuestros se cuentan esos pobres campesinos analfabetos utilizados como carne de cañón en las ya lejanas guerras de África, en defensa de una causa tan ajena a ellos como de interés para quienes allí les enviaban. Casi niños arrancados de sus madres para ser destripados en los años 10 y 20 del siglo pasado en las montañas rifeñas a manos de los más salvajes del lugar (antepasados de quienes se trajo Franco en 1936 para fumar hachís, rebanar cuellos y violar mujeres por Dios y por España).

Ojo: el mío no es un antimilitarismo simplón de manual izquierdista. Soy consciente de que tiene que haber ejércitos -como tiene que haber porteros de discoteca- por el mero hecho de que hay otros ejércitos (regulares o no) y un montón de idiotas en el exterior que estarían dispuestos a atacarnos si recibiesen la orden de sus correspondientes machos-alfa (por supuesto, en beneficio exclusivo de estos últimos). Lo cual es una garantía para los fabricantes de armas y los intermediarios y comisionistas que viven de tan boyante negocio. También soy consciente de que las fuerzas armadas desarrollan tareas importantes de protección civil. Y que se hacen necesarias en procesos de reconstrucción como, por ejemplo, el de Haití. Si los marines estadounidenses no estuviesen allí para proteger a la población de sí misma (de sus propios matones), aquello sería un infierno mucho peor de lo que ya es.

Por supuesto, en los ejércitos hay buena y mala gente, como en todas partes. Aunque pocos me negarán que en sus escalafones más bajos hay más personas dispuestas a partirte la cara por una nadería y menos propensas a leer a Schopenhauer que en otros colectivos sociales. En fin, las cosas de los guerreros.

sábado, 8 de octubre de 2011

Buen trabajo, Jobs

La muerte de Steve Jobs ha tenido el impacto mediático que se esperaba. Ciertamente, ha desaparecido un genio, un visionario, un tipo que ha revolucionado la tecnología e incluso el ocio de las clases medias y altas de nuestro planeta. ¡Pero de ahí a beatificarlo, como han hecho tantos! Parece que se nos hubiese ido la madre Teresa de Calcuta, una persona entregada por completo a mitigar de manera desinteresada el sufrimiento de los más necesitados.

Dicen que Jobs era un tipo algo egocéntrico y un jefe de trato difícil, pero la intención de este post no es desacreditarlo sino todo lo contrario. Lo que quiero es alabarlo, además de por su espíritu de lucha y su entereza contra la adversidad, por algo tan sencillo como haber hecho bien su trabajo. Si todo el mundo hiciera bien el suyo, este mundo sería mucho más grato y amigable. Por ejemplo, a diferencia de otros productos de la competencia bien conocidos (los del amigo Gates), los sistemas operativos de Apple eran impermeables a los virus y casi nunca te dejaban en palanca cerrándose abruptamente.

Esa seriedad profesional, esa meticulosidad en el plano laboral, era compatible con llevar vaqueros y zapatillas deportivas (ya solo por esto, yo lo veía con simpatía). Todo lo contrario de esos botarates trajeados y encorbatados que nos resultan tan familiares en el mundo hispánico, de manifiesta incapacidad para otra cosa que no sea calentar las poltronas (puestos en consejos de administración, cátedras, etc.) en las que se sientan.

Al escritor Albert Camus le preguntaron una vez maliciosamente qué había hecho él por el mundo, a lo que respondió: "No empeorarlo, lo cual ya es mucho". Jobs fue más allá de eso, y hay que agradecérselo.

sábado, 1 de octubre de 2011

Lomos

Observamos una pila de cinco superficies rectangulares y estriadas de color blanco, cubiertas de polvo, de diferente altura y anchura. La sonda-escáner de la nanonave confirma que tienen profundidad y constan en su interior de un número variable de láminas blancas de una sustancia identificada como un polisacárido, sobre las cuales hay inscritos caracteres negros de procedencia mineral. También hay caracteres y motivos pictóricos en las tapas más duras que encierran a las láminas. Una de las tapas está encabezada por los caracteres 'Madame Bovary', otra por 'Listín telefónico de Málaga', otra por 'Tratado de química orgánica', otra por 'Cartas a un joven español'. En otra, muy fina, pone arriba del todo 'La Verdad revelada'. Por su tamaño, microfilmamos como muestra la segunda ( 'Listín telefónico de Málaga'). Esperamos que contenga información valiosa de la vida que debió haber aquí hasta no hace mucho. Podemos prácticamente descartar que esta civilización llegase a conocer el Secreto.

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