domingo, 12 de junio de 2011

Desmontando frases solemnes (I): "La verdad os hará libres"

Hay expresiones arraigadas pese a su vaciedad e incluso su notoria falsedad. Hoy me detengo en este pasaje del Evangelio de San Juan, convertido en todo un clásico solemne no solo para los cristianos sino también para los marxistas y otras gentes de muy variado pelaje: "La verdad os hará libres" (Jn, 8:32).

Para empezar, es muy improbable que la verdad sea lo que pensaba y expresaba Jesús de Nazaret, a quien se atribuye la frase. Pero sea cual sea la verdad, desde la más nimia a la más absoluta, no existe relación alguna entre conocerla (caso de ser accesible al entendimiento) y ser libre. Por ejemplo, el conocimiento de la verdad "No puedo volar de este tejado al otro moviendo mis brazos como las alas de un ave sin perecer de inmediato" no me hace ni más ni menos libre: solo me hace consciente de una de las muchas limitaciones a mi libertad.

Porque quien vive es siempre prisionero del espacio-tiempo y de las leyes físicas y biológicas: no puede sustraerse al influjo gravitatorio (aunque un ser humano es libre de intentar dar un salto de 18 metros hacia arriba), al electromagnetismo (también somos libres de meter los dedos mojados en un enchufe), a la dictadura de la termodinámica (la que dispone que todo decaiga y que la flecha del tiempo apunte inexorablemente hacia el futuro), a la necesidad de alimentarse periódicamente, a la pulsión sexual o al riesgo de ser víctima de la predación de una bacteria, un león o un semejante ("Matar o morir" sí que es una de las grandes verdades de la vida).

Luego están las cadenas impuestas por vivir en sociedad. Saber que te engaña el dictador que se proclama gran timonel o intérprete de la voluntad de Dios no te libera de su régimen oprobioso, aunque siempre queda el consuelo de la libertad de pensamiento (puede que ni eso en un futuro, con el avance de la tecnología). Sin ir tan lejos, saber que tienes unos hijos que mantener y unas obligaciones con quien te paga el sueldo tampoco te aporta libertad: más bien te hace consciente de tus muchas servidumbres (entre ellas, algunas bastante estúpidas y prescindibles como el consumismo). Lo que sí es muy cierto es que la falta de escrúpulos tiende a hacerte más libre, al hacer más laxas tus obligaciones sociales.

Ahora bien, ¿puede que la eventual contemplación de la verdad absoluta (la Verdad, si acaso tal cosa existiese) sí nos hiciera libres? Desde luego, no mientras tengamos puesto el traje mortal y estemos sometidos a las leyes de este mundo. La visión de esa verdad suprema incluso podría volvernos locos, como le pasó al rey del cuento El espejo y la máscara, de Borges, al contemplar la Belleza: un "don vedado a los hombres". Mientras vivamos, la verdad no nos hará libres sino simplemente más informados y conscientes (y, en algunos casos, más infelices).

En fin, que me quedo mejor con esta frase de inmensa potencia tautológica pronunciada hace meses en el salón de actos de un colegio -¡juro que fui testigo de ello!- por un alcalde de la sierra madrileña (adscrito a la derecha abertzale, como casi todos los de la zona): "La libertad os hará libres". Ahí sí que estoy con él, sin duda.

Próxima entrega de 'Desmontando frases solemnes': "El hombre es el único animal que mata por placer"

2 comentarios:

Rafael dijo...

Perdona, Nicolás, te prometo que no pretendo ponerme polémico, pero hace unos días que no podía visitar tu blog y leyendo tus entradas me he encontrado con alguna con cuyos enfoques no termino de coincidir. Dicho esto con todo el aprecio del mundo.

Verdad: "Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente." Es decir, que nuestra conciencia conozca la realidad de las cosas. No me cabe duda de que cuanto mayor sea este conocimiento, mayor libertad gano con respecto a esa cosa. Empleando un ejemplo un poco simplón, si yo conociera todas las posibilidades que posee un ordenador, tendría mayor libertad en su empleo que si las desconozco.

Así, la lucha por extender la cultura ha ido ligada a la propagación de la libertad. Las tiranías prefieren mantener en la ignorancia al pueblo (ocultarles la verdad), mientras que quienes aman la libertad buscan su cultivo (facilitar instrumentos y criterios para acceder al conocimiento).

Por último, como bien apuntas, no sólo el marxismo y el cristianismo han proclamado la existencia de la verdad; añado yo: también Sócrates, Luther King, Gandi...

Nicolás Fabelo dijo...

Sinceramente, aprecio mucho que entres en mi blog, Rafael. Aunque sea para crear polémica, jaja...

Es indudable que cuanto más conoces una realidad, más información tienes de ella y mejor podrás gestionarla. Pero eso no es libertad sino conocimiento. Un conocimiento que, claro está, contribuye a tomar decisiones adecuadas.

Imagínate que me encuentro a un leopardo por la calle y tengo a mi alcance solo dos opciones razonables: 1) levantar una alcantarilla, meterme dentro y volver a dejarla puesta; 2) subirme a un árbol. Si sé que los leopardos pueden trepar a los árboles para alcanzar a sus presas (porque lo he visto en un documental de La 2, por ejemplo), no soy más libre sino que dispongo de una información determinante para optar por 1 (alcantarilla) y salvar así el pellejo.

Si conozco al dedillo todas las posibilidades ofrecidas por un ordenador no seré más libre sino que simplemente dispondré de más información para sacarle el mejor partido.

Por último, yo matizaría la definición de verdad de la RAE: "Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente". ¿No sería mejor decir: "Conformidad de la apariencia de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente"?

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