domingo, 7 de octubre de 2012

Hijos de la imperfección capaces de imaginar la perfección

Es evidente que el mundo no es perfecto: existen la enfermedad degenerativa, el fallo mecánico, el error de cálculo, la imprecisión lingüística, la pérdida de memoria, el deterioro y rotura de las cosas, la incompletitud de las Matemáticas... El diccionario define perfecto como aquello que tiene "el mayor grado posible de bondad o calidad en su línea", que está "en buenas condiciones, sin mella ni defecto". La perfección requiere orden y simetría. Y los seres vivos no son perfectos, aunque mantengan un cierto orden (luchando continuamente, hasta su muerte, contra la tendencia al desorden de todo lo que existe) y su estructura siga unos patrones. Lo mismo puede decirse de cualquier objeto inanimado, desde un bolígrafo hasta una estrella pasando por una roca (¡ni siquiera un diamante es completamente perfecto!) o un tarro de mermelada; aunque, a diferencia de un ser vivo, ninguno de estos objetos puede pelear contra el desorden.

Viajemos hasta el principio: todo se remonta a una singularidad, a una ínfima y muy ordenada -aunque no del todo uniforme- pepita originaria, probablemente fruto de una aberrante fluctuación cuántica en el vacío (muchísimo menos probable que una tirada de dados en la que saliera cien mil veces seguidas el mismo número). La no completa uniformidad de esa pepita (por efecto de la permanente agitación cuántica), amplificada descomunalmente en un brevísimo periodo de tiempo (10 elevado a menos 32 segundos) por la inflación cósmica, explica la distribución no homogénea de la materia y de la radiación en el Cosmos, sin la cual no se hubiesen formado las galaxias, las estrellas y la propia vida. Sin gradientes, sin diferencias en densidad, temperatura y presión entre las diferentes regiones del Universo, no estaríamos nosotros aquí. Ni tampoco habría agujeros negros, ni tormentas, ni terremotos, ni mañanas...

Por tanto, somos producto de la heterogeneidad (¡de la imperfección!), achacable tanto a las pequeñas perturbaciones cuánticas en la pepita originaria como a la ruptura de simetrías en los primeros momentos del Universo. La flecha del tiempo (que este corra hacia el futuro), el predominio de la materia sobre la antimateria (no se conoce lugar alguno del Universo hecho de esta última) y la tridimensionalidad del espacio son algunas manifestaciones de esas asimetrías. Lo primero, porque el tiempo no tendría por qué correr solamente hacia adelante. Lo segundo, porque si la cantidad de materia y de antimateria hubiesen sido exactamente iguales al principio, ambas se habrían aniquilado mutuamente dejando tras de sí tan solo un enorme torrente de rayos gamma. Lo tercero, porque parece haber dimensiones extra no desplegadas como las tres con las que estamos tan familiarizados.

Lo curioso es que seamos capaces de imaginarnos la perfección -por ejemplo, un círculo perfecto- aunque esta no exista en el mundo físico y seamos hijos de la imperfección. Podríamos pensar que el círculo perfecto, un objeto geométrico de infinitos lados (si no fuera así, no sería perfecto), solo existe en nuestras mentes. Pero el hecho de estar allí alojado nos lleva a la sospecha de que pueda existir permanentemente en algún otro lugar, en alguna especie de morada eterna de ideas platónicas conectada de algún modo a esa mente anclada al mundo físico, a esa mente que emerge de un sustrato material de miles de millones de neuronas. Incluso esa morada platónica podría ser la raíz, o al menos la guía, de ese extraño árbol que llamamos mundo físico. Al igual que de las Matemáticas, la Estética o la Moral.

1 comentario:

Rafael dijo...

Perdón, pero no entiendo que la nada pueda "tener" fluctuaciones cuánticas ni nada que se lo parezca. "Tiene" lo que "hay". Luego si "hay", ya no es nada. Si de la nada podemos decir algo, ya no estamos hablando de la nada. La consistencia de la nada, por expresarlo de algún modo, es precisamente la ausencia de toda realidad, que incluye, por supuesto, la materia y cualquier orden o desorden físico, estadístico o de cualquier tipo.

Explicar lo que existe a partir de la nada me parece una contradicción en términos.

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