domingo, 23 de octubre de 2011

Abertzales sin terrorismo

Se habla bastante de ETA tras su anunciado abandono de la violencia, muchas veces sin demasiada propiedad. Una de las tonterías convertidas casi en lugar común es llamar nazis o fascistas a los etarras, para así subrayar su supuesta condición maligna. Y lo cierto es que no son buenos (a juzgar por su actos), pero no por ello nazis o fascistas: son nacionalistas fanáticos de inspiración marxista-leninista que pretenden crear en Euskal Herria, hasta ahora a golpe de tiros, secuestros y bombas, un estado independiente "socialista" (o sea, un régimen comunista a la RDA) solidario con otros regímenes afines como el de la Cuba castrista. Son producto del cruce a finales del régimen franquista (expresión política del agresivo nacionalismo españolista ahora encarnado sobre todo en el PP) de la ideología xenófoba y ultracatólica de un reaccionario enajenado (Sabino Arana) con la del más burdo manual de lucha leninista de las guerrillas tercermundistas. O sea, son de extrema izquierda (con un puntito confesional, a lo sandinista) por más que nos pueda doler -a mí, nada, desde luego- a quienes nos sentimos próximos a la izquierda democrática y civilizada.

Pese a que el País Vasco es una sociedad democrática, económicamente rica y con un muy alto nivel de autogobierno, ETA ha tenido hasta hoy mismo el apoyo incondicional de al menos un 10% de sus ciudadanos. La guerra sucia del GAL (encima chapucera, más propia de un comisario Torrente), los continuos disparates vomitados por la derecha mediática abertzale española y algunos abusos policiales y despropósitos judiciales (el de Egunkaria es un escandaloso ejemplo) solo han servido para alimentar la cerrazón, el odio y la paranoia de quienes votan a la llamada izquierda abertzale. De quienes, cegados por su fanatismo o víctimas de su estulticia, tienen el cuajo de equiparar el sufrimiento de los familiares de los asesinados con el de los familiares de los presos; o la congoja de los líderes del brazo político de ETA por miedo a ser detenidos  con la de quienes hasta hace solo unos días debían moverse todo el tiempo con escolta por temor a ser liquidados. De quienes no son capaces, de nuevo por fanatismo o simplemente por faltarles un hervor, de entender que un vasco o un navarro no es peor ciudadano -ni mejor, por descontado- por no ser partidario de la independencia de su tierra.

A partir de ahora, la actividad de la izquierda abertzale será exclusivamente política. Al menos hay que reconocer que, a diferencia del PNV, ellos tienen una propuesta clara -y legítima, hay que decirlo- para Euskadi: "independencia y socialismo". Habrá que ver lo que hacen en este nuevo escenario los herederos más conservadores de Sabino Arana, que hasta este momento se han dedicado a obtener réditos políticos de su calculada y cómoda ambigüedad (corresponsable en parte de la pervivencia del llamado "conflicto" hasta bien entrado el siglo XXI). Y digo cómoda porque nadie negará -o sí, pero mintiendo- que casi ningún peneuvista ha sido víctima o ha estado en el punto de mira de los terroristas, como sí ha sido el caso del PSOE y el PP.

A ver si después de las elecciones vascas de 2013 el partido fundado por Arana se decanta o no por la independencia. Si finalmente lo hace, juntando sus diputados a los de Amaiur para demandar en sede parlamentaria vasca al Gobierno central la celebración de un referéndum de autodeterminación, bienvenida sea dicha consulta. Algunos desde fuera de Euskadi estaríamos dispuestos a aceptar ese referéndum e incluso la independencia de dicho territorio si esa fuese la voluntad manifiesta de una mayoría significativa (no precisamente el 50,01%) de sus ciudadanos. Aunque somos conscientes de que al otro lado, frente a los nacionalistas vascos, se halla el muro de un nacionalismo españolista que difícilmente lo toleraría. Pero esa ya es otra cuestión: la pelota pasaría entonces a Madrid, bajo la atenta mirada de la comunidad internacional.

Ahora bien, si el PNV pretende seguir sin mojarse, que no venga luego la izquierda abertzale a darle una colleja (los asesinatos parecen felizmente descartados) a los del PSOE y el PP: que se la administren mejor a sus hermanos aranistas. Veremos...

miércoles, 12 de octubre de 2011

Cosas de guerreros

Siempre que veo a militares desfilando me da la impresión de estar contemplando a un montón de primates ceñudos con ropa. A veces me viene incluso a la mente la inquietante imagen de hormigas-soldado (¿no será nuestra sociedad en el fondo un gigantesco hormiguero?). Soy incapaz de emocionarme ante lo que me parece un grotesco despliegue de virilidad confesional, donde se juntan -en el caso español- cabras, vírgenes, trapitos de colores, pechos de lobo, capellanes sobrealimentados y próceres de dudosa moralidad. Esa incapacidad debe ser algo bueno, ya que prueba que no soy ni un sensiblero (la sensiblería no tiene nada que ver con la sensibilidad) ni un hortera ni un facha.

Lo que más me choca es cuando se rinde tributo a los caídos por la patria. Entre los nuestros se cuentan esos pobres campesinos analfabetos utilizados como carne de cañón en las ya lejanas guerras de África, en defensa de una causa tan ajena a ellos como de interés para quienes allí les enviaban. Casi niños arrancados de sus madres para ser destripados en los años 10 y 20 del siglo pasado en las montañas rifeñas a manos de los más salvajes del lugar (antepasados de quienes se trajo Franco en 1936 para fumar hachís, rebanar cuellos y violar mujeres por Dios y por España).

Ojo: el mío no es un antimilitarismo simplón de manual izquierdista. Soy consciente de que tiene que haber ejércitos -como tiene que haber porteros de discoteca- por el mero hecho de que hay otros ejércitos (regulares o no) y un montón de idiotas en el exterior que estarían dispuestos a atacarnos si recibiesen la orden de sus correspondientes machos-alfa (por supuesto, en beneficio exclusivo de estos últimos). Lo cual es una garantía para los fabricantes de armas y los intermediarios y comisionistas que viven de tan boyante negocio. También soy consciente de que las fuerzas armadas desarrollan tareas importantes de protección civil. Y que se hacen necesarias en procesos de reconstrucción como, por ejemplo, el de Haití. Si los marines estadounidenses no estuviesen allí para proteger a la población de sí misma (de sus propios matones), aquello sería un infierno mucho peor de lo que ya es.

Por supuesto, en los ejércitos hay buena y mala gente, como en todas partes. Aunque pocos me negarán que en sus escalafones más bajos hay más personas dispuestas a partirte la cara por una nadería y menos propensas a leer a Schopenhauer que en otros colectivos sociales. En fin, las cosas de los guerreros.

sábado, 8 de octubre de 2011

Buen trabajo, Jobs

La muerte de Steve Jobs ha tenido el impacto mediático que se esperaba. Ciertamente, ha desaparecido un genio, un visionario, un tipo que ha revolucionado la tecnología e incluso el ocio de las clases medias y altas de nuestro planeta. ¡Pero de ahí a beatificarlo, como han hecho tantos! Parece que se nos hubiese ido la madre Teresa de Calcuta, una persona entregada por completo a mitigar de manera desinteresada el sufrimiento de los más necesitados.

Dicen que Jobs era un tipo algo egocéntrico y un jefe de trato difícil, pero la intención de este post no es desacreditarlo sino todo lo contrario. Lo que quiero es alabarlo, además de por su espíritu de lucha y su entereza contra la adversidad, por algo tan sencillo como haber hecho bien su trabajo. Si todo el mundo hiciera bien el suyo, este mundo sería mucho más grato y amigable. Por ejemplo, a diferencia de otros productos de la competencia bien conocidos (los del amigo Gates), los sistemas operativos de Apple eran impermeables a los virus y casi nunca te dejaban en palanca cerrándose abruptamente.

Esa seriedad profesional, esa meticulosidad en el plano laboral, era compatible con llevar vaqueros y zapatillas deportivas (ya solo por esto, yo lo veía con simpatía). Todo lo contrario de esos botarates trajeados y encorbatados que nos resultan tan familiares en el mundo hispánico, de manifiesta incapacidad para otra cosa que no sea calentar las poltronas (puestos en consejos de administración, cátedras, etc.) en las que se sientan.

Al escritor Albert Camus le preguntaron una vez maliciosamente qué había hecho él por el mundo, a lo que respondió: "No empeorarlo, lo cual ya es mucho". Jobs fue más allá de eso, y hay que agradecérselo.

sábado, 1 de octubre de 2011

Lomos

Observamos una pila de cinco superficies rectangulares y estriadas de color blanco, cubiertas de polvo, de diferente altura y anchura. La sonda-escáner de la nanonave confirma que tienen profundidad y constan en su interior de un número variable de láminas blancas de una sustancia identificada como un polisacárido, sobre las cuales hay inscritos caracteres negros de procedencia mineral. También hay caracteres y motivos pictóricos en las tapas más duras que encierran a las láminas. Una de las tapas está encabezada por los caracteres 'Madame Bovary', otra por 'Listín telefónico de Málaga', otra por 'Tratado de química orgánica', otra por 'Cartas a un joven español'. En otra, muy fina, pone arriba del todo 'La Verdad revelada'. Por su tamaño, microfilmamos como muestra la segunda ( 'Listín telefónico de Málaga'). Esperamos que contenga información valiosa de la vida que debió haber aquí hasta no hace mucho. Podemos prácticamente descartar que esta civilización llegase a conocer el Secreto.

martes, 27 de septiembre de 2011

No comment, please

Cualquier persona con criterio que haya navegado por Internet es consciente de que buena parte de los contenidos que circulan por la Red son basura e imbecilidades, lo que los angloparlantes dirían nonsense. En Internet está lo mejor y lo peor de la inteligencia humana, pero lo primero son pequeños tesoros a la deriva en el ruidoso océano de improperios, memeces, falsedades, incorrecciones y disparates de lo segundo. Para acceder a esos tesoros es imprescindible el auxilio del buen criterio, esa cosa que nunca se ha cultivado en nuestros colegios, institutos y universidades, que ahora resulta más necesario que nunca para saber separar el grano de la paja.

Todo lo que sea segar esa paja, limpiar la Red de excrementos, insultos y estupideces, debe ser bienvenido como saludable. Aunque alguno dirá que es antidemocrático. Porque ciertamente no hay nada más democrático que Internet, donde cualquiera puede poner prácticamente lo que quiera donde quiera -amparado encima por el anonimato, si así lo desea- sin ningún control de veracidad, rigurosidad o calidad. Esto se observa particularmente en los comentarios vertidos en blogs, noticias y retransmisiones en directo (sobre todo, de fútbol). Por no hablar de la sufrida Wikipedia, constantemente asediada por los trolls para desesperación de quienes se la toman en serio y pueden aportar cosas interesantes.

Afortunadamente, este vale todo empieza a ser cuestionado. Hace unas semanas, una periodista sueca comentaba en la BBC que varios diarios digitales de su país habían decidido reservarse el derecho de admisión de comentarios. Es algo que nadie ha cuestionado jamás en la prensa escrita: son los medios de comunicación los que deciden qué cartas al director se publican y cuáles no, atendiendo a su interés público y al valor de su contenido. ¿Por qué no llevar este principio a Internet? ¿Por qué tenemos que estar soportando a toda esa legión de trolls y de mentecatos? Ya tenemos bastante con aguantarlos en el mundo real, con tener que pagar peajes como los guardias muertos en las carreteras (fastidiando nuestros amortiguadores por culpa de los tontos del culo de siempre).

sábado, 17 de septiembre de 2011

Entrevista de Belén Esteban a Paul Krugman

-Tenemos hoy en el programa al señor Paul Krugman, Premio Nobel de Economía. Bienvenido, Sr. Krugman. Lo primero de todo, ¿no cree usted que el precio del pollo está por las nubes?
-Desconozco la evolución del precio del pollo en el mercado español. ¿No hay una pregunta más interesante?
-Las preguntas son las que son, las hacen interesantes las respuestas de los invitados. En fin, ¿cree usted que deberían subir los tipos de interés en Europa?
-Todo lo contrario. Los tipos de interés en la zona euro deberían bajar para alejar el fantasma de una nueva recesión. Además...
-Pero, Sr. Krugman. ¿Habla usted de bajar los tipos? Resulta que suben el IPG, la ITV, el KH-7... ¡Y viene usted a defender aquí que bajen los tipos! ¿No ve usted esto contradictorio?
-Mire, los tipos de interés son un instrumento de la política monetaria para...
-Respóndame, Don Paul, aquí hago yo las preguntas. Se me ciñe usted a la pregunta, por favor.
-Señora, le digo que hay que relajar la política monetaria al tiempo de apostar por una política fiscal expansiva para alejar a la economía del desastre.
-¿Pero por qué bajar los tipos si sube el KH-7, por ejemplo? ¿Qué razón hay para esa discriminación?
-Señora, no tiene que ver una cosa con la otra. Yo lo que digo es que...
-Por otra parte, si baja usted los tipos, nos la clavan a los de siempre con impuestos. ¿No está de acuerdo?, ¿no?
-Señora, ¿deja que me explique?
-Yo quiero que me responda, ya solo por respeto a los oyentes. A ver: si bajan los tipos, ¿no suben los impuestos? Se lo repito: si bajan los tipos, ¿no suben los impuestos?
-No tiene nada que ver, señora. Le estoy intentando explicar que es necesaria una acción conjunta en el plano monetario y el fiscal para...
-¿Y los impuestos qué?, ¿qué pasa con los impuestos? ¡Que nos tienen fritos al pueblo ya!
-Son cosas diferentes. Mire..
-Tipos bajos, impuestos altos, el pollo por las nubes. ¡No mienta, señor Krugman!
-Déjeme hablar por favor, con usted es imposible. Le estoy diciendo que una bajada de tipos y una política fiscal keynesiana se hacen necesarios para evitar el desastre y sentar las bases de la recuperación. Luego, más adelante, ya se podrá reducir el déficit. Pero eso no es la prioridad en este momento.
-Hace diez minutos que tiene la palabra... Usted está equivocado, caballero: la política fiscal cartesiana nos lleva precisamente al desastre al hacer que suban los impuestos y reboten los precios del pollo.
-Señora, por Dios...
-Pero, vamos a ver, vamos a ver. Si bajan los tipos, ¿no suuuuubeeeee el pooollo? ¿Y no se dispaaaaaran los impueeeeestos? Mire, escúchese, aclárese y, si quiere, hablamos otro día. ¿Vale?
-Usted es una maleducada, señora.
-Lo será la zorra de su madre, ¿me oyó bien? Buff... una pausa y entramos en Sálvame de luxe.

(Escucha aquí la entrevista)

martes, 13 de septiembre de 2011

Una explicación biológica del mal

Quienes buscan acercarse a la naturaleza del mal a través de la razón (no de la religión) cometen quizá el error de recurrir más a la Filosofía que a la Biología, una ciencia que podría aportar pistas más valiosas. Dicho de otro modo, puede ser más útil a este respecto leer a Darwin que a Savater (¡por no hablar de Santo Tomás de Aquino!).

La Biología nos dice que los seres vivos depredan en este planeta para obtener su sustento desde hace al menos unos 2.700 millones de años, cuando unas bacterias empezaron a fagocitar a otras al agotarse el caldo primigenio de moléculas que había en el mar. Hace más de 500 millones de años apareció el primer asesino macrófago: quizá un platelminto (gusano plano) marino que envenenó y digirió a alguna otra criatura marina. Así es la Naturaleza que conocemos, en la que no abunda la compasión y rige la ley del más fuerte o del más listo. O sea, el pez grande se come al pez chico. No debe ser muy diferente en otros lugares donde haya prendido la vida.

Lo que entendemos por mal es la depredación aplicada entre seres humanos, no tanto para sobrevivir como para disfrutar con el sometimiento o humillación de otros o saciar a su costa nuestro hambre de poder, sexo o dinero. Mal también sería la violencia ejercida contra los animales que hemos decidido convencionalmente excluir de nuestro círculo depredador, caso de las mascotas. Porque matar a palos a un galgo no cuenta con la misma consideración moral que decapitar a un cerdo en una matanza. Al igual que matar a un congénere no tiene la misma calificación moral que abatir a un ciervo en una montería. Esto es así puesto que la moral es una mera invención humana para su mejor autoconservación. Aunque disparar a un ciervo por entretenimiento no deja de ser un crimen monstruoso para un nivel alto de conciencia.

La raíz del mal habría que buscarla pues en nuestras profundidades genéticas, en la pasta de la que estamos hechos: el mal está ya latente en los primeros organismos vivos, programados para reproducirse a toda costa. No es culpa de la humanidad ni del resto de los seres vivos estar hechos de esa pasta, o que el agotamiento del caldo nutritivo primigenio llevase un día a las criaturas a la depredación: podríamos decir que allí radica el pecado original (justificado, por cierto, porque no les quedaba otra). Además, si la humanidad sobrevivió posteriormente como especie fue no solo por su faceta social cooperativa sino también por haber matado a diestro y siniestro a sus predadores, presas y competidores. Es innegable que la depredación siempre ha sido premiada evolutivamente.

Por tanto, detrás de un torturador, un violador o un asesino no solo hay un sádico, un estúpido, un inconsciente o un psicópata, sino millones de años de depredación y violencia. Es imposible desprenderse de ese componente depredador -¡hasta ahora tan funcional!-, incrustado en lo más profundo de nuestro ser. Que se manifieste en unos individuos más que en otros depende de su predisposición genética y de factores ambientales como el entorno familiar y social, su educación, su historia personal, etc. Por otra parte, es cierto que en nuestra herencia genética también anida el bien. Y que la compasión ha arraigado no solo en los humanos sino en otros seres vivos inteligentes. Está en nuestras manos cultivarla.

Por último, ¿por qué el mundo tendría que estar siempre regido por las leyes de la depredación? ¿Por qué no podríamos nosotros, con nuestra inteligencia, intentar cambiar sus reglas? Quizá alguna civilización extraterrestre mucho más inteligente ya lo haya hecho en su ámbito. Contra natura, por supuesto. Como debe ser.

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