sábado, 2 de noviembre de 2013

Hastiados de estos mongoles de izquierda


"Revista satírica sin mensaje alguno", así se autoproclama en su web y en redes sociales la Revista Mongolia, nacida en marzo del año pasado para, según su decálogo de lanzamiento, "perseguir con tinta a bandoleros, farsantes, embusteros y demás fauna que anteponga sus intereses personales y los del Fondo Monetario Internacional a los del mundo mundial". En otro punto del decálogo se lee (atención, porque se supone que lo siguiente debe hacernos gracia): "No somos ni de izquierdas ni de derechas. Repetimos: no somos de derechas".

Lo cierto es que sé de gente de izquierda, pero inteligente (porque tontos también los hay en la izquierda aunque muchos izquierdistas -claro está, los más estupidos- no lo acepten), que ha acabado hastiada del sectarismo, la simpleza, la soberbia y la agresividad gratuita que destila esta publicación en las redes sociales (particularmente en Twitter). Acaso solo sea culpa de la persona que tuitea, pero me temo que va más allá. Estos tipos y no pocos de sus seguidores exhiben todos los tics de la siniestrona, empezando por esa pretendida superioridad moral e incluso intelectual (no sé cuál de estas dos pretensiones es más grotesca, a la vista de sus tuits). Luego está la nula autocrítica. Y, lo que probablemente sea más irritante, esa asimetría en virtud de la cual si ellos se burlan de alguien es sentido del humor y aguda ironía; si otros intentan burlarse de ellos, es fascismo, idiotez o hijoputez (o las tres cosas a la vez).

El otro día tuiteaban: "Confirmado: otro domingo que no vamos a misa". Dan por hecho que debe hacernos gracia esta muestra del anticlericalismo más simplón. Pejiguera de mí (no en vano, este blog se llama Picando voy), les pregunté cuál era el chiste. El administrador de la cuenta no tardó en retuitear mi pregunta. Para quien conozca Twitter, el propósito era claro: mostrar a sus miles de seguidores mi ocurrencia insolente para así invitarles a un linchamiento virtual. Y no tardaron en llegar los comentarios, todos ellos con ataques ad hominem (al facha hay que agredirlo por cualquier flanco): que si el chiste era yo, que si el chiste era mi careto...

Preguntas dónde radica la broma y te responden que tienes cara de tonto, que eres un católico indignado y, por supuesto, que eres un estúpido. Ironía fina de izquierdas frente al idiota catolicón (por cierto, mi opinión sobre la religión está muy próxima a la de Richard Dawkins) que osa desafiarnos en este foro tan progresista y guay.

Blanco o negro, o conmigo o contra mí. Los conozco bien y sé de qué pie cojean, porque ya me he topado en mi vida con unos cuantos de estos y estas. Lo que más les desconcierta es que no les ofrezcas su imagen especular, la de un facha españolista. No entienden que, si les entras al trapo, puedas ser otra cosa que un cutre y despreciable reaccionario (con oscuros intereses personales, por supuesto).

Como dice el escritor Paco Bescós, no hace falta creer en Dios para ser religioso. Porque estos y estas lo son a su modo, con su burdo marxismo de manual infantil, su intolerancia grosera y su incapacidad para distinguir los grises y los matices. Si su iglesia lanza una fatwa contra Vargas Llosa, por ejemplo, no dudan en adoptarla religiosamente: es un fascista y punto, aunque no hayan leído jamás una línea suya.


Alberto Begue me dice que ellos no son el enemigo, que los responsables de nuestro despojo se sientan en escaños y consejos de administración. No le falta razón, pero recordemos lo que ha pasado en Euskadi en las últimas décadas. En Cataluña está ocurriendo algo parecido desde hace un tiempo, aunque con un perfil afortunadamente mucho más bajo. Aunque nuestros verdaderos adversarios sean ahora mismo esos sinvergüenzas encorbatados que entran y salen de lo público a través de sus engrasadas puertas giratorias, no hay que desdeñar otros riesgos. Uno de ellos es la extrema derecha populista y xenófoba, sin duda gente muy peligrosa. Otro es el representado por la extrema izquierda intransigente (aunque muchas veces tenga mejores intenciones que el otro extremo, lo que no es consuelo alguno). Ya no hablemos de si encima, al igual que los otros, son nacionalistas (pero de una bandera diferente a la rojigualda, lo que no lo mejora).

2 comentarios:

Rafael Hidalgo dijo...

"Yo desconfío del amor de un hombre a su amigo o a su bandera cuando no le veo esforzarse en comprender al enemigo o a la bandera hostil. Y he observado que, por lo menos, a nosotros los españoles nos es más fácil enardecernos por un dogma moral que abrir nuestro pecho a las exigencia de la veracidad... Diríase que abrazamos el imperativo moral como un arma para simplificarnos la vida aniquilando porciones inmensas del orbe. Con aguda mirada ya había Nietzsche descubierto en ciertas actitudes morales formas y productos del rencor".

José Ortega y Gasset. "Meditaciones del Quijote".

Pues eso es lo que les pasa. Donde esté un mantra que se quite el diálogo.

Un fuerte abrazo.

Salvador Casado dijo...

La calidad de esa revista es nula, su gestión en redes sociales por lo que veo también. Dejemos que el tiempo apague el rescoldo que no aporta calor.

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